RONDA: ruta de los pueblos blancos de Andalucía

26 febrero, 2020 at 13:42

Pensar en Andalucía es llenarse de los colores de las buganvillas y gitanillas, del blanco de sus paredes encaladas, del azul profundo de sus mares bajo el sol. Así, la conocida como Ruta de los Pueblos Blancos nos lleva a recoger un sinfín de imágenes populares salidas del corazón mismo de Andalucía.

Esta ruta es una de las más conocidas y cada año, miles de viajeros se dispersan por los caminos andaluces haciendo su recorrido. Es una red de caminos que nos llevan a unos 20 municipios de las provincias de Cádiz y Málaga. Pueblos y ciudades que comparten esas casas con fachadas de blanca cal tan características en gran parte de la comunidad andaluza.

Nuestro siguiente punto a visitar es Ronda (Málaga), donde palacios, baños árabes, atalayas, teatros romanos e incluso cuevas primitivas te sumergirán en un viaje en el tiempo hacia el pasado de Andalucía.

Una ciudad dividida por un cañón natural, el Tajo que forma el río Guadalevín, y unida por un espectacular puente del siglo XVIII que atrae a viajeros y turistas desde todos los rincones del mundo. Un balcón que se asoma a la Serranía de Ronda, de trazado medieval y reminiscencias árabes, de ambiente romántico e historias de bandoleros. Por cierto, si quieres conocer cómo eran los bandoleros de la época,  puedes acercarte al Museo del Bandolero.

Si hablamos de monumentalidad posiblemente Ronda será uno de los puntos de este recorrido donde más puedas disfrutar. No es casualidad que su casco antiguo esté declarado Bien de Interés Cultural, y es que tras sus primeros habitantes neolíticos pasaron por aquí celtas, fenicios, romanos y árabes hasta que los Reyes Católicos la conquistaron en 1485.

La ubicación de Ronda, en un promontorio rocoso cortado por el Tajo, contó en sus orígenes con una importante función estratégica. Aún se pueden visitar diferentes paños de su muralla de época musulmana, donde destaca especialmente la Puerta de Almocábar, situada en el lado sur de la antigua medina y construida en el siglo XIII.

No te puedes perder visitar la Plaza de Toros de Ronda, una de las más antiguas de España y una de las más monumentales que existen.

Los Baños Árabes de Ronda

Los Baños Árabes de Ronda, de época nazarí (s. XIII-XIV), están situados en la zona de la antigua judería y, a pesar de su extraordinario interés arquitectónico, fueron abandonados (la moral cristiana no permitía ciertas prácticas), y las crecidas del río Guadalevín acabaron sepultándolos.

Su estado de conservación es sorprendente y podrás apreciar cómo este hammam sigue el modelo romano dividiendo sus estancias en aguas frías, templadas y calientes. Podrás ver perfectamente cómo se mantienen en pie sus bóvedas, sus arcos de ladrillo y sus columnas. Está considerado como uno de los más grandes y mejor conservados de la Península Ibérica.

Palacio del Marqués de Salvatierra

Localizado en el Conjunto Histórico de Ronda y próximo al Barrio de Padre Jesús, posee una espléndida fachada barroca en sillería de piedra con puerta adintelada, columnas corintias y un gran balcón de forja rondeña. La fachada se remata con un frontón quebrado que alberga figuras desnudas, de clara influencia indiana.

Las figuras masculinas se burlan y sacan sus lenguas; mientras las femeninas ocultan pudorosamente “sus partes”. Ambas soportan el dintel en el que se encuentra el escudo nobiliario de la familia que encabezara Vasco Martín de Salvatierra, continuo de los Reyes Católicos tras la conquista de Ronda.

El interior del Palacio representa la austeridad de la casa rondeña palaciega de los siglos XVII y XVIII.

Iglesia del Espíritu Santo

La Iglesia del Espíritu Santo fue erigida por los Reyes Católicos sobre la mezquita que había en el Arrabal Alto. Se consagró en conmemoración del día en que fue tomada la ciudad. El edificio presenta una gran homogeneidad en su construcción. La obra se debió hacer a finales del siglo XV y principios del XVI. Corresponde al estilo híbrido gótico-renacentista propio de la época.

El templo consta de una sola nave dividida en tres tramos cubiertos por bóvedas de crucería estrellada, muy tardía. La capilla mayor se abre por medio de un gran arco triunfal, de medio punto, sobre gruesos y elevados pilares embutidos en el muro. El frente del templo está ocupado por un retablo sobre el que existen tres escudos tallados en piedra: dos de ellos pertenecen a fray Bernardo de Manrique, en cuyo obispado se realizó la obra, y el otro es el escudo imperial de los Austrias.

Casa del Gigante

Situada en el centro histórico de Ronda, la Casa del Gigante es una casa señorial de origen árabe construida en el siglo XIIV, con capiteles reutilizados del XIII. La casa toma su nombre de los relieves en piedra, tal vez de origen ibérico, que decoraban las esquinas del edificio de los que tan solo queda uno, muy deteriorado. En el interior se conservan unas magníficas yeserías decoradas con motivos florales, algunas de las cuales debió de estar ricamente decorada por los restos de policromía que conservan.

La Casa del Gigante es una interesante muestra de construcción señorial en época musulmana en Ronda, única conservada en todo el reino nazarí si exceptuamos las de Granada o las de la Alcazaba malagueña.

No olvides consultar los horarios y tarifas.

Casa del rey Moro

La Casa del Rey Moro es un palacio del s. XVIII que alberga en su interior una mina de captación de agua, de origen árabe, declarada Bien de Interés Cultural. Se trata de una compleja obra islámica que desciende al fondo del Tajo donde discurre el Río Guadalevín. Se construyó aprovechando una grieta natural vertical donde se desarrolla una escalera tallada en la roca con más de 200 peldaños y que desciende en vertical unos cien metros. En su interior se localizan una serie de estancias, desde aljibes a habitaciones, que fueron utilizadas como polvorín y depósito de grano.

También son muy interesantes de ver sus valiosos jardines aterrazados, con presencia constante de agua en fuentes y canalillos, diseñados y construidos por el prestigioso arquitecto y paisajista Forestier. Se trata de un jardín en diferentes niveles, salvados por escalinatas decoradas con azulejos y jalonadas por fuentes y estanques cubiertos por nenúfares. No olvides consultar los horarios y tarifas.

Convento de Santo Domingo

Convento que fue de frailes dominicos, llamado en su fundación de San Pedro Mártir. En la escritura del fuero que concedieron los Reyes Católicos para el Regimiento y buen Gobierno de la ciudad de Ronda, a raíz de su conquista, y que aparece firmada en Córdoba el 25 de Julio de 1485, se puede leer una orden referida a la fundación de los dos Monasterios instituidos por Isabel y Fernando, el de San Francisco y el de Santo Domingo. Sabemos pues que la situación del Convento fue donde tuvo su real el conde de Benavente, que, según nos dice Moreti, se encontraba en las Huertas de los Molinos, debajo de los tajos del Mercadillo.

Actualmente se ha convertido en el Palacio de Congresos de Ronda, rehabilitado para el uso de pequeños o medianos Congresos, Simposios, Convenciones, Jornadas, Muestras y Exposiciones. Con unas magníficas instalaciones, y sobre las que se ha logrado conservar el sabor, la paz y la tranquilidad monacal que tuvo en su primitiva función.

Yacimiento arqueológico de Acinipo

El Yacimiento Arqueológico de Acinipo está situado a 21 kilómetros de Ronda, en una meseta con una altitud media de 980 metros sobre el nivel del mar, desde donde se contemplan unas amplísimas panorámicas de la comarca. Según Plinio y Ptolomeo, Acinipo pertenecía a la Beturia Céltica, pero en tiempos romanos se convirtió en una de las principales ciudades de la Bética.

De la antigua ciudad romana sólo se conserva el teatro, construido en el siglo I a.C sobre un desnivel del terreno, al modo griego, y de ahí que la cávea esté esculpida en la roca. En aceptable estado de conservación se encuentran buena parte de las gradas, la orquesta y el frente de la escena, realizada en sillería de granito sin argamasa. También se han encontrado restos de unas termas, de dos viviendas y del templo oficial, la basílica y los pórticos.


CANCHO ROANO: ruta parques arqueológicos de España

5 agosto, 2015 at 18:20

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Cancho Roano (a veces escrito como Cancho Ruano) es un yacimiento arqueológico, situado a 10 Km. de Zalamea de la Serena, en la provincia de Badajoz, en la finca denominada «Cancho Roano», junto al río Cigancha (Badajoz).

El yacimiento extremeño de Cancho Roano alberga uno de los más sobresalientes hallazgos de la arqueología española del último cuarto del siglo XX. Desde su descubrimiento en 1978, el palacio-santuario de origen tartésico, ha sido uno de los hitos arqueológicos que más interés y polémica ha suscitado entre los investigadores especializados en la Protohistoria de la península Ibérica y uno de los que más abundante literatura ha generado.

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En 1986 el yacimiento es declarado Monumento Nacional, por su riqueza arqueológica e histórica.

De sus estudios se extrae que el yacimiento, que data del siglo V a.C., fue descubierto para la ciencia hace ahora 30 años. Su excavación y estudio crítico a lo largo de todo este tiempo han permitido sentar las bases iniciales para el conocimiento de las postrimerías de la Primera Edad del Hierro en el tramo extremeño del Guadiana, y de las transformaciones económicas y sociales que experimentaron las poblaciones de estos territorios en aquella época.

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En cuanto al por qué de este asentamiento, hace más de 2500 años ya existía una compleja red comercial impulsada por las civilizaciones del Mediterráneo Oriental en su búsqueda de materias primas. Este foco cultural de rasgos orientalizantes extendió su influencia sobre amplias zonas, abarcando, entre otras, gran parte de Extremadura y el Alto Guadalquivir. La reorientación económica surgida de la crisis del mundo tartésico provocó un espectacular desarrollo de las zonas periféricas, siendo uno de sus mejores exponentes el lugar en el cual se ubica Cancho Roano.

El Palacio-Santuario

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Reconstrucción panorámica de Cancho Roano

El complejo arquitectónico, orientado al sol naciente, fue erigido sobre una cabaña ovalada donde se levanta el primer edificio. Sobre este monumento se construyó un segundo, del que se conoce su planta, en la que se han documentado hasta tres altares de adobe, dos de ellos en forma de piel de vaca. Por último, a mediados del s. V a.C., se decidió clausurar este segundo santuario para edificar el ahora visible. Este es uno de los motivos que convierten a este yacimiento en un descubrimiento excepcional; tres conjuntos arquitectónicos diferentes, construyendo cada uno sobre los restos del anterior.

Se trata de un complejo edificio de planta cuadrada, rodeado por un foso y en el que se pueden apreciar tres etapas constructivas: la primera, del s. VI a.C., con muros de adobe sobre una base de mampostería; una segunda fase se llevó a cabo entre el año 500 y 450 a.C.; y una tercera, entre el 450 y el 375 antes de nuestra era. Es el conjunto tartésico mejor conservado de la Península Ibérica.

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El conjunto de edificaciones estructuradas en torno al edificio central, se elevan sobre una terraza de piedra, que aparece rodeado por una serie de largas y estrechas naves articuladas en pequeñas habitaciones.

El foso excavado en la roca delimita un espacio de unos 2.000 metros cuadrados.

Se construyó con un sólido basamento de piedras y alzados de adobe, y fue enlucido por el exterior con arcilla roja, como los suelos de las habitaciones, mientras que el interior fue totalmente encalado. Para realzar aún más el cuerpo principal del santuario, se construyó una terraza de piedra de gran tamaño, también encalada, que lo rodea por completo. Al cuerpo principal se accede por un patio cuadrado, con un pozo en el centro, que aún hoy mantiene su nivel de agua.

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La entrada al edificio se realiza mediante una escalera de piedra construida en la esquina septentrional del patio, que conduce a una estancia que, a su vez, comunica con un gran ambiente transversal, que cruza todo el edificio y sirve de distribuidor a los espacios del fondo.

Se disponen en tres cuerpos independientes en la zona meridional, almacenes en los que se hallaron ánforas y orzas que contuvieron cereales, aceite, vino, miel y otros productos alimenticios, así como una cantidad de objetos de bronce -´calderos, recipientes rituales, jarros, arreos de caballo, etcétera-; la septentrional consta de una habitación alargada, en cuyo fondo había un telar, a la que se abren tres pequeñas estancias en las que se halló gran parte de los materiales de importación que caracterizan al yacimiento: alabastrones, copas griegas, cuentas de pasta vítrea púnica, escarabeos egipcios, marfiles, sellos de lidita, cuentas de ámbar y cornalina y buena parte de las joyas de oro del santuario. En el eje central del edificio se erigió la habitación principal, verdadero lugar sacro del complejo, en cuyo centro se levantó un gran pilar rectangular que haría las veces de altar. Tal vez lo más sobresaliente de este espacio principal es que el pilar se alza sobre los respectivos altares de los dos edificios anteriores. Por último, el monumento está rematado, a modo de torres, por dos habitaciones: la de la entrada, donde se construyó una escalera para acceder a la terraza y la planta superior hoy perdida, y la suroriental, tal vez lugar de residencia.

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Rodea el edificio una serie de estancia perimetrales, seis por cada lado, donde se depositaron ajuares a modo de ofrendas. Todo el complejo monumental está rodeado por un foso excavado en la roca, que en algunos puntos busca los niveles freáticos para mantener siempre una lámina de agua que ensalce la construcción. En la zona oriental, por donde se llega al santuario, se construyó una pequeña muralla con dos torres poligonales en el centro que flanquean la única entrada posible a la construcción.

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El edificio fue intencionadamente incendiado, destruido y posteriormente sellado con tierra antes de ser abandonado, echándose en falta tan sólo los elementos sacros, seguramente recuperados para mantener el culto en otro lugar. El continuo cruce del agua de arroyo Cagancha, aún en épocas de fuerte sequía, así como la construcción de pozos en el interior avala el papel primordial que debió jugar el agua tanto para la construcción como para el culto en el lugar.

La Leyenda de la Atlántida

El misterio de la Atlántida sigue sin resolverse. Puede que nos encontramos ante alguna leyenda, fábula o quimera, pero Platón la describe piedra a piedra en uno de sus libros y sigue siendo un lugar que se busca desde hace más de 2.000 años sin que nadie sepa a ciencia cierta dónde estaba ubicada. Han sido muchos los lugares que se le han asignado. Se habla de la Atlántida como la ciudad más avanzada de su tiempo, que fue arrasada por mar tras devastadores tsunamis.

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En un documental de ‘National Geographic’ titulado ‘Finding Atlantis’ (‘En busca de la Atlántida’), expertos en arqueología ubican la ciudad perdida en las marismas de Doñana (Huelva). Se basan en los escritos del filósofo griego, quien describe con detalle los templos y la arquitectura, calcula incluso dimensiones y, sobre todo, el lugar en el que se encontraba.

Platón aseguraba que la ciudad se localizaba pasando un lugar al que describía como los ‘Pilares de Hércules’, lo que hoy se conoce como el estrecho de… Gibraltar.

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Estela hallada en Cancho Roano. En ella se aprecia un guerrero protegiendo los círculos concéntricos que podría recordar a la Atlántida, tal como fue descrita por Platón

Según las explicaciones de este estudio en el documental, Tarsis, ciudad que se menciona en la biblia, la cual se identifica como la capital del reino de los tartesos, podría ser la misma ciudad que describe Platón, ya que coinciden muchas de sus ilustraciones con las que se reflejan en diferentes escritos del Antiguo Testamento. De hecho, a los barcos que cubrían largas distancias, se les denominaba ‘barcos de Tarsis’, aludiendo al lugar más lejano hasta el que se podía navegar o el límite del mundo. Los tartesos extraían hierro, cobre y oro de sus minas, lo que les convirtió en una de las civilizaciones más ricas y adelantadas de la época, tal y como Platón describe a los habitantes de la Atlántida, pero ambas ciudades desaparecieron misteriosamente de las fuentes y escritos.

Así, si la Atlántida y Tarsis son la misma ciudad, hay teorías que coinciden con la función del templo de Cancho Roano. Se han encontrado muchas muestras de la cultura tartesia, o lo que podría ser lo mismo, la cultura de los Atlantis…

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