LAS MENORQUINAS: artesanía con historia

5 febrero, 2019 at 8:29
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Las menorquinas son un clásico del calzado español, y da igual cómo las llames, nunca pasan de moda: avarcas, abarcas, menorquinas, mallorquinas, ibicencas…

Las menorquinas, inicialmente, se fabricaban a mano y únicamente con piel e hilo encerado. Aunque los materiales y el estilo han ido cambiando con los siglos, lo que sí se conserva todavía es su carácter artesanal.

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En España existen numerosas variantes de este tipo de calzado de cuero. Se puede decir que la albarca de cuero es una de las más antiguas formas de calzado en la península: avarca menorquina, la albarca vasca, la albarca castellana o la más primitiva y tosca de todas, la calzaera.

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Origen e historia de las Menorquinas

Como suele suceder en estos casos, no se sabe a ciencia cierta cuándo comenzaron a utilizarse las menorquinas pero sí que hay algunos indicios. En primer lugar, parece que en Menorca sí que está el origen de este calzado.

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Todo parece indicar que los primeros en utilizar este tipo de calzado, fueron los honderos de las islas Baleares (lanzadores de piedras), que se encontraban al servicio del general cartaginés Aníbal, en su lucha contra los romanos en torno al 200 a.C.

Más tarde, y debido a la fortaleza y flexibilidad de las mismas, fueron utilizadas por los campesinos y labriegos de la zona, que vieron en este tipo de calzado una forma ideal de proteger sus pies durante las largas jornadas de duras labores en el campo.

Desde entonces, su primitivo aspecto y la utilización inicial de las abarcas menorquinas, ha ido variando y evolucionando.

La evolución de las Menorquinas

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En un principio estaban totalmente realizadas en piel y cosidas a mano con hilo encerado. Sin embargo, estrenando el siglo XX, con el comienzo del uso generalizado del automóvil entre las altas capas de la sociedad, llegó a la vida de las tradicionales avarcas, un nuevo componente.

¿Que qué tiene que ver el automóvil con una abarca menorquina? Resulta que, a alguien se le ocurrió reforzar la suela de las menorquinas, con el caucho de las ruedas viejas de los automóviles. Sencillo, pero perfecto, ¿verdad?.

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Ahora las abarcas durarían más, el pie estaría más protegido de la humedad y de lo abrupto del terreno, introduciéndose además el factor antideslizante y de flexibilidad de este material. ¡Sencillamente genial!

Y de ser un calzado práctico y cómodo para trabajar, entre los años 70 y 80 se convirtió en tendencia de la moda menorquina para después extenderse por el resto de islas baleares y poco a poco por el resto de nuestro país, de ahí que también se llamen zapatos mallorquinas o sandalias ibicencas.  

La enorme demanda de este tipo de calzado, también hizo que fuese necesario poner al servicio de su fabricación los nuevos avances tecnológicos. Sin embargo, el factor artesanal sigue ocupando un lugar importante dentro de la cadena de producción del mismo.

Las menorquinas han ido evolucionando a lo largo de la historia para atender a las necesidades que las circunstancias van marcando, pero sin perder la esencia y el sabor a tradición que las caracteriza.

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En la actualidad, las abarcas menorquinas, además de ser un calzado cómodo, flexible, transpirable y natural, también son fiel reflejo de las tendencias que marca la moda, en cuanto a colores y diseños. No lo dudéis!, la abarca menorquina es siempre una buena opción para estar frescos, cómodos y a la moda este verano.

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EL ABANICO ESPAÑOL: artesanía con historia

4 junio, 2018 at 19:38

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El abanico ha tenido muchos usos a lo largo de la historia, desde el sencillo de mitigar con su empleo los calores personales a otros ceremoniales -tanto profanos y eclesiásticos- y hasta los más prácticos de espantar insectos, proteger del sol o atizar las brasas del hogar.

Cuando hicieron su aparición los primeros abanicos plegables, éstos se introdujeron en Europa a través de España. La innovación que aportó el nuevo diseño fue rápidamente copiada y se inició su fabricación primero en España, y luego en el resto de Europa. Con todo, los maestros abaniqueros italianos y franceses superaron paulatinamente la factura española debido a la perfección con que trabajaban y a las medidas protectoras de sus respectivos gobiernos. En la actualidad, sin embargo, estos países ya hace tiempo que dejaron de fabricar abanicos, mientras que en España aún perdura la artesanía abaniquera.

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En España el abanico fue acogido rápidamente, sobre todo en Andalucía debido al clima de la zona. Era considerado raro y caro, y en principio fue usado por damas de la alta sociedad, como signo de ostensión y demostración de la categoría social, y con el paso del tiempo se popularizó y llegó a tener un lenguaje de seducción. Este lenguaje consistía en la posición con la que colocaban el abanico, o el modo en cómo se le agarraba, para así transmitir un tipo de mensaje u otro. Las más jovencitas solían recurrir a este “lenguaje” con frecuencia para comunicarse con sus pretendientes en bailes y lugares públicos sin que lo notaran sus madres u otros acompañantes celosos de su correcto comportamiento. Pintores como Goya, Velázquez, Sorolla o Zuloaga, entre otros muchos, han plasmado en sus cuadros la conexión entre una mujer y su abanico.

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Origen e historia del abanico en España

Tras la aparición del abanico plegable en España en el siglo XVI, pronto comienzan a aparecer los primeros fabricantes cuyos nombres desafortunadamente se desconocen.

En el siglo XVII, tanto en Madrid como en Sevilla, encontramos nombres de artesanos de abanicos. En Madrid figuran Juan Sánchez Cabezas, Francisco Álvarez de Borja y Jerónimo García, destacando como pintor de abanicos Juan Cano de Arévalo, a caballo entre los siglos XVII y XVIII. De Sevilla son Carlos de Arocha, José Páez y Alonso de Ochoa.

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Del uso de materiales caros y transportes transoceánicos, caso de los metales preciosos y el marfil, se fue pasando a materiales económicos como el papel y la madera primero o, posteriormente, la tela de algodón y el varillaje de plástico.

En 1693, concretamente del 8 de junio, diversos maestros de Madrid solicitan sin éxito formar un gremio.

A pesar de la existencia de maestros abaniqueros, la importación de abanicos procedentes de Italia y Francia era importante, lo que obliga a Carlos II en 1679 a limitar la entrada de abanicos procedentes de estos países.

En el siglo XVIII hay constancia de varios artífices de abanicos en Madrid, pero sobresale el francés Eugenio Prost, que llega a España bajo la protección del Conde de Floridablanca. Pero en este período, Valencia se va a consolidar como centro productor, donde existía un gremio de artesanos abaniqueros.

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Bajo el reinado de Felipe V, aumentan de nuevo las importaciones de abanicos procedentes de Francia, Italia, Holanda e Inglaterra, quizás debido a la gran demanda de este utensilio.

En 1802 existe ya en Valencia una Real Fábrica de Abanicos, destacando esta comunidad a nivel europeo en la industria abaniquera. Probablemente debido a esta coyuntura, dos franceses van a establecerse en Valencia con objeto de hacerse con el mercado español, importando piezas que después se montan en España. Se trata de Simonet, que llega a Valencia en 1825, y Fernando Coustelier. A raíz de la llegada del primero, varios industriales valencianos de abanicos (Puchol, Mateu…) tienen que acudir a Fernando VII para que prohíba la importación de abanicos franceses.

Pero el gran artífice del siglo XIX va a ser José Colomina, industrial alicantino que revolucionará la producción de abanicos.

En el siglo XX, la producción de abanicos valencianos experimenta un gran auge hasta el paréntesis de la guerra civil, iniciándose después de la contienda un proceso de recuperación con centros en Valencia, Godella y Aldaya que, en 1983, sumaban ya cuarenta fábricas.

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Hoy en día, se encuentra en Cádiz la única escuela-taller de abanicos del mundo, pero todo el material, artesanos y artistas están situados en los alrededores de Aldaya, ciudad situada al lado de Valencia. Valencia presenta actualmente una floreciente industria abaniquera que exporta a todo el mundo.

EL ABANICO EN EL FLAMENCO

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Gracias al uso del abanico Flamenco, las bailaoras logran dar gran gracia y estilo al flamenco. Es por eso que su uso es muy común entre ellas. ¿Pero por qué este elemento coló un lugar en el flamenco? La respuesta tal vez sea ese lenguaje particular que se desarrolló por su uso y que antes hemos mencionado.

Sabemos que el flamenco es música y baile que transmiten un sinfín de emociones en un lenguaje propio, el abanico flamenco es un instrumento imprescindible para comunicar toda esa energía.

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Siendo el flamenco un baile tan sensual, grácil y hermoso, es lógica la inclusión de este artilugio para fortalecer ese hechizo de encanto que causan sus movimientos. Y es que como declaro un escritor inglés llamado Joseph Addison: “Los hombres tienen las espadas, las mujeres el abanico, y el abanico es, probablemente, un arma igual de eficaz”.

El proceso de fabricación

El abanico, por simple que parezca, pasa por varias manos especializadas para completar su proceso de fabricación.

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Dependiendo del material empleado, se sigue un proceso de fabricación distinto.

Para los abanicos de madera:

  1. En primer lugar se sierran las varillas y se les da la forma y el grosor que necesitaremos para completar el “paquete” que puede ser de 12, 14, 16… hasta 32 ó incluso 40 varillas.
  2. Después de manera opcional, se calan, adornan y maquean
  3. Posteriormente se telan
  4. Ahora se pasa a la fase de pintura de fondo donde le daremos al abanico el color deseado (en el caso de las maderas más comunes), las maderas nobles se pulen para lucir la malla natural).
  5. Pasa después a las manos del artista-pintor que decora la pieza, normalmente con flores, paisajes o figuras románticas.
  6. Posteriormente se barniza o laca la madera, para proteger la pintura y darle el brillo y terminación elegida.
  7. La última mano consiste en remachar los clavillos y añadirle anilla, si se desea. Después de repasar todo el proceso, nuestro abanico está terminado y listo para ser embalado y enviado a nuestros clientes.

En el abanico de plástico, el proceso es completamente distinto:

El varillaje de plástico inyectado sale con la forma del molde correspondiente y el color deseado. Se puede grabar o no con termo impresión, posteriormente procedemos al telado del abanico, y a coser la puntilla en los casos en que la lleve. Con remachar y repasar, el proceso de fabricación está terminado.

Partes del Abanico

El abanico tal y como lo conocemos hoy, se compone de dos partes: el varillaje y el país.

El varillaje está compuesto por un número variable de varillas (siempre par), según la amplitud que se quiera dar al abanico, y por dos guardas o caberas que protegen el abanico cuando éste permanece cerrado. Los materiales más utilizados son el nácar, el marfil, el hueso, distintos tipos de maderas, incluso los materiales plásticos. La fuente que es la parte visible del varillaje situada debajo del país, al igual que las caberas, se ornamenta con calados, grabados, incrustaciones, policromías, dorados, etc. La pajilla o guía, que es la parte de la varilla más estrecha y fina (en algunos casos de un material más pobre que el resto del varillaje), permanece oculta entre los dos países cuando éste es doble, y a la vista en la trasera del abanico cuando el país es simple. El clavillo es un alambre grueso que ensarta las varillas a través de los agujeros en ellas perforados, y se remacha en ambos extremos con la roseta y algunas veces anilla, para que las varillas no puedan salirse.

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El país es un sector de forma anular o semicircular, que sirve para dar coherencia al varillaje. Puede ser de tela, papel, seda, etc., y suele estar decorado con pinturas, grabados, bordados etc.

Cabe destacar por su peculiaridad el abanico de baraja, que no tiene país y está compuesto solamente de varillas unidas en la parte superior por una estrecha cinta. Los materiales más empleados son el marfil, la madera, el hueso, el nácar, etc., a veces con calados, grabados, pinturas, incrustaciones, etc., y la cinta suele ser de algodón o de seda, en algunos casos decorada con pintura.

Museo del Palmito de Aldaya

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Situado en un bonito edificio color crema cuajado de arcos en su parte superior (la casa Llotgeta, del siglo XVI), el Museo del Palmito es el primero en toda España y el único de titularidad pública en toda Europa. Los valencianos llaman palmito al abanico.

Aldaya es la cuna del abanico, y es por ello que es el mejor lugar para albergar un museo de estas características.

El museo consta actualmente de más de 150 abanicos cedidos por los artesanos y coleccionistas, y de instrumentos donados para entender todas las fases de fabricación de un palmito, como puede ser caladoras o telas.

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EL MANTECADO: productos auténticos de la tierra

31 agosto, 2017 at 19:51

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El mantecado es un dulce típico de la repostería española, caracterizado por ser amasado con manteca de cerdo y consumido en cualquier época del año, especialmente en Navidad.

Su origen es andaluz, unos dicen que de Estepa y otros de Antequera. Su popularidad se ha extendido a otras regiones y localidades de España, en las que se elaboran mantecados de calidad como en Rute,​ Toledo o en la provincia de Valladolid, especialmente los de Portillo y Tordesillas.

Origen e Historia

El origen del mantecado data del siglo XVI propiciado por el excedente de cereales y manteca de cerdo que se daba en esta parte de Andalucía. Unos dicen que en Estepa y otros en Antequera…

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En aquellos tiempos Estepa tenía una notable cabaña de ganado porcino que pastaba libremente en grandes extensiones de encinar. Los árboles desaparecerían en el siglo XVIII, eliminados por las tropas francesas para evitar que allí se escondieran los guerrilleros y posteriormente los bandoleros. Quedando el paisaje como ahora lo conocemos, llanura de cereal.

Por esas fechas, ya se elaboraban “tortas de manteca” en las casas del pueblo y en el Convento de Santa Clara, según demuestran sus archivos históricos que nos hablan de los recipientes utilizados en su elaboración.

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Sin embargo, en 1870 ocurrirá un hecho que va a cambiar la historia. El inicio de la comercialización del mantecado se produjo en 1870 cuando Filomena Micaela Ruiz Téllez (“La Colchona”, que así se apodaba) se los diera a su marido, que era cosario de Estepa a Córdoba, para que los vendiera en los mercados por los que pasaba (en el siglo XIX se llamaba cosario a los que llevaban paquetes o personas de un pueblo a otro).

El éxito de Micaela se basó en una mejora sencilla a la par que ingeniosa: secarlos. Gracias a esto, el mantecado resiste mejor el transporte y almacenaje, y también aumenta el período en el que el mantecado conserva sus cualidades como si acabase de salir del fuego.

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La fórmula tuvo tal éxito que los hornos comenzaron a darle ese punto por el cual el mantecado siempre está tierno por dentro y prieto por fuera. En 1934 había alrededor de 15 casas en Estepa que se habían convertido en pequeñas fábricas y poco a poco se fueron abriendo mercados cada vez más lejanos.

Diferencia entre el Mantecado y el Polvorón

Cuando se habla de Navidad hay imágenes gastronómicas que aparecen rápidamente y una de ellas, común a diferentes zonas, son los mantecados, al igual que los polvorones. Un postre tradicional que acompaña durante esas fechas.

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Los polvorones nacen como una variación de los mantecados y, en ambos casos, son pequeñas tortas elaboradas tradicionalmente con harina de trigo, manteca de cerdo y azúcar.

En ciertas regiones de España, los mantecados se consumen durante todo el año, mientras que los polvorones son dulces eminentemente navideños.

Envueltos en el clásico papel de seda blanco con la inscripción de la empresa. Se clasifican atendiendo a sus ingredientes y su forma. Así, el mantecado es más redondo y puede ser de almendra, de chocolate… En cambio el polvorón tiene una forma un tanto ovalada y va recubierta de un poco de azúcar glas. La canela, el ajonjolí, la almendra… siempre están presentes.

El proceso artesanal del mantecado

La elaboración de los mantecados de Estepa ha variado muy poco en el tiempo y sigue siendo en la actualidad un producto eminentemente artesanal.

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Para él el mantecado perfecto, además de las mejores materias primas, debe contar con un buen resecado de la harina, para quitar todas las impurezas. También es clave la cocción en leña, no en hornos industriales.

Y sobre todo, tiempo. Un mantecado bien cocido requiere tiempo. La muestra está en que un buen mantecado se desgrana con los dedos. Si se te ‘hace bola’ en la boca, no está bien cocido.

INGREDIENTES

Contiene harina, azúcar y manteca de cerdo exclusivamente. A esta masa se le añade la canela. Finalmente se recubren con un poco de ajonjolí para su presentación definitiva. No hay más.

Es cierto que existen variaciones del mantecado tradicional que se han ido incorporando con el tiempo al catálogo de los dulces estepeños. Éstas se consiguen incorporando cacao, limón, coco o los matices correspondientes, que hoy se fabrican mantecados hasta de yogur, en el momento de añadir los aromas.

EL PROCESO

Lo primero es “tostar” la harina. Este proceso de resecado permite que el almidón del trigo se desdoble, lo que hace más apetecible al paladar el resultado final. En paralelo, se amasan juntos la manteca, el azúcar y los aromas, y a esta masa se incorpora la harina, previamente tostada y enfriada durante uno o dos días, y se mezcla todo bien.

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Esa masa se pasa a continuación a la “formadora”, una máquina que, como su nombre indica, le da forma final a los mantecados. Antiguamente, este proceso se hacía a mano. Se elaboraba una morcilla de masa que se cortaba en porciones y éstas se boleaban, es decir, se les daba la forma redonda final de los mantecados.

El proceso final es el horneado. Los mantecados salen a 220 grados del horno y hay que dejarlos enfriar a temperatura ambiente antes de proceder a envolverlos en papel de seda e introducirlos en los envases para su comercialización.

Estepa

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Al llegar a Estepa el olor a canela, ajonjolí y almendra tostada impregna las calles y sus casas. Desde septiembre se repite la campaña año tras año, que conlleva que durante unos meses la localidad viva inmersa en un permanente ambiente navideño. Las responsables son las 23 empresas que fabrican mantecado en esta localidad de doce mil habitantes.

Los grupos de turistas no cesan. Estepa es, por antonomasia, la localidad del mantecado y durante la campaña miles de visitantes recorren sus calles ─y sus fábricas─, que no dejan de ser un atractivo más.

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GARANTÍA DE CALIDAD

En la actualidad 19 de las 23 empresas estepeñas fabricantes se encuentran amparadas por las denominaciones de calidad del Consejo Regulador de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) «Mantecados y Polvorones de Estepa».

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LA LANA ESPAÑOLA: artesanía con historia

30 noviembre, 2016 at 20:27

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Si hablamos de ovejas en España lo haríamos de churras y merinas, las primeras orientadas a la carne y las segundas a la producción de lana. Ojo, no de una lana cualquiera, una lana de altísima calidad haciendo de la lana de la oveja merina española el top de las lanas entre los siglos XV y XVIII.

Así, hace cerca de 12.000 años que tejidos de lana visten a nuestra especie. Esto implica que el ser humano tuvo que aprender a cuidar a las ovejas, no solamente para que le proporcionaran alimento como hacía inicialmente, sino para que ese material precioso que las cubría fuese de la mayor calidad posible.

La oveja Merina: raza autóctona española

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La oveja merina se considera una raza autóctona española, una raza que permanece recluida en España hasta el siglo XVIII. Este material también fue conocido como Oro Blanco, lo que nos da una idea inicial del valor que se le concedió.

Las distintas razas de ovejas merinas existentes en el mundo son descendientes de las ovejas merinas castellanas que en los siglos XV y XVI constituyeron la base de desarrollo del comercio internacional de la lana, asentando las bases de un modelo económico que más tarde se acabaría de perfilar en la revolución industrial. Por ejemplo, la merina australiana, reina hoy en día de las ovejas laneras (Australia es el principal productor mundial de lana virgen) es un cruce entre la merina castellana y la merina precoz francesa.

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La oveja merina es descendiente de las ovejas llevadas por los árabes a la Península Ibérica a principios del siglo XIV desde África. Hasta el siglo XVIII existen leyes que regulan fuertemente el control de esta raza para que no pueda ser exportada a otros lugares y así mantener el monopolio de Castilla sobre este producto. Fue a finales de este siglo cuando la situación económica y política cambia y la oveja se extiende por los cinco continentes.

Origen e Historia de la Lana en España

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Si bien ya encontramos antecedentes de esta industria ganadera en el siglo XIII, es a partir del siglo XV y hasta el XVIII cuando el merino español se convierte en el referente de las lanas de lujo, las más deseada por los fabricantes de paño de alto standing, desbancando, por ejemplo, a la competencia inglesa que rápidamente asumió la necesidad de trabajar con dicho material.

Es imposible hablar de esta etapa sin hacer referencia a la Mesta, el Honrado Concejo de la Mesta de Pastores, fue creado en 1273 por Alfonso X el Sabio, institucionalizando y unificando mestas anteriores. Se trata de un sindicato gremial, una agrupación de productores ganaderos, que llego a contar con un poder una fuerza y unos privilegios difíciles de entender hoy en día, y que se mantuvo hasta comienzos del día XIX, coincidiendo con la crisis definitiva del sector en España.

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Pensemos que el nivel de las exportaciones era brutal, siendo para muchos el producto referente de la economía española.

Los siglos XVI y XVIII fueron los dos grandes siglos del merino español siendo el XVII mucho más bajo. Y, sin embargo, nada más comenzar el XIX todo se vino abajo. Los motivos fueron múltiples, si bien la caída de los mercados exteriores explica mayormente el origen de la crisis.

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El comercio de la lana es fundamental para entender no sólo aspectos económicos, sino también políticos y culturales de finales de la Edad Media y el inicio de la Edad Moderna. Uno de los productores más importantes fue Castilla. Su cabaña ganadera fue tan grande que toneladas de lana en bruto, metida en sacas, se juntaban todos los años en Burgos, desde donde salían hacia el Norte, hacia Bilbao, puerto exportador de la lana castellana desde el año 1300, en que fue fundada esta ciudad.

Las Mantas de Grazalema

Las Mantas de Grazalema tienen mucha historia, se fabrican desde el siglo XVIII en esta localidad gaditana, donde llegó a haber hasta 10 fábricas. Una de las principales razones se debe a la abundancia de pastos que se generan  en la comarca y en el  Parque Natural Sierra de Grazalema, debido a las copiosas lluvias, lo que repercute en la producción de una fibra de mayor calidad por parte de las ovejas.

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Hoy, además de las tradicionales y duraderas mantas de lana merino, se fabrican otros complementos y accesorios para mujer y hombre, como son ponchos, bufandas, capas, corbatas, chales, etc. empleando lanas suaves de calidad y manteniendo parte del proceso productivo de forma artesanal, esto es el abatanado que sigue haciéndose en un batán de mazos del siglo XIX, que es único en España y otorgando durabilidad y suavidad a las prendas y mantas.

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La fábrica cuenta con un museo textil compuesto por maquinaria antigua que puede visitarse en horario laborable de Lunes a Viernes, se encuentra camino de la gasolinera, a la salida del pueblo.

VIDEO: ¿CÓMO SE ESQUILA UNA OVEJA DE FORMA TRADICIONAL?

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LA ALMADRABA: artesanía con historia

18 abril, 2016 at 21:55
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La almadraba (del árabe andalusí almaḍrába, «lugar donde se golpea o lucha») es una de las técnicas para la captura del atún rojo empleada en Andalucía (Cádiz) que se utiliza desde tiempos prerromanos y que se transmite artesanalmente de padres a hijos.

La almadraba es un arte de pesca de los más antiguos del mundo, que se remonta a 3.000 años de antigüedad. Su origen se atribuye a los fenicios, que ya lo utilizaron en las costas gaditanas. Más tarde fue utilizado también por los romanos. En el asentamiento romano de Baelo Claudia, en la actual playa gaditana de Bolonia, hay vestigios de su antiguo aprovechamiento sobre todo en salazones.

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La pesca de la Almadraba consiste en instalar un laberinto de redes en el paso de los atunes, durante los meses de abril a junio. Es una pesca artesanal, nada agresiva,  y respetuosa con la especie y el medio ambiente.

Para comprender la importancia económica de la almadraba a lo largo de la historia hay que remontarse a la época de la Reconquista. En 1294 se concedió a Guzmán el Bueno el privilegio de explotar las almadrabas de Conil y Zahara. Un privilegio que posteriormente heredaron sus descendientes, los duques de Medina Sidonia.

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Cada año al llegar el mes de abril, los atunes rojos se dirigen hacia el Mediterráneo desde el Atlántico a fin de reproducirse. El atún llega al Estrecho bien alimentado y es en este momento cuando su carne es más grasa y sabrosa. Los pescadores aprovechan este movimiento migratorio para conducir los atunes hacia unas redes en forma de embudo, donde una vez reunidos proceden a su captura.

En la actualidad, los municipios que cuentan con almadrabas son Conil, Barbate, Zahara de los Atunes y Tarifa.

Estos municipios celebran esta época de capturas con fiestas gastronómicas en las que la cocina tradicional y la más innovadora se entremezclan (atún encebollado, morrillo de atún a la plancha…). Cocina en directo, pasacalles, conferencias, proyección de documentales y hasta atracciones de feria festejan la llegada de los atunes con distintas rutas.

La degustación del atún rojo salvaje de almadraba se convierte así en un reclamo turístico de las cuatro localidades gaditanas en las que asientan su actividad las almadrabas, que, además, ofrecen también posibilidades de vivir de cerca (ver reservas), desde un barco, una “levantá”, como se conoce la captura de los atunes rojos, o de acercarse al “ronqueo”, como se denomina el despiece de un pescado que muchos llaman “el cerdo del mar” porque de él se comen hasta las pestañas.

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El Centro de Interpretación del Atún de Almadraba, dependiente de la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía, es una exposición permanente cuya visita ofrece las claves necesarias para comprender y valorar el patrimonio cultural y medioambiental ligado al atún rojo y al arte de pesca usado desde hace miles de años para su captura.

La Ruta de la Almadraba, actividad complementaria a la visita al Centro de Interpretación del Atún de Almadraba, consiste en un recorrido a bordo del Francisco Varo, un antiguo buque de casi medio siglo de historia, que servía de apoyo en la almadraba de Zahara de los Atunes y que se ha reformado y acondicionado para el transporte de pasajeros.

El arte de la pesca de la Almadraba

El atún rojo de almadraba puede ser de ida o de vuelta, según la fecha que pase por el Estrecho de Gibraltar. De ida es el viaje que hacen en el mes de mayo o junio desde el Atlántico al Mediterráneo y de vuelta, al regreso en sentido inverso en los meses de septiembre u octubre.

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El de ida suele ser aprovechado para su consumo en fresco, muy valorado en Japón (sashimi), pero con cada vez mayor concienciación de su valor en los municipios donde se instalan las almadrabas (Conil, Barbate, Tarija y Zahara de los Atunes) donde ya se potencia su aprovechamiento turístico y gastronómicos.

El de vuelta, más seco, es el más utilizado como base para la mojama, un producto tradicional cada vez más valorado.

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Del atún rojo se aprovecha todo. Su troceo, que necesita manos expertas y se denomina ronqueo, es complicado por la gran dimensión del animal, pero hay auténticos especialistas en los pueblos atuneros. El morrillo, la ventresca, el tarantelo o las huevas son algunas de las partes más apreciadas y utilizadas para su consumo en fresco o en conserva.

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