LA CAPA ESPAÑOLA: cultura y tradiciones

4 octubre, 2019 at 12:59

La capa española es una prenda de vestir típica española.​ Se trata de una prenda de abrigo tradicional larga, suelta, sin mangas y abierta por delante que se sujeta al cuello y cubre casi todo el cuerpo, ensanchándose gradualmente hacia la parte inferior que sirve para poner encima del traje o vestido.

La capa española a pesar del transcurso del tiempo, ha logrado mantener su apariencia de pleno apogeo de uso a finales del siglo XIX. Fue prenda de vestir de sacerdotes y cristianos viejos.

Utilizada hasta entrado el siglo XX, la capa española forma parte de nuestra historia y nosotros de la suya. “La capa durante siglos ha sido una indumentaria de respeto que marcó la tradición del hombre, para asistir a cualquier acto social o religioso de cierta categoría (…)”. Cuando una persona tenía que acudir a algún acontecimiento importante y no disponía de poder económico para adquirirla, la tomaba prestada.

Origen e Historia de la Capa Española

Los promotores de la capa española fueron los Duques de Béjar cuando crearon la Industria Textil Lanera hacia el siglo XIV y XV en Béjar (Salamanca). Poseían enormes rebaños de ovejas y, en época del esquileo, por los meses de abril o mayo, una vez hecha la pelada, lavaban las lanas en el río. Comprobaron que el agua del rio de Béjar, el río Cuerpo de Hombre, era excepcional para el lavado y para el tintado. El lavado era fino, sedoso y dulce en la lana y el tinte se mantenía sólido y permanente. Los Duques de Béjar dedicaron una cuidada atención a esta Industria Textil, y dado el gran consumo de capas, se dedicaron por completo a la fabricación de este artículo.

La denominación de capa española comienza a coger auge a partir del siglo XVI y es usada especialmente por el hombre. También llego a utilizarse en Francia con el conocido nombre de capa española.

En la época romántica también fue utilizada por las mujeres, llegando Luis VII a prohibir el uso de éstas a las mujeres cortesanas, para que éstas no fueran confundidas con las honradas. En los antiguos grabados y láminas se ve con que soltura y gracia solían embozarse la capa los franceses, flamencos, ingleses, italianos y portugueses, que después quedo como cosa peculiar de los españoles.

En el XIX, triunfa definitivamente la que ha venido en llamarse capa española, en sus cuatro variantes más conocidas: La Madrileña o pañosa, con esclavina, cuello bajo y embozo de terciopelo de colores, en terciopelo verde y/o rojo. La Castellana o parda, de paño pardo o marrón sin vivos y con grandes broches. La Catalana, de amplios vuelos y capilla galoneada. La Andaluza, de esclavina más corta y de menor longitud.

Dejaron de llevarse los colores vivos y solo siguieron llevándose las de paño negro, castaño, azul o verde oscuro. Se le dio más vuelo se forraron los embozos de piel, lana o terciopelo y la esclavina se hizo más corta y más airosa. Las mujeres han seguido usándola raras veces y todavía la usa alguna hacendada portuguesa.

A principios del siglo XX, las diferencias son menos acusadas, existiendo prácticamente un solo modelo de capa; la capa negra con embozos de terciopelo de vivos colores con esclavina adornada con pasamanería rematando su cuello un broche, que suele distinguir a quien lleva la capa, bien por su procedencia, condición o asociación. Este tipo de capa es la que nos ha llegado a nuestros días que paulatinamente dejo de usarse por considerarse una prenda antigua.

Imagen de archivo tomada en Cannes en 1957 del pintor malagueño Pablo Picasso. EFE/archivo/Irving Penn

A finales del siglo XX ciertos grupos de nostálgicos y admiradores de esta prenda en desuso, por distintas localidades españolas han ido creando asociaciones para hacer resurgir, realzar y dar a conocer esta prenda, la capa española, de elegancia propia, añorada por unos y dejada en el olvido por otros. Un ejemplo es la Orden de Caballeros de la Capa Española de Valencia.

La fabricación de la Capa Española

La capa española lleva un trato muy especial en la fabricación. En sus orígenes después de lavar las lanas se pasaba al tintado de las mismas. Es confeccionada en diferentes tonos: en negro y en “azul tina”. Para conseguir este color se utilizaba miel de romero y orín. El proceso del tintado se llevaba a cabo en grandes artesas de madera hechas con duelas o en tinas. Una vez tintada la lana se pasaba a su fabricación.

Primero se hilaba, en un principio a mano, después en rústicas máquinas, luego en tornos semi-mecánicos y actualmente en selfactinas ultra modernas. A continuación se tejían en los telares de braceros, en un primer momento, luego en telares de garrote, después extendiéndose a otros más modernos y automáticos hasta llegar a los actuales que son muy sofisticados.

Para finalizar la fabricación se acababan las capas en unos batanes muy característicos y por procedimientos rústicos para enfurtir estos paños a base de un gran rodaje en agua de las telas, que después se trataban con cardillos silvestres para percharlas, tal y como hoy se hace, para sacarlas el pelo, que se igualaba después con una operación que se llama “tundido”, así se logra el pelo que da ese tono único a las capas de Béjar.

El secado de las piezas se hacía, al igual que en la actualidad, al aire libre y al sol, consiguiendo así un acabado insuperable y único. Una vez realizados todos estos pasos ya podemos confeccionar la capa. Las técnicas actuales se compaginan con algunas de las antiguas y se consiguen unas prendas únicas.

Cómo llevar una capa española


CUEVA DE DAINA: cultura megalítica en España

16 septiembre, 2019 at 9:11

La Cueva de Daina (en catalán Cova d’en Daina) es un dolmen de granito de grandes dimensiones construido entre 2700 a. C. y 2200 a. C. Está considerado como uno de los dólmenes más conocidos e importantes de Cataluña. Se encuentra en  la comarca del Ampurdán, principal zona de Cataluña con monumentos megalíticos. Concretamente se sitúa en las afueras del núcleo urbano de Romanyá de la Selva, en el macizo de las Gavarres.

La cueva de Daina destaca también por ser uno de los monumentos funerarios más representativos de su tipología, llamado sepulcro de “galería catalana” o “corredor ancho”.

En las proximidades se puede acceder a otras dos estructuras megalíticas, no tan impresionantes, pero que, dada la cercanía, merece la pena visitar: el menhir de Mutra y la cista de la carretera.

Historia

El conjunto fue descubierto en los años 1900 por el antiguo propietario de los terrenos Pere Cama i Casa. En 1957, las excavaciones promovidas por Lluís Esteva Cruañas hallaron numerosos huesos, dientes, siete puntas de flecha de sílex, fragmentos de cuchillo, trozos de cerámica y cuentas de collar.

El conjunto fue declarado en 1931 Monumento Nacional, y tanto por su aspecto como su localización su visita familiar es interesante y además permite descubrir una reliquia milenaria al alcance de todo el mundo.

Arquitectura

Se trata de un conjunto megalítico de grandes dimensiones, siguiendo una estructura típica de cámara y galería de acceso formado por grandes bloques de granito, y también se ven los grandes bloques que formaban la cubierta.

El recinto megalítico está protegido por un crómlech en forma de anillo externo de 11 metros de diámetro formado por grandes piedras de granito. El dolmen mide 7,60 m de largo por 1,70 m de ancho y 1,50 m de alto.

La cámara funeraria, de forma rectangular, está separada de la galería por tres piezas que conforman la puerta de entrada. Este tipo de sepulcros de “galería catalana” son propios del Neolítico final y responden a una evolución de los “sepulcros de corredor”.  Están formados por una cámara geométrica donde se depositaban los restos humanos y los ajuares, y un corredor que casi tiene el mismo ancho que la cámara.

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BASÍLICA DEL PILAR: catedrales de España que merece la pena visitar

6 septiembre, 2019 at 11:44
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La Basílica de Nuestra Señora del Pilar es el edificio más representativo de Zaragoza, el templo barroco más grande de España y uno de los centros de peregrinación más importantes del país.

Se considera el primer templo de culto mariano de la Cristiandad y en él se conserva la columna (o pilar) que la Virgen María, la noche del 2 de enero del año 40, entregó al apóstol Santiago cuando éste se encontraba a orillas del río Ebro convirtiendo a los primeros cristianos. Según la tradición, la Virgen en vida vino a Zaragoza a confortar y animar al apóstol en su empresa y al entregarle la columna le pidió que sobre ella levantase una capilla en la que se venerase su imagen.

Los aragoneses suelen llamar a la virgen “la Pilarica” ya que, a pesar de la importancia de la talla de la Virgen del Pilar, apenas mide unos 36 centímetros.

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El edificio presenta planta rectangular de salón con tres naves de igual altura, siendo más ancha la central, y capillas entre contrafuertes rodeando todo el perímetro del templo. Se plantea de este modo como iglesia de peregrinación para circular por ella sin molestar el culto. Cuenta con diferentes tipos de cubiertas (bóvedas, cúpulas) que se alternan de forma dinámica sobre gruesos pilares de sección cuadrada, salvo los que soportan la gran cúpula central que son poligonales. Los muros se articulan a base de pilastras que enmarcan las embocaduras de las capillas. La decoración interior es obra de Ventura Rodríguez, quien siguiendo tendencias clasicistas, sustituyó los elementos decorativos de estilo barroco que se proyectaron en origen.

Origen e Historia de la Basílica del Pilar

Según la tradición hubo una capilla primitiva que fue sustituida por un templo románico, tras la conquista de Zaragoza por Alfonso I. En el año 1434 quedó prácticamente destruido por un incendio por lo que inició la construcción de un nuevo templo para sustituirlo. De esta construcción románica tan solo se conserva un tímpano con un crismón labrado en piedra, que está colocado en el muro sur de la plaza junto a la puerta baja.

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En 1515 finaliza la construcción de la nueva iglesia gótico-mudéjar que sustituyó al dañado templo románico. La iglesia era bastante amplia y constaba de una única nave y un pequeño claustro donde estaba la capilla del Pilar. De esta época es el retablo de alabastro del altar mayor, obra de Damián Forment en 1509.  

En 1638 se plantea la ampliación y modernización del templo, emulando el modelo y líneas de la Basílica de San Pedro de Roma. La construcción fue encargada a Felipe Herrera el Mozo, quien inicia las obras en el año 1681 y se prolongan hasta el año 1754.

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En 1725 el arquitecto Ventura Rodríguez recibe el encargo de terminar la Capilla dedicada a la Virgen del Pilar y de rediseñar el proyecto inicial del templo. En 1765 terminaban las obras de la Santa Capilla. Fue Ventura Rodríguez quien configuró el templo hasta nuestros días.

En 1872 concluyeron las obras de la gran cúpula central y la primera torre.

El resto de la torres fueron levantadas en 1907 y 1961 y en los años 1940-1950 se decoró en piedra la fachada que da a la plaza.

El interior de la Basílica del Pilar

Elemento a destacar en el interior del edificio es la Santa Capilla, un pequeño templo donde se encuentra colocada la imagen de la Virgen dentro de un camarín de plata con fondo de mármol verde sobre la columna. En este espacio se funden jaspes, mármoles y bronces con la decoración escultórica y la pintura de su cúpula.

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Del interior cabe destacar de igual modo la bóveda del coreto, frente a la Santa Capilla, decorada por un joven Goya y que plasma el tema “La Gloria o Adoración del Nombre de Dios”; la cúpula que representa la “Regina Martyrum”, también pintada por Francisco de Goya; las cúpulas decoradas por los hermanos Bayeu, el Retablo Mayor, obra de Damián Forment y el coro de Nicolás de Lobato, Esteban de Obray y Juan de Moreto.

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La Catedral-Basílica cuenta con un tesoro que encierra un gran número de objetos de orfebrería litúrgica, destacando sobre todo el llamado Joyero de la Virgen, con coronas, diademas, resplandores, etc. de piedras preciosas, y la colección de más de 350 mantos de la Virgen (el más antiguo está confeccionado por las madres capuchinas de Zaragoza en 1762).

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En el templo están enterrados la mayoría de los arzobispos zaragozanos de la Edad Moderna, así como los cuerpos de San Braulio y del general Palafox, entre otros.

Como curiosidad hay que citar las dos bombas de la guerra civil, expuestas en uno de los pilares, que cayeron sobre el edificio pero no llegaron a explotar. También cabe destacar la presencia de las banderas de España y de los diferentes países hispanoamericanos, por ser la Virgen del Pilar la patrona de la Hispanidad.

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CEMENTERIO DE SAN JOSÉ: ruta de cementerios españoles con encanto

30 agosto, 2019 at 17:37
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El Cementerio de San José es el cementerio municipal de Granada, y se encuentra situado en la dehesa del Generalife, al este de la ciudad. Se construyó fuera de las murallas, a partir del anterior Cementerio de las Barreras. Es el segundo cementerio municipal más antiguo de España.

Forma parte del monumento de la Alhambra y está muy próximo a la entrada a los palacios nazaríes. Guarda vestigios arqueológicos del palacio árabe de Alixares (siglos XIII y XIV), de un pequeño fuerte y de un sistema de canalización construido a comienzos del siglo XIX.

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Ocupa unos 110.000 metros cuadrados distribuidos en 19 patios, entre ellos “el patio de San Cristóbal”. El cementerio acoge en su interior una de las muestras más interesantes de arquitectura y escultura funerarias de los siglos XIX y XX.

A pesar de que su crecimiento fue algo caótico, está incluido entre los Bienes de Interés Cultural de la ciudad por sus destacadas arquitecturas y esculturas funerarias románticas -por lo que ha sido escogido en varias ocasiones para rodajes de películas- y de épocas posteriores. También fue designado por el Consejo de Europa, Itinerario Cultural, dentro de la Ruta Europea de los Cementerios.

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En su interior la verde bóveda que ha trazado la arboleda pone techo a este museo al aire libre, donde verás desfilar fórmulas arquitectónicas y plásticas, propuestas expresivas e ideológicas, bellos rincones, sorprendentes paisajes y un sin fin de ocultas y hermosas sensaciones.

El último día de octubre más de media Granada sube al cementerio de San José a arreglar las tumbas de sus difuntos. Y todos ellos acaban pasando a presentar sus respetos al Señor del Cementerio. Una escultura de Cristo despojado de sus vestiduras que adorna un panteón familiar privado desde hace más de cien años, que ha acabado generando su propia devoción al tiempo que es testimonio del agradecimiento de los vecinos a un médico local.

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Otra curiosidad de este cementerio es la celebración de conciertos de jazz, blues, rock, etc.

Es uno de los cementerios más pintorescos del país. Por eso la empresa “Granada a través”, ofrece una visita guiada que se llama “un recorrido por la memoria” (http://granadaatraves.com/rutas/paseo-guiado-al-cementerio-monumental-e-historico-de-granada/). En estas visitas  se da a conocer el camposanto desde un punto de vista histórico y artístico.

Historia y Origen del cementerio der San José

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El cementerio data del año 1787 aproximadamente, gracias al rey Carlos III, el cual estableció el uso cementerios ventilados fuera de la población, con el objetivo de evitar enfermedades, epidemias, etc. Esto creo cierta tensión con las autoridades eclesiásticas. Granada era famosa en el siglo XIX por las enormes chinches de sus jergones, por el cólera de sus aguas y por los 31 cementerios que tenía abiertos en recovecos de sus calles. Por eso no fue de extrañar que la epidemia de 1885 se llevara por delante a miles de granadinos. Esta ciudad fue de las primeras en tener camposantos municipales (4), pero también de las últimas en sumarse plenamente a la nueva ley de enterrar a los muertos en cementerios alejados de las casas y aireados. En 1894, más de un siglo después de la norma que prohibía enterrar en iglesias y conventos, en Granada continuaba oliendo a putrefacto durante las misas. Por eso la ciudad era criticada en la prensa nacional de vez en cuando.

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PARQUE ARQUEOLÓGICO DE SEGÓBRIGA: restos romanos en España

14 agosto, 2019 at 12:47
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Segóbriga es una antigua ciudad romana cerca de Saelices, en la provincia de Cuenca. Es posiblemente uno de los sitios arqueológicos más importantes de la meseta española, y uno de los lugares más conocidos e importantes de la provincia de Cuenca.

La ciudad romana de Segóbriga nos traslada al pasado con su excelente estado de conservación. Un impresionante patrimonio: el foro, el teatro, el anfiteatro, las termas monumentales… Multitud de construcciones y monumentos emblemáticos nacidos del esplendor que tuvo esta villa entre los siglos I a.C. y III d.C.

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Actualmente, son visitables el acueducto, las necrópolis, la ciudad, el teatro, la muralla y puerta principal, el criptopórtico del foro, las termas del teatro, la basílica, el foro, el aula basilical, las termas monumentales, la acrópolis, la casa del procurador minero, el anfiteatro, el circo y la basílica visigoda.

No te puedes olvidar de pasar a ver el Museo, donde se puede observar un mapa del Imperio, así como aprender información sobre el origen de la ciudad, su herencia de Roma, su decadencia y abandono, su sociedad, el distrito minero, sus monumentos, la vida cotidiana o la religión. Muy interesante.

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Para la visita al parque no olvides consultar los horarios y tarifas.

Origen e Historia de la ciudad romana de Segóbriga

El nombre Segóbriga deriva de dos palabras: “Sego” que significa victoria y “briga” que significa fortaleza de la ciudad.

Este enclave sería Inicialmente un castro celtibérico. Tras la conquista romana, a inicios del siglo II a. C. se convirtió en un oppidum o ciudad celtibérica. Tras las Guerras de Sertorio, hacia el 70 a. C. pasó a controlar un amplio territorio como capital de toda esta parte de la Meseta, cuando Plinio la consideró “caput Celtiberiae” o inicio de la Celtiberia.

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En tiempos de Augusto, poco antes del cambio de Era, dejo de ser ciudad estipendiaría, que pagaba tributo a Roma, y se convirtió en municipium o población de ciudadanos romanos. Fue entonces cuando se produjo el gran desarrollo que tuvo Segóbriga, principalmente por su excelente comunicación y por ser centro de explotación de minas de “lapis specularis”.

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Junto a la ciudad atravesaban varias calzadas importantes como la que unía Cartago Nova con Complutum. También era importante la conexión que tenía con Toletum y Segontia.

Por otro lado, la conocida piedra de yeso cristalizada abundaba en la zona (lapis specularis), lo cual supuso una fuente importante de abastecimiento y le otorgó un gran crecimiento. Esto es debido a su uso en los edificios romanos tanto en ventanas como suelos, ya que es transparente. Segóbriga fue impulsada por el emperador Augusto.

Esta grandeza ha permitido que aún hoy queden importantes y bien conservados restos que acercan Roma a la época actual y la posibilidad de ser testigos de la potencia cultural del imperio también en la meseta. Segóbriga  llegó a albergar un teatro, anfiteatro, utilizado para las grandes fiestas, termas públicas, templos, destinados al culto imperial, mercados…hasta convertirse en punto de referencia de la Meseta como vida urbana al estilo romano.

Historia de la ciudad romana de Segóbriga

Este enclave sería Inicialmente un castro celtibérico. Tras la conquista romana, a inicios del siglo II a. C. se convirtió en un oppidum o ciudad celtibérica. Tras las Guerras de Sertorio, hacia el 70 a. C. pasó a controlar un amplio territorio como capital de toda esta parte de la Meseta, cuando Plinio la consideró “caput Celtiberiae” o inicio de la Celtiberia.

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En tiempos de Augusto, poco antes del cambio de Era, dejo de ser ciudad estipendiaría, que pagaba tributo a Roma, y se convirtió en municipium o población de ciudadanos romanos. Fue entonces cuando se produjo su auge económico como cruce de comunicaciones y centro minero de lapis specularis o yeso traslúcido utilizado para cerrar ventanas. Aprovechando este auge se inicia hacia el 80 a. C. un programa de construcciones monumentales que le confieren el aspecto como nos la encontramos en la actualidad.

En el siglo IV se abandonan sus principales monumentos convirtiéndose en un centro rural.

En época visigoda, a partir del siglo V, era todavía una ciudad importante, con obispos que acudían a los concilios de Toledo entre los años 589 y el 693 d. C. De estos años data una gran basílica y la extensa necrópolis que la circunda. La decadencia de la ciudad prosiguió en época islámica, si bien en esta época se construyó una fortificación árabe en la cumbre del cerro sobre el que se sitúa la ciudad.

Tras la Reconquista, la población se desplazó al actual pueblo de Saelices y el lugar pasó a denominarse Cabeza del Griego, quedando reducido a una pequeña población rural dependiente de la Villa de Uclés.

¿Cómo era la ciudad romana de Segóbriga?

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La población estaba rodeada de una muralla de 1300 metros de longitud, la cual constaba de tres puertas, una norte, otra este y otra oeste. Para hacer una idea de la distribución en Segóbriga, de la puerta norte salía una calle dirección norte-sur, el kardo maximus. Esta era la principal vía de la ciudad, desde la que emergían calles perpendiculares en sentido este-oeste o decumani. A ambos lados de la vía de entrada a la puerta principal de la ciudad, se construyeron dos de los edificios más representativos: el teatro y el anfiteatro.

El teatro se inauguró hacia el año 79 d.C., en tiempos de Vespasiano y Tito. Se conserva muy bien su graderío o cavea, el cual se dividía en tres zonas separadas con corredores para diferenciar las diferentes clases sociales. La zona inferior mantiene la orchestra y el tablado o proscaenium, que era la madera existente sobre los pilares de piedra. Estaba decorado con hermosas esculturas y columnas que le conferían un elegante y monumental aspecto.

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El anfiteatro se levantó en la misma época que el teatro. Fueron utilizados hasta el siglo III d.C., ya que en el IV d.C. se les confirió un uso agrario. El edificio mide 75 metros de largo, albergando capacidad para 5.500 espectadores. Su arena poseía 1100 metros cuadrados, estando separada de las gradas por un alto pódium, el cual otorgaba mayor seguridad a los asistentes. En los extremos se ubicaban las carceres, es decir, las habitaciones destinadas a las fieras que participaban en los espectáculos.

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Tras cruzar imaginariamente lo que en su día fue la puerta principal del yacimiento, nos desplazamos a la izquierda para observar el critopórtico del foro. Se trata de una estructura bajo tierra que sostenía el pórtico norte del foro. Se pueden contemplar todavía los basamentos que lo sustentaron.

Seguimos recto hasta dar a parar con las termas del teatro, construidas a finales del siglo I a.C. Se hallaba en el decumanus maximus, principal vía de recorrido este-oeste, donde se accedía al recinto a través de una escalera.

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Respecto con el foro o plaza pública de Segobriga, el centro social y político de la época, en el año 15 a.C. ya estaba realizado. El centro del espacio lo presidía un monumento del que casi no quedan restos. Importantes personalidades colocaban estatuas sobre pedestales en el pavimento y los pórticos, conservándose todavía algunas de ellas. Rodeando la plaza había pórticos laterales, sostenidos por bellas columnas. Al sur se hallaba la Curia y las tabernae. Al este se accedía a la basílica, espacio donde se realizaban las transacciones comerciales más importantes y donde se administraba justicia. Construida al mismo tiempo que el foro, se trata de uno de los edificios más grandes de la localidad, pues constaba de tres naves separadas por filas de columnas.

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Al otro lado del kardo maximus, frente al foro, nos encontramos el aula basilical. Se accedía desde esta importante vía mediante una escalinata ya desaparecida. En época de Vespasiano (69-79 d.C.) se alzó esta gran construcción dedicada a los negocios del conocido mineral lapis specularis. A espaldas del aula basilical hallamos las termas monumentales. Estos espacios públicos destinados al baño se comenzaron a usar en el último tercio del siglo I d.C. De disposición lineal, se utilizaban como lugares de ocio, encuentro y negocios.

Giramos a la derecha para llegar a la vivienda de Caio Iulio Silvano, importante personalidad de la ciudad que levantó su casa a principios del siglo III. Se conocen, a día de hoy, tres estancias del inmueble. La más conocida, sin duda, es la que alberga el mosaico geométrico. Se descubrió en una campaña de excavaciones en 1998. Está realizado con teselas negras y blancas, siendo una réplica del original, que se encuentra en el centro de interpretación. También es conocida como la Casa del Procurador Minero.

Muy cerca nos acercamos a la ermita de la Virgen de los Remedios.

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Otro punto importante de la ciudad son los restos del antiguo circo, edificio destinado a los espectáculos. Se levantó en el siglo II y era el lugar usado para realizar las carreras de carros. Para construir el circo se tuvo que desmantelar una necrópolis de incineración, de la cual se encontraron objetos como la estela funeraria de la escalva Iucunda.

Siguiendo por esta zona aterrizamos en la basílica visigoda, uno de los edificios más famosos de todo el parque arqueológico, ya que fue el primero en ser excavado. Se levantó a finales del siglo IV o principios del siglo V, sufriendo posteriormente varias modificaciones. Hablamos de un templo con tres naves divididas por diez columnas en ambos lados, con crucero central y ábside de planta de herradura.

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