MOJÁCAR: los pueblos con más duende de Andalucía

24 enero, 2020 at 13:49

Mojácar es uno de los pueblos más bonitos de Andalucía. Situada sobre la cima de una montaña, al final de la sierra de Cabrera (Almería), esta localidad de pasado árabe y casas blancas típicamente andaluzas, ofrece vistas continuas al mar Mediterráneo.

Desde enero de 2013, Mojácar forma parte de la red Los pueblos más bonitos de España.

Se divide en dos zonas: Mojácar Pueblo y Mojácar Playa. La primera se corresponde con la ciudad antigua y puede presumir de tener todos los atractivos de los pueblos andaluces: casas blancas encaladas, laberintos de callejuelas estrechas y empinadas, macetas repletas de flores de colores vivos y un entorno natural que desprende olor a tomillo y romero.

Mojácar Pueblo se encuentra sobre una colina en las estribaciones de la Sierra Cabrera a unos 200 metros sobre el nivel del mar, sirviendo en los orígenes para defender a los ciudadanos contra los ataques provenientes del mar. Una vez dentro, las callejuelas son estrechas y están flanqueadas por balcones decorados con geranios de colores que contrastan con el blanco impoluto de las paredes encaladas.

Estamos quizás ante el pueblo más auténtico de la provincia de Almería y no es de extrañar que en los años sesenta un grupo de intelectuales y artistas, hechizados con la luz, la tranquilidad o la aparente detención en un remoto tiempo, hicieron de él su refugio y, en algunos casos, su última morada, ya que intelectuales como Frederick Mooney (Fritz), Win Wells, Henry Higgins, Paul Beckett. William Napier, etc., están enterrados en el cementerio de Mojácar.

Por otro lado, a siete kilómetros, Mojácar Playa es la zona costera más turística. Aquí encontrará todas las comodidades y ofertas de ocio que esté buscando como playas, chiringuitos, restaurantes y una amplia variedad de hoteles. Las playas de Mojácar son algunas de las más atractivas de Almería. De los 17 km de playas vírgenes y turísticas, a 7 km se les ha concedido la Bandera Azul, por lo que indudablemente merecen una visita, sobre todo si sabes que forman parte del magnífico Parque Natural Cabo de Gata.

Historia y Orígenes de Mojácar

Mojácar, cuyo nombre deriva de «Monxacar» que significa Monte Sagrado, posee una historia de mil años. Ha pasado por diferentes épocas y culturas, desde la Prehistoria hasta incluso el reinado árabe, y ha acogido a fenicios, celtas, griegos, y romanos.

En cuanto a la Reconquista Católica, Mojácar es protagonista de un episodio peculiar pero significativo. En 1488, cuando todas las ciudades de la región se habían rendido frente a la conquista de los Reyes Católicos, Alavez, el gobernante árabe de Mojácar, se negó a entregar la ciudad. Él decía que era tan español como los Reyes Católicos, y que nunca quiso participar en una guerra contra los cristianos. Además añadió que quería que los habitantes de Mojácar fueran tratados como hermanos y no como enemigos, permitiéndoles así cultivar las tierras y gobernar la ciudad. El rey Fernando y la reina Isabel estuvieron de acuerdo y aceptaron el compromiso de lealtad de Alavez y la ciudad siguió prosperando.

A principios del siglo XIX se descubrió que había plata en Mojácar y la ciudad vivió un período de bienestar económico que, desgraciadamente, no duró mucho tiempo. De hecho, a principios del siglo XX, las minas se cerraron y la ciudad sufrió guerras, sequías y enfermedades. Esta situación empeoró por la Guerra Civil y la posterior recesión, lo que derivó a una drástica caída de la población.

Más adelante, en los años sesenta, el alcalde de Mojácar ofreció tierras a aquellos que se comprometieran a restaurar la ciudad en ruinas. Para tener una idea de la situación del pueblo, sólo necesitas saber que, hasta entonces, Mojácar incluso carecía de agua corriente. Esta propuesta fue muy atractiva para artistas, intelectuales y periodistas de todas partes del mundo, que se habían enamorado de la ubicación de Mojácar y de su larga y rica historia.

Junto a la renovación de las casas y las calles de Mojácar Pueblo, se empezaron a construir nuevas zonas residenciales en la costa, dando lugar a la impresionante Mojácar Playa.

Hoy en día, Mojácar todavía conserva la atmósfera árabe, que se mezcla con la arquitectura moderna y contemporánea, proporcionando a la ciudad un ambiente único. Si quieres disfrutar de un salto en el tiempo y descubrir cómo vivían los habitantes de Mojácar en los primeros años del siglo XX, deberías de hacer una parada en el Museo Casa de la Canana.

El Indalo

En la Cueva de los Letreros, cerca de Vélez-Blanco, se encontró un hombre estilizado con un arco sobre su cabeza. Su nombre, Indalo, proviene de la palabra ibérica «Indal», que significa “dios protector y poderoso”.

Esta imagen se encuentra prácticamente en cualquier parte de Mojácar, pintado en las paredes o a la venta como recuerdo. Se creía que protegía a los habitantes de Mojácar de los malos espíritus (en este caso el Indalo representaría a un hombre con un arcoíris sobre su cabeza), así como un ídolo religioso (un cazador con un arco).

Cualquiera que sea la interpretación, el Indalo se ha convertido en un símbolo mundialmente conocido de Mojácar. La provincia de Almería lo ha establecido como su emblema.

¿Qué puedes ver en Mojácar?

En Mojácar hay lugares que no puedes perderte, dónde descubrirás numerosos secretos de la historia milenaria del pueblo.

  • La Fuente Mora. Esta fuente morisca fue donde el último gobernante árabe se entregó pacíficamente a los Reyes Católicos. Tómate tu tiempo para leer la placa conmemorativa situada encima de los doce chorros de agua. Junto a ella también se encuentra el moderno Centro de Arte Contemporáneo del Municipio, inaugurado en 2010.

  • Puerta de la Ciudad. La puerta original de la ciudad fue construida en el siglo XVI y está decorada con el emblema de la misma, un águila de dos cabezas.
  • El Ayuntamiento de Mojácar y la preciosa plaza colindante está llena de azulejos con el símbolo del Indalo por todas partes. En el centro, se encuentra un ficus benjamina centenario, traído por un emigrante de América.
  • La Plaza del Parterre cuenta con innumerables flores y fue utilizado como cementerio árabe.
  • Iglesia de Santa María. Situada cerca de la Plaza del Parterre, esta recuerda a una fortaleza por su estructura. En la plaza de enfrente tendrás la posibilidad de admirar la «Estatua de la Mojaquera», una escultura de mármol en honor a las mujeres de Mojácar, vestidas con las túnicas típicas, representando su papel como portadoras de agua.

  • Plaza Nueva y el Mirador. La plaza principal de Mojácar está siempre llena de turistas que toman copas en sus acogedores bares o que disfrutan de una impresionante puesta de sol desde el Mirador. Desde allí, podrás deleitarte con las vistas de las sierras de Cabrera, Bédar y Almagrera, así como de los pueblos cercanos y del río Aguas.
  • La Ermita de Nuestra Señora de los Dolores fue construida en el siglo XVI sobre una mezquita morisca. La ermita es hoy en día una propiedad privada que alberga una tienda de souvenir.
  • Barrio del Arrabal. Este fue un barrio judío del siglo XVII que se caracteriza por tener calles estrechas y colores vivos.

  • El Torrejón es un edificio renovado que acogía la casa de peaje, gracias a su proximidad a la puerta de la ciudad.

MERCADILLO DEL JUEVES: mercadillos de España con historia

21 mayo, 2019 at 7:05
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El mercadillo de «El Jueves» es el más antiguo de Sevilla. Su origen se sitúa en el siglo XIII, después de la conquista de Sevilla por el rey Fernando III.

Donde entonces había artesanos y puestos de oficios, hoy campan las antigüedades y todo lo que se pueda vender de segunda mano –pulseras para relojes, tornillos, CD’s, trajes de flamenca, sifones, coches de juguete–, repartido en 124 puestos.

Es un mercado de antigüedades y objetos de segunda mano, aunque en sus orígenes se ofrecían todo tipo de artículos; muchos objetos son reciclados y proceden de los contenedores. Los precios económicos de las mercancías las hacen muy asequibles, siendo frecuente en el rastrillo el regateo.

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Una especie de zoco medieval que mantiene su pulso con la modernidad. El caos controlado en una calle a la que pudo darle nombre esta suma -con poco orden y concierto- de vendedores que, desde bien temprano, levantan a vecinos con el arrastre y montaje de sus mercancías.

Abren todos los jueves del año, de 7.00 a 15.00, menos el Jueves Santo (que se adelanta al miércoles).

Origen e Historia del mercadillo de “El Jueves”

La primera referencia escrita que existe es de 1292, cuando el Rey Sancho lo reguló, por lo que se entiende que llevaba bastante tiempo celebrándose. Al menos, desde la Reconquista de la ciudad por San Fernando, o incluso antes. Si se atiende a esta última teoría, podría considerarse que es una herencia de los bazares árabes que aún conservan importantes ciudades donde impera la religión musulmana.

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Su primer enclave estuvo en la Plaza de Calderón de la Barca (donde se encuentra el Palacio de los Marqueses de La Algaba, en la trasera del mercado de abastos). No fue hasta el siglo XIX cuando se traslada a su actual emplazamiento.

Tal ha sido su fama durante estos ocho siglos que hasta el propio Miguel de Cervantes lo mencionó en su novela picaresca Rinconete y Cortadillo. El ambiente que se vive en él le viene como anillo al dedo a este género literario. Un escenario perfecto donde cada semana se recrea la Sevilla del siglo XVI, cuando el oro de América entraba por unas calles repletas de pedigüeños. Gloria y miseria juntas compartiendo suelo.

Este ambiente tan pintoresco llevó al viajero inglés Richard Ford a compararlo con el zoco de El Cairo, un símil propio de ese exotismo con el que los románticos retrataron la vieja Híspalis. Germen del turismo que vino después y que se palpa en esta calle donde abundan los apartamentos para visitantes. Y hasta nuevos hoteles. Tal fue la fama que había adquirido por aquel entonces el mercadillo, que en 1905 se convirtió en una de las primeras postales de la ciudad. Y con la fama surgieron las leyendas, como aquélla que asegura que en sus puestos se llegó a vender un Murillo.

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CARNAVALES DE CÁDIZ: fiestas y tradiciones

19 febrero, 2019 at 20:15
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El Carnaval de Cádiz es uno de los carnavales más famosos de España y, sin duda la fiesta más emblemática de cuantas se celebran al cabo del año en la ciudad de Cádiz (Andalucía).

La fiesta del carnaval se hace realidad en Cádiz a través de su gente, que sale a la calle a vivirlo con buen humor y a disfrutar de las agrupaciones carnavalescas que sacan sus repertorios de marcado carácter satírico y gaditano.

Declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional (conjuntamente con el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife y el Carnaval de Águilas en Murcia) el signo de identidad del carnaval gaditano radica en la ironía y la mordacidad de las chirigotas.

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En la actualidad el Carnaval de Cádiz se desarrolla “oficialmente” durante diez días, que son los comprendidos entre el jueves anterior al Miércoles de Ceniza, y el domingo de la semana siguiente, el llamado Domingo de Piñata.

Pero incluso antes de estas fechas, y aún en el mes de enero, recién acabadas las fiestas de Navidad, comienza la fiesta en la calle con los tradicionales eventos gastronómicos de la Erizada, la Ostionada y la Pestiñada, donde junto a las degustaciones de Erizos, Ostiones y Pestiños pueden oírse en primicia a distintas agrupaciones que estrenan su repertorio en puntos tan singulares de la ciudad como son el Barrio de la Viña, el del Mentidero y la plaza de San Francisco.

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Hay agrupaciones de todo tipo: coros, comparsas, chirigotas y cuartetos, principalmente. Están las “oficiales”, que actúan en el Gran Teatro Falla, donde previamente se desarrolla el Concurso de Agrupaciones de Carnaval y están las llamadas “ilegales”, ajenas al concurso del Falla, y que reúne a grupos de amigos que componen sus letrillas para divertir al personal en plazas y calles. Unas y otras son el mayor aliciente de este carnaval, lleno de grandes dosis de desenfado, ingenio y humor.

Existen también otros eventos importantes en la programación del Carnaval de Cádiz, entre los que destacan: el Pregón del Carnaval -primer viernes de carnaval-, desde la plaza de san Antonio, y siempre a cargo de algún artista o personaje importante de la ciudad o muy vinculado a ella; los Carruseles de Coros que se celebran durante los dos domingos de carnaval alrededor del Mercado de Abastos; y las dos grandes y multitudinarias Cabalgatas que se celebran también durante los dos domingos, por la tarde, siendo la infantil la del segundo domingo.

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Tras las actuaciones y los desfiles, tanto de las agrupaciones “oficiales” como de las “ilegales”, la celebración de los carnavales de Cádiz se cierra el “Domingo de la Piñata”. Ese día se procede a la quema de “La Bruja Piti” en la playa de la Caleta. No obstante, la fiesta aún se extenderá durante algunos días más. Y es que los carnavales de Cádiz son parte del legado andaluz y gran espejo en el que se han mirado otras fiestas importantes de España y del resto del mundo.

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Origen e historia del carnaval de Cádiz

Resulta complicado hablar de la cultura andaluza sin nombrar a los carnavales de Cádiz. Seis siglos de historia de una fiesta que ha evolucionado con el tiempo.

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Aunque algunos estudiosos remontan su origen en fiestas paganas de Grecia y Roma, los especialistas parecen coincidir en que este Carnaval es un hijo del cristianismo, y en concreto de la Cuaresma, pues sin su concepto e implantación en la sociedad el carnaval no existiría en la forma en que se dio desde fechas oscuras de la Edad Media.

Como tal, no existen documentos que puedan denotar el origen de los carnavales de Cádiz, aunque todo apunta a que fue durante los siglos XVI y XVII cuando la colonia italiana que se encontraba afincada en la ciudad dejó en esta tierra su influencia, dando lugar al germen de la fiesta que no conocemos hoy en día.

Los rasgos identificativos de los carnavales de Venecia y Génova comenzaron a plasmarse en la ciudad gaditana, dejando una huella que podemos ver en el uso de los antifaces, las caretas, los confetis y las serpentinas. Así mismo, personajes típicos del carnaval italiano como Arlequín, Colombina y Pierrot también quisieron recalar en Cádiz. El disfraz pasa a ser un elemento fundamental, capaz de romper con los órdenes sociales y las represiones, así como de aportar un espíritu de libertad.

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Pero, ¿solo es italiana su influencia? Los carnavales de Cádiz comenzaron a experimentar un gran giro a partir del desarrollo del comercio con las Américas (cuando el puerto de Cádiz era uno de los más importantes del Imperio español), el cual trajo consigo la llegada de nuevos estilos folclóricos (tangos y colombianas) que eran entonados por comparsas de negros que vivían en la ciudad. Durante el siglo XVI, algunos documentos prueban, que ya en esta época, las mujeres gaditanas arrancaban las flores de sus macetas y se las lanzaban unos a otros a modo de broma.

Ya en el siglo XVII, existieron intentos por acabar con esta fiesta, prohibiéndose por la Corona en 1716 los bailes de máscaras, aunque el pueblo se negaba a renunciar a su celebración. Durante dos siglos, los carnavales de Cádiz tuvieron que ir a caballo entre la libertad y la censura, aunque no sería hasta la muerte de Fernando VII cuando los gremios gaditanos comenzasen a reunirse más frecuentemente para preparar sus cantos, bailes y parodias. No podemos olvidar que Cádiz sería el último reducto que soportó las embestidas de Napoleón, el cual tampoco pudo acabar con sus carnavales.

No sería hasta 1830 cuando llegarían las primeras agrupaciones carnavalescas, como la “Cuadrilla de gallegos”, que actuaban en las casas de los adinerados de la época cambio de una limosna. El gobernador de Cádiz por aquella época, Cayetano Valdés, autorizaría la organización de seis bailes públicos de disfraces.

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A finales del siglo XIX, el alcalde de Cádiz Juan Valverde, reformaría los carnavales de Cádiz, municipalizando esta gran fiesta y estableciendo una normativa que se mantiene hasta nuestros días.

No se entendería la historia de los carnavales de Cádiz sin la incorporación de la figura de Antonio Rodríguez Martínez (“El Tío de la Tiza”) a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando sus coros como “Los Claveles” o “Los Anticuarios” marcaron un antes y un después.

Desde sus orígenes, las comparsas mantienen su estilo en cada una de sus coplas, desarrollando el clásico chascarrillo, la crítica política y la sátira social. En 1937, el por entonces Jefe del Estado, Francisco Franco, abolió la celebración de esta fiesta en gran parte de España, aunque no fue posible eliminar de las tiendas de vinos y los colmados gaditanos la esencia de los carnavales de Cádiz. Así fue como en 1948 el gobernador civil Rodríguez de Valcárcel autorizó al coro “La Piñata Gaditana” a que saliese a la calle, marcando un antes y un después en la proliferación de coros y chirigotas en una época en la que la palabra carnaval estaba mal vista por el poder.  Los carnavales de Cádiz pasaron a celebrarse en mayo y a recibir el nombre de “Fiestas típicas gaditanas”, manteniéndose la esencia del carnaval gaditano de febrero exclusivamente en la localidad de Trebujena.

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La democracia traería consigo la libertad, y por consiguiente la recuperación desde el 15 de febrero de1977 del tradicional carnaval de Cádiz. Doce años antes ya fue declarado Fiesta de Interés Turístico. A finales de los años 80, los carnavales de Cádiz lograron universalizarse más aún si cabe. En 2002, la Fundación Gaditana del Carnaval fue reemplazada por el Patronato del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (COAC). Poco a poco, el concurso ha ido ganando tanto en repercusión como en número de participantes, conllevando a que en 2008 se incluyesen nuevas fases previas.

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En este concurso participan las llamadas agrupaciones “oficiales”, que actúan en el Gran Teatro Falla, de las que unas llegan de la provincia de Cádiz y otras, cada vez más, de otras provincias españolas.

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Este concurso se celebra durante un mes, y tras diferentes fases clasificatorias, finaliza el viernes anterior al Miércoles de Ceniza. La Fiesta del Carnaval comienza con la final del Concurso en el Teatro Falla.

Las agrupaciones carnavalescas que participan en el Concurso Oficial comienzan a prepararse ya a partir de Septiembre, tiempo que podríamos llamar de “pre-carnaval”. Este periodo preparatorio lleva a muchas personas a tres lugares emblemáticos, como ya hemos dicho anteriormente: el Barrio de la Viña, el Barrio del Mentidero y la Plaza de San Francisco donde al mismo tiempo que se saborean erizos, ostiones y pestiños, se puede escuchar en primicia algunas agrupaciones que participarán en el Concurso.

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El alto nivel alcanzado por algunas de estas agrupaciones hace que estén activas prácticamente durante todo el año, con contratos para actuar en distintas fechas por distintas poblaciones de la provincia, e incluso por varias de las más importantes ciudades españolas como son Madrid, Barcelona o Sevilla.

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LA NAVA: ruta del jamón ibérico de Jabugo

11 diciembre, 2018 at 15:39

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La gastronomía de Huelva es simplemente única y el Jamón Ibérico de su Sierra, el Jamón de Jabugo, es un verdadero manjar.

La ruta del jamón ibérico de Jabugo comprende los 31 municipios integrados en la zona de elaboración y maduración de la DOP Jamón de Huelva en las comarcas de Sierra de Aracena y Picos de Aroche y de Cuencas Mineras. Gran parte del territorio es Parque Natural y Reserva Mundial de la Biosfera. En él se crían los cerdos ibéricos con los que se elaboran los reconocidos jamones de Jabugo.

Hoy te invitamos a conocer La Nava, situado en el Valle del río Múrtigas (Huelva), rodeado de altos montes en el centro del Parque Natural de la Sierra de Aracena y los Picos de Aroche.

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Además de su paisaje y medio natural es interesante visitar la Iglesia de Ntra. Sra. de Gracia, catalogada como Bien de Interés Cultural; los restos de la calzada romana y las presas o azudes del Múrtigas.

Como en todos los pueblos de la Sierra, La Nava tiene platos autóctonos de la localidad y de los que sus mujeres se sienten orgullosas: cocido de gurumelos, bollo de papas, picadillo de asadura, gazpacho de invierno, caldillo, olla de coles… Entre los postres se encuentran los orejones, dulces de castañas, compota de membrillo, melocotones embotellados, etc.

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En La Nava existe una festividad de una gran carga simbólica e histórica: la Fiesta del Melocotón de La Nava, que se celebra los días 24 y 25 de agosto. Se trata de un festejo eminentemente popular, enraizado en el esfuerzo de los navinos en los campos que riega el río Múrtigas y que tradicionalmente ha producido los mejores melocotones de la provincia de Huelva.

Por otro lado, en La Nava se celebra la Romería de las Virtudes, el cuarto fin de semana del mes de Mayo, siendo la romería más antigua de la provincia de Huelva y quizás de Andalucía Occidental (de finales del siglo XIII).

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Historia de La Nava

Desde tiempos muy remotos, el valle del Múrtigas ha atraído a numerosos pueblos por la riqueza que les proporcionaba sus tierras; primero como lugar de caza y cuando se hicieron sedentarios, como tierras de cultivo y de explotaciones mineras.

Varios son los yacimientos arqueológicos que atestiguan el paso por el término de La Nava de los diferentes pueblos que lo han habitado. De estos yacimientos podemos destacar tres de gran importancia: Papatortas (necrópolis en cistas del III milenio a.C.), Valdegalaroza, (necrópolis del II milenio a.C.) y el mejor de todos, que es la Sierra de la Algaba.

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Se han encontrado restos que denotan la presencia de los Turdetanos, hacia el 500 a.C., que practicaron actividades agropecuarias y mineras. Existe la leyenda de que el caudillo Viriato tenía en este poblado una de sus defensas frente a los ejércitos de Roma.

Los romanos explotaron la zona minera de las que extraían hierro, cobre y plata, edificando una villa en el lugar de la Ermita de las Virtudes, donde se han hallado restos de monedas, cerámica, tumbas y un pedestal en mármol blanco del siglo I.

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Los árabes hicieron resurgir la zona, edificando viviendas con molinos, represas y acequias para la agricultura.

La conquista cristiana fue realizada por el rey portugués Sancho II entre el año 1230 y 1235, ayudado por la Orden del Hospital, hasta que en el año 1255 pasa a la corona de Castilla.

En 1.261 se otorga la parroquia de la villa de La Nava a la vicaría de Almonaster, siendo este el primer documento en el que aparece el nombre de La Nava como una villa perteneciente al reino de Sevilla.

El siglo XIV fue muy duro para la vida de La Nava, la epidemia de peste de 1311 consiguió despoblar la villa, no volviéndose a ser habitada hasta 1341.

Las guerras con Portugal harán que hacia 1476, La Nava quede destruida, por lo que la reina Isabel I concede la exención de tributos para ayudar a la recuperación del pueblo.

La vida continúa con sus avatares en el pueblo hasta 1811 que es ocupado por las tropas francesas el 10 de Abril, robando el pan y la comida que estaba preparada para los pobres y matando a su alcalde.

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El final del siglo XIX supuso para La Nava un periodo de prosperidad, pues se comenzaron a trabajar varias de las 86 minas que existen en el término.

La población de La Nava pasó de 782 habitantes en 1950 a tener 1040 en el año 1960; todo este incremento de población vino a consecuencia de la puesta en explotación de la mina María luisa, pero al parar la extracción de mineral en la década de los 70, la emigración fue la única salida para la población.

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OLVERA: ruta de los pueblos blancos de Andalucía

5 noviembre, 2018 at 13:57

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Pensar en Andalucía es llenarse de los colores de las buganvillas y gitanillas, del blanco de sus paredes encaladas, del azul profundo de sus mares bajo el sol. Así, la conocida como Ruta de los Pueblos Blancos nos lleva a recoger un sinfín de imágenes populares salidas del corazón mismo de Andalucía.

Esta ruta es una de las más conocidas y cada año, miles de viajeros se dispersan por los caminos andaluces haciendo su recorrido. Es una red de caminos que nos llevan a unos 20 municipios de las provincias de Cádiz y Málaga. Pueblos y ciudades que comparten esas casas con fachadas de blanca cal tan características en gran parte de la comunidad andaluza.

Nuestro siguiente punto a visitar es Olvera (Cádiz), localidad que está incluida en la comarca de la Sierra de Cádiz, y dentro del partido judicial de Arcos de la Frontera. Olvera obtiene el título de ciudad en el año 1877 concedido por Alfonso XII.

Este pueblo está considerado la puerta al Parque Natural de la Sierra de Grazalema y es uno de esos pueblos imprescindibles en la ruta de los pueblos Blancos de la sierra de Cádiz.

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Foto de Francesc Morera

Olvera vive sobre todo del olivo, del cual se ha creado la denominación de origen Sierra de Cádiz. Este bonito pueblo tiene una gran peculiaridad y es que por él transcurre la Vía Verde de la Sierra, la única ruta declarada de interés turístico en Andalucía.

Declarado Conjunto Histórico-Artístico en el año 1.983, es la segunda declaración de la demarcación de los Pueblos Blancos después de Arcos de la Frontera.

El casco histórico de Olvera es un bello entramado de calles, edificios y plazas, enclavado en un risco, y con un aire medieval que recuerda su época árabe. Recomendamos el paseo por la Calle Llana en dirección a la plaza de la Iglesia.

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El Barrio de la Villa se asienta sobre lo que era el primitivo casco de la ciudad antigua. En su trazado laberíntico y jalonado de lienzos de muralla se abren paso la Iglesia Arciprestal de Nuestra Señora de la Encarnación y el castillo, fortaleza musulmana del s. XII que aún conserva muros, torreones y la Torre del Homenaje.

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Donde se eleva el castillo, el popular Paseo de Ronda y un espectacular subterráneo nos llevan a lo alto de su torre del homenaje donde las vistas son, simplemente, espectaculares. Por el pueblo hay varios miradores, como el del Sagrado Corazón de Jesús, que os dará la sensación de que tanto iglesia como castillo flotan sobre una nube blanca de preciosas casas encaladas.

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Ya en las afueras encontramos el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios y el Convento de Caños Santos.

Una visita al Museo “Olvera. La Frontera y los Castillos”, ubicado en el magnífico edificio de la Casa de la Cilla, permitirá al visitante conocer el importante papel que jugó la serranía gaditana como frontera en el reino nazarí.

Origen e historia de Olvera

Por su situación estratégica fronteriza, Olvera ha sido desde la Prehistoria lugar elegido para los asentamientos humanos. Los restos arqueológicos hallados en el casco urbano y en los alrededores (Sierra de Líjar) así lo atestiguan.

Su historia se presenta llena de incógnitas e interrogantes, siendo para algunos la Hippa o Hippo Nova que Plinio menciona en su “Historia” y para otros una mansión romana, Ilipula Minor, en el itinerario de Cádiz a Córdoba. Se carece de otras noticias de las épocas romana y visigoda y ya en las crónicas musulmanas aparece como un enlace fronterizo en la zona avanzada del poder musulmán en la serranía (Wubira o Uriwila).

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Su origen se dio en torno a la Fortaleza construida en el siglo XII, y a partir de su ubicación, y siguiendo la pendiente, fueron construyendo la villa, un entramado irregular en el que hoy día atesora desde históricos caseríos y viviendas solariegas, a rincones, callejones y castillos con encanto. Conserva aún los restos de su recinto amurallado que protegían todo este Conjunto Histórico-Artístico, desde las cuales se contemplan vistas sin igual de nuestra Comarca.

La fortaleza de Olvera será ocupada por primera vez en 1327 por las tropas del rey Alfonso XI. Ocupada la villa, los cristianos organizan su asentamiento, lo que se lleva a cabo mediante la “Carta de Población” otorgada el 1 de agosto de ese mismo año (1327).

En el año 1407 el señorío de Olvera pasará a formar parte de las posesiones de los Stúñiga (o Zúñiga). Posteriormente es vendida a los Téllez Girón que, convertidos más adelante en los Duques de Osuna, serán los señores de la villa hasta el siglo XIX.

Olvera comienza el siglo XVIII con los problemas derivados de la ocupación francesa de la Península. Será sede de un destacamento de las tropas napoleónicas, que se verá constantemente hostigado por las partidas de guerrilleros que se organizan en el pueblo y sus alrededores hasta la retirada francesa en 1812. La centuria avanza y algunos de los episodios de gran trascendencia en la historia de España, tuvieron eco en Olvera, como la revolución de septiembre de 1868, conocida como “La Gloriosa”.

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