MALLOS DE RIGLOS: lugares mágicos de España

29 agosto, 2018 at 8:01

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Los Mallos de Riglos son unas formaciones geológicas de tipo mallo situadas en la localidad de Riglos (Huesca), en las sierras del Prepirineo oscense. Estas formas inimaginables y paisajes han creado uno de los enclaves más impresionantes de la zona.

Estas espectaculares formaciones rocosas, con paredes que alcanzan hasta los 275 metros de altura, nacieron fruto de la creación de la cordillera pirenaica y la posterior erosión de morrenas glaciares.

Los Mallos de Riglos están formados principalmente por conglomerados del Mioceno, sedimentos con cantos rodados cementados por grava y arena. Por tanto, este impresionante enclave natural es una auténtica huella del pasado más arcaico.

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Esos y muchos otros procesos geológicos, que han perfilado los mallos durante miles de años, han dado lugar a fisuras, chimeneas, estrechamientos y techos que hacen de estas formaciones rocosas un lugar único.

De forma tradicional los Mallos de Riglos se han dividido en tres grupos en función de su tamaño. Así, tenemos los mallos grandes, los pequeños o chicos y los Fils. Cada uno de ellos cuenta con un nombre propio, y han sido “bautizados”, por ejemplo, atendiendo a su forma, color o en homenaje a ciertas personas.

Así, entre los mallos grandes distinguimos el Firé (antiguamente llamado Mallo de las Diez), el Pisón, el Puro, el Castilla (o de los castellanos), los Volaos, el Cuchillo, el Melchor Frechín, la Visera y el mallo del Agua. Este último debe su nombre a un pequeño curso de escorrentía que lo recorre tras las lluvias.

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Por su parte, los mallos pequeños han sido bautizados como Colorado, Chichín, Herrera, Magdalena, Cored, Carilla, Agua Roja, Gómez Laguna y Capaz. Además de estos, algo más al este se encuentran el Paredón de los Buitres y el Macizo d’osFils.

Más allá de su belleza paisajística, que deleita tanto a naturalistas como a amantes de la fotografía, los Mallos de Riglos constituyen un paraíso para montañeros y escaladores. En algunos de estos mallos, como el Melchor Frechín, el Paredón de los Buitres o el mallo del Agua entre otros, se puede realizar el ascenso a pie hasta la cima. Por el contrario, en muchos otros mallos la única vía de acceso es mediante la escalada de sus impresionantes paredes verticales.

Cabe destacar, además, que el pueblo de Riglos, situado a los pies del mallo Pisón, es digno de visitar para disfrutar de su atmósfera acogedora y del entorno natural que lo rodea.

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El pueblo de Riglos atrae también por su Centro de Interpretación de las Rapaces, un lugar ideal para observar y aprender de la rica variedad de estas aves que habitan en “el Reino de los Mallos”, entre las que destaca una de las más numerosas colonias de buitres leonados de Europa.

Mirador de los Buitres

Desde el Mirador de los Buitres tenemos una de las mejores vistas panorámicas de los Mallos de Riglos y de la Hoya de Huesca, por ello es visita obligada.

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Os aconsejamos realizar este recorrido al atardecer, cuando los rayos de sol inciden directamente en las formaciones rocosas dándoles unas tonalidades rojizas espectaculares.

El trayecto hasta el mirador puede realizarse íntegramente en coche a través de una pista forestal, o bien realizar el último tramo a pie tomando un sendero panorámico que discurre sobre los acantilados de Os Fils.

Si tenemos suerte y disfrutamos de un día despejado, algunas de las aves que nos podemos encontrar son el Buitre leonado, el Quebrantahuesos, el Alimoche, la Milano real o la Chova piquiroja.

Ruta a través del Caminito del Cielo

ACCESO: la ruta se inicia en la misma localidad de Riglos

RECORRIDO: circular

DIFICULTAD: baja

Bien señalizada con dos lineas azules y carteles

LONGITUD: 5,4 kilómetros

TIEMPO ESTIMADO: 2 h 30´

DESNIVEL: 400 metros (de subida y de bajada)

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El sendero se inicia desde la localidad de Riglos. Recomendamos hacerla en el mismo sentido que las agujas del reloj. El motivo es sencillo. Si realizamos la ruta en esta dirección, tendremos un corto y fuerte ascenso, y una bajada más larga y moderada. De la otra forma sufriremos más kilómetros de ascenso y una bajada brusca y peligrosa con mucha piedra suelta.

Empezamos a caminar. Comenzamos a ver a decenas de escaladores ya encaramados a la roca o preparando el ascenso, enredados en cuerdas al pie de los mallos. Con un poquito de envidia sana, seguimos el camino y en poco tiempo salvamos un desnivel considerable.

A medida que ascendemos hay que echar la vista atrás porque el panorama que se nos ofrece entre los Mallos de Firé y Pisón es impresionante. Nos encontraremos con miradores naturales en los que hacer una pequeña parada para disfrutar del lugar.

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Justo en el punto en el que alcanzamos la altura máxima tenemos a nuestro alcance el mirador de Ventuso, un lugar ideal donde reponer fuerzas antes de comenzar el descenso.

La bajada es muy suave y se hace rápidamente. Enseguida divisamos la localidad de Riglos. Cuando nos queremos dar cuenta ya estamos entrando por una de sus calles que nos conduce directos a la coqueta iglesia románica. Hemos terminado nuestro camino, el camino del cielo.

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MONASTERIO DE POBLET: monasterios y conventos con encanto

14 junio, 2018 at 12:14

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El Real Monasterio de Santa María de Poblet o, simplemente monasterio de Poblet, es el prototipo de abadía cisterciense española. El monasterio de Poblet lo encuentras en la comarca de Cuenca de Barberá, casi en el centro geográfico entre las ciudades de Lérida y Tarragona, y a una hora y media de Barcelona.

El Monasterio de Poblet es el más importante de los 3 monasterios que forman la que es conocida como Ruta de Císter de Catalunya. Un impresionante conjunto arquitectónico y uno de los monasterios más grandes de Europa.

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Además de la magnífica iglesia, destacado ejemplo del arte cisterciense, se conservan casi todas las construcciones que se fueron construyendo de acuerdo con las necesidades de una comunidad en plena vitalidad y expansión y con la protección de los soberanos de la confederación catalana-aragonesa: especialmente desde que Pedro III el Ceremonioso (1336-1387) hizo del monasterio panteón real de la dinastía.

En 1991 fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Poblet, junto con Guadalupe, El Escorial, San Millán de Yuso y San Millán de Suso son los monasterios en España que gozan de este título.

Historia monasterio de Poblet

El Monasterio de Santa María de Poblet es, sin duda, la más importante de las abadías cistercienses españolas.

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Los orígenes de este monasterio cisterciense se remontan a 1149 cuando Ramón Berenguer IV se lo entregó a los monjes de una abadía francesa. El primer abad del Monasterio de Poblet fue el abad Guerau, a partir de 1153.

Era un emplazamiento que cumplía las normas de la orden del Císter. O sea, ubicarse en un lugar aislado, estar rodeado de terrenos idóneos para la agricultura y disponer de abastecimiento de agua.

Su mayor auge lo tuvo durante el siglo XIV, cuando llegó a albergar hasta 140 monjes, más los hermanos legos que trabajaban para ellos. Fue en esa época, en concreto en 1340, cuando Pedro el Ceremonioso ordenó que el monasterio se convirtiera en panteón real. De esta forma, y hasta el siglo XV paso a albergar los sepulcros de los reyes de Aragón y Condes de Barcelona, en concreto, hasta ocho reyes y tres reinas.

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En 1835 el monasterio fue abandonado tras la Desamortización de Mendizábal.

En 1930 se inició su restauración, de forma que en 1935 pudo dedicarse nuevamente la iglesia al culto, y en 1940 retornaban a su abadía algunos monjes.

En la actualidad en el monasterio de Poblet residen 31 monjes cistercienses, por lo que te adelanto que la visita de sus estancias está condicionada por las actividades diarias de estos monjes.

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Visita al monasterio de Poblet

La primera impresión que da el monasterio de Poblet es el de tratarse de una gran fortaleza. Eso es así porque cuando el cenobio se convirtió en Panteón Real fueron necesarias unas reformas en pos de garantizar su seguridad. De esta manera, antes de llegar al conjunto monástico en sí, se pasa sucesivamente por un conjunto de puertas y patios.

Lo primero que nos encontramos es la Capilla de San Jorge, pequeño edificio de mediados del siglo XV, del que te llamará la atención su puerta gótica.

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Esta capilla se encuentra situada junto a un segundo pórtico de un nuevo tramo amurallado, conocido como la Puerta Dorada, el cual te da acceso a otra gran explanada donde ya divisarás la iglesia del monasterio.

Dicha iglesia tiene muros a ambos lados como continuación de su fachada, los cuales en realidad son una muralla que rodea las distintas estancias de lo que ya es el recinto monacal. Esta fortificación fue mandada construir una vez el monasterio pasó a ser el panteón real de la Corona de Aragón. La fachada de la iglesia muestra una gran puerta barroca, pero el edificio en realidad tiene sus orígenes en el siglo XIII.

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Para entrar al recinto monacal debes pasar por la denominada Puerta Real, del siglo XIV. Este acceso se abre entre dos de las doce torres que se distribuyen por la muralla que rodea el citado recinto monacal.

Ya en su interior lo primero que verás es el antiguo refectorio del siglo XIV, el cual posteriormente se convirtió en una bodega para producir vino.

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En la actualidad la empresa Codorniu es la que gestiona la producción de las diez hectáreas de viñas propiedad del monasterio de Poblet.

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La puerta de acceso al claustro del monasterio es de estilo románico, y dicho claustro de entre los siglos XII y XIII es de estilo gótico, con los capiteles de las columnas mostrando una sencilla decoración vegetal. Alrededor del claustro se distribuyen varias dependencias que se siguen utilizando por los monjes en su vida monástica.

Así, podrás ver el refectorio, o comedor, en el que la vajilla y la cubertería están listas para ser utilizada en una próxima comida.

La biblioteca conserva el original techo de crucería del siglo XIII, aunque su colección, con más de 100.000 libros, se remonta a la última y más actual etapa del monasterio, a partir de 1940.

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También podrás ver la sala capitular, la cual está acondicionada incluso con micrófono para la lectura que cada día los monjes hacen de un capítulo de la regla de San Benito, la que regula su vida monástica.

También verás otras estancias que ya no se utilizan, como la antigua cocina o una antigua sala dormitorio donde los monjes dormían en el suelo sobre lechos de paja.

En uno de los lados del claustro encuentras el gran templete que cubre la fuente utilizada como lavatorio por los monjes. Es la construcción que se lleva todas las miradas, de estilo gótico y que corresponde al siglo XIV. Es este uno de los más bellos elementos del Monasterio de Poblet, quizá el más emblemático. Los lavabos eran habituales en los monasterios cistercienses de planta bernardina y se situaban, como aquí, enfrente del refectorio. Eran utilizados, por tanto, para lavarse las manos antes de los ágapes, aunque actualmente su función es puramente decorativa. En las bóvedas de crucería del templete observamos restos de la policromía original.

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Finalmente entrarás en la iglesia, un edificio de tres naves con crucero, en la que se combinan el estilo románico y gótico. Así, las naves laterales presentan bóvedas de crucería y la central, de cañón apuntado.

Te llamará la atención el imponente retablo de alabastro realizado en 1529 durante el reinado de Carlos I, aunque en realidad se trata de una reconstrucción del siglo XX pues el original quedó casi destruido tras el abandono del monasterio.

Ahora bien, el elemento más distintivo de la iglesia del monasterio es, sin duda, el conjunto que forman los sepulcros reales situados en dos grandes bloques a ambos lados en el centro del crucero.

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LOS MARINES: ruta del jamón ibérico de Jabugo

15 abril, 2018 at 20:50

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La gastronomía de Huelva es simplemente única y el Jamón Ibérico de su Sierra, el Jamón de Jabugo, es un verdadero manjar.

La ruta del jamón ibérico de Jabugo comprende los 31 municipios integrados en la zona de elaboración y maduración de la DOP Jamón de Huelva en las comarcas de Sierra de Aracena y Picos de Aroche y de Cuencas Mineras. Gran parte del territorio es Parque Natural y Reserva Mundial de la Biosfera. En él se crían los cerdos ibéricos con los que se elaboran los reconocidos jamones de Jabugo.

Hoy te invitamos a conocer Los Marines, un pequeño pueblo en pleno centro de la comarca de la Sierra de Huelva. Se ubica en la carretera que une Aracena con Portugal, en el centro del Parque Natural de la Sierra de Aracena y los Picos de Aroche, uno de los espacios protegidos más importantes de la Comunidad y que ocupa todo el norte de la provincia con sus dehesas.

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Su casco urbano, al igual que la Iglesia de Ntra. Sra. de Gracia están catalogados como Bienes de Interés Cultural.

El agua es protagonista del pueblo, de ahí que existan varias fuentes públicas distribuidas por la localidad; a las que se suma un antiguo lavadero que aún trae recuerdos a sus habitantes más longevos.

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El monumento más destacado de la villa es la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, del siglo XVI que alberga en su interior una pila bautismal de gran valor artístico.

Tras el recorrido cultural es momento de conocer su entorno natural, perfecto para practicar senderismo por rutas señaladas entre huertas y castañares.

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Destacamos la parte artesanal del pueblo, la cual mantiene una tradición centenaria elaborando con varas de olivos cestas y canastos.

Historia del pueblo de Los Marines

Los Marines tuvo la fortuna de nacer como tierra prometida para austeras gentes venidas de Galicia. Efectivamente, el poblamiento, acaecido en el siglo XIV, fue realizado por hombres del valle del Sil (Santiago y Santana, 1985), guiados por los hermanos Marín, probablemente de la ciudad del mismo nombre, en la que hoy es provincia de Pontevedra.

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De esta forma, la toponimia contiene numerosos nombres de origen gallego, tales como Balambas, Los Garridos, El Palero, Valdelama, Las Torneras etc. (Recio Moya, R., 1994).

Poco a poco, los caseríos dispersos dieron lugar al poblado de Los Marines, que en el siglo XVI tiene ya iglesia bajo la protección de la Virgen de Gracia.

Hasta mediados del siglo XVII fue tierra de realengo del Consejo de Aracena en el reino de Sevilla. Hacia 1640 pasa a jurisdicción señorial, tras la donación hecha por Felipe IV al Conde Duque de Olivares, don Gaspar de Guzmán, para pagar los servicios prestados en la batalla de Fuenterrabía.

Al fin, el 7 de Febrero de 1768, el Rey concede el título y Privilegio de Villa a Los Marines, eximiéndola de la jurisdicción de Aracena.

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ALGODONALES: ruta de los pueblos blancos de Andalucía

26 febrero, 2018 at 21:00

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Pensar en Andalucía es llenarse de los colores de las buganvillas y gitanillas, del blanco de sus paredes encaladas, del azul profundo de sus mares bajo el sol. Así, la conocida como Ruta de los Pueblos Blancos nos lleva a recoger un sinfín de imágenes populares salidas del corazón mismo de Andalucía.

Esta ruta es una de las más conocidas y cada año, miles de viajeros se dispersan por los caminos andaluces haciendo su recorrido. Es una red de caminos que nos llevan a unos 20 municipios de las provincias de Cádiz y Málaga. Pueblos y ciudades que comparten esas casas con fachadas de blanca cal tan características en gran parte de la comunidad andaluza.

La villa de Algodonales (Cádiz), uno de los famosos pueblos blancos gaditanos, constituye paso obligado para acceder desde el norte al Parque Natural de la Sierra de Grazalema.

Rodeada de olivares y huertas regadas por el río Guadalete y el cercano embalse de Zahara, Algodonales está situada junto a la sierra de Líjar.

Sus calles, estrechas, sinuosas y repletas de naranjos, siguen el recorrido natural que antaño seguían las aguas de lluvia. Su casco antiguo está declarado Bien de Interés Cultural.

Paseando por sus calles podrás escuchar el murmullo de sus pintorescas fuentes y lavaderos públicos, como la del Algarrobo. La mayoría de ellos construidos hace más de un siglo.

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De tanto en cuanto, en una de sus típicas casas encaladas de blanco impoluto, y cubiertas con tejados rojos de teja árabe, se abren al visitante talleres artesanos de fabricación de guitarras y tiendas donde proveerse de los ricos productos agrícolas de la zona.

Merece la pena visitar la Iglesia Parroquial de Santa Ana, conjunto de estilo barroco tardío con elementos neoclásicos (consagrada en 1784).

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Destacan también las ermitas de Jesús Nazareno y la de la Virgencita y, en las afueras, la Ermita de la Concepción (s. XVIII) y los molinos harineros.

Cerca del pueblo se encuentra la pedanía de La Muela, para contemplar desde las cimas de la  tierra de Líjar el vuelo de los buitres leonados.

Por su privilegiado enclave geográfico y su clima, Algodonales se ha convertido también en un santuario para los amantes de los deportes aéreos.

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Historia

Los primeros recuerdos de Algodonales datan del Neolitico, como se manifiesta a través de los yacimientos de la cueva Chamusquina, Castillejo y Cueva Santa.

Abundan por otra parte vestigios iberos y romanos en lo que fue una ciudad de cierta importancia en la época de colonización latina. Un punto capital en cuanto a hallazgos de todo tipo es el Cerro de la Botinera, en el que además de infinidad de útiles, cerámicas, esculturas y monedas, se halló un enterramiento romano. Otros cerros comparten las glorias del pasado, Camarena y Tesorillo, y algunos cortijos como el del Alamillo y el de las Columnas.

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Tras la etapa de poder visigodo ocupan las tierras andaluzas los árabes de Tarik. Bajo el dominio árabe, esta población fue dependiente de su vecina Zahara.

RECREACIÓN HISTÓRICA DEL 2 DE MAYO DE 1810

Del 29 de abril al 1 de mayo, en Algodonales puedes vivir una experiencia inolvidable donde podrás disfrutar con toda tu familia, y revivir cómo los antepasados del pueblo serrano se enfrentaron a todo un ejército en la dura época de la Guerra de la Independencia.

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En esta Recreación se conmemora el heroísmo de todo un pueblo en defensa de su cultura, de su libertad. La resistencia de este pueblo y su valor ante el ataque francés hizo que lograse en título de Villa otorgado por Fernando VII.

El visitante encontrará diferentes personajes que dan vida a escenas cotidianas de 1810 y formará parte activa de los acontecimientos. De mano de los intérpretes de la historia y solo dando un paso te encontrarás con el pasado. También se podrá disfrutar de desfiles, talleres artesanales, teatro, espectáculo de esgrima, flamenco, comida popular, showcooking…

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ERMITA DE SAN FELICES: ermitas que merece la pena visitar

14 octubre, 2017 at 20:55

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La ermita se alza sobre los riscos de Bilibio, a seis kilómetros al norte de Haro (La Rioja), donde primero hubo un castillo romano y luego, a finales del siglo V, hicieron vida retirada San Felices, cuya sobria efigie en piedra corona el cerro, y su discípulo San Millán. Más cerca del cielo no podían estar.

Desde este santuario se tiene una panorámica que impresiona durante todo el año, pero especialmente el 29 de junio, día que se celebra  la Batalla del Vino. Desde esa altura se puede disfrutar de una maravillosa vista de pájaro de los viñedos y las bodegas de la Rioja Alta.

Desde esta afilada cresta se ve como el Ebro entra en La Rioja, atravesando las llamadas Conchas de Haro (un canal natural que el Ebro ha ido creando a su paso), y serpentea entre los viñedos como un gigante embriagado.

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Hay espacios, sitios, lugares que deberían verse por lo menos una vez en la vida porque por mucho que la gente hable de ellos e intente trasladar su belleza, hasta que no se visitan y se viven en primera persona, no se entiende el encanto que reside en ellos. Esto sucede con la Ermita de San Felices, nombrada por la Guía Repsol como el mejor rincón de España en 2014.

Origen e Historia

Felices de Bilibio nació en el año 443 y será quien va a hacer famoso este lugar. Sus inquietudes, sobre todo en temas divinos le llevarán a ordenarse como presbítero y a retirarse para dedicarse a la oración en lo que se conocía como los Riscos de Bilibio. Pronto se le empieza a conocer entre los lugareños como “el hombre santo” por sus múltiples y milagrosas intervenciones logrando captar el interés de Millán, el que conoceremos como el Santo de la Cogolla y que se convirtió en el discípulo de Felices durante 3 años.

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Felices de Bilibio falleció con casi 100 años y se encargó de ordenar el sitio en el que quería ser enterrado, que no podía ser otro lugar que en uno de los riscos que formaron parte de su hogar durante su vida espiritual.

El castillo de Bilibio que acogía la capilla y el sepulcro de San Felices, trató de resistir el ataque árabe a principios del S.VIII, pero finalmente fue conquistado por los musulmanes. Algo que duró hasta su posterior reconquista por Sancho I Garcés ya en el siglo X.

En 1076 el rey Alfonso VI cedió el castillo a Don Lope Díaz (padre de Don Diego Lope de Haro) y a mediados del S.XI los habitantes de Bilibio se van a trasladar a lo que hoy conocemos como Haro, siendo finalmente los restos de San Felices trasladados al Monasterio de Yuso.

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Foto de Pilar Estefania del Vado

En 1710 comenzó a construirse la Ermita de San Felices en honor al Santo, ocupando el espacio donde se encontraba el antiguo castillo. Sufrió numerosas modificaciones y reconstrucciones, la última en 1942. El 21 de junio de 1964 se inauguró la estatua de San Felices con un libro abierto en sus manos y que prácticamente parece el guardián de esos riscos, de sus riscos.

Pueblo de Haro

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Haro es la capital del vino riojano, donde empezó a gestarse su fama y donde más y mejores bodegas hay. En el barrio de La Estación se encuentra la más antigua, López Heredia Viña Tondonia, un templo del vino de 1877, con taller de tonelería y anexo en forma de frasca diseñado por Zaha Hadid.

La visita se antoja perfecta para compartirla entre amigos. En Haro, además, se come como se bebe: divinamente. Chuletillas de cordero al sarmiento, callos y morros a la riojana, menestra de verduras, las patatas con chorizo, los pimientos rellenos, las rosquillas y muchos otros…, no te lo puedes perder.

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La Iglesia de Santo Tomás, del S.XVI, se construyó en honor al santo que le da nombre y está considerada como Bien de Interés Cultural. Se encuentra edificada sobre un antiguo edificio de piedra de sillería y consta de 3 naves iguales en altura que albergan en su interior el que es el retablo mayor más grande de La Rioja.

Sin duda la Ermita de San Felices es un lugar que hay que visitar, pues además de destacar por su incuestionable belleza, en los Riscos de Bilibio tiene lugar una de las tradiciones más famosas de Haro y de La Rioja; la Batalla del Vino, que se celebra todos los años el 29 de junio y que parece ser que tiene su origen en la fiesta que se organizaba durante el almuerzo de los romeros que acudían a misa a la Ermita de San Felices y que ya contentos, comenzaban a mancharse con el vino que tenían en sus botas. Un gesto inocente que ha dado lugar a esta conocida celebración y que consiguió que fuera declarada de Interés Turístico Nacional, llegando a lanzarse hasta 130.000 litros de vino.

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Foto de Sapos y Princesas

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