LA ANTIGUA : ermitas que merece la pena visitar

27 julio, 2015 at 19:20

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La ermita de Santa María (La Antigua) está considerada como la catedral de las ermitas vascas, y constituye, sin duda alguna, uno de los edificios más antiguos de la zona.

Situada en la ladera del monte Beloki, próximo a Zumárraga (Guipúzcoa), desde el que se divisa esta localidad, fue la primera parroquia de Zumárraga hasta 1576, que ante la petición de los vecinos y tras años de pleitos con el señor de Lazcano, su patrono, se trasladó al pueblo en la parte baja del valle y se construyó la iglesia de La Asunción.

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Los primeros documentos que mencionan la Ermita de la Antigua son del año 1366, cuando el rey Enrique III concedió al señor de Lazkao la posesión de la ermita.

Silenciosa y guardiana del valle desde tiempos lejanos, aún hoy en día sigue trasmitiendo a sus visitantes el asombro por su inigualable belleza interior. La ermita, además, guarda dos obras de especial interés: una talla gótica de “Andra Mari” (la virgen María) y uno de los grupos de la Piedad más antiguos de Guipúzcoa.

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Este monumento forma parte de la Ruta de los Tres Templos de Tierra Ignaciana, junto a los santuarios de Loiola y Arantzazu.

Arquitectura

Constituye un ejemplo claro del románico vasco, del que tan pocos monumentos perduran hoy en día (ello no obstante, encontramos elementos arquitectónicos del periodo de transición románico-gótico).

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Esta joya artística y monumental fue ampliado con un ábside trapeciodal en 1480.

En la parte exterior del ábside pueden contemplarse dos elementos arquitectónicos de gran interés: un crucero gótico tallado en piedra arenisca en el tímpano de una pequeña portada, y una ventana gótica actualmente recuperada después de las obras, con una reja de hierro forjado centrada en el tímpano, de una composición muy parecida a la que rodea el crucero.

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Entre ambas composiciones arquitectónicas hay una orla de piedra con la siguiente inscripción, ejecutada en letras góticas: MCCCCLXXX.

De su exterior, de carácter defensivo, también destacan la portada del románico del siglo XIV y el calvario realizado en las obras de ampliación del siglo XV.

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Su primitiva construcción románica no posee contrafuertes exteriores por estar formada por una construcción que se techó y cubrió originalmente con madera.

Tiene una inigualable belleza interior siendo la mezcla de piedra y madera lo más destacable. Destaca su extraordinaria cubierta en artesonado de madera de roble, un complejo entramado de vigas, tirantes, antepechos y tornapuntas.

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Son muy curiosos los relieves que se pueden ver parte de su maderamen interior, ya que aparte de diversos motivos geométricos, aparecen talladas cabezas y bustos de mujer y la representación de la leyenda de San Miguel y el dragón.

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Impresiona saber que muchas de estas vigas, de madera de roble, tienen más de 1000 años.

Uno de los secretos de los carpinteros que participaron en la construcción del edificio era observar las fases lunares porque de ellas depende la cantidad de savia que circula por el tronco. La tala debía producirse con luna menguante y luego había que dejar sudar la madera durante años. Así la madera podría vivir eternamente.

La ermita de La Antigua está compuesta por una sola nave, la cual está dividida en tres partes por seis gruesos pilares cilíndricos. Además, tiene dos cerchas extremas sobre los muros frontales de la fábrica, el correspondiente al presbiterio y al hastial cabecero.

La Ermita de la Antigua estuvo a punto de desaparecer en los años 80 por una infección de xilófagos que afectó a la madera. Pero los habitantes de Zumárraga se volcaron en la “Operación Teja” realizando aportaciones de 10.000 pesetas que les hacía propietarios de una teja de la ermita.

Ermita con leyenda

Cuentan antiguas historias, de las que se transmitieron boca a boca a través de generaciones y generaciones, que las paredes de la Ermita de la Antigua de Zumárraga fueron construidas con las piedras que arrojaron los gentiles (jentiles, término vasco que designa a los paganos de las leyendas tradicionales) desde la sierra de Aizkorri. Pretendían así destruir un templo que ponía fin a una época de creencias paganas que serían sustituidas por el cristianismo. Dicen que en las escaleras de la entrada aún se pueden ver las marcas de los dedos que dejaron los gentiles en las piedras.

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Foto de Gonzalo (Blog: Se hace camino al andar)

Leyendas al margen, todo parece indicar que en el origen, hubo aquí, en la ladera del monte Beloki un fuerte defensivo, y no es de extrañar porque se trata de un lugar estratégico desde que el que poder controlar todo lo que se moviera en kilómetros a la redonda. Es la zona hoy conocida como Valle del Urola.

Fiestas de Santa Isabel

Son muy interesantes las fiestas de Santa Isabel (2 de julio) cuando los vecinos de la localidad y comarca suben, desde primeras horas de la mañana, en romería hasta la Ermita de La Antigua donde celebran misa, y los dantzaris de la localidad, tras una breve procesión alrededor del templo, ejecutan ante el altar una antigua Danza de Espadas, la Ezpata Dantza de Zumarraga.

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Tras la misa repiten la misma danza en el exterior y bailan también el Aurresku. Después se celebran comidas con las cuadrillas y familias amenizadas con txistularis, trikitrilaris, etc…, hasta la tarde que vuelven a bajar a la localidad en alegre romería.

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ALMADÉN: las plazas de toros con más encanto

22 julio, 2015 at 19:50

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La plaza de toros de Almadén (Ciudad Real) fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1979 y, recientemente, junto con el resto del patrimonio minero de la localidad, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, lo que avala la singularidad de este monumento que alberga, además de festejos taurinos, sala de exposiciones, oficina de turismo, restaurante, y hotel de cuatro estrellas.

Situada en su día en el camino principal de entrada a la ciudad hoy ocupa un lugar de preferencia en el entorno urbano.

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La Plaza de Toros de Almadén fue construida en 1752 y supone la aparición de uno de los primeros edificios construidos expresamente para celebrar fiestas de toros en España y en el mundo, que combinaba, y aún hoy combina, esta función con la residencial.

Su forma hexagonal es única en el mundo y está considerada, junto a la plaza de Ronda, una de las plazas de toros más antiguas de España.

El origen de su construcción está ligada a la del Real Hospital de Mineros de San Rafael ya que las epidemias y la falta de alojamientos obligaron a construir 24 viviendas en esta plaza para evitar el hacinamiento de vecinos en las casas de la localidad y aportar dinero con el alquiler de las mismas, para la construcción del Hospital de Mineros. La plaza en sí se destinaría a la celebración de festejos taurinos y serviría de centro cívico de la población.

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La Plaza de Toros de Almadén ha recuperado de nuevo su vitalidad y su destino tras permanecer cerrada durante muchos años de desamparo, dejación y casi ruina.

El inmueble, reconstruido con exquisito detalle, es un reflejo de cómo se realizaban las obras en las minas en la mitad del siglo XVIII, no en vano tanto los ingenieros en su diseño como los operarios en su construcción fueron mineros. Esta cualidad se aprecia en multitud de detalles y soluciones constructivas: la amplitud y vano de los arcos de su graderío, los materiales empleados, la distribución de los muros y las cargas, la carpintería y el rebuscado equilibrio de las vigas. Piedra, madera, ladrillo y forja son elementos imprescindibles, manteniéndose los originales.

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La plaza de toros está construida dentro de la manzana que forman las veinticuatro viviendas encaladas con cubierta de teja acusada, y curiosas e interesantes chimeneas. Dentro se diseñó la plaza de toros propiamente dicha, con dos alturas, una con arcos y la otra adintelada por soportes.

Alberga un coso taurino de notables proporciones, con forma de polígono hexagonal, que queda inscrito en una circunferencia de 43 metros de diámetro.

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La entrada principal tiene un amplio balcón con voladizo que corresponde al palco presidencial, sobre el que hay un esbelto frontón con guarniciones neoclásicas. El graderío inferior es de obra de mampostería.

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El marco de la Plaza de Toros de Almadén es un lugar en el que se organizan espectáculos musicales, obras de teatro, conferencias, espectáculos ecuestres, y el propio hotel la brinda cursos de toreo en los que acercarse a una cultura de siglos con la oportunidad de ensayar y practicar una introducción de este arte para los más valientes.

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MONASTERIO DE SANTO DOMINGO DE LIÉBANA: monasterios y conventos con encanto

16 julio, 2015 at 18:44

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El Monasterio de Santo Toribio de Liébana es un monasterio franciscano localizado en el municipio de Camaleño y próximo a Potes, en la comarca de la Liébana (Cantabria). Se encuentra medio escondido entre los pliegues orográficos del monte de la Viorna, en las estribaciones de los Picos de Europa.

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Fue declarado Monumento Nacional el 11 de agosto de 1953.

Los orígenes del monasterio son muy oscuros, probablemente un monje natural de Turieno llamado Toribio y que fue obispo de Palencia (530-540), fundó el primer monasterio siguiendo trazas visigóticas. Por aquel entonces el monasterio sería conocido como Monasterio de San Martín de Turieno.

Historia

El primer documento escrito en que aparece mencionado el monasterio data del año 828. El monasterio se mantuvo bajo la advocación de San Martín de Turieno, pero ya en el siglo XII (1125) aparece en documentos con su denominación actual de Santo Toribio (Sancto Martino ve/Sancto Toribio episcopo).

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Tras la invasión musulmana del año 711 y la rápida conquista de la Península, los cristianos que defendían el estado hispano-visigodo se replegaron hacia las montañas cántabroastúricas e hicieron frente con éxito en la batalla de Covadonga (722), así como en otras escaramuzas que tuvieron lugar en nuestros montes, como en el cercano lugar de Cosgaya, que sirvieron para tomar confianza de sus fuerzas e iniciar la Reconquista. Se constituyó el reino asturiano con don Pelayo, a quien sucedió Alfonso I, hijo de su colaborador el duque Pedro de Cantabria, casado con Ermesinda, hija del caudillo de Covadonga.

Este rey de sangre cántabra pobló y organizó el territorio de Liébana con cristianos de la Meseta, para crear un vacío estratégico como frontera frente a los islamitas en el valle del Duero. Entre ellos vinieron monjes que se instalaron en numerosos lugares de nuestra comarca, fundando monasterios como el de San Martin de Turieno, que andando el tiempo se convertiría en Santo Toribio de Liébana.

Es posible que a mediados del siglo VIII, una vez consolidada la Reconquista en esta zona, se trajesen aquí los restos del obispo Toribio de Astorga y las reliquias del Lignum Crucis -que según la tradición él había traído de Jerusalén- para depositarlas en un lugar seguro como era este monasterio, que ya había adquirido cierto prestigio en el territorio cristiano.

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El monasterio actual empezó a construirse en 1265 (siglo XIII) pero no sería hasta el siglo XV cuando las obras fueron dadas por terminadas. Durante los siglos sucesivos fueron efectuadas diversas reformas y ampliaciones, entre ellas la construcción del claustro en el siglo XVIII. Después de la guerra civil de 1936 el Organismo Regiones Devastadas efectuó una profunda remodelación (1957-1961) del monasterio, según los expertos bastante desafortunada, y que es la imagen que nos ha llegado hasta hoy en día.

AÑO JUBILAR

Desde su llegada, quizás en el siglo VIII, se veneraba la sagrada reliquia de la Cruz de Cristo en Santo Toribio. Sin embargo es a principios del siglo XVI cuando, teniendo en cuenta la tradición, los papas Julio II y León X ratifican definitivamente el Jubileo, con indulgencia plenaria para los años en que la fiesta de Santo Toribio (el 16 de abril) coincide en domingo, extendiéndose la gracia también a los siete días siguientes a la fiesta.

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Con el tiempo la cofradía de Santo Toribio se denominó de la Santísima Cruz, sobre todo a partir del siglo XVI con la institución del Jubileo, por la importancia que iba adquiriendo  el culto a la reliquia, celebrándose su fiesta el día 3 de mayo, en conmemoración de la invención o descubrimiento de la Santa Cruz.

La UNESCO ha declarado los Caminos de Santiago del Norte, también llamado de la Costa, Patrimonio de la Humanidad. En esta declaración está incluido el ramal del Camino Lebaniego, uno de los itinerarios de peregrinación más antiguos del mundo.

Arquitectura

Se han encontrado en excavaciones arqueológicas restos de un anterior templo prerrománico (asturiano o mozárabe tal vez) y otro románico aunque hoy día solo pueden verse restos románicos entre el actual monasterio de lo que fue el antiguo cenobio.

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La iglesia actual empezó a construirse a mediados del siglo XIII (1236) en estilo gótico monástico de influencia cisterciense. La iglesia se construyó de nueva planta sobre otra anterior románica y esta a su vez sobre otra prerrománica.

Posee una cabecera de tres ábsides poligonales y un cuerpo de tres naves de similar altura. Todas las bóvedas son de crucería y algunas llevan nervios de refuerzo.

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La escasa decoración se concentra en los capiteles. Los del ábside mayor llevan decoración figurada de cabezas humanas y de animales, el toro y el oso, que según la leyenda ayudaron a Santo Toribio a construir la iglesia. En el ábside central se venera la imagen de la Virgen de los Angeles, del siglo XVI.

En el ábside del evangelio se conserva la estatua yacente de Santo Toribio. Tallada en madera de olmo de Burgos consta que existía en el monasterio al menos desde el año 1316. Conserva la policromía original.

Al exterior destaca la fachada meridional en donde se encuentran las dos portadas. La más amplia es la principal, en arco apuntado rodeado de arquivoltas, que apoyan en capiteles cuyas representaciones simbólicas hacen referencia a los sacramentos. A su derecha y embutida junto a un contrafuerte se construyó la Puerta del Perdón, que se abre solemnemente para el Jubileo. A los pies de la edificación se eleva una maciza torre de campanas, en cuyo interior se encuentra el coro.

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Durante la Edad Moderna se inicia la decadencia del monasterio, al transformarse en parroquias un gran número de las iglesias lebaniegas que de él dependían, acabando su vida monástica con la desamortización de Mendizábal, en 1837.

En 1960, tras la restauración del ruinoso edificio, se hace cargo de él una comunidad de PP. Franciscanos, que actualmente lo regenta, recordando la tradición que señala a San Francisco como visitante de Santo Toribio en su peregrinar a Compostela.

Lignum Crucis

La tradición la relaciona con el origen del monasterio, pero lo más verosímil es que fuese traída al mismo tiempo que los restos de Santo Toribio de Astorga, alrededor del siglo VIII. Según el P. Sandoval, cronista de la orden benedictina, esta reliquia corresponde  al “brazo izquierdo de la Santa Cruz, que la Reina Elena (madre del emperador Constantino, en el siglo IV) dejó en Jerusalén cuando descubrió las cruces de Cristo y los ladrones. Está serrado y puesto en modo de Cruz, quedando entero el agujero sagrado donde clavaron la mano de Cristo”.

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Un análisis científico del sagrado leño, determino que “la especie botánica de la madera del Lignum Crucis es Cupressus Sempervivens L., tratándose de una madera extraordinariamente vieja y que nada se opone a que alcance la edad pretendida”.

Ermita de Cueva Santa

El primitivo monasterio estuvo rodeado de todo un conjunto de capillas y minúsculas ermitas, algunas de ellas semi-rupestres, que salpican las cercanas cumbres y laderas, donde se retiraban los monjes en sus penitencias. Algunas de ellas hoy en día se pueden visitar; la más destacable es la conocida como la Cueva Santa, que la tradición supone retiro cenobítico de Santo Toribio.

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La Cueva Santa es una construcción prerrománica, de influencia asturiana, construida en torno al año 900 (s. VIII), que se encuentra en la ladera norte del monte de la Viorna. Consta de dos plantas, la inferior, excavada en la roca sería la celda y la superior construida de mampostería una capilla.

La Cueva Santa se edificó aprovechando la roca existente y se accede a ella por medio de un sencillo arco de medio punto formado por grandes dovelas que apoya en cimacios prismáticos y éstos, a su vez, sobre jambas monolíticas. El techo es de lanchas de piedra y hay una pequeña ventana. Al piso superior se accede por una escalera. En una de las dovelas del arco de entrada aparece una cruz pomeleada. Otra cruz aparece pintada en el interior de la celda.

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DOLMEN DE LÁCARA: cultura megalítica en España

1 julio, 2015 at 18:58

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La cultura megalítica, es decir, las civilizaciones cuyos restos conservados consisten en “grandes piedras” (dolmen) dispuestas de manera estudiada son una forma magnífica para poder ver cómo vivían nuestros antepasados de la Prehistoria hace más de 6.000 años.

Desde el Neolítico y hasta la Edad del Bronce, periodos de la Edad de Piedra, la cultura megalítica se desarrolló en todo el mundo, aunque el término localiza la etapa entre el Mediterráneo y la zona Atlántica de Europa.

Lo primero que suele aparecerse en la mente del viajero al ver estos enormes monumentos prehistóricos es, ¿pero cómo pudieron construirse sin los avances técnicos modernos? La cuestión en sí misma ya otorga cierto acercamiento a una cultura tan alejada de la nuestra, porque nos ofrece una nueva dimensión de los seres humanos: pensaban, planeaban, estructuraban, se comunicaban, todo ello para conseguir erigir estos monumentos.

Ahora bien, ¿por qué razón se construían, con el esfuerzo y la dedicación que debía conllevar? Tampoco está claro que fueran grupos estables en un territorio, por lo que todavía da más misterio a la cuestión.

Algunos estudiosos coinciden en la función sepulcral del monumento, una costumbre que revela la conciencia religiosa del grupo y la creencia en el más allá, además del recuerdo sentimental de la persona que los deja, no muy diferente de las formas actuales. Por otro lado, otros investigadores apuntan a una función de tipo amenazante, en la que estas construcciones pondrían de manifiesto la pertenencia del territorio a un determinado grupo, reforzando la identidad (otro factor inesperado) frente a los demás.

Sea como sea, en España han quedado muchos de estos testimonios de arquitectura prehistórica y muchos de ellos se encuentran en un estado de conservación muy buena. Fue declarado monumento nacional en 1931.

El Dolmen de Lácara es un monumento megalítico (un sepulcro de corredor) de dimensiones sorprendentes, una verdadera joya arquitectónica del Calcolítico en un muy buen estado de conservación.

Está situado en plena dehesa, entre encinas, a pocos kilómetros de Mérida, en la carretera que une Aljucén con La Nava de Santiago (Badajoz).

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En su categoría es el de mayor tamaño de España. El dolmen de Évora, en Portugal, es el más grande existente en la Península Ibérica. Está datado en el cuarto milenio antes de Cristo. Ha sido adquirido en 2011 por la Administración regional para su conservación.

La construcción de este tipo de monumentos  se lleva a cabo a finales del Neolítico o a lo largo del Calcolítico, es decir unos 3000-4000 años antes de Cristo.

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En el caso del Dolmen de Lácara se han encontrado puntas de flechas, puntas de lanza de cobre, cuchillos de silex y otros elementos que indican que fue utilizado  como cámara funeraria durante el Calcolítico y la Edad de Bronce.

La estructura del Dolmen de Lácara es la típica de un sepulcro de corredor (como el Dolmen de Menga): un largo corredor cubierto, que da acceso a la cámara mortuoria.

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La cámara es un verdadero prodigio. De las grandes piedras que se elevaban hacia el cielo (la cúpula estaría a unos 5 metros) sólo queda una intacta, que da idea de la grandiosidad de la construcción. Las demás aparecen partidas. Pero en la base se puede apreciar la precisión con la que fueron colocadas.

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Toda la estructura estaba cubierta con piedras y tierra, hasta formar un gran túmulo. Para reforzar y sujetar el túmulo se colocaban grandes piedras en la base, a modo de contrafuertes, a lo largo de un anillo exterior. Estas piedras son visibles en el perímetro del dolmen de Lácara.

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Durante el año 2011, ha sido restaurado, limpiado y musealizado.

Para llegar hay que recorrer unos 10 Km desde Aljucén (aproximadamente la misma distancia desde La Nava). El acceso está señalizado mediante un cartel y se puede aparcar en un terreno habilitado al efecto. El camino hacia el dolmen ha sido acondicionado y señalizado con paneles explicativos. El dolmen es ahora mucho más visible ya que se ha quitado la vegetación que lo cubría y se han realizado trabajos de consolidación del monumento.

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CATEDRAL DEL SAN SALVADOR: catedrales de España que merece la pena visitar

29 junio, 2015 at 20:12
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Fotografia de Jose Miguel Marco

La Catedral del San Salvador es la primera catedral cristiana de Zaragoza y una de las dos catedrales metropolitanas de Zaragoza, junto con la basílica y catedral del Pilar. Habitualmente es llamada «la Seo», en contraposición a «el Pilar».

La Seo tiene un notable interés histórico y artístico que se derivan de su función religiosa. Un interés que permanece en este mismo lugar desde hace 2000 años, poco después de la fundación de la ciudad por el emperador Augusto, en el último cuarto del siglo I antes de cristo.

Bajo los cimientos de La Seo, se han descubierto las huellas arqueológicas del más importante templo de CaesarAugusta y uno de los más grandes de la Hispania romana, con reflejo en las monedas de su época.

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En época visigoda, el sustituto de aquel templo romano fue una iglesia bajo la advocación de San Vicente y que se denominó Iglesia de San Vicente.

Más adelante, también fue la gran mezquita islámica de Saraqusta que, edificada entre los años 714 y 716, la convertiría en una de las más antiguas de Al-Andalus.

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Pero fue a finales del siglo XII cuando se construyó sobre todas ellas el primer templo cristiano, al que se le dio orientación Norte en lugar de Este, como era típico en la época, para no coincidir con la dirección de las oraciones musulmanas hacia La Meca. Obras que siguen las pautas artísticas del románico tardío, con elementos que se habían desarrollado en la catedral de Jaca.

El templo se amplía a finales del siglo XIV, de acuerdo con el nuevo espíritu del gótico. Testimonio de esta época son los ábsides superiores y el muro de la Parroquieta, obra cumbre del mudéjar zaragozano.

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El muro de la Parroquieta cierra la capilla de San Miguel, construida por encargo del arzobispo Lope Fernández de Luna como capilla funeraria; en su interior guarda el sepulcro en alabastro del prelado y una espléndida techumbre de madera dorada.

La Seo adquiere sus dimensiones y aspecto definitivo en el siglo XVI, bajo el arzobispado de Don Hernando de Aragón. A esta etapa corresponde el cimborrio, que constituye una valiosa muestra del arraigo de la tradición mudéjar en nuestra región; y, también, la capilla de Gabriel de Zaporta, construida entre 1569 y 1578, con retablo en alabastro de Juan de Ancheta. Tanto el cimborrio, los ábsides superiores y el muro de la Parroquieta forman parte, junto con la Aljafería y la iglesia de San Pablo, del conjunto del mudéjar aragonés declarado Patrimonio de la Humanidad.

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Las últimas intervenciones que completan su fisonomía exterior son la torre barroca y la portada clasicista, construidas en los siglos XVII y XVIII.

En el interior destaca el Retablo Mayor, obra representativa del gótico europeo realizada en el siglo XV bajo el patrocinio del arzobispo don Dalmau de Mur. El conjunto, obra de los escultores Pere Johan y Ans Piet d’Anso, sirvió de modelo para numerosos retablos posteriores, entre los que hay que señalar el Retablo Mayor del Pilar.

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También se puede visitar en su interior el tesoro catedralicio, entre el que se encuentran los célebres tapices.

Museo de Tapices de La Seo

El Museo de Tapices está instalado en la Sacristía y salas del primer piso de La Seo de Zaragoza. Conserva una colección de sesenta y dos tapices que por su riqueza, calidad, rareza y antigüedad constituye una de las joyas del patrimonio español.

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La formación de la colección remonta al siglo XVI, cuando los arzobispos y algunas dignidades de Zaragoza, imitando a la Casa Real y a los grandes nobles, adornaron sus casas, capillas e iglesias con ricos tapices que luego pasaron a la catedral, bien por donación o por compra. La colección creció tras la unión de los cabildos de San Salvador y del Pilar; éste último aportaba una colección procedente de donaciones de la nobleza aragonesa y de autoridades eclesiásticas. Estos tesoros alcanzaron gran popularidad gracias a algunas exposiciones y publicaciones realizadas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Esta fue la causa de que se decidiera crear un museo permanente de los tapices, que abrió al público en el año 1938.

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