SETENIL DE LAS BODEGAS: ruta de los pueblos blancos de Andalucía

12 julio, 2019 at 12:42
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Pensar en Andalucía es llenarse de los colores de las buganvillas y gitanillas, del blanco de sus paredes encaladas, del azul profundo de sus mares bajo el sol. Así, la conocida como Ruta de los Pueblos Blancos nos lleva a recoger un sinfín de imágenes populares salidas del corazón mismo de Andalucía.

Esta ruta es una de las más conocidas y cada año, miles de viajeros se dispersan por los caminos andaluces haciendo su recorrido. Es una red de caminos que nos llevan a unos 20 municipios de las provincias de Cádiz y Málaga. Pueblos y ciudades que comparten esas casas con fachadas de blanca cal tan características en gran parte de la comunidad andaluza.

Nuestro siguiente punto a visitar es Setenil de las Bodegas (Cádiz), a 15 km de Ronda (Málaga) y cuyo centro está incrustado en la roca del tajo formado por el río Guadalporcún a su paso por la ciudad.

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Disfrutando de una situación privilegiada, en la serranía de Ronda, Setenil de las Bodegas es a primera vista, un bonito pueblo encalado, muy similar al resto de pueblos blancos de la zona, con sus bonitas calles y rincones para perderse. Pero, a medida que nos vamos acercando, su orografía comienza a desvelarnos que Setenil encierra algo que lo hace especial, diferente… y la curiosidad nos incita pronto a adentrarnos a descubrir qué es: ¡el pueblo parece haberse fusionado con las rocas!

Las casas, unas bajo la roca y otras sobre ella crean diferentes niveles de altura, creando rincones singulares y de gran encanto. A diferencia de otras edificaciones semi-troglodíticas desarrolladas en Andalucía, este tipo de vivienda, denominada “abrigo bajo rocas”, no excava la piedra, sino que se limita a cerrar la pared rocosa y desarrolla el habitáculo de forma longitudinal dentro de ella. Hasta hace poco, ahí vivían familias de clase social humilde, hoy son mesones, comercios, bares con sus terrazas o incluso casas rurales.

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Setenil de las Bodegas  ha sido nombrado como 2ª Maravilla Rural 2016 por Top Rural y pertenece a la Asociación de los Pueblos más bonitos de España. Su entramado urbano está declarado Conjunto Histórico.

Destacan dos zonas, las ‘cuevas de la sombra’, donde como su nombre indica, nunca da el sol y las ‘cuevas del sol’. En las cuevas del sol hay más bares y restaurantes, todos ellos de dos plantas y terracita. Es, sin duda, la zona más concurrida y animada de Setenil.

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En la parte más alta, en el centro neurálgico de la antigua fortaleza nazarí, nos encontramos la Torre del Homenaje, único ejemplo conservado del antiguo Alcázar y testigo silencioso de la unión de culturas. Impresionantes las vistas que se obtienen desde lo alto de Torre del Homenaje. ¡De alucinar!

Respecto con el Castillo de Setenil, decir que se trata de una fortaleza de origen medieval de los Siglos XIV y XV, que se construyó aprovechando las paredes verticales de la roca y ha resistido impasible al paso de los siglos, sobresaliendo en medio de la Serranía.

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En la calle Villa están la antigua Casa Consistorial, inmueble construido a principios del s. XVI de rico artesonado mudéjar, único en la provincia, y la Casa de la Damita de Setenil. Ésta es un interesante museo que hace un recorrido por la historia de la villa a través de elementos arqueológicos hallados durante las excavaciones llevadas a cabo en la localidad en 1997.

La pieza más significativa es La Damita de Setenil, una venus paleolítica que acredita la vida en las mencionadas cuevas desde la Prehistoria.

La imponente Iglesia parroquial de la Encarnación, detrás del castillo, es de estilo gótico tardío y su construcción comenzó en el s. XV sobre la mezquita mayor. Símbolo del triunfo sobre el pueblo musulmán, en su interior destaca el Retablo de la Anunciación, con escenas de la infancia de Cristo pintadas a finales del siglo XV.

La mejor época para visitar Setenil de las Bodegas es en primavera, con el verde intenso de la naturaleza que la rodea y el caudal que lleva el río Trejo, que la atraviesa formando un impresionante tajo a su paso. Además, evitaremos el calor agobiante que sufre la ciudad en verano y de que se llene de gente durante las vacaciones.

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LAS PRESILLAS: piscinas naturales de ensueño

7 mayo, 2019 at 6:53
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Las Presillas, nombre que adquieren las piscinas naturales de Rascafría, en el Valle de El Paular (Madrid), cuentan con praderas verdes y una zona de baño dividida en tres piscinas naturales en el cauce del río Lozoya.

Un lugar ideal para el picnic familiar o con amigos durante los meses de verano en la Comunidad de Madrid y un paisaje con bonitos y relajados paseos para el resto del año.

El agua está bastante fría, pues baja desde las montañas de la Cuerda Larga, en parte de su deshielo; el fondo de las presillas tiene muchas piedras, por lo que, es mejor llevar zapatillas de río. Hay una zona de césped (en la que se prohíbe poner sillas) y otra de pinar. También hay aseos y un chiringuito.

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La entrada a las personas es libre y gratuita y el precio del parking es cinco euros por automóvil y día. Los dos únicos inconvenientes es que no podrás jugar a ningún juego de pelota ni llevarte a tu perro, pero por lo demás, vale mucho la pena.

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Podrás ir cuando lo desees, ya que está abierto todos los días de 10 a 21 horas, desde junio hasta mediados o finales de septiembre. Para más información, puedes contactar con:

  • Ayuntamiento de Rascafría: 918691117
  • Oficina de Turismo de Rascafría: 918691804

Pueblo de Rascafría

Rascafría destaca por ser un pueblo de arquitectura alegre entre montañas. La piedra (en su mayoría granito) reina entre fachadas coloridas.

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Dirigiéndonos hacia el pueblo, nos detendremos en la Plaza de los Trastámaras, levantada en conjunto con la Casona. ¿Sabías que este antiguo edificio fue en un principio un Hospital o “Lazareto”? Pues esta construcción de dos plantas con huerta y jardín, más tarde se convertiría en la casa señorial que es hoy en día.

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No te puedes perder el Ayuntamiento, de estilo neomudéjar, que fue construido a principios del siglo pasado y rehabilitado en 1984.

Muy cerca del ayuntamiento nos encontramos con la monumental Parroquia de San Andrés Apóstol. Este edificio del siglo XV se encuentra ubicado en el extremo norte del casco y conserva algunas bóvedas góticas y artesonado del siglo XVI en su nave central. Su púlpito es plateresco y conserva varias esculturas procedentes del Paular, como un San Miguel Arcángel del siglo XVIII, obra de Luis Salvador Carmona.

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Foto de Juan F. Morillo

Durante la guerra civil, su chapitel fue alcanzado por un obús y las campanas también desaparecieron durante la contienda. Y quizás el dato más curioso es que las nuevas campanas se construyeron con el metal de dos aviones que se estrellaron a mediados del siglo XX.

Siguiendo el curso del río se encuentra en Monasterio del Paular, uno de esos lugares a los que les sienta bien cualquier época del año, con su estilo gótico y barroco que atrae a miles de turistas.

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A su alrededor se levantan otros monumentos que rematan una visita como es el puente del perdón, el de la Reina o el Antiguo Molino de papel de los Batanes.

¿Qué más podemos hacer enl los alrededores de Las Presillas?

Además de visitar Rascafría que es uno de los pueblos más bonitos de Madrid, también os recomendaría que aprovechaseis la tarde para hacer una ruta a caballo por el Valle del Lozoya. En Oteruelo del Valle podéis encontrar al menos una empresa que lo hace por 15 euros la hora. Hay varias rutas disponibles y cualquiera de ellas tiene unas vistas que merece la pena disfrutar, aunque si tenéis la posibilidad os recomendaría que pidieseis hacer la ruta que atraviesa el río. Esta ruta depende del caudal que haya en el momento, pero en verano no suele haber problemas para realizarla.

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BRAÑA DE LA PORNACAL: ruta parques arqueológicos de España

28 marzo, 2019 at 7:41
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La braña de La Pornacal, situada en sitúa en el Valle del Pigüeña (Asturias), es la mayor y mejor conservada de las brañas del Parque Natural de Somiedo (reserva de la Biosfera), donde perviven las antiguas tradiciones de los vaqueiros de alzada (nómadas cantábricos) en un marco de incomparable belleza.

Una Braña es el nombre que, en la cordillera Cantábrica, recibe la zona de montaña donde el ganado aprovecha los pastos tardíos en época estival. En estos pastizales de altura cantábricos frescos y húmedos, situados entre los 1.000 y 1.300 metros de altitud, solía haber en algunos casos pequeñas cabañas (teitos), donde los pastores se refugiaban de las tormentas o pasaban las noches. Estos prados, que acostumbran a ser comunales, juegan un papel predominante en la práctica de la trasterminancia del ganado vacuno (tipo de trashumancia).

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La braña de La Pornacal está formada por 32 teitos o cabañas y se encuentra en la orilla derecha del nacimiento del río Pigüeña, en una pequeña cumbre a 1170 m de altitud, dominando los prados de la Requexada. Cada una de estas cabañas sigue aun conservando la división original. Los teitos son construcciones de piedra con cubierta de escoba, un arbusto silvestre conocido científicamente con el nombre de Cytisus scoparius, y que en Somiedo se denomina “xiniesta”. Estas cubiertas es preciso cambiarlas cada 15 años.

Los teitos tienen añadido una cuadra de piedra de planta rectangular, cubierta a dos aguas con tejas curvas y muros de piedra vista. Su interior está dividido entre el habitáculo para el hombre y los animales, en un pequeño llar u hogar para el hombre y un establo y tenada para los animales. Es de destacar que en esta braña el llar se ha cambiado por un cobertizo de piedra, el casetu; en otros hay adosados pequeños porches, el sombray, donde pastor y ganado se guarecían del mal tiempo. En la jamba de una de las cabañas existen dos rostros, buscando la protección de los antepasados.

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Las brañas de Pornacal y Mumián constituyen los conjuntos etnográficos más importantes en este sentido.

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Fotografía de Antonio Joaquin Ruiz de Bucesta Alvarez

En el Parque Natural de Somiedo también debemos de destacar los lagos del Valle, Cerveriz, La cueva, La mina y Lago Negro o Calabazosa. Junto a éstos de más importancia, existen numerosas lagunas de pequeño tamaño, como el lago Bueno, lagunas Cabera, Redonda, Llamazo, Fontarente, lago de la Mesa, Camayor, Fuentes, etc. algunas de las cuales son temporales y se secan durante el verano.

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Ruta a Braña de la Pornacal

No existe carretera para acceder a la braña, sino que sólo se puede llegar a pie.

La ruta a pie tiene gran encanto e increíbles paisajes en el entorno de Somiedo. El recorrido comunica 2 de las principales brañas de la zona: la Pomarcal, la mejor conservada del Parque con 32 teiros, y la de los Cuartos o Braña Vieja.

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La ruta se realiza por una pista forestal (transitable por vehículos autorizados). El recorrido es sencillo y está bien señalizado, sin embargo, debido al gran número de repechos repartidos a lo largo de los 6 km de la misma, es aconsejable no realizarla en horas con mucho calor y llevando siempre abundante agua. El recorrido parte del pueblo Villar de Vildas (Pueblo Ejemplar de Asturias 2004). Es importante señalar que la ruta es lineal, por lo que debemos realizar el mismo recorrido de vuelta.

En aproximadamente una hora desde Villar de Vildas llegamos a la braña La Pornacal, ubicada a casi 1200 m de altura, en las praderas de la Requexada.

VIDEO DE LA BRAÑA DE LA PORNACAL

https://www.youtube.com/watch?v=vwZulP1NLrs

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MONASTERIO DE VERUELA: monasterios y conventos con encanto

13 febrero, 2019 at 20:48
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El Real Monasterio de Santa María de Veruela (este es el nombre completo) fue la primera fundación de la Orden Cisterciense en el Reino de Aragón (s. XII).

Situado en las cercanías de Vera de Moncayo (Zaragoza), este monasterio puede presumir de haber sido uno de los más importantes de la orden del Císter en España, y con un grado de conservación muy bueno (mantiene una gran parte de sus estructuras iniciales de los siglos XII y XIII).

El monasterio de Veruela se encuentra junto a Vera de Moncayo, justo a las puertas del Parque Natural de la Dehesa del Moncayo. Un punto de Aragón muy próximo a Castilla (provincia de Soria) y Navarra.

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Además de albergar el Museo del Vino de la D.O. Campo de Borja, el monasterio desarrolla una intensa actividad cultural a lo largo del año, con conciertos, exposiciones, teatro o eventos concretos.

La visita del monasterio transcurre por diferentes estancias, y va desde el claustro (s. XIV) hasta la iglesia abacial (s. XII-XIII), pasando por diferentes salas y dependencias, tales como la sala capitular, abacial, de los monjes, el refectorio, la cocina, la cilla, el lavabo o el armarium o despensa.

Origen e Historia del monasterio de Veruela

La orden del Cister fue fundada en la Francia de 1098 por Roberto de Molesmes que levantó una abadía cerca de Dijon, en un lugar donde se encontraba la antigua villa romana de Cistercium (Citeaux). La característica de los cistercienses, conocidos como monjes roturadores, es una observancia estricta de la regla benedictina y organizan sus monasterios como centros económicos y agrícolas autosuficientes. Son conocidos como los monjes blancos en contraposición a los benedictinos que son conocidos como los monjes negros, en razón del color de los hábitos que usaban. Buscaban la soledad y el aislamiento y erigían sus monasterios en zonas de abundancia de aguas.

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La fundación cisterciense del Monasterio de Veruela data del año de 1145. El lugar era adecuado para una fundación del Císter gracias a lo retirado del lugar y a la abundancia de agua que provee el río Huecha.

No hay que pensar que el deseo cisterciense de regresar a la vida austera y recogida elegida por San Benito varios siglos antes, llevara a estas comunidades a la pobreza. Todo lo contrario, los monasterios medievales fueron auténticos poderes feudales -y el Císter no fue una excepción- por lo que el Monasterio llegó a ostentar la posesión de numerosas poblaciones en los alrededores de Tarazona y Borja: Ainzón, Alcalá de Moncayo, Vera de Moncayo, Bulbuente, Litago, etc.

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Todos los monasterios del Císter eran idénticos, daba igual que estuvieran en el Reino de Aragón, en Castilla o en Inglaterra. Sus edificios seguían el mismo patrón y disposición, vestían igual, se organizaban por la regla de san Benito y se comportaban de la misma manera. Podemos decir, que estos monasterios fueron la primera multinacional de la historia.

Durante la contienda entre Aragón y Castilla (La Guerra conocida como “de los Dos Pedros”) las tropas castellanas ocuparon el monasterio y destruyeron el claustro románico, que debió ser reconstruido tras la finalización de las hostilidades (último tercio del siglo XIV) mediante los donativos de la familia Luna.

La primera mitad del siglo XVI es un momento de gran auge del monasterio y se acometieron importantes reformas, como la reconstrucción del recinto amurallado que daba protección a la comunidad, aunque se mantuvo la torre del homenaje medieval. También se modificaron las bóvedas del dormitorio y del refectorio de los monjes y se añadió el segundo piso de galerías por encima de del claustro gótico. Otra importante obra fruto de esta época fue la edificación del palacio abacial fuera de la estructura claustral, en concreto, junto al acceso del monasterio.

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Foto de www.romanicoaragones.com

En el siglo XVII se acomete la construcción de un nuevo espacio de reposos para los monjes, construyéndose un total de 65 celdas individuales alrededor de un nuevo claustro barroco. También se lleva a cabo la espectacular sacristía nueva.

La ruina del monasterio comenzó con la invasión francesa de 1808 cuando los monjes fueron expulsados de sus conventos por las nuevas autoridades francesas. En 1814 tras ser derrotados los franceses, los monjes de Veruela regresan al monasterio para volver a ser expulsados en 1820, esta vez por el rey Fernando VII. Regresan en 1824, pero esta vez de manera efímera ya que con el decreto de Desamortización de Mendizábal de 1835 los monjes tienen que abandonar definitivamente el monasterio para no volver jamás.

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Con la desaparición de los cistercienses del monasterio por la desamortización de Mendizábal, el monasterio entra en una fase de abandono y ruina. Por fortuna, a diferencia de otros cenobios medievales españoles que quedaron abandonados a la ruina y el expolio a partir de ese momento, el de Veruela se mantuvo en buen estado gracias a la formación de una junta de conservación formada por algunas personas de Tarazona y Borja que impidieron su ruina total y merced a la creación de una importante hospedería frecuentada por la alta sociedad aragonesa y otros ilustres hombres de la segunda mitad del siglo XIX.

El monasterio tuvo como habitante ocasional en diversas ocasiones, entre finales de 1863 y mediados de 1864 al poeta romántico sevillano Gustavo Adolfo Bécquer; se conserva la celda donde estuvo hospedado y en la cual escribió una de sus novelas más recordadas “Cartas desde mi celda”. También le acompaño su hermano Valeriano que era pintor de profesión.

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En abril de 1877 el monasterio pasa a manos de los jesuitas que ocuparon el monasterio hasta 1973 en que pasó a propiedad de la Diputación de Zaragoza. Durante la II República Española y hasta la finalización de la guerra civil, el monasterio fue abandonado por los jesuitas al ser expulsados de España. Después de la contienda volverían a ocupar el convento.

En la actualidad, pertenece a la citada diputación que lo mantiene abierto al público, complementándolo con actividades culturales como conciertos y exposiciones.

Características del monasterio de Veruela

Una de las fascinantes particularidades del monasterio de Veruela es que nos permite recorrer, en un solo edificio, la evolución de los principales estilos artísticos cristianos de la Edad Media.

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Antes de entrar vale la pena pararse a contemplar la conocida como Cruz Negra, llamada así por ser este el color de la piedra con la que está construida. También recibe el nombre de Cruz de Becquer. Levantada en 1561 por el abad Carlos Cerdán Gurrea (1561-1586) cuyas armas o escudo podemos contemplar en dos de las caras de la pilastra acanalada sobre la que se levanta la cruz y bajo un soporte de reminiscencias góticas. Era el símbolo del poder temporal del monasterio ya que los abades imponían la justicia civil y criminal sobre su señorío que era muy extenso.

Como ejemplo de edificación cisterciense, se halla totalmente rodeado por una alta muralla jaleada por torreones. Para construirla se utilizó piedra de calidad y bien trabajada, se contó con buenos artífices que llevaran a cabo un plan monástico donde estaba estudiado hasta el último detalle: funcional, armónico y cuya desnudez formal no impide que se creen espacios de una belleza sin igual, impactante en su propia sobriedad.

La entrada se realiza por un arco abierto en el muro rematado por almenas piramidales. Este arco lleva a la verdadera entrada del monasterio. Esta barbacana se levantó para dar mayor protección a la puerta en 1546 y aún se puede observar el hueco donde se sujetaba la puerta que cerraba esta barbacana.

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La verdadera entrada al monasterio o más propiamente al recinto cercado se realiza a través de una torre puerta. Esta es de planta cuadrangular construida en el siglo XIII. En este ingreso podemos ver los escudos de Hernando de Aragón (Zaragoza 1498 – Zaragoza 1575), abad de Veruela entre 1535 y 1539 y las del abad Lope Marco entre 1539 y 1560, durante cuyo abaciato se construyó el segundo cuerpo y muchas de las estancias del monasterio.

En esta torre puerta tenía su celda el portero del convento y en su interior se conserva una pequeña capilla dedicada a San Bartolomé con unas interesantes pinturas del gótico temprano.

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Traspasada la puerta y a lo largo de un paseo podemos ver a nuestra derecha una gran construcción, es el palacio abacial construido en la segunda mitad del siglo XVI.

Al final del paseo nos encontramos con la iglesia y más concretamente con su portada románica de finales del siglo XII.

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La iglesia, de proporciones catedralicias, consta de tres naves de gran altura, con una mágica combinación de elementos arquitectónicos como arcos y columnas que sostienen las bóvedas para dar forma a uno de los espacios más bellos que se construyeron en la Edad Media.

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A los pies de la iglesia se alza la torre campanario, llamada de Santiago, formada por cuatro cuerpos, los dos inferiores de origen románico, mientras que los dos superiores siguen las pautas mudéjares con el uso del ladrillo tan propio de la zona de Aragón. Fechada en los siglos XVI y XVII.

Una de sus joyas es su impresionante claustro, llamado el “jardín de piedra”. Los vanos abiertos en el claustro se decoraron con bellos capiteles tallados, la mayoría con motivos vegetales pero también algunos figurados; y se colocaron gárgolas de desagüe de las lluvias con formas fantásticas. Alrededor del claustro se distribuyen todas las dependencias.

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El acceso al claustro desde la iglesia se realiza a través de un vano (siglo XIII) formada por un arco de medio punto situado en el muro sur cerca del transepto. Esta era conocida como puerta de los monjes.

El claustro está dispuesto en dos alturas: el claustro bajo y el alto. El claustro bajo fue realizado en el siglo XIV, después del año 1366, pues se sabe que durante la Guerra de los dos Pedros, entre Castilla y Aragón, el monasterio y el claustro fue asaltado por las tropas castellanas.

Junto a la portada de comunicación entre el claustro y la iglesia, adosados al muro encontramos tres sarcófagos de piedra correspondientes de los fundadores del monasterio.

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La construcción de la sala capitular, de planta cuadrada, esta datada de comienzos del siglo XIII. En la sala capitular están enterrados en el suelo los primeros quince abades del monasterio. Junto a la sala capitular encontramos el locutorio, una larga y estrecha habitación donde del abad se encargaba de distribuir las tareas diarias.

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El Sriptorium o Sala de monjes está formada por una amplia habitación de planta rectangular. Este lugar era donde los monjes copiaban manuscritos o estudiaban. Comunicado con esta sala, hay una pequeña sala destinada a letrinas (siglo XIII).

El refectorio, de planta rectangular, se construyó en dos fases entre el s XIII y XVI. Como es habitual en los monasterios cistercienses adosado al muro encontramos el púlpito (realizado en 1546) para las lecturas sacras que se realizaban durante las comidas.

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DOLMEN DE SORGINETXE: cultura megalítica en España

25 enero, 2019 at 8:04

La cultura megalítica, es decir, las civilizaciones cuyos restos conservados consisten en “grandes piedras” (dolmen) dispuestas de manera estudiada son una forma magnífica para poder ver cómo vivían nuestros antepasados de la Prehistoria hace más de 6.000 años.

Desde el Neolítico y hasta la Edad del Bronce, periodos de la Edad de Piedra, la cultura megalítica se desarrolló en todo el mundo, aunque el término localiza la etapa entre el Mediterráneo y la zona Atlántica de Europa.

Lo primero que suele aparecerse en la mente del viajero al ver estos enormes monumentos prehistóricos es, ¿pero cómo pudieron construirse sin los avances técnicos modernos? La cuestión en sí misma ya otorga cierto acercamiento a una cultura tan alejada de la nuestra, porque nos ofrece una nueva dimensión de los seres humanos: pensaban, planeaban, estructuraban, se comunicaban, todo ello para conseguir erigir estos monumentos.

Ahora bien, ¿por qué razón se construían, con el esfuerzo y la dedicación que debía conllevar? Tampoco está claro que fueran grupos estables en un territorio, por lo que todavía da más misterio a la cuestión.

Algunos estudiosos coinciden en la función sepulcral del monumento, una costumbre que revela la conciencia religiosa del grupo y la creencia en el más allá, además del recuerdo sentimental de la persona que los deja, no muy diferente de las formas actuales. Por otro lado, otros investigadores apuntan a una función de tipo amenazante, en la que estas construcciones pondrían de manifiesto la pertenencia del territorio a un determinado grupo, reforzando la identidad (otro factor inesperado) frente a los demás.

Sea como sea, en España han quedado muchos de estos testimonios de arquitectura prehistórica y muchos de ellos se encuentran en un estado de conservación muy buena.

Hoy te invitamos a conocer el dolmen de Sorginetxe (traducido del euskera “La casa de las brujas”), en Arrizala (Álava), construido aproximadamente en el año 2500 antes de Cristo. A 5 kilómetros de Zadorra Etxea, junto a la Sierra de Entzia, el dolmen se encuentra muy bien conservado y es de fácil acceso.

Fue descubierto por los científicos en 1831 y excavado por el señor J. Apraiz en 1890, quien recogió puntas de flechas y restos óseos humanos. Todos ellos en paradero desconocido.

Nunca se ha conocido túmulo y según los estudios de J.M. Apellaniz de 1973 “La losa de la pared oeste forma ventana y tiene rastros de labrado formando un suave levantamiento o convexidad”. Y además informa que “existieron próximas al dolmen cuatro losas grandes que fueron destruidas y de las que no se conoce la relación con el dolmen”.

Se trata de uno de los monumentos megalíticos mejor conservados de Euskadi. Está formado por cinco piedras calizas verticales, y la que las cubre, alcanza en su punto más alto unos 2,3 metros.

Según JM de Barandiaran (1972) que recoge muchas leyendas relacionadas con estos monumentos megalíticos, comenta que “el dolmen de Arrizala, que fue construido con grandes piedras, aún tiesas, traídas por la Sorguin (Brujas) en las puntas de sus ruecas durante una noche…” Al menos 16 dólmenes alaveses han sido declarados por el Gobierno Vasco como Bien Cultural Calificado en la categoría de Conjunto Monumental.

Las construcciones megalíticas que han obtenido este reconocimiento son las de Sorginetxe, en Arrizala; Aizkomendi, en Eguilaz; San Sebastián I, San Sebastián II, Gurpide Sur y Gurpide Norte, en Kuartango; el Montecillo, en Villabuena de Álava; la Chabola de la Hechicera y el Encinal, en Elvillar; Layaza, San Martín, Alto de la Huesera y los Llanos, en Laguardia; el Sotillo, en Leza; y la Mina y la Lastra, en Lantarón.

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