CATEDRAL DE PLASENCIA: catedrales de España que merece la pena visitar

17 abril, 2020 at 14:18

La catedral de Plasencia (Cáceres) está formada por dos edificaciones: la vieja, antigua o de “Santa María” y la nueva, dedicada a la Asunción a los Cielos de Nuestra Señora.

Ambas edificaciones, la Catedral Nueva y la Catedral Vieja o de Santa María, forman el conjunto arquitectónico y artístico más relevante de la ciudad. Las dos están incompletas. La primera tiene cabecera y crucero, faltándole las naves del cuerpo y el hastial o fachada de los pies de la iglesia. La segunda carece de cabecera y crucero, que fueron derribadas para construir la Nueva. Exteriormente una fractura plástica, no muy convincente, une las dos catedrales. El conjunto goza de una diversidad de espacios, de fachadas, de figuras,… que produce las delicias del visitante. La Catedral Nueva es más espaciosa, lujosa y moderna que la Antigua, que es más austera y primitiva; también más intima y misteriosa.

La Antigua Catedral está declarada como Bien de Interés Cultural y cuenta con la protección de ser patrimonio histórico de España. Previamente a esta categorización, fue considerada como Monumento histórico-artístico y pertenecía al Tesoro Artístico Nacional, en el año 1931.

Origen e Historia de la catedral de Plasencia

El rey castellano Alfonso VIII fundó la ciudad de Plasencia en el año 1189. Quiso crear un importante núcleo de población que hiciese frente a los musulmanes, situados al sur, y que limitase el territorio al rey cristiano de León que reconquistaba las regiones del oeste peninsular.

Unida a la fundación de la ciudad surge la creación de la Sede Episcopal de Plasencia. Administraría una amplia Diócesis que hoy comprende desde las tierras de Béjar hasta las de Trujillo. Las catedrales de Plasencia serán símbolo de la religiosidad que ha tenido históricamente este pueblo y de la   importancia de la organización eclesiástica en estas tierras.

La Catedral Vieja de Plasencia

La catedral vieja o antigua de Plasencia, actual Museo Catedralicio de Plasencia, es un edificio que supone un ejemplo interesante de transición del románico al gótico y constituye una de las edificaciones más notables de la localidad.

Al románico pertenecen los fustes y los capiteles de sus columnas; al gótico, sus arcos y ventanales, descubiertos éstos con motivo de su restauración.

Su construcción comenzó a principios del siglo XIII y las últimas aportaciones protogóticas se dieron en el siglo XV. Durante estos siglos las obras corrieron a cargo de maestros como Juan Francés, Juan Pérez o Diego Díaz. En 1931 se incluyó en la lista de Monumentos Nacionales en el conjunto de Bienes de interés cultural.

Cabe destacar la Torre del Melón, antigua Sala Capitular, que sigue el modelo de torres linterna del grupo de cimborrios leoneses.

En el muro que separa las dos Catedrales, se ha colocado un retablo barroco que se utilizaba para hacer la exposición del Santísimo el día del Jueves Santo. Es de estilo barroco portugués y se pueden admirar altos relieves relativos a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Coronado todo el retablo, el jarrón y las azucenas, símbolo de la Virgen, a quien estaría dedicado este retablo.

En la hornacina principal se ha colocado un cristo de marfil (finales del s.XVIII) que según Mélida, dice que “fue regalado por la reina María Luisa al obispo D. José Laso”. De factura italianizante, el crucificado aparece con la cabeza levantada. La cruz es de madrea fina con cantoneras y cartela de plata.

La nave de la epístola está dedicada a la Virgen de los Dolores, imagen de ejecución reciente (1959), y la del evangelio al venerado Cristo de los Doctores, imagen gótica primitiva. Ambas esculturas son cobijadas por retablos barrocos.

CLAUSTRO

Corresponde al estilo y época de la catedral antigua: reminiscencias del románico en sus columnas y capiteles, con escenas bíblicas y gótico en los arcos y bóvedas de crucería. Es un bello claustro rectangular, de inspiración cisterciense, que sirve de unión entre ambas catedrales. En su centro se levanta una fuente gótica (s.XV), con armas del Obispo y Cardenal D. Juan de Carvajal.

Si el visitante se detiene en el ala este del claustro podrá observar la unión de las dos catedrales. Los muros de la Catedral Nueva avanzaban en su construcción derribando y utilizando las piedras de la Catedral antigua para consolidar sus muros.

CAPILLA DE SAN PABLO

Desde el claustro se puede acceder a una de las sorpresas más agradables de este edificio religioso: la capilla de San Pablo, antigua sala capitular de la Catedral y conocida popularmente como “la torre del Melón”, llamada así por culminar en su exterior con una bola gallonada, remate parecido a un melón abierto. La parte exterior de esta torre está recubierta de escamas de cantería de clara inspiración bizantina. Su interior es de forma cuadrada con cúpula octogonal.

Su configuración recuerda los cimborrios de la Catedral de Zamora, Colegiata de Toro y a la Torre del Gallo de la Catedral de Salamanca.

PORTADA OCCIDENTAL

Esta puerta es un ejemplo depurado del románico final, con arco de medio punto y seis arquivoltas que descansan sobre columnas románicas y capiteles con formas zoomórficas y vegetales. Las jambas terminan en punta de diamante. Encima del arco, en sencilla hornacina, se contempla un grupo escultórico, tallado en piedra, de la Anunciación de nuestra Señora, que aparece también, sobre el espléndido rosetón en pequeña imagen y ante ella un ángel orante.

La Catedral Nueva de Plasencia

Comenzó a construirse en el año 1498 y continuada a lo largo del siglo XVI dentro del estilo gótico-renacentista.

Fue construida con aportaciones de arquitectos tales como Juan de Álava, Alonso de Covarrubias, Francisco de Colonia, Rodrigo Gil de Hontañón y Diego de Siloé, entre otros. En sus orígenes, se pretendía que la nueva catedral sustituyese a la antigua. Sin embargo, varios problemas fueron obstáculos para ello y se vieron obligados a paralizar sus obras en 1578. Mientras que la vieja, quedaba a medio derruir.

Resultan objeto de especial interés, dentro del nuevo edificio catedralicio, el coro, que sigue la línea de las sillerías de coro españolas del siglo XV, donde se muestran los sitiales de los Reyes Católicos, y la Cátedra del Obispo, que son obra del tallista Rodrigo Alemán. El retablo mayor, tallado por el imaginero Gregorio Fernández y su escuela vallisoletana, con pinturas de los madrileños Francisco Rizi, Luis Fernández y Mateo Gallardo.

Se trata del mayor templo de Extremadura y el que tiene más cantidad de ornamentación de la comunidad autónoma.

EL RETABLO DE LA CAPILLA MAYOR

Es un retablo barroco y está organizado en tres cuerpos y seis calles. En él se funden arquitectura, escultura y pintura con el fin de atraer a los fieles.

La parte escultórica es obra del maestro vallisoletano Gregorio Fernández. Desarrolla temas iconográficos propios de la Contrarreforma. En el banco del primer cuerpo talla temas de la Pasión, que recuerdan a los pasos procesionales que el autor realizó para la Semana Santa castellana.

En la calle central del segundo cuerpo está representado el momento en que la Virgen, patrona de la catedral, representada como Inmaculada, es elevada al cielo en medio de un coro de ángeles, mientras los apóstoles se agrupan en torno al sepulcro vacío. El grupo se concibe a la manera de un gran cuadro. Rompe el espacio, el marco natural, desbordándose con energía por el zócalo y los laterales. La contraposición de las miradas de los apóstoles, unas dirigidas al sepulcro y otras al cielo, conducen y guían las del espectador en un movimiento zigzagueante. El calvario centra las imágenes del tercer cuerpo. Desde el frontón, que corona el ático, el Padre Eterno domina todo el espacio catedralicio.

En cuanto a las pinturas destacan dos obras de Francisco de Rizzi: La Anunciación y la Adoración de los Pastores. En la primera, las líneas oblicuas descritas por el ángel y por María, los exquisitos contrastes de luz, el rico colorido y la factura suelta lo sitúan entre los más bellos cuadros de la pintura barroca. La Epifanía y la Circuncisión son obra de los pintores Luís Fernández y Mateo Gallardo respectivamente.

SEPULCRO DEL OBISPO PONCE DE LEÓN

En el presbiterio, al lado del Evangelio, se encuentra un sepulcro con la escultura orante del que fuera obispo de esta diócesis en el siglo XVI, Ponce de León; intelectual, amigo del rey Felipe II y, según la inscripción latina realizada en la parte de abajo, protector de pobres y de doncellas huérfanas. Las vestimentas y los símbolos episcopales están muy bien trabajados y esculpidos en el duro mármol, en la línea renacentista de constatar las atribuciones del personaje. En la nueva restauración la pintura de las pilastras han reforzado los marcos del sepulcro.

PORTADA DE LA SACRISTÍA

Frente al obispo Ponce de León está situada la puerta de la sacristía, realizada por Francisco de Colonia y Juan de Álava en estilo plateresco. Destaca la iconografía del dintel de la puerta, en el que dos ángeles, asidos con un brazo al escudo del obispo Álvarez de Toledo, mientras con el otro dan de comer a dos aves, representan el carácter benefactor del obispo. Encima del dintel aparece la Anunciación que, realizada con enorme sutileza, tiene influencias florentinas.

LA SILLERÍA DEL CORO

Es otra de las joyas artísticas de la Catedral. Es de madera de Nogal. Cientos de figuras fueron talladas a finales del siglo XV por el maestro Rodrigo Alemán. Predominan las de temas religiosos, pero en los brazos y en las misericordias están representadas escenas históricas y escenas y personajes de la vida cotidiana que constituyen un buen documento de la época. A veces, aparecen temas alejados de la ortodoxia religiosa, que son difíciles de explicar en un lugar sacro como la Catedral. Las interpretaciones que han dado los estudiosos van desde la tolerancia social de la época, hasta las posibles discrepancias entre el clero regular, que normalmente es criticado en las tallas de la sillería, con el clero secular, que eran quienes controlaban la catedral y sus obras.

El Coro se realizó para la Catedral Vieja y se adaptó, después, al lugar que hoy ocupa en la Nueva.

Juan Bautista Celma, en 1606, concluyó la magnífica rejería. Tiene forma abalaustrada y posee una delicada decoración de influencia plateresca.

EL ÓRGANO

Está enmarcado dentro del grupo de órganos románticos de principios de siglo XX. La caja del órgano es barroca del siglo XVII y contiene figuras esculpidas en la piedra que están llenas de movimiento y de expresividad. Son símbolos de la música. A la izquierda se encuentra la estatua de Jubal, que fue “el padre de los que tocan la cítara y la Flauta” y a la derecha la estatua de Orfeo tañendo la lira.

PORTADA NORTE

Corresponde a la puerta principal de la Catedral Nueva. El diseño general y la ejecución de los cuerpos de abajo pertenecen al maestro Juan de Álava, que también realizó la fachada de los Dominicos en Salamanca. En los cuerpos superiores intervinieron Siloé y Gil de Hontañón. La portada pertenece al Plateresco, periodo artístico del Renacimiento español. Álava se encontró con un espacio gótico de tendencia vertical al que era difícil adosarle unas estructuras ornamentales renacentistas de tendencia horizontales.

El problema lo resuelve el maestro, perfectamente, colocando, entre los dos contrafuertes del edificio que servirían de marcos de la puerta, cuatro cuerpos clásicos con sus correspondientes columnas y entablamentos. Cada cuerpo se compone de tres columnas a cada lado que rematan en el clásico frontón. El ritmo curvo de la puerta asciende a través de pequeñas bóvedas hasta ser coronado por un frontispicio curvo desde donde el Padre eterno preside toda la portada y el espacio de la plaza de la catedral.

La exquisita decoración que adorna la piel del muro y su rico contenido iconográfico convierten a este acceso en una joya del patrimonio artístico español.

En la parte alta de la puerta los canteros dejaron grabada la fecha de su terminación. Si fijan su mirada podrán leer: “1558 se acabó esta portada”.

PORTADA SUR (EL ENLOSADO)

Es uno de los rincones mágicos del entorno de la Catedral y de la Ciudad. Está enmarcado por la Puerta sur llamada popularmente del Enlosado, la Torre de aspecto defensivo del siglo XIV que perteneció a la catedral Vieja al este, la Torre románica de influencia bizantina de la sala capitular al oeste y cierra el espacio el muro con la balaustrada que se sitúa por encima de la muralla. El contraste entre los ritmos plásticos y escultóricos de la Torre del Melón, la estructura clásica de la portada, que rememora un arco de triunfo, y la torre fortaleza forma un espacio monumental, difícil de superar. El Enlosado recuerda al Patio Chico de las catedrales de Salamanca, con la Torre del Gallo y la fachada sur de la Catedral Nueva, sin embargo este rincón es más reducido, más cercano y más entrañable.


BASÍLICA DEL PILAR: catedrales de España que merece la pena visitar

6 septiembre, 2019 at 11:44
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La Basílica de Nuestra Señora del Pilar es el edificio más representativo de Zaragoza, el templo barroco más grande de España y uno de los centros de peregrinación más importantes del país.

Se considera el primer templo de culto mariano de la Cristiandad y en él se conserva la columna (o pilar) que la Virgen María, la noche del 2 de enero del año 40, entregó al apóstol Santiago cuando éste se encontraba a orillas del río Ebro convirtiendo a los primeros cristianos. Según la tradición, la Virgen en vida vino a Zaragoza a confortar y animar al apóstol en su empresa y al entregarle la columna le pidió que sobre ella levantase una capilla en la que se venerase su imagen.

Los aragoneses suelen llamar a la virgen “la Pilarica” ya que, a pesar de la importancia de la talla de la Virgen del Pilar, apenas mide unos 36 centímetros.

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El edificio presenta planta rectangular de salón con tres naves de igual altura, siendo más ancha la central, y capillas entre contrafuertes rodeando todo el perímetro del templo. Se plantea de este modo como iglesia de peregrinación para circular por ella sin molestar el culto. Cuenta con diferentes tipos de cubiertas (bóvedas, cúpulas) que se alternan de forma dinámica sobre gruesos pilares de sección cuadrada, salvo los que soportan la gran cúpula central que son poligonales. Los muros se articulan a base de pilastras que enmarcan las embocaduras de las capillas. La decoración interior es obra de Ventura Rodríguez, quien siguiendo tendencias clasicistas, sustituyó los elementos decorativos de estilo barroco que se proyectaron en origen.

Origen e Historia de la Basílica del Pilar

Según la tradición hubo una capilla primitiva que fue sustituida por un templo románico, tras la conquista de Zaragoza por Alfonso I. En el año 1434 quedó prácticamente destruido por un incendio por lo que inició la construcción de un nuevo templo para sustituirlo. De esta construcción románica tan solo se conserva un tímpano con un crismón labrado en piedra, que está colocado en el muro sur de la plaza junto a la puerta baja.

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En 1515 finaliza la construcción de la nueva iglesia gótico-mudéjar que sustituyó al dañado templo románico. La iglesia era bastante amplia y constaba de una única nave y un pequeño claustro donde estaba la capilla del Pilar. De esta época es el retablo de alabastro del altar mayor, obra de Damián Forment en 1509.  

En 1638 se plantea la ampliación y modernización del templo, emulando el modelo y líneas de la Basílica de San Pedro de Roma. La construcción fue encargada a Felipe Herrera el Mozo, quien inicia las obras en el año 1681 y se prolongan hasta el año 1754.

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En 1725 el arquitecto Ventura Rodríguez recibe el encargo de terminar la Capilla dedicada a la Virgen del Pilar y de rediseñar el proyecto inicial del templo. En 1765 terminaban las obras de la Santa Capilla. Fue Ventura Rodríguez quien configuró el templo hasta nuestros días.

En 1872 concluyeron las obras de la gran cúpula central y la primera torre.

El resto de la torres fueron levantadas en 1907 y 1961 y en los años 1940-1950 se decoró en piedra la fachada que da a la plaza.

El interior de la Basílica del Pilar

Elemento a destacar en el interior del edificio es la Santa Capilla, un pequeño templo donde se encuentra colocada la imagen de la Virgen dentro de un camarín de plata con fondo de mármol verde sobre la columna. En este espacio se funden jaspes, mármoles y bronces con la decoración escultórica y la pintura de su cúpula.

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Del interior cabe destacar de igual modo la bóveda del coreto, frente a la Santa Capilla, decorada por un joven Goya y que plasma el tema “La Gloria o Adoración del Nombre de Dios”; la cúpula que representa la “Regina Martyrum”, también pintada por Francisco de Goya; las cúpulas decoradas por los hermanos Bayeu, el Retablo Mayor, obra de Damián Forment y el coro de Nicolás de Lobato, Esteban de Obray y Juan de Moreto.

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La Catedral-Basílica cuenta con un tesoro que encierra un gran número de objetos de orfebrería litúrgica, destacando sobre todo el llamado Joyero de la Virgen, con coronas, diademas, resplandores, etc. de piedras preciosas, y la colección de más de 350 mantos de la Virgen (el más antiguo está confeccionado por las madres capuchinas de Zaragoza en 1762).

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En el templo están enterrados la mayoría de los arzobispos zaragozanos de la Edad Moderna, así como los cuerpos de San Braulio y del general Palafox, entre otros.

Como curiosidad hay que citar las dos bombas de la guerra civil, expuestas en uno de los pilares, que cayeron sobre el edificio pero no llegaron a explotar. También cabe destacar la presencia de las banderas de España y de los diferentes países hispanoamericanos, por ser la Virgen del Pilar la patrona de la Hispanidad.

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ERMITA DE SAN ANTONIO DE LA FLORIDA: ermitas que merece la pena visitar

3 marzo, 2019 at 21:27
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La ermita de San Antonio de la Florida (conocida también como Real Ermita de San Antonio de la Florida), se encuentra situada en la plaza del mismo nombre en el distrito de Moncloa-Aravaca (Madrid), y se considera como la única superviviente de las tres ermitas dedicadas a san Antonio de Padua que hubo a las afueras de Madrid (esta de la Florida, Alemanes y Retiro).

A pesar de ser uno de los mejores ejemplos del neoclásico madrileño, la ermita de San Antonio de la Florida sorprende por el grandioso conjunto pictórico que Goya pintó a finales del siglo XVIII. En esta obra maestra del arte español, el artista aragonés siempre tuvo presente que estaba decorando uno de los templos más populares de Madrid, famoso por su romería del 13 de junio.

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Debido a la especial preocupación que ha existido siempre por garantizar su conservación, en 1905 fue declarada Monumento Nacional, y en 1928 se construyó a su lado un templo idéntico para trasladar el culto y reservar el original como museo de Goya.

A pocos metros de la ermita se encuentra el Cementerio de San Antonio de la Florida, donde están enterradas 43 víctimas de los fusilamientos del 3 de mayo de 1808.

El horario para visitar la ermita de San Antonio de la Florida es de martes a domingo de 9:30 a 20h. En verano entre semana se suele cerrar durante una hora hacia mediodía, entre las 13:45 y las 14:45, y se cierra a las 19:15. La entrada es gratuita y está prohibido hacer fotografías en su interior. Es posible realizar visitas guiadas de lunes a viernes en horario de mañana.

Historia de la ermita de San Antonio de la Florida

La ermita de San Antonio de la Florida fue mandada construir durante el reinado de Carlos IV. El proyecto corrió a cargo del arquitecto Francisco de Fontana, que finalizó las obras en 1798.

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El aspecto exterior no es especialmente llamativo. Su estilo neoclásico dio como resultado un edificio elegante sin grandes alardes. Si acaso ese frontispicio triangular de la fachada, desprovisto de adornos. Es precisamente su interior lo que sorprende a los visitantes.

Su planta es de cruz griega con brazos muy cortos y ábside semicircular en la cabecera, el cual origina un espacio central dominado por una gran cúpula iluminada mediante linterna. Circunscriben la ermita estancias adosadas al exterior formando un rectángulo. Resaltan los pies que marcan la fachada principal construida según el canon barroco.

Goya en San Antonio de la Florida

El mismo año que concluyó la construcción de la ermita, Francisco de Goya se puso a pintar las paredes por encima de la cornisa. Una de las obras representadas es la Adoración de la Trinidad.

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Pero quizá más admirado es el Milagro de San Antonio, pintado en la cúpula dentro de una barandilla ficticia. Sobre un paisaje de fondo, el Santo resucita a un hombre asesinado para que testifique a favor de su padre, acusado del crimen.

Pero Goya también está presente en la ermita de otro modo. En 1919 se trasladó su cadáver al templo y hoy podemos ver la tumba con su nombre a los pies del presbiterio. Del cadáver falta la calavera, perdida supuestamente en su primer enterramiento en Burdeos.

Enfrente de la ermita, en medio de la glorieta de San Antonio de la Florida, podemos ver la estatua de Goya, uno de los varios homenajes al artista que hay en Madrid. En esta ocasión el pintor, moldeado en bronce, está sentado en una silla estilo imperio con una paleta y unos pinceles en su mano izquierda.

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MONASTERIO DE VERUELA: monasterios y conventos con encanto

13 febrero, 2019 at 20:48
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El Real Monasterio de Santa María de Veruela (este es el nombre completo) fue la primera fundación de la Orden Cisterciense en el Reino de Aragón (s. XII).

Situado en las cercanías de Vera de Moncayo (Zaragoza), este monasterio puede presumir de haber sido uno de los más importantes de la orden del Císter en España, y con un grado de conservación muy bueno (mantiene una gran parte de sus estructuras iniciales de los siglos XII y XIII).

El monasterio de Veruela se encuentra junto a Vera de Moncayo, justo a las puertas del Parque Natural de la Dehesa del Moncayo. Un punto de Aragón muy próximo a Castilla (provincia de Soria) y Navarra.

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Además de albergar el Museo del Vino de la D.O. Campo de Borja, el monasterio desarrolla una intensa actividad cultural a lo largo del año, con conciertos, exposiciones, teatro o eventos concretos.

La visita del monasterio transcurre por diferentes estancias, y va desde el claustro (s. XIV) hasta la iglesia abacial (s. XII-XIII), pasando por diferentes salas y dependencias, tales como la sala capitular, abacial, de los monjes, el refectorio, la cocina, la cilla, el lavabo o el armarium o despensa.

Origen e Historia del monasterio de Veruela

La orden del Cister fue fundada en la Francia de 1098 por Roberto de Molesmes que levantó una abadía cerca de Dijon, en un lugar donde se encontraba la antigua villa romana de Cistercium (Citeaux). La característica de los cistercienses, conocidos como monjes roturadores, es una observancia estricta de la regla benedictina y organizan sus monasterios como centros económicos y agrícolas autosuficientes. Son conocidos como los monjes blancos en contraposición a los benedictinos que son conocidos como los monjes negros, en razón del color de los hábitos que usaban. Buscaban la soledad y el aislamiento y erigían sus monasterios en zonas de abundancia de aguas.

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La fundación cisterciense del Monasterio de Veruela data del año de 1145. El lugar era adecuado para una fundación del Císter gracias a lo retirado del lugar y a la abundancia de agua que provee el río Huecha.

No hay que pensar que el deseo cisterciense de regresar a la vida austera y recogida elegida por San Benito varios siglos antes, llevara a estas comunidades a la pobreza. Todo lo contrario, los monasterios medievales fueron auténticos poderes feudales -y el Císter no fue una excepción- por lo que el Monasterio llegó a ostentar la posesión de numerosas poblaciones en los alrededores de Tarazona y Borja: Ainzón, Alcalá de Moncayo, Vera de Moncayo, Bulbuente, Litago, etc.

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Todos los monasterios del Císter eran idénticos, daba igual que estuvieran en el Reino de Aragón, en Castilla o en Inglaterra. Sus edificios seguían el mismo patrón y disposición, vestían igual, se organizaban por la regla de san Benito y se comportaban de la misma manera. Podemos decir, que estos monasterios fueron la primera multinacional de la historia.

Durante la contienda entre Aragón y Castilla (La Guerra conocida como “de los Dos Pedros”) las tropas castellanas ocuparon el monasterio y destruyeron el claustro románico, que debió ser reconstruido tras la finalización de las hostilidades (último tercio del siglo XIV) mediante los donativos de la familia Luna.

La primera mitad del siglo XVI es un momento de gran auge del monasterio y se acometieron importantes reformas, como la reconstrucción del recinto amurallado que daba protección a la comunidad, aunque se mantuvo la torre del homenaje medieval. También se modificaron las bóvedas del dormitorio y del refectorio de los monjes y se añadió el segundo piso de galerías por encima de del claustro gótico. Otra importante obra fruto de esta época fue la edificación del palacio abacial fuera de la estructura claustral, en concreto, junto al acceso del monasterio.

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Foto de www.romanicoaragones.com

En el siglo XVII se acomete la construcción de un nuevo espacio de reposos para los monjes, construyéndose un total de 65 celdas individuales alrededor de un nuevo claustro barroco. También se lleva a cabo la espectacular sacristía nueva.

La ruina del monasterio comenzó con la invasión francesa de 1808 cuando los monjes fueron expulsados de sus conventos por las nuevas autoridades francesas. En 1814 tras ser derrotados los franceses, los monjes de Veruela regresan al monasterio para volver a ser expulsados en 1820, esta vez por el rey Fernando VII. Regresan en 1824, pero esta vez de manera efímera ya que con el decreto de Desamortización de Mendizábal de 1835 los monjes tienen que abandonar definitivamente el monasterio para no volver jamás.

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Con la desaparición de los cistercienses del monasterio por la desamortización de Mendizábal, el monasterio entra en una fase de abandono y ruina. Por fortuna, a diferencia de otros cenobios medievales españoles que quedaron abandonados a la ruina y el expolio a partir de ese momento, el de Veruela se mantuvo en buen estado gracias a la formación de una junta de conservación formada por algunas personas de Tarazona y Borja que impidieron su ruina total y merced a la creación de una importante hospedería frecuentada por la alta sociedad aragonesa y otros ilustres hombres de la segunda mitad del siglo XIX.

El monasterio tuvo como habitante ocasional en diversas ocasiones, entre finales de 1863 y mediados de 1864 al poeta romántico sevillano Gustavo Adolfo Bécquer; se conserva la celda donde estuvo hospedado y en la cual escribió una de sus novelas más recordadas “Cartas desde mi celda”. También le acompaño su hermano Valeriano que era pintor de profesión.

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En abril de 1877 el monasterio pasa a manos de los jesuitas que ocuparon el monasterio hasta 1973 en que pasó a propiedad de la Diputación de Zaragoza. Durante la II República Española y hasta la finalización de la guerra civil, el monasterio fue abandonado por los jesuitas al ser expulsados de España. Después de la contienda volverían a ocupar el convento.

En la actualidad, pertenece a la citada diputación que lo mantiene abierto al público, complementándolo con actividades culturales como conciertos y exposiciones.

Características del monasterio de Veruela

Una de las fascinantes particularidades del monasterio de Veruela es que nos permite recorrer, en un solo edificio, la evolución de los principales estilos artísticos cristianos de la Edad Media.

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Antes de entrar vale la pena pararse a contemplar la conocida como Cruz Negra, llamada así por ser este el color de la piedra con la que está construida. También recibe el nombre de Cruz de Becquer. Levantada en 1561 por el abad Carlos Cerdán Gurrea (1561-1586) cuyas armas o escudo podemos contemplar en dos de las caras de la pilastra acanalada sobre la que se levanta la cruz y bajo un soporte de reminiscencias góticas. Era el símbolo del poder temporal del monasterio ya que los abades imponían la justicia civil y criminal sobre su señorío que era muy extenso.

Como ejemplo de edificación cisterciense, se halla totalmente rodeado por una alta muralla jaleada por torreones. Para construirla se utilizó piedra de calidad y bien trabajada, se contó con buenos artífices que llevaran a cabo un plan monástico donde estaba estudiado hasta el último detalle: funcional, armónico y cuya desnudez formal no impide que se creen espacios de una belleza sin igual, impactante en su propia sobriedad.

La entrada se realiza por un arco abierto en el muro rematado por almenas piramidales. Este arco lleva a la verdadera entrada del monasterio. Esta barbacana se levantó para dar mayor protección a la puerta en 1546 y aún se puede observar el hueco donde se sujetaba la puerta que cerraba esta barbacana.

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La verdadera entrada al monasterio o más propiamente al recinto cercado se realiza a través de una torre puerta. Esta es de planta cuadrangular construida en el siglo XIII. En este ingreso podemos ver los escudos de Hernando de Aragón (Zaragoza 1498 – Zaragoza 1575), abad de Veruela entre 1535 y 1539 y las del abad Lope Marco entre 1539 y 1560, durante cuyo abaciato se construyó el segundo cuerpo y muchas de las estancias del monasterio.

En esta torre puerta tenía su celda el portero del convento y en su interior se conserva una pequeña capilla dedicada a San Bartolomé con unas interesantes pinturas del gótico temprano.

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Traspasada la puerta y a lo largo de un paseo podemos ver a nuestra derecha una gran construcción, es el palacio abacial construido en la segunda mitad del siglo XVI.

Al final del paseo nos encontramos con la iglesia y más concretamente con su portada románica de finales del siglo XII.

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La iglesia, de proporciones catedralicias, consta de tres naves de gran altura, con una mágica combinación de elementos arquitectónicos como arcos y columnas que sostienen las bóvedas para dar forma a uno de los espacios más bellos que se construyeron en la Edad Media.

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A los pies de la iglesia se alza la torre campanario, llamada de Santiago, formada por cuatro cuerpos, los dos inferiores de origen románico, mientras que los dos superiores siguen las pautas mudéjares con el uso del ladrillo tan propio de la zona de Aragón. Fechada en los siglos XVI y XVII.

Una de sus joyas es su impresionante claustro, llamado el “jardín de piedra”. Los vanos abiertos en el claustro se decoraron con bellos capiteles tallados, la mayoría con motivos vegetales pero también algunos figurados; y se colocaron gárgolas de desagüe de las lluvias con formas fantásticas. Alrededor del claustro se distribuyen todas las dependencias.

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El acceso al claustro desde la iglesia se realiza a través de un vano (siglo XIII) formada por un arco de medio punto situado en el muro sur cerca del transepto. Esta era conocida como puerta de los monjes.

El claustro está dispuesto en dos alturas: el claustro bajo y el alto. El claustro bajo fue realizado en el siglo XIV, después del año 1366, pues se sabe que durante la Guerra de los dos Pedros, entre Castilla y Aragón, el monasterio y el claustro fue asaltado por las tropas castellanas.

Junto a la portada de comunicación entre el claustro y la iglesia, adosados al muro encontramos tres sarcófagos de piedra correspondientes de los fundadores del monasterio.

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La construcción de la sala capitular, de planta cuadrada, esta datada de comienzos del siglo XIII. En la sala capitular están enterrados en el suelo los primeros quince abades del monasterio. Junto a la sala capitular encontramos el locutorio, una larga y estrecha habitación donde del abad se encargaba de distribuir las tareas diarias.

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El Sriptorium o Sala de monjes está formada por una amplia habitación de planta rectangular. Este lugar era donde los monjes copiaban manuscritos o estudiaban. Comunicado con esta sala, hay una pequeña sala destinada a letrinas (siglo XIII).

El refectorio, de planta rectangular, se construyó en dos fases entre el s XIII y XVI. Como es habitual en los monasterios cistercienses adosado al muro encontramos el púlpito (realizado en 1546) para las lecturas sacras que se realizaban durante las comidas.

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CATEDRAL DE VALENCIA: catedrales de España que merece la pena visitar

16 enero, 2019 at 9:48

La Iglesia Catedral-Basílica Metropolitana de la Asunción de Nuestra Señora de Valencia, llamada popularmente la Seu en valenciano, se encuentra en pleno casco histórico de Valencia.

La Catedral es sede del Arzobispado de Valencia y está dedicada a Jaume I el Conquistador. La Catedral se eleva encima de la antigua Mezquita de Balansiya ya que se construyó para marcar el territorio de los cristianos frente a los musulmanes.

Es interesante saber que además de la construcción actual realizada encima de la antigua mezquita de la ciudad, ésta se edificó encima de otra antigua iglesia visigoda y ésta, a su vez, utilizó un templo romano como base.

La catedral de Valencia fue consagrada en el año 1238 por el primer obispo de Valencia posterior a la Reconquista, Fray Andrés de Albalat.

El gótico valenciano es el estilo constructivo predominante de esta catedral, aunque también contiene elementos del románico, del gótico francés, del renacimiento, del barroco y neoclásico.

En su interior se venera el Santo Cáliz, fechado del siglo I, y dado a la catedral por el rey Alfonso el Magnánimo en 1436. Aunque parezca una leyenda, parece que hay muchos datos que aseguran que esta copa fuera la elegida por Jesús en su última cena. Se basan en la datación del cáliz, que es anterior al nacimiento de Cristo y de proveniencia oriental. Lo único que sería verdadero sería la parte superior de la copa, ya que las asas y los adornos son de época medieval.

Contiene algunas de las primeras y mejores pinturas del Quattrocento de toda la Península Ibérica, que llegaron de Roma a través de artistas contratados por Alejandro VI. Este último Papa valenciano, cuando aún era el cardenal Rodrigo de Borja, hizo la petición para elevar la sede valentina al rango de Metropolitana, categoría que le fue otorgada por el papa Inocencio VIII en 1492. Unos frescos sin duda que no deberías perderte, ya que puede tratarse de una de las primeras obras del primer Renacimiento.

Recomendamos saber los horarios y tarifas antes de realizar las visitas.

Origen e Historia de la catedral de Valencia

Dicen las crónicas que el sábado 9 de octubre del año 1238 hacia su entrada en la recién conquistada ciudad de Valencia, el rey Jaime I el Conquistador. Inmediatamente se dirigió a la Mezquita Mayor, y previa purificación puso la nueva Catedral bajo la advocación de “Nostra Dona Santa María”. Jaime I había hecho promesa pública en Lérida el 28 de Octubre de 1236 de restituir la Iglesia Catedral de Valencia.

La Catedral desde la plaza de la Reina La Catedral de Valencia desde su inicial consagración en 1238, se encuentra bajo la advocación de la Santísima Virgen María, ante cuya imagen (un icono de la Virgen pintada sobre madera) celebró la primera misa el obispo Pere de Albalat. Según la tradición, dicha imagen era propiedad del mismo Jaime I que la llevó consigo en toda la campaña de la conquista del reino musulmán de Valencia. Sobre el destino de esta imagen que se encontraba en la Catedral desde los tiempos de la Reconquista, se sabe que fue quemada durante la Guerra Civil en 1936.

Sobre la consagración de la mezquita mayor existen muchas leyendas. Una de ellas narra como el rey, armado con un martillo de plata, destrozó las paredes del templo donde todavía quedaba decoración musulmana. A esta tarea se sumarían sus hombres, dejando la mezquita convertida en ruinas en pocas horas (recogido por Josef Teixidor en su libro Antigüedades de Valencia). Pero esto es solo leyenda, ya que la Mezquita Mayor fue usada como Catedral hasta la construcción del actual templo.

La sede catedralicia valentina fue constituida desde el mismo momento de la reconquista en 1238, pero no será hasta el año 1262 cuando den comienzo las obras de construcción de una Catedral de nueva planta.

El 1931 fue declarada monumento historicoartístico, pero durante la Guerra Civil Española fue incendiada, razón por la que se perdieron parte de sus elementos artísticos. El coro, situado en la parte central, fue desmontado en 1940 y trasladado al fondo del altar mayor. Los órganos, que habían sufrido importantes daños durante el conflicto bélico, no fueron reconstruidos.

En 1972 se emprendió la tarea de recuperación del gótico de la catedral, que significó la retirada de casi todos los elementos clásicos. Solo quedó como decoración clásica la mayor parte de las capillas laterales y de la girola, y algunos elementos puntuales, como las esculturas sobre las pechinas del cimborrio.

Arquitectura de la catedral de Valencia

La iglesia es de planta medieval de tres naves con crucero cubierto con cimborrio, girola y ábside poligonal.

El estilo dominante es el gótico, ya que la estructura principal se construyó durante los siglos XIII y XV, aunque también podemos encontrar elementos del barroco, románico, renacimiento e incluso neoclasicismo, ya que su construcción se alargó en el tiempo y ocupó varios siglos.

Es curioso saber que a la derecha de la Puerta de los Apóstoles se encuentra un reloj de sol. Si te fijas bien, podrás ver la aguja vertical, llamada nomón y si tienes una vista de lince, puede que hasta vislumbres las rayas y los números que marcaban las horas.

La Catedral, en su exterior, está compuesta por la Puerta de l’Almoina o del Palau (románico) , la Capilla de Sant Jordi; la primera donde se celebró misa, l’ Obra Nova de estilo renacentista italiano, el Micalet – Miguelete de estilo gótico valenciano, la Puerta de los Apóstoles, del gótico francés y la Puerta de los Hierros, de estilo barroco italiano.

La Puerta de l’Almoina o del Palau fue realizada entre los años 1260 y 1270, en estilo románico con influencias orientalizantes y mudéjares. Se encuentra en la zona más antigua. Su origen está todavía por determinar lo cierto es que se haya emplazada en el lugar que ocupaba antiguamente la quibla de la antigua mezquita árabe. Se conoce con el nombre de Puerta del Palau porque su frente se abre a la plaza en la que se encuentra el Palacio Arzobispal. La portada es abocinada, con seis arquivoltas de medio punto que apoyan sobre finas columnas (es de destacar la decoración de las arquivoltas). Conviene admirar los ventanales góticos que la coronan cuya utilidad primordial era la de servir de tribunas desde donde contemplar los actos públicos que se realizaban en la plaza de la Virgen.

De todos es sabido que la torre del campanario de la Catedral de Valencia es el Miguelete pero, ¿por qué se llama como una persona? ¿El nombre del arquitecto era Miguel? ¿Su padre? Pues en realidad viene de la campana mayor, la encargada de marcar las horas, que fue bautizada el día de San Miguel.

Por lo que respecta al interior, destacar la Capilla del Santo Cáliz, la girola y la nave principal y laterales del gótico y el altar mayor, con unas pinturas muy bellas y recién restauradas de estilo renacentista, con algún añadido procedente del barroco.

La capilla del santo Cáliz, fue construida alejada del cuerpo principal, a mediados del siglo XIV, concretamente entre los años 1356 y 1369, justo en el momento en el que constaba como maestro mayor de la Catedral, Andrés Juliá. En ella se encontraba la antigua sala capitular. Se dispone como un espacio único, de proporciones casi cúbicas y en origen, exento de la catedral. Es de planta cuadrada con trece metros de lado. Resalta su extraordinaria bóveda estrellada, de crucería y planta octogonal con pequeñas bóvedas triangulares esquinales. Fueron Pere Compte y Asensi Fos los que hicieron posible su unión definitiva a la Catedral mediante un pasadizo.

La girola cuenta con ocho capillas. En el año 1771 se proyectó una reforma de corte neoclásico auspiciada por Antonio Gilabert que recubrió por completo ésta y el resto de la iglesia. En la última restauración efectuada se limpiaron algunos de sus ornamentos, quedando al descubierto parte de los arcos y muros góticos originales. El ábside es de planta poligonal y está cubierto por una bóveda gallonada de seis nervios. Muestra cinco ventanales y se comunica con la girola por dos puertas laterales Algunos especialistas señalan que la nave principal fue terminada antes de finalizar el siglo XIII.

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