YSIOS: bodegas de España que merece la pena visitar

15 noviembre, 2019 at 13:46

En el corazón de Rioja Alavesa, exactamente en Laguardia (Álava), emerge la silueta sorprendente de Ysios como bodega boutique de vanguardia, en armonía con la Sierra de Cantabria y la singularidad del paisaje que la rodea.

La bodega Ysios forma parte del grupo Domecq, uno de los mayores elaboradores y exportadores de vinos de calidad de España. Una compañía que además lidera la D.O. La Rioja, con bodegas como Campoviejo e Ysios.

La bodega Ysios es obra del arquitecto Santiago Calatrava, que la concibió como una catedral en maderas de cedro y techos de aluminio que simulan las olas del mar sobre el campo de vid. El logotipo de Ysios es el perfil del edificio, visto desde el frente.

Ysios es un homenaje a los dioses egipcios Isis y Osiris. Isis era la diosa madre y protectora de la Naturaleza por lo que supervisaba la transformación de las uvas en vino y Osiris era el dios egipcio de la resurrección y símbolo de la fertilidad, dios de la vegetación y la agricultura que enseñó a su pueblo a cultivar los campos.

Arquitectura de Ysios

Sobre una parcela de 72.000 m2, Santiago Calatrava desarrolla este proyecto para Ysios, creando un referente en La Rioja Alavesa.

El edificio de la bodega Ysios está diseñado para recordar al mundo del vino se mire por donde se mire, aunque si no te lo explican puede pasar desapercibido. Calatrava lo diseñó de tal manera que, si se ve desde el aire, el edificio junto con el acceso, recuerda a una copa de vino.

Otra de las vistas que diseñó Calatrava es la vista de la fachada, con sus curvas, que al reflejarse sobre el estanque, representa o recuerda a las barricas de roble. Esta vista también es difícil de ver porque el agua del estanque debe estar muy quieta y no siempre el viento acompaña.

Te recomendamos ver la bodega Ysios con un vídeo donde se ve el edificio de la bodega desde todos sus puntos de vista.

Los vinos y viñedos de Ysios

La bodega elabora unas 200.000 botellas de vino al año, con las uvas de sus viñedos, desde 2001, año en que se creó la marca Ysios y se construyó el edificio.

Ysios comercializa vino tinto con denominación de origen Rioja. Está especializado en vinos reserva y de ediciones limitadas.

Estos vinos conservan las características de los auténticos «Riojas» y su identidad, pero sabiamente adaptados a los nuevos consumidores. Por eso son en su mayoría intensos en su vestido, de afrutados y potentes aromas y a la vez tiernos y fáciles.

Sus enólogos (auténticos creadores) han conseguido aunar notas primarias afrutadas (frutas negras) con notas especiadas frescas y notas a nobles maderas de su crianza, nobles y personales.

Tecnología puntera y sofisticada, dominio de la barrica y la crianza y un gran conocimiento de los nuevos y jóvenes mercados y de los nuevos consumidores. Sentido y orgullo de La Rioja y culto a su variedad, «el tempranillo», por eso lo utilizan al 100%.

Sus 75 hectáreas de viñedo dan origen a vinos jóvenes muy coloreados y aromáticos, a crianzas y reservas, y su edición limitada, carnosos, amplios y a la vez frescos y fáciles de beber, de buena y amplia estructura, prolongado y halagador recuerdo.

Si quieres ver el interior del edificio hay que hacer la visita guiada. Lo primero, se ven un poco los viñedos y te explican el origen y la idea de hacer este edificio tan especial. Ya en el interior, se ve el proceso de la elaboración del vino y se comprueba como el edificio es muy funcional y va acorde a las necesidades de la bodega. También hay un poco de explicación arquitectónica y se pueden ver diferentes bocetos del edificio de Calatrava. Como algo diferente, hay una exposición de vasos cuyo diseño está basado en los 7 pecados capitales del artista Kacper Hamilton.

Para finalizar, subes a la parte superior del edificio que es donde se realiza la cata de los vinos Ysios, acompañados con un poco de queso y embutido. Desde aquí, y a través de su cristalera, hay unas bonitas vistas del pueblo de Laguardia, situado justo enfrente.


PLAZA DE TOROS DE CAMPOFRÍO: las plazas de toros con más encanto

25 octubre, 2019 at 12:24

La Plaza de Toros Campofrío (Huelva) es una de las plazas de toros más antigua de las que se conservan en España.

Respecto con cuál es la plaza más antigua de España en pie y en uso hay varias dudas, pero hay un libro, editado por la Diputación de Huelva y llamado “Campofrío, la plaza de toros más antigua de España”, que recoge y explica los documentos quirográficos que demuestran que la localidad onubense de Campofrío alberga la plaza de toros más antigua de España ante otros emplazamientos tan conocidos como la de Sevilla, Zaragoza o Ronda.

Origen e Historia de la Plaza de Toros de Campofrío

La historia de la plaza de toros es la historia de la cofradía de Santiago Apóstol. Fue esta institución la que decidió abordar la construcción de un coso taurino donde practicar la lidia de toros, tan enraizada entonces en la localidad.

Casi un siglo después de la conformación de la cofradía de Santiago Apóstol, en 1716 los cofrades y los vecinos de la localidad (por aquel tiempo dependiente de Aracena) iniciaron el proceso para la construcción de un coso taurino de mampostería. Debió haber en la localidad un fuerte arraigo a los juegos con el toro, pues en 1716 se solicita permiso a la villa de Aracena para la construcción de un coso taurino circular, de mampostería y a las afueras de la aldea, en el terreno conocido como Navalmentiño.

Éste fuerte arraigo a la tauromaquia en la Cuenca Minera y la Sierra onubense queda de manifiesto con la edificación de diversas plazas de toros que se produjeron en la zona desde finales del siglo XVI, como sucedió con la Plaza de Toros de la Ermita de San Mamés en Rosal de la Frontera (1599), la primera en España, seguida de la Plaza de Toros de la Ermita de Santa Eulalia en Almonaster la Real (1608), precedentes de la de Campofrío, donde hay constancia de la celebración de corridas de toros incluso antes de la edificación de este coso.

Un coso taurino construido en el año 1716, aunque inaugurada dos años después, en 1718, por lo que en el año 2008 ha conmemorado tres siglos de historia. Y lo ha hecho, además, con su inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Monumento, al considerarse que es un “hito monumental y cultural de la tauromaquia”.

Arquitectura y Características de la Plaza de Toros de Campofrío

En cuanto a sus características urbanísticas, la plaza se configura como un hito y un elemento de la arquitectura simbólica de Campofrío, siendo muy llamativo el hecho de que se construyera a las afueras del municipio, lo que permitió un enorme desarrollo de la localidad a su alrededor, al ser un punto de referencia. Una prueba de ello es que, en la actualidad, está inserto en uno de los extremos del casco urbano. No en vano, aparece hasta en el escudo municipal, donde se incluyen dos estoques en aspa.

A nivel arquitectónico, la plaza tiene un diámetro total de 60 metros, de los que 52 corresponden al ruedo. Con un aforo de 1.500 localidades, al exterior expresa su forma redonda con el único añadido del conjunto rectangular de los toriles. Su altura es escasa y no se eleva del terreno más de 2,5 metros, salvo en esta edificación aneja y en la portada. Otra singularidad destacada, que contrasta con la sencillez del conjunto, es la distribución irregular de los burladeros y de los accesos a las gradas.

La organización del recinto es muy elemental, reducida a dos muros concéntricos que se unen en el palco de acceso y con un graderío que arranca del terreno natural. Su portada principal, que se remata de forma triangular sugiriendo un frontón, cuenta en el interior con un pequeño porche que constituye la única zona cubierta junto con los toriles. La plaza está construida con mampostería, enfoscada y encalada en todas sus caras. En rojo están pintados los burladeros de madera y las puertas de acceso. A esa calidad arquitectónica, caracterizada por la máxima sencillez y funcionalidad, se añade el valor paisajístico de su ubicación entre el caserío y la dehesa, así como el valor etnológico de haber sido durante siglos lugar de reunión, fiestas, ceremonias y eventos. Y que es este coso no sólo ha acogido corridas de toros, sino también es el escenario de todo tipo de eventos, de ahí que se considere una seña de identidad de la zona, al haber adquirido un enorme valor cultural.

Pueblo de Campofrío
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MONASTERIO DE LEYRE: monasterios y conventos con encanto

11 octubre, 2019 at 12:23

Ubicado en Navarra, al pie de la sierra de la que toma el nombre el monasterio de San Salvador de Leyre, o simplemente Monasterio de Leyre (en euskera Leire), es uno de los conjuntos monásticos más importantes de España por su relevancia histórica y arquitectónica.

Entre los diferentes edificios que componen el conjunto, existen ejemplares del románico muy destacados por pertenecer a un periodo muy temprano del mismo y por su excelente estado de conservación. En 1867 el Monasterio de Leyre fue declarado Monumento Nacional.

Posiblemente la cabecera de la iglesia del monasterio de Leyre sea la primera manifestación del románico pleno en Navarra a mitad del siglo XI. Las piedras con las que está construido el monasterio provienen de canteras propias que se hallaban en plena sierra y cercanas a él.

El bello entorno natural que acompaña al monasterio de Leyre explica que a lo largo de su historia haya sido refugio de reyes y obispos, icono de Navarra y escenario de celebraciones oficiales. El Monasterio de Leyre forma parte de la Ruta de Monasterios en Navarra.

El monasterio se alza en terrenos del actual municipio de Yesa, a 52 km de la capital navarra, Pamplona, sobre el ramal del Camino de Santiago que discurre siguiendo el río Aragón, pasando por Jaca, el Camino de Santiago aragonés. El conjunto se encuentra en una balconada natural de la falda sur de la sierra de la sierra de Errando o de Leyre, entre cuyos picos destaca la cima del Arangoiti de 1.356 m de altitud (esta sierra es la primera sierra prepirenaica que se tiende sobre el Canal de Berdún). Dicha balconada se alza sobre el valle del río Aragón, embalsado en este punto en el pantano de Yesa.

Antes de ir a visitarlo te recomendamos conocer los horarios y las tarifas de visita

Cerca del monasterio te recomendamos visitar el castillo de Javier y Sangüesa y el pueblo medieval Sos del rey Católico.

Origen e Historia del Monasterio de Leyre

Sus orígenes se remontan a la baja Edad Media. Documentalmente está mencionado ya en 848 y su historia va estrechamente ligada a la del reino de Navarra.

Durante la dominación árabe, del siglo IX al X, fue refugio de los reyes y obispos de Pamplona, hasta que los musulmanes lo incendiaron en el siglo X.

Después de haber sido destruido por Almanzor, Sancho García lo hizo reconstruir en 1022. La cabecera del coro y la cripta se construyeron en estilo románico, fueron introducidas las reglas de los cluniacenses y partiendo de él se construyeron numerosas hosterías y hospicios a lo largo del camino de Santiago. Desde el siglo XI la cripta sirvió de panteón real. En ella se encuentran los sepulcros de varios reyes de Navarra.

El monasterio alcanzó su máximo esplendor en tiempos de Sancho García el Mayor, de su hijo García de Nájera y de su nieto Sancho de Peñalén. En el año 1307 el monasterio fue entregado a la orden de los cistercienses.

La Desamortización de Mendizábal, en el siglo XIX, hizo que el monasterio se cerrara con el consiguiente abandono y ruina. Pero tras ser declarado Monumento Nacional en 1867 y mediante iniciativas personales comienza a resurgir. En el año 1915 se regresan a Leyre los restos de los primeros reyes de Navarra que habían sido llevados a la parroquia de Yesa. En la actualidad, el conjunto monástico pertenece a la Comunidad Foral de Navarra, y para su cuidado y funcionamiento se le ha cedido a quienes fueron sus primeros moradores, los monjes negros, los benedictinos.

Sus sólidos muros son testigos de mil y una historias como la de dos hermanas cristianas que fueron decapitadas por no abrazar el credo musulmán, y cuyos restos se guardan en una arqueta de marfil que se exhibe en el Museo de Navarra. O la leyenda de San Virila, el abad que quedó extasiado durante 300 años al oír cantar un pajarillo cerca del monasterio, lugar del que mana la fuente de San Virila.

¿Qué ver en el Monasterio de Leyre?

El recorrido te descubrirá una sobrecogedora cripta del siglo XI, la parte más antigua de todo lo conservado. El angosto recinto, en el que se acumulan masas de piedra, con fustes de escasa altura y robustos capiteles consigue estremecer y es una clara muestra de la sobriedad propia del románico más arcaico.

Su austeridad contrasta con la decoración de las portadas de la iglesia abacial, especialmente con la de la puerta Speciosa, otro de los grandes tesoros del cenobio. Data del siglo XII y está adornada con elementos de la Ruta Jacobea. Busca el demonio atrapando una desventurada alma o al ángel que anuncia el juicio final y comprobarás que es una auténtica biblia en piedra.

Otros elementos de gran interés son la portada sur del siglo XII, la portada de la iglesia abacial (XI), el paso subterráneo de la cripta y la capilla del Santísimo (1501-1536), que contiene un retablo y esculturas de Juan de Berroeta (XVII).

En el interior de la iglesia, iniciada en estilo románico, contempla la gran nave central (XI) y alza la vista para descubrir la bóveda gótica, una de las ojivas más bellas existentes en Navarra. Tras una reja de estilo gótico tardío está el panteón de los primeros Reyes de Navarra y junto a él se venera el «Cristo de Leyre», una enorme talla del siglo XVI.

En Leyre, la alabanza y diálogo con Dios se traducen en canto gregoriano. Aprovecha la ocasión y escucha a los monjes en el oficio de laúdes, a las 7,30 horas (domingos y festivos a las 8:00 h.), misa conventual, a las 9:00 h. (domingos y festivos a las 12:00 h.), vísperas, a las 19:00 h. y en las completas, a las 21:00 h.

Si quieres disfrutar con tranquilidad del lugar, aneja al edificio existe una hospedería de 33 habitaciones. Además, el monasterio cuenta en su interior con 10 habitaciones individuales. Este alojamiento está reservado a varones y las comidas se realizan con los monjes en el refectorio.

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ZUFRE: ruta del jamón ibérico de Jabugo

9 agosto, 2019 at 11:11
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La gastronomía de Huelva es simplemente única y el Jamón Ibérico de su Sierra, el Jamón de Jabugo, es un verdadero manjar.

La ruta del jamón ibérico de Jabugo comprende los 31 municipios integrados en la zona de elaboración y maduración de la DOP Jamón de Huelva en las comarcas de Sierra de Aracena y Picos de Aroche y de Cuencas Mineras. Gran parte del territorio es Parque Natural y Reserva Mundial de la Biosfera. En él se crían los cerdos ibéricos con los que se elaboran los reconocidos jamones de Jabugo.

Hoy te invitamos a conocer Zufre, el municipio de mayor extensión perteneciente al Parque Natural de la Sierra de Aracena y los Picos de Aroche.

Zufre es uno de los espacios protegidos más importantes de la comunidad y que ocupa todo el norte de la provincia con sus dehesas y pequeñas elevaciones cubiertas, predominantemente, de bosques de encinas, alcornoques, castaños y monte bajo, por donde cursan numerosos arroyos, conformando un paisaje de extraordinaria belleza y atractivo.

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Su casco urbano, lleno de pequeñas calles serpenteantes empedradas rodeadas de adarves y miradores, resulta un conjunto de gran belleza, lo que le ha significado su catalogación como Bien de Interés Cultural.

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Del patrimonio de Zufre destacan la plaza principal del pueblo donde está el ayuntamiento y la Iglesia del siglo XVI. También nos encontraremos con la Torre de la Harina, datada del siglo XII, que es otro de los miradores que posee Zufre.

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Tampoco te puedes perder la Ermita de Santa Zita y el Humilladero de San Sebastián.

Zubre goza de muchos parajes perfectos para hacer excursiones, como el parque-mirador conocido como «El Paseo» o su extenso término municipal lleno de yacimientos arqueológicos de distintas épocas y de gran importancia para el estudio de la prehistoria y la historia antigua y medieval.

Origen e historia de Zufre

Desde la prehistoria se conocen asentamientos en las zonas que actualmente ocupa el pueblo y en sus alrededores y se tiene constancia de explotaciones mineras en época Romana. Durante esta época se asentaron muchas villas que se dedicaban a la explotación agroganadera como atestiguan los yacimientos encontrados en el municipio como en las poblaciones cercanas.

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Durante la época musulmana la villa de Sufre alcanza un relativo esplendor que se refrenda en la construcción de la muralla almohade que circunda a la localidad.

Posteriormente al periodo musulmán, al igual que todos los pueblos de la comarca sufre las transformaciones propias, sobre todo en lo que a los elementos de culto se refiere. Así a partir del siglo XIV datan las primeras fases constructivas de uno de los elementos más reconocibles de toda la localidad como es la Iglesia de Purísima Concepción.

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Durante siglos se fue ampliando el templo, cuya base sería el de una mezquita de apariencia similar a la de Almonaster la Real. Son muchas las modificaciones que se realizan en este edificio hasta su apariencia actual que parece que se “desparrama” de arriba a abajo. Solo podemos añadir que es uno de los edificios histórico religiosos más bellos de toda la provincia.

Otro de los edificios más interesantes de toda la localidad y de toda la sierra de Huelva es el edificio del Cabildo o Ayuntamiento. Este edificio situado en la misma plaza de la Iglesia de la Purísima Concepción data su origen a los Reyes Católicos que apremiaron a todas las villas a construir su ayuntamiento.

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Los diferentes elementos de este edificio hacen de contrapunto del poder civil con el eclesiástico. Con tal solo cruzar la plaza pasamos de uno a otro. El edificio construido en piedras con tres arcos en su fachada principal con una estructura castellana fue inaugurado al parecer en 1570.

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CASTILLO DE LOARRE: ruta de castillos medievales

26 julio, 2019 at 13:02
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El castillo de Loarre o castillo abadía de Loarre es un majestuoso recinto fortificado considerado como el castillo románico mejor conservado de Europa. Se encuentra  en las cercanías del pueblo de Loarre, a 1071 metros de altura y a sólo 30 km de Huesca.

Levantado sobre un espolón rocoso está formado por diversas edificaciones, la mayoría en buen estado de conservación, entre las que podemos ver las murallas y torreones, la fortaleza, la torre del homenaje o el mirador de la reina (con espléndidas vistas sobre la sierra y los llanos que se abren a sus pies), además de otras dependencias de origen monástico, como la iglesia o la cripta.

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Desde su posición se tiene un control sobre toda la llanura de la Hoya de Huesca y en particular sobre Bolea. Durante el periodo altomedieval el castillo de Loarre, junto con el próximo de Marcuello, ostentaban una importancia estratégica fundamental dentro del sistema defensivo aragonés, frente a la férrea posición musulmana de Bolea.

Construido en el siglo XI resultó ser pieza clave para el rey Sancho III el Mayor en la reconquista cristiana de esta Tierra Llana o Plana (de ahí el nombre de Plana de Uesca) a los musulmanes. Presenta un buen estado de conservación, lo que hace que sea uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar y civil del románico de España.

Fue denominado Monumento Nacional en el año 1906. En la actualidad cuenta con el estatus de bien de interés cultural. Las instituciones regionales y comarcales están interesadas en promover su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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Su belleza, singularidad, buena conservación y excelente ubicación han hecho que resultara elegido en numerosas ocasiones como escenario de películas y documentales, algunas tan universales como “El Reino de los Cielos” dirigida por Ridley Scott.

Origen e Historia del Castillo de Loarre

Durante muchos años se ha defendido que en Loarre existió un núcleo urbano ya desde época romana, denominado Calagurris Fibulariensis. Sin embargo, lo inaccesible del lugar ha hecho dudar de la veracidad de esta afirmación, pues no hay ninguna certeza para relacionar Loarre con esta ciudad. No obstante, parece razonable pensar en un posible asentamiento de época antigua, aunque no se han localizado restos arquitectónicos anteriores al siglo XI.

Durante el periodo musulmán tampoco hay demasiadas noticias sobre Loarre, aunque todo parece indicar que esta zona no se llegó a controlar de forma exhaustiva.

Algunos historiadores sitúan el origen del castillo de Loarre en una fecha tan temprana como es el siglo X, cuando se construiría una torre como símbolo del terreno ganado a los musulmanes. Sin embargo, la conquista definitiva de todas estas tierras tuvo lugar bajo el reinado de Sancho III el Mayor (1004-1035). El 8 de enero de 1033 ya había un teniente aquí, Lope Sánchez, con lo cual debía de existir, o quizás se estaba construyendo, un castillo. Tras la muerte del rey, algunos autores piensan que Loarre fue heredado por su hijo Gonzalo.

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Durante el periodo de 1035 a 1042 parece que estuvo abandonado, pero a partir de este año, pasó al poder de Ramiro I (1035-1063) y adquirió una gran importancia. En esta época se construyó la Torre del Homenaje, y parece que se creó un núcleo de población en su entorno.

En general, las partes del castillo de Loarre de esta etapa que comprende los dos primeros tercios del siglo XI se reconocen (atención a las reformas y restauraciones recientes) por sus formas lombardas, en especial a sus muros realizados con sillarejos.

Durante el reinado de Sancho Ramírez (1069-1094) es cuando el castillo alcanzó el máximo esplendor, y fue en estos años cuando se realizó la ampliación que dio lugar a la configuración actual. En la década de los 70 el rey fundó en el castillo un monasterio con una comunidad de canónigos de la orden de San Agustín puesto bajo la autoridad directa del papa, con lo que al carácter militar de la fortaleza se unió un aspecto religioso.

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De este monasterio se han conservado algunas estancias, adscritas a la estética del románico pleno jaqués, como la espléndida iglesia de San Pedro y la cripta de Santa Quiteria.

A lo largo del siglo XII el castillo se secularizó y se redujo a la categoría de parroquia. El carácter militar también perdió importancia tras las conquistas de Huesca (1096) y Bolea (1101) y poco a poco quedó abandonado. Desde 1263 hasta 1285 estuvo bajo la protección de la Orden de San Juan. En el siglo XVI el núcleo de población se trasladó a su emplazamiento actual, en una zona más baja y accesible, y para ello se construyó una iglesia y nuevas casas, cuyas piedras salieron de los muros del castillo, quedando éste completamente abandonado y semiderruido.

Las murallas del Castillo de Loarre

La interpretación de las diferentes fases constructivas del castillo de Loarre ha dado lugar a grandes debates entre los historiadores de la arquitectura, y muchos de los frentes que se han abierto continúan siendo objeto de estudio, sin que se hayan podido alcanzar unas conclusiones definitivas.

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La fortaleza se encuentra rodeada por una gran muralla que recorre todo su perímetro en los costados norte, este y sur, mientras que en el oeste el castillo se protege por la propia montaña. El muro se refuerza con un torreón cuadrangular y otros nueve semicirculares.

La entrada principal al recinto se encuentra en el flanco este, y está compuesta por un sencillo arco de medio punto, flanqueado por dos torreones semicirculares. El castillo tiene una segunda puerta, más antigua, ubicada en el único torreón cuadrangular de la muralla, compuesto también por un sencillo arco de medio punto que se sitúa en un ángulo recto con respecto al lienzo de la muralla, para proteger el acceso.

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La torre albarrana

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Frente a la segunda puerta de entrada de las murallas hay una pequeña torre a la que tradicionalmente se ha denominado albarrana, y que quizás se comunicase con la muralla por medio de una estructura de madera, aunque en realidad su función defensiva no está nada clara, ya que su construcción es bastante anterior a la de la muralla.

El exterior del Castillo de Loarre

Desde esta zona se puede ver una magnífica perspectiva del ábside de la iglesia. Éste tiene forma semicircular, y se encuentra dividido horizontalmente por medio de dos líneas de imposta con la característica decoración del ajedrezado jaqués, que lo dividen en tres cuerpos de tamaño desigual correspondientes, el inferior a la cripta y los dos superiores a la iglesia.

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El interior del Castillo de Loarre

La cripta tiene una planta semicircular, y se encuentra situada bajo el ábside de la iglesia. Se cubre por medio de una bóveda de horno, que arrancan de una línea de imposta ajedrezada.

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La iglesia de San Pedro, levantada en época de Sancho Ramírez, tiene una sola nave, dividida en dos tramos, y rematada en un ábside semicircular. La iglesia cuenta con una maravillosa bóveda semiesférica realizada en sillería, con cuatro pechinas en los ángulos que facilitan el paso del espacio cuadrangular al circular.

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La oscuridad de la iglesia y su enorme volumen, incluyendo la cúpula del cimborrio, no suele permitir contemplar demasiados detalles, pero es recomendable alzar la vista para contemplar los capiteles de los ventanales, con numerosas representaciones zoomorfas.

Si continuamos nos encontramos con las dependencias militares y la torre del homenaje. Su altura hace que su perfil sobresalga de la estructura del castillo. Esta torre se construyó en época de Ramiro I, y originalmente era una albarrana, exenta, pero cuando en época de Sancho Ramírez se edificó la iglesia, la construcción quedó dentro del recinto monástico, perdiendo en gran parte su función defensiva. La torre tiene planta rectangular.

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Desde la torre del homenaje se puede acceder a la torre de la Reina por medio de una pasarela metálica. Es una elegante construcción, cuyo rasgo más distintivo es la galería de ventanas de la parte superior. Se estructura en tres pisos, visibles desde fuera por las tres filas de ventanas.

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El patio de armas no tiene grandes dimensiones, aunque seguramente fuese suficiente para acoger la guarnición que habitó en el castillo construido por Sancho III. Seguramente en época de Sancho Ramírez este espacio se modificó.

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La iglesia de Santa María de Valverde fue la primera capilla de la fortaleza construida por Sancho III. El primitivo ábside quedó oculto cuando se construyó la iglesia de San Pedro. Se accede desde el patio de armas.

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En la zona norte del castillo de Loarre, entre la torre norte y la del homenaje hay una serie de dependencias comunicadas por pasillos y escaleras que se piensa serían las dependencias monacales. La más amplia es la conocida como sala de los arcos, que bien pudiera haber sido el dormitorio de los monjes.

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El mirador o ventanal de la reina no es más que los restos de una gran sala construida por Sancho Ramírez, con dos pisos de altura, cuya función es desconocida. En la actualidad tan sólo ha sobrevivido el piso inferior.

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