MERCADO CENTRAL DE VALENCIA: mercados tradicionales con sabor

20 diciembre, 2019 at 17:33

El Mercado Central de Valencia está considerado como una de las obras maestras del modernismo valenciano. La espectacularidad del Mercado Central es innegable. Se trata de una de las edificaciones más atractivas y visitadas de la ciudad de Valencia.

Es Mercado Central de Valencia, es uno de los mercados en funcionamiento más antiguos de Europa, por lo que ha obtenido el título de “Bien de Interés Cultural”. El edificio se sitúa en el corazón de la Ciutat Vella, en el centro histórico de Valencia, donde se encuentran la mayor parte de las atracciones turísticas; rodeado además por numerosos comercios, cafés, bares y restaurantes.

Es una construcción de estilo modernista valenciano que se empezó a construir en el año 1910, y fue el monarca que lo inaugura, Alfonso XIII, el mismo encargado de poner la primera piedra.

En la actualidad, el Mercado Central de Valencia es el mayor mercado de productos frescos de Europa, con casi 959 comercios, y el primero del mundo en servir pedidos por internet, además de ser una de las construcciones más visitadas diariamente por su gran atractivo cultural y turístico, tanto para visitantes extranjeros como para los propios valencianos.

El horario de compra del mercado es de lunes a sábado de 7:30 a 15:00 horas, pero para conocer más al detalle tanto los horarios y festivos como otra información de consulta te recomendamos visitar su web oficial.

Origen e Historia del Mercado Central de Valencia

En 1261 se tiene noticia de su emplazamiento junto a la muralla, cerca de la puerta de la Boatella y la Iglesia de los Santos Juanes. Al principio, tiene carácter de feria los jueves de cada semana, lo cual explica su emplazamiento fuera de la muralla en relación con otros mercados ubicados en el interior, como el existente en la plaza de la Almoina. Pronto se hizo diario y por fin central, cuando en virtud del ensanche de 1356 quedó dentro de los muros.

La construcción del mercado actual tenía como destino sustituir el que se inauguró en 1839, que no era más que un conjunto de tenderetes al aire libre que debían ser colocados y desmontados diariamente, acusando una falta de higiene y de capacidad. Ya en el siglo XX, se comenzó a derribar el 24 de octubre de 1910 las casas donde hoy se ubicaría el actual Mercado Central, con la particularidad de que el primer golpe de piqueta lo dio Alfonso XIII.

Cabe recordar que el 18 de mayo de 1914 se aprobó el proyecto de los arquitectos que se habían formado en la Escuela de Barcelona y que formaban parte del taller de Lluis Doménech i Montaner: Alexandre Soler y Francesc Guàrdia Vial.

La inauguración del centro fue el 23 de enero de 1928, aunque el Mercado Central no empezó a funcionar de cara al público de manera inmediata. Todavía tardó casi dos meses en ponerse al servicio del vecindario, dado que los clientes no pudieron comprar hasta el 15 de marzo de 1929.

Características del Mercado Central de Valencia

El Mercado Central combina el metal, las cúpulas, el vidrio y las columnas, al recuerdo gótico del modernismo, como si de una catedral del comercio se tratara, combinando muy bien con la vecina Lonja de los Mercaderes. El lenguaje expresivo predominante es el del modernismo, aunque también se advierten elementos historicistas y novecentistas.

Ocupa exactamente una superficie de 8.160 metros, dividida en dos zonas o polígonos; el primero de ellos es irregular, con una superficie de 6.760 metros cuadrados; y el otro, octogonal, destinado a la pescadería, tiene una extensión de 1.400 metros cuadrados. El sótano es de 7.690 metros cuadrados; se dedicó a la subasta del pescado y actualmente se utiliza como aparcamiento.

Llaman poderosamente la atención las tres espadañas con veleta muy famosas que hay en su entorno, dos de ellas en el propio Mercado Central.

Su impresionante arquitectura modernista, cercana a la Lonja de la Seda y a la Iglesia de los santos Juanes, ofrecen vistas únicas que solo pueden verse en la tan querida plaza del Mercado.

Quizás lo más distintivo del monumento aparte la coherencia señalada, sea la gran cúpula central, decorada brillantemente, y el orden “enano” de sus columnas pseudo-jónicas en los accesos, de apenas dos diámetros de cañón, enlazadas por unas marquesinas curvas, metálicas, abovedadas, muy ricas en ornato de fundición.

Una explosión de colores y sabores

Estamos ante un verdadero templo dedicado a la Gastronomía: frutas y verduras de temporada, todo tipo de pescado fresco, puestos de charcutería ibérica y numerosos jamones, quesos, aceitunas, puestos de cava… ¡Incluso hay un puesto dedicado al azafrán -elemento imprescindible para las paellas y fideuà valencianos – y a los escargots!

El azafrán es un condimento, introducido por los árabes durante la ocupación de la Península Ibérica, se produce actualmente en España y está fuertemente arraigada en la cultura de la región de Castilla-La Mancha. La producción española de azafrán se considera de las mejores en términos de calidad. A pesar de que la producción anual ha descendido desde las 100 toneladas del siglo XIX hasta las 1,9 toneladas que se producen hoy en día, los productores españoles continúan a producir este oro rojo, que podrás saborear en cualquier Paella Valenciana.


LAS CASAS COLGADAS DE CUENCA: maravillas de España

8 noviembre, 2019 at 14:28

Las Casas Colgadas, encaramadas a la cornisa de la roca sobre la hoz del Huécar, son un símbolo indiscutible de Cuenca (Castilla La Mancha)  y verdaderas joyas de la arquitectura gótica popular.

En el año 2016 fueron declaradas Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento, título más que merecido.

Las casas colgadas de Cuenca están construidas sobre un acantilado, y dan la sensación de que van a caerse en cualquier momento, aunque no es así. Realizadas en mampostería con sillares en las esquinas y asentadas en ménsulas, se asoman al río desde sus balcones voladizos de madera sobre el acantilado.

Del conjunto de estas casas sólo tres son visitables: la casa de la Sirena, que aloja un mesón donde degustar la tradición, y las Casas del Rey, que permiten observar elementos originales de construcción en su interior, como la viguería de madera y que albergan, para deleite de todos, “el más bello pequeño museo del mundo”: el Museo de Arte Abstracto Español.

Si quieres ver las casas desde bien cerca deberás ir a la ciudad antigua de Cuenca. Es fácilmente reconocible porque se ve cómo está en la parte más elevada del territorio. Para llegar deberás acceder por el Puente de San Pablo, una joya de la arquitectura industrial que se levantó en 1902, mide 60 metros y se apoya sobre los estribos de un puente de piedra del siglo XVI que se derrumbó. Este puente de piedra era el que utilizaban los antepasados de los conquenses para poder acceder a esta parte de la ciudad, algo que sin duda le da un toque mágico a este lugar cada vez que las personas pasan por este lugar. Una vez que pasas este puente llegar a las casas es fácil puesto que tan sólo tienes que recorrer la ciudad hasta llegar a ellas.

Origen e Historia de las Casas colgadas de Cuenca

Su origen exacto no está claro, se tiene constancia de que ya existían estas casas en los siglos XIV y XV, aunque se piensa que en el mismo emplazamiento donde están las casas, el Rey Alfonso VIII allá por el año 1177  instauró por un tiempo la sede de su corte (esto no esté históricamente demostrado).

La teoría más extendida es que fueron construidas por los musulmanes del Al Andalus aunque no existen pruebas que lo reafirmen. Lo que sí es cierto es que desde sus bacones se puede disfrutar de las mejores vistas de la Hoz del Huécar, donde se ubica el famoso Parador de Cuenca, situado dentro del convento de San Pablo. El edificio fue construido en la primera mitad del siglo XVI, como residencia monacal de la Orden de Predicadores.

A día de hoy solo han quedado 3 Casas Colgadas, pero se cree que había casas “suspendidas” por toda la Hoz del Huécar, incluso recientemente se han hecho estudios donde se afirma que pudo haber este tipo de edificaciones en otras partes de la ciudad.

El aspecto que lucen a día de hoy las casas, son fruto de una reconstrucción hecha en el siglo XX, hay fotos que demuestran el estado que presentaban las edificaciones antes de la restauración.

La ciudad de Cuenca

La ciudad de Cuenca cuenta desde 1996 con el título de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Además de “Las Casas Colgadas” tienes muchos lugares a donde ir para poder descubrir todo lo que esta ciudad tiene para ofrecerte. A continuación tan sólo te daré algunos ejemplos, pero puedes acceder a la web de turismo de la ciudad e informarte de hoteles, lugares para comer y sobre todo, sitios que no puedes olvidar visitar.

  • La catedral. La catedral es un lugar estupendo para visitar donde podrás disfrutar de grandes aportaciones arquitectónicas. Comenzó a construirse sobre la antigua mezquita a finales del siglo XII, en estilo gótico normando.
  • El castillo. Aunque no queda mucho de la muralla árabe y de la fortaleza cristina merece la pena visitarlo para poder apreciar su belleza y toda su historia.
  • Cerro del Socorro. Si quieres disfrutar de unas vistas increíbles no podrás perderte la visita a este mirador en la ciudad, situado en lo más alto. Se llega a través de la carretera de la Palomera.
  • El Convento de las Petras, del siglo XVI.

Sendero de las Hoces

No te puedes perder el sendero de las Hoces de Cuenca (SL-CU 10), un itinerario periurbano señalizado con letreros y marcas de pintura blanca y verde que parte del Auditorio y describe un círculo de cuatro kilómetros alrededor del casco histórico, subiendo primero por el cañón del río Huécar y bajando después por el del Júcar.

El túnel de la calle Alfonso VIII

El subsuelo de Cuenca está lleno de túneles que han dado lugar a los cuentos más disparatados, como que fueron construidos por los templarios para ocultar el Santo Grial o por la Inquisición para torturar a herejes. Lo cierto es que tuvieron usos mucho más prácticos y cotidianos. El que se esconde bajo la calle Alfonso VIII, de 90 metros de longitud y 250 metros cuadrados de superficie, fue vivienda hasta el siglo XIX, refugio durante la Guerra Civil y luego cueva para cultivar champiñones y almacén municipal. Hay vistas guiadas y teatralizadas.


PLAZA DE TOROS DE CAMPOFRÍO: las plazas de toros con más encanto

25 octubre, 2019 at 12:24

La Plaza de Toros Campofrío (Huelva) es una de las plazas de toros más antigua de las que se conservan en España.

Respecto con cuál es la plaza más antigua de España en pie y en uso hay varias dudas, pero hay un libro, editado por la Diputación de Huelva y llamado “Campofrío, la plaza de toros más antigua de España”, que recoge y explica los documentos quirográficos que demuestran que la localidad onubense de Campofrío alberga la plaza de toros más antigua de España ante otros emplazamientos tan conocidos como la de Sevilla, Zaragoza o Ronda.

Origen e Historia de la Plaza de Toros de Campofrío

La historia de la plaza de toros es la historia de la cofradía de Santiago Apóstol. Fue esta institución la que decidió abordar la construcción de un coso taurino donde practicar la lidia de toros, tan enraizada entonces en la localidad.

Casi un siglo después de la conformación de la cofradía de Santiago Apóstol, en 1716 los cofrades y los vecinos de la localidad (por aquel tiempo dependiente de Aracena) iniciaron el proceso para la construcción de un coso taurino de mampostería. Debió haber en la localidad un fuerte arraigo a los juegos con el toro, pues en 1716 se solicita permiso a la villa de Aracena para la construcción de un coso taurino circular, de mampostería y a las afueras de la aldea, en el terreno conocido como Navalmentiño.

Éste fuerte arraigo a la tauromaquia en la Cuenca Minera y la Sierra onubense queda de manifiesto con la edificación de diversas plazas de toros que se produjeron en la zona desde finales del siglo XVI, como sucedió con la Plaza de Toros de la Ermita de San Mamés en Rosal de la Frontera (1599), la primera en España, seguida de la Plaza de Toros de la Ermita de Santa Eulalia en Almonaster la Real (1608), precedentes de la de Campofrío, donde hay constancia de la celebración de corridas de toros incluso antes de la edificación de este coso.

Un coso taurino construido en el año 1716, aunque inaugurada dos años después, en 1718, por lo que en el año 2008 ha conmemorado tres siglos de historia. Y lo ha hecho, además, con su inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Monumento, al considerarse que es un “hito monumental y cultural de la tauromaquia”.

Arquitectura y Características de la Plaza de Toros de Campofrío

En cuanto a sus características urbanísticas, la plaza se configura como un hito y un elemento de la arquitectura simbólica de Campofrío, siendo muy llamativo el hecho de que se construyera a las afueras del municipio, lo que permitió un enorme desarrollo de la localidad a su alrededor, al ser un punto de referencia. Una prueba de ello es que, en la actualidad, está inserto en uno de los extremos del casco urbano. No en vano, aparece hasta en el escudo municipal, donde se incluyen dos estoques en aspa.

A nivel arquitectónico, la plaza tiene un diámetro total de 60 metros, de los que 52 corresponden al ruedo. Con un aforo de 1.500 localidades, al exterior expresa su forma redonda con el único añadido del conjunto rectangular de los toriles. Su altura es escasa y no se eleva del terreno más de 2,5 metros, salvo en esta edificación aneja y en la portada. Otra singularidad destacada, que contrasta con la sencillez del conjunto, es la distribución irregular de los burladeros y de los accesos a las gradas.

La organización del recinto es muy elemental, reducida a dos muros concéntricos que se unen en el palco de acceso y con un graderío que arranca del terreno natural. Su portada principal, que se remata de forma triangular sugiriendo un frontón, cuenta en el interior con un pequeño porche que constituye la única zona cubierta junto con los toriles. La plaza está construida con mampostería, enfoscada y encalada en todas sus caras. En rojo están pintados los burladeros de madera y las puertas de acceso. A esa calidad arquitectónica, caracterizada por la máxima sencillez y funcionalidad, se añade el valor paisajístico de su ubicación entre el caserío y la dehesa, así como el valor etnológico de haber sido durante siglos lugar de reunión, fiestas, ceremonias y eventos. Y que es este coso no sólo ha acogido corridas de toros, sino también es el escenario de todo tipo de eventos, de ahí que se considere una seña de identidad de la zona, al haber adquirido un enorme valor cultural.

Pueblo de Campofrío
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CEMENTERIO DE SAN JOSÉ: ruta de cementerios españoles con encanto

30 agosto, 2019 at 17:37
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El Cementerio de San José es el cementerio municipal de Granada, y se encuentra situado en la dehesa del Generalife, al este de la ciudad. Se construyó fuera de las murallas, a partir del anterior Cementerio de las Barreras. Es el segundo cementerio municipal más antiguo de España.

Forma parte del monumento de la Alhambra y está muy próximo a la entrada a los palacios nazaríes. Guarda vestigios arqueológicos del palacio árabe de Alixares (siglos XIII y XIV), de un pequeño fuerte y de un sistema de canalización construido a comienzos del siglo XIX.

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Ocupa unos 110.000 metros cuadrados distribuidos en 19 patios, entre ellos “el patio de San Cristóbal”. El cementerio acoge en su interior una de las muestras más interesantes de arquitectura y escultura funerarias de los siglos XIX y XX.

A pesar de que su crecimiento fue algo caótico, está incluido entre los Bienes de Interés Cultural de la ciudad por sus destacadas arquitecturas y esculturas funerarias románticas -por lo que ha sido escogido en varias ocasiones para rodajes de películas- y de épocas posteriores. También fue designado por el Consejo de Europa, Itinerario Cultural, dentro de la Ruta Europea de los Cementerios.

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En su interior la verde bóveda que ha trazado la arboleda pone techo a este museo al aire libre, donde verás desfilar fórmulas arquitectónicas y plásticas, propuestas expresivas e ideológicas, bellos rincones, sorprendentes paisajes y un sin fin de ocultas y hermosas sensaciones.

El último día de octubre más de media Granada sube al cementerio de San José a arreglar las tumbas de sus difuntos. Y todos ellos acaban pasando a presentar sus respetos al Señor del Cementerio. Una escultura de Cristo despojado de sus vestiduras que adorna un panteón familiar privado desde hace más de cien años, que ha acabado generando su propia devoción al tiempo que es testimonio del agradecimiento de los vecinos a un médico local.

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Otra curiosidad de este cementerio es la celebración de conciertos de jazz, blues, rock, etc.

Es uno de los cementerios más pintorescos del país. Por eso la empresa “Granada a través”, ofrece una visita guiada que se llama “un recorrido por la memoria” (http://granadaatraves.com/rutas/paseo-guiado-al-cementerio-monumental-e-historico-de-granada/). En estas visitas  se da a conocer el camposanto desde un punto de vista histórico y artístico.

Historia y Origen del cementerio der San José

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El cementerio data del año 1787 aproximadamente, gracias al rey Carlos III, el cual estableció el uso cementerios ventilados fuera de la población, con el objetivo de evitar enfermedades, epidemias, etc. Esto creo cierta tensión con las autoridades eclesiásticas. Granada era famosa en el siglo XIX por las enormes chinches de sus jergones, por el cólera de sus aguas y por los 31 cementerios que tenía abiertos en recovecos de sus calles. Por eso no fue de extrañar que la epidemia de 1885 se llevara por delante a miles de granadinos. Esta ciudad fue de las primeras en tener camposantos municipales (4), pero también de las últimas en sumarse plenamente a la nueva ley de enterrar a los muertos en cementerios alejados de las casas y aireados. En 1894, más de un siglo después de la norma que prohibía enterrar en iglesias y conventos, en Granada continuaba oliendo a putrefacto durante las misas. Por eso la ciudad era criticada en la prensa nacional de vez en cuando.

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CASTILLO DE LOARRE: ruta de castillos medievales

26 julio, 2019 at 13:02
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El castillo de Loarre o castillo abadía de Loarre es un majestuoso recinto fortificado considerado como el castillo románico mejor conservado de Europa. Se encuentra  en las cercanías del pueblo de Loarre, a 1071 metros de altura y a sólo 30 km de Huesca.

Levantado sobre un espolón rocoso está formado por diversas edificaciones, la mayoría en buen estado de conservación, entre las que podemos ver las murallas y torreones, la fortaleza, la torre del homenaje o el mirador de la reina (con espléndidas vistas sobre la sierra y los llanos que se abren a sus pies), además de otras dependencias de origen monástico, como la iglesia o la cripta.

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Desde su posición se tiene un control sobre toda la llanura de la Hoya de Huesca y en particular sobre Bolea. Durante el periodo altomedieval el castillo de Loarre, junto con el próximo de Marcuello, ostentaban una importancia estratégica fundamental dentro del sistema defensivo aragonés, frente a la férrea posición musulmana de Bolea.

Construido en el siglo XI resultó ser pieza clave para el rey Sancho III el Mayor en la reconquista cristiana de esta Tierra Llana o Plana (de ahí el nombre de Plana de Uesca) a los musulmanes. Presenta un buen estado de conservación, lo que hace que sea uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar y civil del románico de España.

Fue denominado Monumento Nacional en el año 1906. En la actualidad cuenta con el estatus de bien de interés cultural. Las instituciones regionales y comarcales están interesadas en promover su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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Su belleza, singularidad, buena conservación y excelente ubicación han hecho que resultara elegido en numerosas ocasiones como escenario de películas y documentales, algunas tan universales como “El Reino de los Cielos” dirigida por Ridley Scott.

Origen e Historia del Castillo de Loarre

Durante muchos años se ha defendido que en Loarre existió un núcleo urbano ya desde época romana, denominado Calagurris Fibulariensis. Sin embargo, lo inaccesible del lugar ha hecho dudar de la veracidad de esta afirmación, pues no hay ninguna certeza para relacionar Loarre con esta ciudad. No obstante, parece razonable pensar en un posible asentamiento de época antigua, aunque no se han localizado restos arquitectónicos anteriores al siglo XI.

Durante el periodo musulmán tampoco hay demasiadas noticias sobre Loarre, aunque todo parece indicar que esta zona no se llegó a controlar de forma exhaustiva.

Algunos historiadores sitúan el origen del castillo de Loarre en una fecha tan temprana como es el siglo X, cuando se construiría una torre como símbolo del terreno ganado a los musulmanes. Sin embargo, la conquista definitiva de todas estas tierras tuvo lugar bajo el reinado de Sancho III el Mayor (1004-1035). El 8 de enero de 1033 ya había un teniente aquí, Lope Sánchez, con lo cual debía de existir, o quizás se estaba construyendo, un castillo. Tras la muerte del rey, algunos autores piensan que Loarre fue heredado por su hijo Gonzalo.

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Durante el periodo de 1035 a 1042 parece que estuvo abandonado, pero a partir de este año, pasó al poder de Ramiro I (1035-1063) y adquirió una gran importancia. En esta época se construyó la Torre del Homenaje, y parece que se creó un núcleo de población en su entorno.

En general, las partes del castillo de Loarre de esta etapa que comprende los dos primeros tercios del siglo XI se reconocen (atención a las reformas y restauraciones recientes) por sus formas lombardas, en especial a sus muros realizados con sillarejos.

Durante el reinado de Sancho Ramírez (1069-1094) es cuando el castillo alcanzó el máximo esplendor, y fue en estos años cuando se realizó la ampliación que dio lugar a la configuración actual. En la década de los 70 el rey fundó en el castillo un monasterio con una comunidad de canónigos de la orden de San Agustín puesto bajo la autoridad directa del papa, con lo que al carácter militar de la fortaleza se unió un aspecto religioso.

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De este monasterio se han conservado algunas estancias, adscritas a la estética del románico pleno jaqués, como la espléndida iglesia de San Pedro y la cripta de Santa Quiteria.

A lo largo del siglo XII el castillo se secularizó y se redujo a la categoría de parroquia. El carácter militar también perdió importancia tras las conquistas de Huesca (1096) y Bolea (1101) y poco a poco quedó abandonado. Desde 1263 hasta 1285 estuvo bajo la protección de la Orden de San Juan. En el siglo XVI el núcleo de población se trasladó a su emplazamiento actual, en una zona más baja y accesible, y para ello se construyó una iglesia y nuevas casas, cuyas piedras salieron de los muros del castillo, quedando éste completamente abandonado y semiderruido.

Las murallas del Castillo de Loarre

La interpretación de las diferentes fases constructivas del castillo de Loarre ha dado lugar a grandes debates entre los historiadores de la arquitectura, y muchos de los frentes que se han abierto continúan siendo objeto de estudio, sin que se hayan podido alcanzar unas conclusiones definitivas.

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La fortaleza se encuentra rodeada por una gran muralla que recorre todo su perímetro en los costados norte, este y sur, mientras que en el oeste el castillo se protege por la propia montaña. El muro se refuerza con un torreón cuadrangular y otros nueve semicirculares.

La entrada principal al recinto se encuentra en el flanco este, y está compuesta por un sencillo arco de medio punto, flanqueado por dos torreones semicirculares. El castillo tiene una segunda puerta, más antigua, ubicada en el único torreón cuadrangular de la muralla, compuesto también por un sencillo arco de medio punto que se sitúa en un ángulo recto con respecto al lienzo de la muralla, para proteger el acceso.

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La torre albarrana

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Frente a la segunda puerta de entrada de las murallas hay una pequeña torre a la que tradicionalmente se ha denominado albarrana, y que quizás se comunicase con la muralla por medio de una estructura de madera, aunque en realidad su función defensiva no está nada clara, ya que su construcción es bastante anterior a la de la muralla.

El exterior del Castillo de Loarre

Desde esta zona se puede ver una magnífica perspectiva del ábside de la iglesia. Éste tiene forma semicircular, y se encuentra dividido horizontalmente por medio de dos líneas de imposta con la característica decoración del ajedrezado jaqués, que lo dividen en tres cuerpos de tamaño desigual correspondientes, el inferior a la cripta y los dos superiores a la iglesia.

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El interior del Castillo de Loarre

La cripta tiene una planta semicircular, y se encuentra situada bajo el ábside de la iglesia. Se cubre por medio de una bóveda de horno, que arrancan de una línea de imposta ajedrezada.

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La iglesia de San Pedro, levantada en época de Sancho Ramírez, tiene una sola nave, dividida en dos tramos, y rematada en un ábside semicircular. La iglesia cuenta con una maravillosa bóveda semiesférica realizada en sillería, con cuatro pechinas en los ángulos que facilitan el paso del espacio cuadrangular al circular.

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La oscuridad de la iglesia y su enorme volumen, incluyendo la cúpula del cimborrio, no suele permitir contemplar demasiados detalles, pero es recomendable alzar la vista para contemplar los capiteles de los ventanales, con numerosas representaciones zoomorfas.

Si continuamos nos encontramos con las dependencias militares y la torre del homenaje. Su altura hace que su perfil sobresalga de la estructura del castillo. Esta torre se construyó en época de Ramiro I, y originalmente era una albarrana, exenta, pero cuando en época de Sancho Ramírez se edificó la iglesia, la construcción quedó dentro del recinto monástico, perdiendo en gran parte su función defensiva. La torre tiene planta rectangular.

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Desde la torre del homenaje se puede acceder a la torre de la Reina por medio de una pasarela metálica. Es una elegante construcción, cuyo rasgo más distintivo es la galería de ventanas de la parte superior. Se estructura en tres pisos, visibles desde fuera por las tres filas de ventanas.

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El patio de armas no tiene grandes dimensiones, aunque seguramente fuese suficiente para acoger la guarnición que habitó en el castillo construido por Sancho III. Seguramente en época de Sancho Ramírez este espacio se modificó.

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La iglesia de Santa María de Valverde fue la primera capilla de la fortaleza construida por Sancho III. El primitivo ábside quedó oculto cuando se construyó la iglesia de San Pedro. Se accede desde el patio de armas.

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En la zona norte del castillo de Loarre, entre la torre norte y la del homenaje hay una serie de dependencias comunicadas por pasillos y escaleras que se piensa serían las dependencias monacales. La más amplia es la conocida como sala de los arcos, que bien pudiera haber sido el dormitorio de los monjes.

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El mirador o ventanal de la reina no es más que los restos de una gran sala construida por Sancho Ramírez, con dos pisos de altura, cuya función es desconocida. En la actualidad tan sólo ha sobrevivido el piso inferior.

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