EL CHOTIS MADRILEÑO: cultura y tradiciones

4 septiembre, 2020 at 13:20

El Chotis madrileño es una música y baile muy particular, que se realiza al son de un organillo y en pareja, cara a cara. El chotis alcanzó gran popularidad y ha llegado a ser el baile más castizo del pueblo de Madrid, convirtiéndose en un símbolo Madrileño.

Durante el baile del Chotis madrileño la mujer gira alrededor del hombre, que gira sobre su propio eje. Se dice que el hombre no necesita más espacio que el de una baldosa para bailarlo.

Generalmente se baila en las verbenas como las de fiestas de San Isidro, fiestas típicas de Madrid.

Las mujeres suelen bailarlo ataviadas con un mantón de Manila y los hombres suelen lucir una parpusa (un tipo de boina) en su cabeza. Sin duda alguna el chotis más popular es el llamado “Madrid, Madrid, Madrid” del genial compositor mexicano Agustín Lara.

Origen e Historia del Chotis madrileño

El chotis o schotis es una música y baile con origen en Bohemia. Su nombre deriva del término alemán Schottisch (escocés), que era una danza social centroeuropea basada en un baile escocés del que se desconoce su nombre.

Esta danza, era un baile popular de campesinos escoceses, que pasó a Francia llamándose allí “exossaise”, y de Francia pasó a Alemania con el nombre de schottisch, también conocida cono Polka alemana.

El chotis se puso de moda en toda Europa durante el siglo XIX.

El chotis llegó a Madrid en 1850 y se bailó por primera vez la noche del 3 de noviembre, en una fiesta organizada por la reina Isabel II en el Palacio Real de Madrid. En dicho evento, los músicos tocaron una polca alemana, que por aquel entonces estaba de moda en gran parte de Centroeuropa.

Según el periodista José Ayala, el chotis, y su organillo acompañante, fue introducido en Madrid por un inmigrante siciliano apellidado Apruzesse, que durante una estancia en Viena aprendió el secreto de las pianolas y fue el primero en traerlas a Madrid, instalando su taller en la Calle de San Francisco. Allí en Madrid se las llamó “organillos”, y la música de ritmos austríacos que traían llamada Schotis encandilo a los chulapos madrileños. En una calle de Madrid, en la Cava Baja, aún hay un bar que recuerda esta historia y cuyo nombre es “Schotis”.

La relación del chotis con el organillo es muy estrecha, ya que desde su comienzo, la interpretación del chotis con organillos ha formado parte de la tradición madrileña en las verbenas populares. El organillo se pudía transportar cómodamente por las calles y plazas de la ciudad: así se podían improvisar los bailes donde fuera necesario.

El baile del Chotis madrileño

La forma de bailar un Chotis no es complicada. Las parejas que lo ejecutan, ataviadas con los trajes típicos de chulapos madrileños, lo bailan así: el hombre sujeta con una mano a la mujer y con la otra mano, metida en el bolsillo del chaleco y con los dos pies juntos, gira en redondo sobre las punteras de sus zapatos, mientras la mujer baila a su alrededor. Cuando la música lo indica, la pareja da tres pasos hacías atrás y tres hacia adelante y se reinician los giros. En un Chotis bien bailado, el hombre gira solamente en el espacio de superficie de un ladrillo o baldosa y mirando siempre al frente.

Se puede aprender a bailar el Chotis en las Vistillas, junto al Palacio Real y en la Pradera de San Isidro, durante las fiestas del santo patrón de Madrid.


MONASTERIO DE SAN JUAN: monasterios y conventos con encanto

29 mayo, 2020 at 10:37

El Monasterio de San Juan es un magnífico conjunto monástico-asistencial del siglo XVI estrechamente vinculado a la ciudad de Burgos, que se encuentra en la localidad de San Juan de Ortega (Burgos), dentro del paso del Camino de Santiago Francés.

Los acontecimientos históricos han hecho que hoy sólo se conserve el claustro, la sala capitular y las ruinas de la iglesia.

Queda muy poco de la magnífica iglesia del siglo XV, salvo sus muros exteriores. La iglesia monástica tenía tres naves, crucero y una capilla mayor de gran profundidad que permitía alojar en ella una gran sillería coral. La cubierta debió estar formada por bóvedas góticas con nervios rectos, formando una rica tracería de forma estrellada. Su autoría se atribuye a Juan de Colonia, el más importante artista del momento en Burgos.

La única zona del monasterio que se conserva, en su mayor parte, es el claustro, cuya construcción ha de fecharse a finales del siglo XVI. La obra fue ejecutada por Domingo de Azas. Muy interesante es el claustro inferior, en el que se conservan todas las bóvedas estrelladas y unos amplios ventanales. Hay que destacar la decoración de las claves de las bóvedas con bustos que representan a santos, papas, reyes, etc., relacionados con el monasterio.

La sala capitular o capilla de Montserrat es un recinto de planta cuadrada que se cubre con nueve bóvedas de nervios góticos formando estrellas de nervios rectos que descargan sobre cuatro columnas. Desempeñó la función de sala capitular hasta que se convirtió en capilla funeraria.

En el interior de la sala capitular hay un museo dedicado al prestigioso artista burgalés Marcelino Santa María (1866-1952) que tanto destacó en la representación de los paisajes castellanos.

Lejos de relegarlo al olvido, el Ayuntamiento ha encontrado en este edificio el enclave  idóneo para realizar una intensa y continuada actividad cultural: exposiciones, conferencias, congresos, actividades musicales y recepciones se suceden a lo largo del año.

Origen e Historia del Monasterio de San Juan

Los orígenes del Monasterio de San Juan se remontan al siglo XI, cuando el monje Lesmes, nacido en Loudun, cerca de Poitiers (Francia), se instaló aquí con el beneplácito de los reyes castellanos Alfonso VI y doña Constanza de Borgoña, al frente de una comunidad de doce monjes compañeros suyos llegados de Casa-Dei. Aquí se asentó con la idea de poner en marcha un pequeño complejo asistencial para albergar a los peregrinos del Camino de Santiago. Murió en 1097, siendo aclamado y honrado como santo. En 1511 fue proclamado patrono de la ciudad.

El Monasterio de San Juan se mantuvo bajo la disciplina benedictina Casa-Dei, que le nutrió de la mayor parte de los monjes hasta 1436. Ese año se integró en la Congregación de San Benito de Valladolid, comenzando una nueva etapa espiritual y cultural que no concluyó hasta la desamortización de Mendizabal en 1836, iniciándose un periodo de abandono que acabó con la ruina de buena parte del edificio.

Nada queda del antiguo edificio románico de la época del santo fundador. La primitiva fábrica monacal vivió un momento de enorme transformación a mediados del siglo XV, a raíz del incendio que se produjo en 1436, que destruyó totalmente la iglesia.


HACIENDA GUZMÁN: almazaras que merece la pena visitar

17 enero, 2020 at 13:54

La Hacienda Guzmán, cuyo primer propietario fue el hijo del mismísimo Cristóbal Colón, es un claro exponente de la hacienda barroca sevillana, dedicada al aceite de oliva. Se encuentra en La Rinconada, una población a solo 15 minutos de Sevilla.

Hacienda Guzmán proviene de una familia que ha dedicado su vida durante cuatro generaciones al aceite de oliva desde el siglo XVI.

La hacienda, con un magnífico edificio y 400 hectáreas de olivar, alberga el único museo de olivos vivos del mundo (con más de 150 variedades), una plantación 100% ecológica, un centro de investigación y una almazara. La almazara cuenta con diversos tipos de aceite que han obtenido distintos galardones internacionalmente.

Hacienda Guzmán actualmente realiza una doble labor. Por un lado, se dedica a la producción de aceite de oliva virgen extra y, por otro, lleva a cabo una importante tarea de divulgación y formación a través de la fundación Juan Ramón Guillén. Dicha entidad ha nacido para promocionar y fomentar el medio rural y defender el patrimonio de la cultura del olivar andaluz. De hecho, uno de sus objetivos es conseguir la inclusión como Patrimonio de la Humanidad UNESCO al Paisaje de la Olivar Andaluz.

No dudes en visitar su web para conocer sus tarifas y horarios de visita.

Origen e Historia de la Hacienda Guzmán

Ya en el siglo XVI, Hernando Colón (hijo del descubridor de América) producía aquí aceite que enviaba a las colonias españolas del Nuevo Mundo (a Cuba y La Española, ahora República Dominicana) con el beneplácito de Felipe II. El monarca pretendía crear cierta dependencia de la madre patria por lo que en América solo permitía el cultivo de olivos que produjesen aceitunas de mesa.

Aunque Hernando Colón fue su dueño más célebre, la familia que da nombre a la hacienda fue la que la conociera en sus años de mayor esplendor, entre los siglos XVIII y XIX, cuando llegó a ser uno de los mayores productores de aceite de oliva de todo el mundo.

A pesar de que hoy hablemos de oleoturismo, y de visitar una almazara en Sevilla como algo muy novedoso, ya el escritor romántico inglés del siglo XIX, Richard Ford, había mencionado en sus pasajes una excursión olivarera a la capital hispalense, visita de la que incluso hizo una ilustración de la hacienda, que se ha usado en algunos de sus embotellados.

En su día, la Hacienda Guzmán contaba con tres molinos de aceite, uno en cada una de sus torres. Aún se conserva desde hace 400 años uno de ellos, mantenido en perfecto estado, y que incluso se pone en funcionamiento una vez al año para garantizar su buena preservación. Destaca la viga de madera de caoba de 15 metros.

Es increíble contemplar un sistema tan rudimentario como eficaz, tan contrastado con las modernas técnicas empleadas hoy día.

Fuera de las torres observamos un patio de buganvillas en pendiente. Antaño se empleaba para amontonar la aceituna y que su propio peso comenzase la prensa. Era una primera extracción de muy mala calidad, a veces incluso podrido, que se usaba como aceite lampante (para las lámparas) para alumbrarse durante las labores en el molino.

Los aceites de la Hacienda Guzmán

La familia de aceites de Hacienda Guzmán, en solo 4 cosechas, ha logrado elevar a la categoría de lujo sus productos, los cuales reflejan las especiales condiciones del olivar, el clima y el terroir. Eso se percibe también en la producción limitada y en su cuidada presentación, envases opacos de 500 ml que permiten conservar perfectamente el aroma y el sabor.

En la actualidad producen cuatro variedades: arbequina, coupage, hojiblanca y manzanilla sevillana. Te puedes encontrar desde la suavidad y el frutado de la arbequina, los matices vegetales de tomate, hoja, hierba y alcachofa del hojiblanco, o la alta intensidad y amargor de la manzanilla, o si lo prefieres el Coupage, que combina la esencia de cada uno de nuestros productos en uno solo, obteniendo la mezcla perfecta del mejor Aceite de Oliva Virgen Extra.

El aceite más famoso de la hacienda es el de aceituna manzanilla. Su uso para elaborar aceite es algo muy original, ya que normalmente se comercializa solo como aceituna de mesa, ya que se puede extraer muy poco zumo de ellas. Sin embargo, han comprobado que, si el buen perfume viene en frasco pequeño, el AOVE no iba a ser menos, y han conseguido un aceite de manzanilla muy picante y con muchísima personalidad.

La recolección en la Hacienda Guzmán se hace “en verde”, es decir, cuando la aceituna aún no está lo suficientemente madura. Esto es así porque, a pesar de que a extracción es mucho menor, el oro líquido conseguido es de la mejor calidad.

Para conseguir un fruto superior se hace una triple selección: en parcelas, en el árbol, y en la cinta de la almazara.

En Hacienda Guzmán toda la recolección es 100% manual, durante tres meses. No se varea ni se usa ningún tipo de vibración, para maltratar la aceituna lo menos posible.

La visita a Hacienda Guzmán

La mejor forma de acercarse al mundo del aceite y conocer esta joya histórica es dejándose tentar por una Experiencia HG. El paso del tiempo ha dejado reminiscencias fáciles de adivinar al recorrer la propiedad, como sus jardines andalusíes donde una alberca recoge el agua que regará granados, naranjos y limoneros. Igual de interesante es la olivoteca, donde se encuentran  variedades de olivos de todo el mundo; la almazara, donde se puede observar el proceso de extracción de aceite, desde que se introducen las aceitunas para separarlas de las hojas y lavarlas, hasta que sale este elixir por el grifo; el Museo de Carruajes, una colección privada de coches y carruajes originales de los siglos XVII, XVIII y XIX; las caballerizas, con caballos de pura raza española; y la almazara del siglo XVIII, donde con una viga de 15 metros se recrea el proceso.

Una de las visitas más sorprendentes es su museo de los olivos, con más de 150 variedades a cada cuál más sorprendente que la anterior. Algunos, con aceitunas buenas para mesa, otras para aceite, gordales… e incluso una de color blanco. Olivos de 13 países distintos. Por haber hay un olivo nabalí, que es del mismo tipo que los que hubiese en el Monte de los Olivos. ¿Sabías que en la Biblia hay unas 400 referencias a los olivos? Pues hablan de este olivo nabalí.

Por otro lado, también tendrás oportunidad de degustar una cata de aceite entre olivos con el típico vaso azul (para no dejarte influir por el color) con tapadera de cristal de reloj, para que no se escapen los aromas.


EL RASTRO DE VALENCIA: mercadillos de España con historia

10 enero, 2020 at 14:09

El rastro de Valencia es como el baúl de los recuerdos. Todo un paraíso para buscadores de gangas vintage que se monta cada domingo (y algunos festivos), antes ubicado en el barrio de Mestalla y ahora recientemente trasladado al de Beteró, zona de Tarongers.

Aquí puedes encontrar cosas de lo más variopintas que un día se perdieron entre cajas y armarios y que sus dueños han recuperado para explotar toda su esencia vintage. Es un plan habitual de domingo en Valencia a partir de las 9h.

Origen e Historia del rastro de Valencia

La historia de El Rastro de Valéncia es “casi” tan antigua como la propia ciudad, al menos según las crónicas locales. Se tiene conocimiento de él por primera vez cuando se montaba en las inmediaciones del Mercado Central, que por aquel entonces era el centro comercial de la ciudad. Alrededor de la Iglesia de los Santos Juanes montaban sus puestos desde chatarreros, hasta libreros, traperos, vendedores de antigüedades y muebles viejos… algo que poco difiere de su naturaleza actual. La economía de la ciudad no era como la actual y la venta de segunda mano (o más) era muy habitual como forma de subsistencia.

Sin embargo la Guerra Civil cambió la historia del Rastro. Los puestos fueron desapareciendo y ya en el año 60, cuando la postguerra había terminado, el Rastro empezó una nueva etapa en el centro de Valencia trasladándose al mercado de la Congregación, situado en la plaza de Nápoles y Sicilia. Ya no queda nada de este mercado que por aquel entonces contaba apenas con unas pocas casetas y con poquísimas ventas.

Fue por aquel entonces cuando se aprobó en un pleno del Ayuntamiento el 26 de febrero de 1960, la autorización necesaria para realizar la venta ambulante, durante los domingos y festivos algo que sin duda ayudó a El Rastro. En un principio contó con una decena de puestos donde vender objetos de segunda mano y quincalla.

No sería hasta mediados de la década de los 80, cuando El Rastro vive su época dorada extendiéndose incluso hasta la Plaza del Arzobispado. Cada vez acude más y más gente, pero a la vez, se produce un gran desorden en pleno centro de la ciudad por lo que se realiza un proceso de mayor regulación limitando su ubicación en la Plaza de Nápoles y Sicilia, la plaza de Mosén Millá y calle del Barón de Petrés.

A principios de los años 90, El Rastro volvió a cambiar de ubicación por enésima vez. En esta ocasión al parking del Antiguo Hospital, colindante con las calle de Guillen de Castro y Quevedo. Sin embargo poco duró la experiencia en este sitio ya que se iniciaron las obras del actual MUVIM por lo que El Rastro fue reubicado a la plaza Luís Casanova, cerca del estado del Mestalla. Un espacio más accesible y amplio para puestos y visitantes donde acuden cada domingo más de 500 vendedores.

Nueva ubicación del rastro de Valencia

La intervención no sólo permitirá trasladar los puestos del rastro sino que se convertirá en nueva zona verde para el barrio de Beteró. Así, habrá espacio para las 517 paradas de los vendedores, que estarán delimitadas en el suelo con pinturas, como en el resto de mercadillos; y también una zona de socialización de perros, bancos, máquinas cardiosaludables y parques infantiles.

Una de las principales características será que el espacio estará vallado y se cerrará por la noche.

El nuevo mercado del rastro, ubicado en Beteró, zona de Tarongers,  cuenta con 517 puestos de venta, prácticamente todos con un árbol cercano gracias al diseño del espacio y la disposición del arbolado que se ha realizado. Cada puesto de venta estará delimitado en el suelo con pinturas.

Asimismo, la nueva zona ajardinada está vallada y cerrará en horario nocturno, por lo que se realizará control sobre los accesos tanto de las personas (ciudadanía y comerciantes) como de los vehículos autorizados y empleados públicos (policía local, inspectores…). En ella los vecinos y las vecinas pueden disfrutar de un nuevo parque con abundante arbolado, juegos infantiles, un área de socialización animal, y aparatos de mantenimiento fitness y salud, tanto para niños y niñas, como para personas mayores.


Cuevas con encanto: CUEVA DE VALPORQUERO

16 octubre, 2018 at 17:23

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La cueva de Valporquero, llamada la catedral subterránea de León, está situada al norte de la provincia de León, junto al pueblo de Valporquero de Torío, municipio de Vegacervera y a 1.309m. de altitud bajo el suelo.

Abierta al público por la Diputación de León desde 1966, la Cueva de Valporquero, ofrece hoy un completo día de ocio, tanto en su visita interior como en su maravilloso entorno natural dotado de aparcamiento, merenderos públicos, fuente, parque infantil, cafetería-restaurante y otros servicios destinados a la satisfacción del visitante.

La zona de Vegacervera es una reserva de la biosfera, la denominada de Los Argüelllos. Forman parte de ella los municipios de Vegacervera, Coladilla, Valporquero de Torío, Valle de Vegacervera y Villar del Puerto. La Unesco reconoce así a este territorio por preservar y respetar las características de su ecosistema; un apuesta por el desarrollo sostenible. En la provincia de León hay siete zonas con esta denominación.

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Algunas visitas de interés en el entorno serían: la Ermita de San Froilán o la de Boinas, el Santuario Mariano de Manzaneda de Torío, el Caserón Noble de Cármenes o las calzadas y puentes romanos de los ríos Torío y Curueño…

Historia de la cueva

Poco se sabe del descubrimiento de la cueva de Valporquero. Se conoce su existencia desde hace unos 350 años, pero no hay documento que explique cómo sucedió el hallazgo.

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La cueva se encuentra abierta al público desde 1966 se encuentra gestionada por la Diputación de León.

Lo que sí se sabe es que se formó hace entre 1,6 y 2 millones de años. Las aguas del arroyo de Valporquero fueron las causantes. El terreno cárstico fue “agujereado” por el agua durante miles de años hasta formar la catedral subterránea que podemos ver hoy.

Debido a esa porosidad del terreno, hay dos niveles en la cueva. Después de siglos de erosión, el curso de agua acabó por bajar a un nivel inferior a través de una cascada abierta en la roca. Hoy en día siguen existiendo esos dos niveles, que dan lugar a dos visitas completamente diferentes en la cueva.

La visita

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Caminos, puentes, escaleras y multitud de focos nos acompañan durante 1km de recorrido, permitiéndonos admirar la gran obra de arte que la naturaleza ha ido modelando durante más de un millón de años. Estalactitas, estalagmitas, coladas y columnas de diferentes brillos y colores se suceden a lo largo de siete salas visitables.

La Cueva de Valporquero posee dos niveles principales de galerías, un nivel superior habilitado perfectamente para la “Visita Turística” durante 1Km. de recorrido hasta la sala de Maravillas, y un nivel inferior o “Curso de Aguas”, de visita espeleológica y de aventura, que durante unos 2Km. atraviesa la montaña hasta las espectaculares Hoces de Vegacervera.

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Una enorme boca de cueva inicia el recorrido hacia una completa visita al mundo subterráneo. La belleza de “Pequeñas Maravillas”, las descomunales dimensiones de la “Gran Rotonda” (100.000m3), la interminable longitud y altura de “Gran Vía” o las oscuras y profundas simas de “Columna Solitaria”, van fijándose en nuestra retina hasta desenfocarse finalmente en la sala “Maravillas”.

Todo ello a través de cómodos caminos, puentes y escaleras, y con una iluminación artística con más de 2.000 puntos de luz.

En épocas de lluvias o deshielo, el río penetra atronador en la cavidad formando cascadas y rápidos que nos acompañan por las primeras salas visitables hasta perderse en un impresionante salto hacia las profundidades de la sala de Hadas. Por este motivo la primavera y el otoño son las mejores épocas de visita.

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La cueva de Valporquero abre todos los días de mayo a septiembre, incluidos, de 10 a 18. El resto del año de 10 a 17, pero cierra lunes, martes y miércoles excepto festivos y puentes.

Los precios son 6 € el recorrido normal, 8,50 € el largo y 18 € el insólito –siempre individuales y de adulto, puedes consultar los precios de grupo y descuentos en su página web.

Después de la visita no te pierdas comer por los alrededores y degustar la maravillosa cocina leonesa, una de las grandes joyas de la región: platos contundentes de montaña, la cecina de León, una cazuelita de judiones de la Bañeza con chorizo, morcilla y tocina, carne de cecina de chivo y bacalao al ajo arriero…

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