PEÑARANDA DE DUERO: pueblos medievales de España

12 noviembre, 2020 at 10:02

Peñaranda de Duero es un pueblo medieval del sur de Burgos a la vera del río Arandilla, afluente del Duero, y limítrofe de las provincias de Valladolid y Segovia.

Esta hermosa villa a pesar de su pequeño tamaño encierra un gran conjunto monumental con cantidad de edificaciones medievales y renacentistas.

Su arquitectura popular es además muy interesante, ya que por sus calles hay casonas y palacetes salpicados entre sus interesantes construcciones de adobe y entramado de madera. Es un pueblo que te permite transportarte en el tiempo y creer que en cualquier momento va a aparecer un caballero montado en su caballo.

Las viviendas populares, unas de las más bellas y conocidas de La Ribera, están construidas con adobe y entramado de madera, de poca profundidad y dos plantas, más un sobrado abuhardillado. La planta baja se destinaba a lagar y otros menesteres, mientras que la superior albergaba la cocina y los dormitorios. También contaba con sótano para acceder a las bodegas subterráneas que se distribuyen por todo el espacio urbano. En la fachada principal era muy común la existencia de balcones de madera, algunos de gran tamaño, a modo de solanas.

No hay nada más que llegar a la localidad para darse cuenta que hemos llegado a un lugar que tiene un importante legado arquitectónico e histórico, pues la entrada en su plaza nos muestra una vista que difícilmente olvidaremos con la ex Colegiata a nuestra derecha, el palacio de los Condes de Miranda a la izquierda, el Rollo Jurisdiccional casi en el centro de la plaza y el castillo al fondo sobre una colina.

Te recomendamos acercarte a la Oficina de Turismo para recabar información sobre los lugares a visitar e incluso ver la posibilidad de entrar tanto en la ex colegiata de Santa Ana, como en el Palacio de los Condes de Miranda. Ambos lugares sin duda valen la pena entrar y se hace con visita guiada. Te dejamos el enlace para que consultes horarios y tarifas.

Además de las grandes obras congregadas en el casco histórico del pueblo, merecen ser mencionados otros edificios religiosos importantes situados en las afueras. Entre ellos se encuentra el convento de las Madres Franciscanas Concepcionistas, fundado por los Condes de Miranda en 1558, con un destacado techo artesonado de estilo mudéjar.

Asimismo, en el siglo XVI fue fundado el Convento del Carmen por don Juan de Zúñiga y Avellaneda, típico edificio carmelitano en cuya fachada aparece la imagen del Santo patrono flanqueada por monumentales columnas y dos grandes escudos de los fundadores. En su interior se custodian interesantes retablos y pinturas del siglo XVII.

En Peñaranda se encuentra además la farmacia más antigua de España todavía en funcionamiento (La Botica de Ximeno), fundada por Lucas Ximeno en el siglo XVIII. Por ella han pasado ocho generaciones de una familia. Tiene botica, laboratorio y jardín de plantas medicinales. Las visitas son con reserva.

Origen e Historia de Peñaranda de Duero

Etimológicamente, su nombre significa ciudad de la peña y el río, lo cual alude a su emplazamiento de carácter estratégico en lo alto de un cerro.

Peñaranda de Duero no siempre perteneció a la provincia de Burgos, pues desde su repoblación posiblemente a primeros del siglo X, fue perteneciendo a varios lugares, desde el alfoz de Clunia, hasta la provincia de Segovía, pasando por San Esteban de Gormaz. Fue en el siglo XIX cuando definitivamente se integró en la provincia de Burgos.

A comienzos del siglo XIV, una vez asegurado el dominio castellano, Fernando IV entregó la villa a Fernán Ruiz de Amaya, quien, a su vez, la venderá al infante Don Pedro, hijo de Sancho IV, en 1311. En tiempos de Alfonso XI, la villa queda vinculada a la familia Avellaneda, Condes de Miranda, los cuales contribuyeron notablemente al enriquecimiento de la villa mediante la construcción de las principales obras arquitectónicas.

El castillo de Peñaranda de Duero

El castillo original era del siglo X y el que vemos hoy en día es una importante remodelación que tuvo lugar en el siglo XV.

Tiene gruesos muros de sillería y en el centro destaca la torre cuadrangular del homenaje y otros tres torreones cúbicos, dos de ellos a los lados del arco de entrada. En el interior de la torre del Homenaje se encuentra el Centro de Interpretación del castillo.

De aquí partía la muralla que rodeaba Peñaranda de Duero, de la que hoy solo se conserva el arco de Las Monjas.

Plaza Mayor

Nada más atravesar una de las puertas de la muralla, dentro del casco histórico, sobresale por su belleza la Plaza Mayor, obra del siglo XVI, con casas con soportales.

En uno de sus extremos sigue manando agua de una antiquísima fuente ya existente en la decimosexta centuria y reparada por Alonso Gil en 1663. En este singular espacio se reúnen los principales atractivos de la villa: la esbelta Colegiata de Santa Ana, el palacio de los Condes de Miranda, también llamado Palacio de Avellaneda, y el hermoso rollo de justicia.

COLEGIATA DE SANTA ANA

Presidiendo la plaza se alza majestuosa la fachada principal de la que fuera Colegiata Abacial de Santa Ana gracias a la Bula Pontifica concedida por Paulo V en 1605.

La ex-colegiata es una de las joyas de la plaza. Su construcción comenzó en 1540 y fue costeada por la viuda de Francisco de Zúñiga y su hijo.

Su portada es de un estilo barroco clasicista, imitando un retablo, con imágenes de santos entre los que destaca en la parte superior superior Santa Ana y los escudos de los Zúñiga y Avellaneda.

Las escaleras que nos conducen a la iglesia están rodeadas de ocho columnas de mármol, traídas de Nápoles junto con los bustos de emperadores de la fachada. La torre mide 65 metros.

En el interior llama la atención el cimborrio de 42 metros de altura, y como decoración, el órgano y el retablo neoclásico de Ventura Rodríguez de 1783.

PALACIO DE AVELLANEDA

La otra gran joya arquitectónica la constituye el Palacio de Avellaneda, encargada por Don Francisco de Zúñiga y Avellaneda, tercer Conde de Miranda, a comienzos del siglo XVI, considerada como una de las mejores obras renacentistas de la comarca.

Su patio interior de doble arquería tiene dos plantas y en el centro un pozo. Cabe destacar del interior la escalinata de subida, el Salón de Embajadores y los artesonados mudéjares y renacentistas, azulejos y yeserías.

ROLLO DE JUSTICIA

En la plaza vemos también el Rollo jurisdiccional de estilo gótico flamígero, declarado en 1931 monumento histórico artístico. Se encuentra sobre tres escalones y se pueden apreciar, viendo el diferente grado de deterioro, las diferentes épocas en las que fue hecho. Se usó como picota para ejecutar condenados y si nos fijamos bien podemos ver el hueco para sujetar su cabeza así como los agujeros en las cabezas de león para las argollas donde se enganchaban las de cadenas que los sujetaban.

Este no fue su emplazamiento original, ya que como viene siendo habitual se encontraba en un cruce de caminos a las afueras de Peñaranda, fue traído a la plaza en 1959.


FERIA DEL CABALLO DE JEREZ: fiestas y tradiciones

12 junio, 2020 at 13:04

La Feria del Caballo o Feria de Jerez es una feria que se celebra a principios del mes de mayo, durante una semana, en Jerez de la Frontera (Cádiz).

La Feria es alegría, diversión y animales de pura raza. Un festejo que tiene como protagonista el caballo, se realza con el flamenco, y se embellece con sus preciosas y coquetas casetas y luces. Sin olvidarnos lógicamente de la alegría de su gente y la degustación exquisita del vino así como de comidas típicas de la tierra.

La actual Feria del Caballo de Jerez hace mención en su nombre a tan ilustre animal arraigado a esta región desde hace tiempo atrás. El enraizado vínculo con este animal no surge así por así. Antiguamente, era fácil e impresionante contemplar las grandes extensiones de bosque que se hallaban por estas tierras y ver pastar las numerosas manadas de toros bravos y de caballos, ambos en un estado casi salvaje, configurándose un binomio perfecto que ha perdurado a través de milenios y hasta nuestros días.

Declarada de Interés Turístico Internacional, se trata, junto con la Semana Santa una de las mayores y más importante fiesta de la ciudad.

Durante la Feria del Caballo se realizan todo tipo de actividades relacionadas con el caballo, como concursos internacionales de saltos, doma, rally hípico, exposiciones de ganado selecto o subastas.

Una de las actividades más destacada es el desfile de carruajes, también conocido como enganches.

Además, por el día, el parque González de Hontoria se llena con cientos de jinetes, amazonas y carruajes que pasean por las calles del recinto ferial en un majestuoso espectáculo digno de contemplar. En este espacio se colocan las casetas de las hermandades y peñas, cuya decoración gira alrededor de una temática diferente cada año, premiándose a las mejores. En su interior se toma vino fino, se degustan los productos de la tierra y se bailan sevillanas hasta altas horas de la madrugada, en un ambiente de alegría y diversión increíble que parece transformar el parque en un gran tablao flamenco. Hay también puestos de comida, bebidas y atracciones infantiles. Los espectáculos taurinos, los concursos de sevillanas o los fuegos artificiales son otros festejos que completan el programa de la Feria.

Además de la feria de día, también se encuentra la feria de noche, donde destacan el alumbrado y las atracciones mecánicas para los niños. Los mayores también podrán disfrutar de la música y gastronomía que ofrecen las casetas de feria y los puestos de comida rápida.

Origen e Historia de la Feria del Caballo de Jerez

Surgió a partir del comercio equino en la Edad Media (mediados del siglo XIII), en el que la corona otorgaba un periodo excepcional en el que los ganaderos se podían cerrar tratos sin pagar impuestos, lo que provocaba que acudirán tratantes de toda la comarca.​ Esta actividad es la que ha dado lugar a muchas de las ferias de España. Sin embargo, la Feria de Jerez es de las pocas que actualmente mantienen una feria de importante feria de ganado y caballo paralela a la actual Feria.​

En el siglo XIII, durante el reinado de Alfonso X El Sabio, se otorgó a la ciudad de Jerez dos ferias, una en Abril y otra en Septiembre, siendo confirmada por su hijo Sancho (El Bravo) en Agosto de 1.282, además de un mercado semanal los lunes. Estas ferias alcanzaron gran importancia por su numerosa concurrencia.

Hoy, se han tornado algo las cosas. La ubicación, por ejemplo, ha cambiado. La Feria de Jerez en antaño, ocupó (según los escritos) distintos lugares; las primeras se celebraban entre la Puerta Real y la calle de Francos, pero con los años también se han celebrado en el Arco de Santiago, Calle Muro, Alameda Vieja, … En 1.868, por ejemplo, se celebra por primera vez una feria de ganados en el denominado Hato de la carne, donde se estableció el Real; en 1.872 pasó a las playas de San Telmo, y algo más tarde, en 1.876 a la Cañada de Caulina, donde lució por primera vez alumbrado eléctrico.

El Recinto del González Hontória se compró en el 1902 cuando ese terreno era campo celebrándose en él la primera Feria (como Feria de Septiembre). Un año más tarde (1903) se celebra la primera Feria de Abril (en origen se celebraba en abril pero la competencia con Sevilla la hizo retroceder un mes festejándose finalmente en el mes de mayo) en el mismo Recinto y será en los años 60 cuando estando Miguel Primo de Rivera y Urquijo en la alcaldía, se conocerá con el actual nombre «del Caballo» en referencia a tan nombrado e histórico animal.

Durante muchos años del siglo XX fue una de las dos ferias que se celebraban en Jerez junto a la Feria de la Vendimia en septiembre, que actualmente se celebran bajo otro formato. Fue el alcalde Miguel Primo de Rivera y Urquijo quien decidió potenciarla.

En el año 1985 el Ayuntamiento decidió derribar la mayoría de casetas fijas, excepto las del Círculo Lebrero, Domecq, González Byass, Casino Jerezano y Club Nazaret, permitiendo dar nuevos usos al Parque González Hontoria.

La feria actual ha perdido tradiciones que se mantuvieron muchos años, como la benéfica «Batalla de las Flores» o carreras de caballos.

Los jinetes andaluces

Los andaluces se sienten muy orgullosos por considerar, que su fauna es única en el mundo, gracias a que han sabido mantenerla y mejorarla. Es evidente que sus antepasados debieron ser grandes jinetes, pues por la enorme proliferación de estos animales, sin duda invitaba a ello, ya que sólo era necesario capturarlos y adiestrarlos (tarea nada fácil evidentemente).

Se ha podido constatar, que los jinetes andaluces siempre gozaron de enorme fama a lo largo de la historia, pues ella nos dice que los escuadrones de caballería que el general cartaginés Aníbal, después de las numerosas batallas libradas en la Iberia y a su paso por nuestros lares, en su numeroso ejército se enrolaron numerosos tartéssicos con sus correspondientes caballos, que precedidos de enorme fama caminaron hacia Italia.

Este noble equino era su animal preferido; puesto que incluso lo representaban en vasijas y otros objetos decorativos de la época. En los infinitos hallazgos arqueológicos, se puede observar como reflejan con una perfecta fidelidad y un enorme paralelismo en los arneses o arreos con los actuales, dando la sensación que el tiempo no ha pasado. Aun más, en el gran conjunto monástico de la Cartuja jerezana, fundado en 1475, por el noble caballero Álvaro Obertos de Valeto y Morla, ya eran famosos los caballos que se criaban en sus dehesas.

VIDEO DE LA FERIA DEL CABALLO DE JEREZ


TABARCA: pueblos marineros con encanto

4 abril, 2019 at 7:09
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Tabarca es la única isla habitada de toda la Comunidad Valenciana, que se encuentra a unos 22 kilómetros de la ciudad de Alicante y a unos 8 km del puerto de Santa Pola.

Tabarca -L’Illa, como la llaman todavía sus escasos habitantes-, es, más que una isla, un pequeño archipiélago de 45 hectáreas, compuesto además por los islotes La Cantera, La Galera y la Nao. Posee una longitud aproximada de 1.800 metros y una anchura máxima de unos 400 metros.

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Sus costas albergaron en el pasado un refugio de piratas berberiscos. En el siglo XVIII, Carlos III ordenó fortificarla y levantar en ella un pueblo en el que alojar a varias familias de pescadores de Génova que estaban cautivos en la ciudad tunecina de Tabarka. Las murallas que rodean su núcleo urbano han sido declaradas Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural.

Tabarca es la primera Reserva Marina de España, fue la primera de España en obtener esta calificación en 1986. Gracias a ello, conserva unos ricos fondos marinos que en las zonas donde es tradicional el buceo a pulmón te da una idea del paraíso que esconden sus fondos.

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Tabarca se compone de unas cien casas bajas que conservan el aire de las viviendas de pescadores y que se levantan dentro de lo que fue la fortaleza, a la que se accede por la puerta de San Miguel.

¿Qué ver en tabarca?

La isla tiene un faro, un torreón construido como torre vigía y una Casa del Gobernador, edificio del siglo XVIII, convertido hoy en un hotel con encanto. Toda la isla tiene vistas al mar y cuenta con numerosas calas, algunas de ellas zonas de acceso complicado. Y destacan sus aguas color esmeralda.

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La isla de Tabarca se suele ver en un sólo día, aunque hay mucha gente que pasa varios días alojados en los hoteles y casas rurales del pequeño pueblo. Podemos decir que es un lugar para desconectar, pero en verano generalmente solo es posible al anochecer, ya que durante el día recibe miles de visitantes que aglutinan las playas y restaurantes. Entonces, el sol del atardecer da reflejos dorados a sus piedras y todo se llena de silencios y tranquilidad.

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Lo recomendable es llegar a la isla a primera hora de la mañana, entre las 10 las 11. Una vez lleguemos al puerto tomamos un camino de tierra hacia la izquierda que se divide en varias bifurcaciones, pero lo ideal es marchar directamente hacia un edificio de aspecto militar, la torre de San José. Este edificio que fue utilizado como prisión en el siglo XIX y donde choca mucho su puerta de acceso, elevada a casi 2 metros del suelo y accesible por una moderna escalera.

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Al sur de la Torre de San José se sitúa una de las playas de la isla, con aguas muy transparentes y de fina grava. Un lugar espléndido para la práctica del snorkelling, más aun cuando tenemos justo en frente la isla de la Galera.

Continuando el camino desde la playa, se puede observar el faro de mediados del siglo XIX. Choca mucho verlo en ese lugar, tan apartado de la costa, pero al ser la isla tan plana no fue necesario colocarlo allí.

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Desde el faro ya podemos divisar el fin de la isla, con un cementerio en el extremo este situado en la punta falcón. En ese punto comenzaremos la vuelta bordeando el norte de la isla hasta regresar al puerto de Tabarca.

Delante del puerto está el museo de Tabarca. Justo al lado tenemos la que podemos decir que es la playa principal de la isla. A su lado también tenemos la entrada al pueblo a través de la puerta de Levante.

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Atravesando la puerta principal de Tabarca o puerta de Levante, entramos a la vía principal donde se suceden varios restaurantes y tiendas de recuerdos. Es la zona más concurrida de la isla y momento perfecto para ir eligiendo en que restaurante comer, y así poder degustar el tradicional caldero, el plato típico de la isla.

Si en lugar de seguir por la vía principal hubiéramos girado a la derecha, llegaríamos a otra de las puertas de Tabarca, la puerta de Tierra. Esta se encuentra junto a la costa y tiene unas buenas vistas del puerto.

En cualquier caso, Tabarca es ideal para perderse por sus callejuelas y descubrir sus rincones sin tirar de un mapa. Como la iglesia de San Pedro y San Pablo, adyacente a una de las calles que dan a la plaza principal.

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Las fiestas patronales se celebran a final de junio, y las fiestas de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, también se festejan en la isla con música hasta altas horas de la madrugada y con una curiosa procesión marinera.

¿Cómo llegar a la isla de Tabarca?

A la isla de Tabarca se suele llegar desde Santa Pola en Alicante, situada a poco menos de 8 kilómetros. Desde allí parten numerosos barcos de varias compañías que tardan menos de 20 minutos hasta llegar a sus costas. No obstante, cabe mencionar que no todas las compañías parten todo el año. Generalmente la temporada si inicia en semana santa y el punto más álgido es en los meses más calurosos. El resto del año zarpan menos barcos y conviene llamar por teléfono para comprobar si salen o hay cancelaciones por el mal tiempo o por falta de viajeros.

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Los tickets se compran en el mismo puerto de Santa Pola o por internet. Opciones hay para todos los gustos, pero si reservamos por internet podemos encontrar tickets desde los 10€ dado que comprarlos en el mismo puerto suele salir más caro. Los tickets no suelen tener una hora asignada. Hay dos tipos de embarcaciones: unas más baratas que son tipo lancha (no muy recomendable para personas que se marean con facilidad) y otras, tipo catamarán bastante más estables y de dos plantas.

No hay árboles en la isla, por lo que el sol pega a sus 4 costados. Es recomendable llevar protección solar y agua. En primavera y otoño, una chaqueta es bienvenida ya que puede correr un viento bastante fresco.

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CASTILLO DE OLITE: ruta de castillos medievales

29 noviembre, 2018 at 10:55

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El Palacio de los Reyes de Navarra de Olite, Palacio Real de Olite o Castillo de Olite es la prueba del esplendor cortesano que durante la Edad Media vivió la ciudad de Olite, histórica localidad situada en la Zona Media de Navarra, a 42 kilómetros al sur de Pamplona. Es el monumento más visitado de Navarra.

Declarado Monumento Nacional en el año 1925, ocupa un tercio del casco urbano medieval de todo el pueblo de Olite y está considerado como uno de los conjuntos civiles góticos más interesantes de Europa.

El Palacio Real de Olite, corte de los Reyes navarros hasta la conquista de Navarra y su incorporación a la Corona de Castilla (1512), fue uno de los castillos medievales más lujosos de Europa. Así, un viajero alemán del siglo XV escribió en su diario, que hoy se conserva en el British Museum de Londres: «Seguro estoy que no hay rey que tenga palacio ni castillo más hermoso y de tantas habitaciones doradas».

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Contemplando su majestuoso perfil y la elegancia de sus caprichosas torres, no resulta difícil trasladarse al medievo e imaginar cómo era la vida cortesana en un palacio que contaba con ricas decoraciones, exóticos jardines e incluso un zoológico. En él se celebraban justas y torneos, juegos de pelota e incluso corridas de toros. Olite rememora aquel pasado, en el que llegó a ser la sede de la Corte en tiempos de Carlos III el Noble, durante sus Fiestas Medievales.

Puedes realizar la visita al Palacio Real a través de una visita guiada o visitarlo por libre, con la ayuda del folleto que te entregan al comprar la entrada, y siguiendo la numeración que irás encontrando en las paredes del palacio.

Los horarios de apertura van variando a lo largo del año y las tarifas van desde los 2€ hasta los 4,90€, dependiendo de la edad del visitante y de si se realiza la visita por libre o guiada. Tienes toda la información sobre horarios y entradas en este enlace.

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Origen e historia del castillo de Olite

Aunque el origen de Olite se remonta a la época imperial romana (siglo I d.C.), con la función de proteger la calzada que comunicaba Cesaraugusta (Zaragoza) con Pompaelo (Pamplona), su fundación se atribuye al rey godo Suintila hacia el año 621.

El rey navarro García Ramírez dio a la ciudad su primer fuero y Teobaldo II le concedió el derecho a celebrar ferias anuales en 1276.

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Pero su época de esplendor le llegó a Olite en la Baja Edad Media, época en la que se convirtió en una de las sedes favoritas de los reyes de Navarra. En el siglo XV el rey Carlos III “el Noble” y su esposa Leonor de Trastámara decidieron construir su suntuoso Palacio Real de Navarra en Olite.

El castillo de Olite es una construcción de carácter cortesano y militar construido durante los siglos XIII y XIV (1387-1425). Es la obra cumbre del rey Carlos III “el Noble” y el emblema más representativo del viejo Reino de Navarra. Fue levantado para que fuera admirado y demostrar su poderío económico, ya que fue todo un derroche para la época.

Emplazado sobre restos de una antigua fortaleza romana, durante los siglos XIII-XIV sufrió diversas transformaciones. Esta parte es la que se conoce como Palacio Viejo y la que actualmente acoge el Parador Nacional de Turismo «Príncipe de Viana». De ese antiguo edificio se conservan los muros exteriores y las torres. En su fachada destacan los ventanales góticos, la puerta principal renacentista y la torre de la Atalaya.

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Pero su gran desarrollo fue impulsado desde principios del siglo XV por el rey Carlos III el Noble, que para tal fin atrajo a su corte a numerosos maestros peninsulares y europeos. El Palacio nuevo se edificó en estilo gótico civil francés. Y es que el Rey, nacido en Nantes, procedía de una importante dinastía de la nobleza francesa, cuya influencia le hizo desarrollar su imaginación y buen gusto en el Palacio de Olite, que convirtió en su palacio predilecto.

El palacio quedó parcialmente destruido en un pavoroso incendio provocado en 1813 por el general Espoz y Mina para evitar que los franceses, en su retirada, se hiciesen fuertes en el castillo. Su aspecto actual es fruto de una cuidadosa restauración acometida en 1937 que ha intentado devolverle el aspecto primitivo. Se caracteriza por grandes muros de piedra que describen un perímetro de entrantes y salientes, y torretas circulares con cubiertas de pizarra que se levantan en las esquinas.

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Arquitectura del castillo de Olite

Uno de los principales encantos del castillo de Olite es el aparente desorden de su diseño. Esto se debe a que su construcción nunca se afrontó como un proyecto de conjunto, debiéndose el resultado final a las continuas obras de ampliación y reformas que se sucedieron durante siglos.

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Un amplio patio da acceso al interior del recinto que puedes visitar acompañado de un guía. Junto a este patio, antiguo jardín de los toronjales, se hallan otros dos llamados de la «Pajarera» y de la «Morera». En este último existe una morera de varios siglos declarada Monumento Natural.

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Detrás encontrarás el núcleo central del Palacio Nuevo, en cuyo piso noble se conservan las cámaras del Rey, con amplios ventanales abocinados, y de la Reina. Desde la primera cámara se accede a la Galería del Rey, mientras que la cámara de la Reina comunica con un pequeño patio llamado del «Naranjo» o «jardín de la Reina».

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Sobre el núcleo central que alberga las cámaras se alza la silueta de las distintas torres almenadas. La más alta y espectacular es la torre del «Homenaje», mientras que la más caprichosa es la de las «Tres Coronas». Desde la torre de los «Cuatro Vientos» los reyes seguían los torneos. Ahora no podrás ver torneos, pero sí disfrutarás de una bella panorámica.

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Subiendo a la Torre del Homenaje tienes la oportunidad de ver las mejores vistas a 40 metros de altura, tras 133 peldaños de ascenso. Se divisa toda la región del sur de Navarra e incluso parte de La Rioja Baja.

En la zona más sombría del palacio encontrarás el pozo del hielo, cuya tapadera recuerda a una enorme cáscara de huevo. En él se guardaban capas de nieve para conservar los alimentos, de ahí que se conozca como «la nevera».

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Este castillo estuvo rodeado de un gran lujo. Contaba con exóticos jardines, algunos suspendidos a casi 20 metros de altura y un pequeño parque zoológico con leonera que se hallaba en los desaparecidos Jardines o Huertos del Rey, al este del actual Palacio. Además sus paredes estaban ricamente decoradas con azulejos, yeserías y techos de madera tallada. Tras el incendio, sólo permanece la decoración de la conocida como Cámara de los Yesos.

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Destaca el complejo hidráulico que dotaba de agua a los jardines. El agua venía por conducciones desde el Cidacos y era remontada a la torre del Aljibe por medio de un mecanismo con cangilones para ser distribuida por tuberías de plomo a las fuentes y jardines.

Fue escenario de juegos como la pelota y la raqueta y, en ocasiones especiales, se celebraban justas y torneos, como los organizados durante la boda de la princesa borgoñona Agnes de Clèves y el Príncipe de Viana, hijo de Carlos III, y cuyo título lo ostenta hoy la Princesa de Asturias. Otra diversión muy arraigada fueron las corridas de toros.

Otras cosas del castillo de Olite para tener en cuenta

En la plaza que sirve de antesala al castillo, a través de unas escaleras de caracol, accederemos a las galerías medievales en las que existe una exposición sobre la vida de la corte de Carlos III el Noble.

La visita al palacio puede completarse con la iglesia gótica de Santa María y la románica de San Pedro, dotada de claustro y airosa torre gótica rematada por aguja, que rivaliza con las que animan el perfil del Palacio. Asimismo podrás conocer el recinto amurallado romano más completo y mejor conservado de Navarra, si recorres sus murallas defensivas. Callejea sin prisa, recorre sus rúas y como colofón, disfruta en la mesa de las especialidades de la zona regadas por los afamados vinos de Olite, que ostentan la Denominación de Origen Navarra. No olvides visitar el Museo del Vino de Navarra, que tiene su sede en esta localidad.

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Y si deseas retroceder a la Edad Media en Olite, nada mejor que acercarte durante las Fiestas Medievales, que se celebran en el mes de agosto a lo largo de tres días. En la trasera del palacio tiene lugar también en el verano parte del programa del Festival de Teatro Clásico de Olite.

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PUENTEDEY: pueblos medievales de España

29 octubre, 2018 at 19:48

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Puentedey es una localidad, pedanía del municipio de Merindad de Valdeporres, situada en la provincia de Burgos, en la comarca de Las Merindades. Un entorno con un paraje muy peculiar, formado por hermosos valles y praderas.

La localidad de Puentedey se encuentra rodeada por el río Nela, uno de los afluentes del rio Ebro. Una de las características principales del municipio, es el gran puente natural de piedra de más de 15 metros de altura, que ha sido formado por dicho río. Este río ha ido horadando la roca a los largo de los siglos hasta conseguir construir este impresionante puente natural.

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Este gran arco que forma el puente, era considerado por los primeros moradores del lugar como algo creado por la mano de Dios, por lo que le dieron el nombre de “Puente de Dios”, de aquí su nombre actual.

Al mismo tiempo, la población se encuentra rodeada por una gran muralla, construida durante la Edad Media con fines defensivos. De hecho, dicha muralla pertenece a uno de los monumentos más importantes de la localidad, la Casa Palacio de los Porras (siglo XV).

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La Casa Palacio de los Porras fue construida en la Edad Media como residencia de la familia Porras, y su personaje más insigne fue San Martín de Porres, conocido popularmente como Fray Escoba. El Palacio está declarado Bien de Interés Cultural, y es de estilo renacentista, formado por dos torres unidas entre sí y con un par de escudos en la fachada.

No hay duda de que el puente natural es el más sorprendente de todos los monumentos que podemos ver en la localidad. Sin embargo, a pesar de su pequeño tamaño, el municipio dispone también de un conjunto arquitectónico formado por la iglesia parroquial, consagrada a San Pelayo, y de la cual, aunque no se sabe a ciencia cierta la fecha de construcción, ya existía en el siglo XI. Llama la atención el tosco relieve que adorna el tímpano de su portada (es del periodo románico). En consonancia con el carácter telúrico del lugar, muestra una enigmática representación de un personaje luchando con una gran serpiente. Algunos expertos han querido establecer una relación simbólica entre esta escena y el puente natural (el hombre dominando a la naturaleza).

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Foto de Jesús Cano Sánchez

La principal fiesta del municipio se lleva a cabo durante la última semana del mes de agosto, la Fiesta de la Cucaña. Asimismo, cabe destacar las fiestas patronales de la población, que tiene lugar el día 26 de junio en honor a San Pelayo.

La gastronomía de la localidad, al igual que la de la comarca, destaca por productos como sus verduras, la carne de potro y cordero, los panes caseros o los bollos preñaos. Muy populares son también el lechazo, la morcilla y el queso de Burgos.

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Rutas de senderismo

Desde el pueblo podemos realizar un gran número de interesantes rutas, como la que lleva hasta los Canales de Dulla, un conjunto de impresionantes y profundos cañones que se sitúan dentro del espacio natural protegido conocido como Ojo Guareña. El lugar está ubicado entre las montañas de Dulla y la de la Muela, y además de la cueva rupestre, encontramos bellas cascadas en un paraje verdaderamente único.

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