EL TRAJE DE LUCES: artesanía con historia

22 enero, 2021 at 11:31

El traje de luces es uno de los elementos más importantes dentro del mundo taurino ya que es la indumentaria que utiliza el matador de toros. Su nombre responde a los reflejos que producen las lentejuelas que lo cubren.

Está fabricado en seda y cubierto con un bordado realizado habitualmente con hilo de canutillo de oro, plata o azabache y ocasionalmente con otros materiales como cristal.​ El hilo de color oro se utiliza para los Diestros (matadores de toros) y el de plata para los subalternos (acompañantes del matador de toros).

Se trata de una vestimenta tradicional que procede del traje de los majos de finales del siglo XVIII y que acabó convirtiéndose en una ropa exclusiva para ejercer el ritual taurino. Con posterioridad le fueron añadidos diversos adornos, como la montera, los bordados y los alamares.

Vestirse de torero es un ritual para el matador, que es asistido en todo momento por su mozo de espadas, que le ayuda a vestirse con especial parsimonia y orden. El peso de un traje de luces profesional es de unos 4 o 5 Kg y tiene un precio medio razonable de 3.000 euros. Se tarda unos 40 días en su confección y no se suele utilizar más de 4 veces.

Los nombre de las combinaciones de colores del traje del matador suelen ser muy significativas en el mundo del toreo: gualda y oro, canela y azabache, azul pavo y oro, tabaco y oro, Vino de burdeos y luto, azul purísima, azul rey y plata, tabaco puro y plata, verde oliva, nazareno, canario y azabache, sangre de toro y oro, primera comunión y plata, luto y azabache, catafalco y oro…etc.

Además del traje oficial, existen otros dos estilos de trajes: los trajes para las Corridas Goyescas y los trajes para las Corridas Picassianas.

Origen e Historia del Traje de Luces

Antes del s. XVII, el toreo no era considerado como una profesión y los lidiadores vestían con su ropa habitual, la que le correspondiera según su situación social: la de caballeros o pajes. El toreo a caballo (el de a pie todavía no era relevante) era entonces considerado más un deporte que un espectáculo; donde los caballeros eran ayudados desde la arena por los pajes.

Los primeros trajes de toreros de a pie datan del siglo XVII, cuando los toreros profesionales navarros y andaluces junto con sus cuadrillas acudían a las fiestas con indumentarias específicas para la actuación, circunstancia que identificada al grupo como bandas de toreros. Por primera vez en la historia de la tauromaquia, un torero se enfrentaba a los toros con estoque y muleta, vistiendo calzón, coleto de ante negro, mangas acolchadas con terciopelo negro y cinturón bien ceñido.

El Coleto era la denominación para esa vestidura de sus inicios, que estaba hecha de piel por lo común de ante, sin mangas, abierta por delante. Por su flexibilidad y dureza, el ante era el material preferido en aquella época para confeccionar los trajes de toreros. Sus cualidades permitían la libertad de movimiento con una cierta protección frente a los posibles rasguños ocasionados por los pitones.

En Andalucía, en la Cartilla de Torear de la biblioteca de Osuna, se menciona que los toreadores utilizaban ante como material apropiado de su vestido para torear.

“ …. De ante ha de ser el vestido

Para el cuerpo resguardar,

Que no le pueda calar

Aunque él se viera oprimido.

…….”

En tal época, como ya lo hemos expuesto, el toreo a pie competía con el de a caballo, de ahí que entonces se inventara la muleta y se introdujera la suerte de matar al toro cara a cara a pie.

En 1730, la Maestranza de Sevilla se encarga de vestir a los toreadores contratados con vestidos de color grana con galón blanco; acabó siendo el uniforme oficial de la Maestranza. Este encarnado y blanco se mantuvo durante más de 60 años como uniforme oficial. Fuera de Sevilla, como en Madrid, Granada y Aranjuez, los toreros tenían cierta libertad en los colores y adornos de sus trajes, siempre que fueran sobrios.

Con el Maestro Costillares apareció la revolución del diseño en el Traje de Torero. Goya también retrató al Maestro Costillares. En todos sus cuadros, Goya dibuja al torero con un tocado en la cabeza y el pelo recogido en una redecilla negra. La coleta y la forma de recoger el pelo podía justificarse como una manera de protección en caso de golpe por caída al suelo.

Más adelante se cambió el ante por la seda; adoptándose el traje de majo, que ha llegado hasta nuestros días.

Entre 1830 y 1835, “Paquiro” se presenta sin la típica redecilla y aparece con la montera. Las primeras monteras eran de gran tamaño y más altas que las actuales; realizadas en astrakán y adornadas con borlas en los laterales.

“Paquiro” también introduce en el traje las “luces”, a través de las lentejuelas, que es una gran novedad en la época.

Las piezas de un Traje de Luces

El traje de torero se compone de variadas y numerosas piezas confeccionadas y estudiadas para cumplir tanto con la elegancia como con la “protección” del matador: montera, corbatín, chaquetilla, chaleco, faja, calzón, taleguilla, medias, camisa, zapatillas y el capote de paseo (en los picadores el sombrero se le llama castoreño).

Un torero tiene que salir a la plaza elegante y cómodo a la vez, sin que nada le sobre ni le falte, justo. Referente a los motivos de los bordados los hay de formas vegetales, geométricas, florales, de líneas, ramas, círculos y la mezcla de ambos o varios elementos.

La taleguilla, chaquetilla y chaleco suelen ser del mismo color, diversos y a gusto del torero, adornados con bordados, alamares y lentejuelas de oro en los matadores y de plata o azabache en los subalternos. Los colores más comunes suelen ser el grana, nazareno, purísima, rosa palo, blanco, tabaco. También se usan colores más claros para mimetizar con el albero o bien colores menos delicados para los peones de brega.

La Montera más que sombrero, es un tocado, un pelo artificial, una especie de peluca que se acopla a la cabeza del diestro. El uso de la montera está cargado de normas, protocolos y supersticiones.

El traje goyesco viene de los primeros tiempos del toreo moderno y los toreros visten a la manera del siglo XVII, época de Goya, el traje es parecido al de ahora pero descargado de brillos, con pocos adornos y sin lentejuelas, más holgado y en la cabeza rematando con un bicornio.

El traje picassiano se utiliza para la celebración de una corrida en Málaga, en honor a Picasso, denominada Picassiana. Los toreros se lucen con trajes inspirados en su estilo y visión del color y la forma.

Los picadores en lugar de zapatillas llevan botas, en la pierna derecha una armadura de hierro llamada mona que sube hasta la entrepierna y en la izquierda una más pequeña llamada gregoriana, su chaquetilla es también bordada en oro.

Los rejoneadores españoles utilizan traje campero, en cambio los portugueses visten a la Federica (al estilo de Federico de Prusia), lujosa indumentaria rematada con un adornado tricornio a la cabeza.


CASTILLO DE OLITE: ruta de castillos medievales

29 noviembre, 2018 at 10:55

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El Palacio de los Reyes de Navarra de Olite, Palacio Real de Olite o Castillo de Olite es la prueba del esplendor cortesano que durante la Edad Media vivió la ciudad de Olite, histórica localidad situada en la Zona Media de Navarra, a 42 kilómetros al sur de Pamplona. Es el monumento más visitado de Navarra.

Declarado Monumento Nacional en el año 1925, ocupa un tercio del casco urbano medieval de todo el pueblo de Olite y está considerado como uno de los conjuntos civiles góticos más interesantes de Europa.

El Palacio Real de Olite, corte de los Reyes navarros hasta la conquista de Navarra y su incorporación a la Corona de Castilla (1512), fue uno de los castillos medievales más lujosos de Europa. Así, un viajero alemán del siglo XV escribió en su diario, que hoy se conserva en el British Museum de Londres: «Seguro estoy que no hay rey que tenga palacio ni castillo más hermoso y de tantas habitaciones doradas».

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Contemplando su majestuoso perfil y la elegancia de sus caprichosas torres, no resulta difícil trasladarse al medievo e imaginar cómo era la vida cortesana en un palacio que contaba con ricas decoraciones, exóticos jardines e incluso un zoológico. En él se celebraban justas y torneos, juegos de pelota e incluso corridas de toros. Olite rememora aquel pasado, en el que llegó a ser la sede de la Corte en tiempos de Carlos III el Noble, durante sus Fiestas Medievales.

Puedes realizar la visita al Palacio Real a través de una visita guiada o visitarlo por libre, con la ayuda del folleto que te entregan al comprar la entrada, y siguiendo la numeración que irás encontrando en las paredes del palacio.

Los horarios de apertura van variando a lo largo del año y las tarifas van desde los 2€ hasta los 4,90€, dependiendo de la edad del visitante y de si se realiza la visita por libre o guiada. Tienes toda la información sobre horarios y entradas en este enlace.

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Origen e historia del castillo de Olite

Aunque el origen de Olite se remonta a la época imperial romana (siglo I d.C.), con la función de proteger la calzada que comunicaba Cesaraugusta (Zaragoza) con Pompaelo (Pamplona), su fundación se atribuye al rey godo Suintila hacia el año 621.

El rey navarro García Ramírez dio a la ciudad su primer fuero y Teobaldo II le concedió el derecho a celebrar ferias anuales en 1276.

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Pero su época de esplendor le llegó a Olite en la Baja Edad Media, época en la que se convirtió en una de las sedes favoritas de los reyes de Navarra. En el siglo XV el rey Carlos III “el Noble” y su esposa Leonor de Trastámara decidieron construir su suntuoso Palacio Real de Navarra en Olite.

El castillo de Olite es una construcción de carácter cortesano y militar construido durante los siglos XIII y XIV (1387-1425). Es la obra cumbre del rey Carlos III “el Noble” y el emblema más representativo del viejo Reino de Navarra. Fue levantado para que fuera admirado y demostrar su poderío económico, ya que fue todo un derroche para la época.

Emplazado sobre restos de una antigua fortaleza romana, durante los siglos XIII-XIV sufrió diversas transformaciones. Esta parte es la que se conoce como Palacio Viejo y la que actualmente acoge el Parador Nacional de Turismo «Príncipe de Viana». De ese antiguo edificio se conservan los muros exteriores y las torres. En su fachada destacan los ventanales góticos, la puerta principal renacentista y la torre de la Atalaya.

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Pero su gran desarrollo fue impulsado desde principios del siglo XV por el rey Carlos III el Noble, que para tal fin atrajo a su corte a numerosos maestros peninsulares y europeos. El Palacio nuevo se edificó en estilo gótico civil francés. Y es que el Rey, nacido en Nantes, procedía de una importante dinastía de la nobleza francesa, cuya influencia le hizo desarrollar su imaginación y buen gusto en el Palacio de Olite, que convirtió en su palacio predilecto.

El palacio quedó parcialmente destruido en un pavoroso incendio provocado en 1813 por el general Espoz y Mina para evitar que los franceses, en su retirada, se hiciesen fuertes en el castillo. Su aspecto actual es fruto de una cuidadosa restauración acometida en 1937 que ha intentado devolverle el aspecto primitivo. Se caracteriza por grandes muros de piedra que describen un perímetro de entrantes y salientes, y torretas circulares con cubiertas de pizarra que se levantan en las esquinas.

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Arquitectura del castillo de Olite

Uno de los principales encantos del castillo de Olite es el aparente desorden de su diseño. Esto se debe a que su construcción nunca se afrontó como un proyecto de conjunto, debiéndose el resultado final a las continuas obras de ampliación y reformas que se sucedieron durante siglos.

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Un amplio patio da acceso al interior del recinto que puedes visitar acompañado de un guía. Junto a este patio, antiguo jardín de los toronjales, se hallan otros dos llamados de la «Pajarera» y de la «Morera». En este último existe una morera de varios siglos declarada Monumento Natural.

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Detrás encontrarás el núcleo central del Palacio Nuevo, en cuyo piso noble se conservan las cámaras del Rey, con amplios ventanales abocinados, y de la Reina. Desde la primera cámara se accede a la Galería del Rey, mientras que la cámara de la Reina comunica con un pequeño patio llamado del «Naranjo» o «jardín de la Reina».

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Sobre el núcleo central que alberga las cámaras se alza la silueta de las distintas torres almenadas. La más alta y espectacular es la torre del «Homenaje», mientras que la más caprichosa es la de las «Tres Coronas». Desde la torre de los «Cuatro Vientos» los reyes seguían los torneos. Ahora no podrás ver torneos, pero sí disfrutarás de una bella panorámica.

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Subiendo a la Torre del Homenaje tienes la oportunidad de ver las mejores vistas a 40 metros de altura, tras 133 peldaños de ascenso. Se divisa toda la región del sur de Navarra e incluso parte de La Rioja Baja.

En la zona más sombría del palacio encontrarás el pozo del hielo, cuya tapadera recuerda a una enorme cáscara de huevo. En él se guardaban capas de nieve para conservar los alimentos, de ahí que se conozca como «la nevera».

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Este castillo estuvo rodeado de un gran lujo. Contaba con exóticos jardines, algunos suspendidos a casi 20 metros de altura y un pequeño parque zoológico con leonera que se hallaba en los desaparecidos Jardines o Huertos del Rey, al este del actual Palacio. Además sus paredes estaban ricamente decoradas con azulejos, yeserías y techos de madera tallada. Tras el incendio, sólo permanece la decoración de la conocida como Cámara de los Yesos.

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Destaca el complejo hidráulico que dotaba de agua a los jardines. El agua venía por conducciones desde el Cidacos y era remontada a la torre del Aljibe por medio de un mecanismo con cangilones para ser distribuida por tuberías de plomo a las fuentes y jardines.

Fue escenario de juegos como la pelota y la raqueta y, en ocasiones especiales, se celebraban justas y torneos, como los organizados durante la boda de la princesa borgoñona Agnes de Clèves y el Príncipe de Viana, hijo de Carlos III, y cuyo título lo ostenta hoy la Princesa de Asturias. Otra diversión muy arraigada fueron las corridas de toros.

Otras cosas del castillo de Olite para tener en cuenta

En la plaza que sirve de antesala al castillo, a través de unas escaleras de caracol, accederemos a las galerías medievales en las que existe una exposición sobre la vida de la corte de Carlos III el Noble.

La visita al palacio puede completarse con la iglesia gótica de Santa María y la románica de San Pedro, dotada de claustro y airosa torre gótica rematada por aguja, que rivaliza con las que animan el perfil del Palacio. Asimismo podrás conocer el recinto amurallado romano más completo y mejor conservado de Navarra, si recorres sus murallas defensivas. Callejea sin prisa, recorre sus rúas y como colofón, disfruta en la mesa de las especialidades de la zona regadas por los afamados vinos de Olite, que ostentan la Denominación de Origen Navarra. No olvides visitar el Museo del Vino de Navarra, que tiene su sede en esta localidad.

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Y si deseas retroceder a la Edad Media en Olite, nada mejor que acercarte durante las Fiestas Medievales, que se celebran en el mes de agosto a lo largo de tres días. En la trasera del palacio tiene lugar también en el verano parte del programa del Festival de Teatro Clásico de Olite.

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LA FERIA DE SEVILLA: fiestas y tradiciones

21 junio, 2018 at 11:24

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La Feria de Abril o Feria de Sevilla es una fiesta de primavera que se celebra anualmente en la ciudad de Sevilla (Andalucía), en la que el público se reúne en un gran recinto denominado Real de la Feria, y en el que destacan los trajes de flamenca, las casetas, la manzanilla, los farolillos y los coches de caballo.

La Feria de Abril es una de las fiestas más internacionales y populares de España.

Se celebra una o dos semanas después​ de la Semana Santa y coincide con los toros en la plaza de la Maestranza. La feria comienza el sábado a las doce de la noche con la popular prueba del alumbrado, con el encendido de su portada de miles de bombillas y farolillos que la convierten  en un ascua de luz, y tras unos interminables días de contento, lujo y señorío, caballistas, amazonas, paseos de caballo y deslumbrantes carruajes, finaliza oficialmente el sábado siguiente a las doce de la noche con un espectáculo de fuegos artificiales a la orilla del Río Guadalquivir.

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La Feria es como una pequeña y engalanada ciudad. Un mundo efímero donde las casas son casetas, la iluminación se consigue con farolillos y todas las calles tienen nombres de legendarios toreros.

El suelo de las calles está recubierto de albero, tierra de color amarillento, procedente de la localidad vecina de Alcalá de Guadaira. Ésta es la arena utilizada tradicionalmente en los jardines de Sevilla y en las plazas de toros.

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La Feria se ilumina a lo largo de sus calles con millares de bombillas cubiertas de “farolillos” (especie de mamparas esféricas de papel plegado).

Tiene un gran impacto económico y social en la ciudad y está declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Origen e Historia de la Feria de Abril

La Feria, tal como la entendemos hoy, fue creada por iniciativa de dos concejales que solicitaron al Pleno la recuperación de las ferias de Sevilla, una en abril y otra en septiembre. Lo de recuperar tenía todo el sentido ya que el permiso para celebrar ambas lo otorgó Alfonso X el Sabio en 1254, seis años después de que su padre conquistara Sevilla. Los concejales fueron dos sevillanos de adopción: José María Ybarra (vasco) y Narciso Bonaplata (catalán).

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Don José María Ibarra nació en Bilbao y Don Narciso Bonaplata en Barcelona, pero ambos pasaron en Sevilla sus últimos días, y, a mediados del siglo XIX, celebraron por primera vez la famosa feria de la ciudad, que hoy acoge a miles de turistas y que sabe a jamón, a tortilla de patatas, a “pescaíto frito” y gambas y a esa Manzanilla de Jerez, a menudo mezclado con gaseosa que da lugar al afamado ‘rebujito’.

Corría el año 1846 e Ibarra y Bonaplata, durante su concejalía, decidieron organizar una feria que duraría tres días, cuyo objetivo era la exposición y compra venta de ganado. Y un año después, con el beneplácito de la Reina Isabel II, esta reunión de naturaleza mercantil tuvo lugar en el Prado de San Sebastián el 18 de abril de 1847.

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Así nació la primera Feria de los tiempos modernos con 19 casetas y con un éxito tal de público y de negocio que, ya al año siguiente, los encargados de organizar la venta de ganado se dirigían al Municipio para pedirle una mayor presencia de agentes de la autoridad porque “los sevillanos y sevillanas, con sus cantes y bailes, dificultaban la realización de los tratos”.

Lo que comenzó como un evento puramente comercial, con el paso de los años el pueblo de Sevilla ha ido haciéndolo suyo hasta llegar en el presente a considerarse como una de las más singulares expresiones de color y alegría donde el sevillano y aquellos que nos visitan disfrutan de la fiesta durante 6 días cada año.

Noche del “alumbrao”

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La Feria de Abril de Sevilla comienza la noche del “alumbrao”, momento inaugural en el que se encienden las luces del recinto ferial. Hay personas en Sevilla que viven la «noche del alumbrao» como si se tratase de la «noche de fin de año».

También esta noche se degusta el tradicional “pescaíto frito” en las casetas.

Otro de los grandes elementos distintivos de la Feria de Abril es el arco que hace de entrada al recinto, la portada, que cada año presenta un diseño diferente para conmemorar algún evento vinculado con la ciudad. El encendido de la portada supone en cierto modo un año más, un nuevo año cargado de ilusiones y emociones que se desarrollan de forma fulgurante en esa semana. Algo así como si la vida estuviera concentrada en una semana.

Las casetas de la Feria de Sevilla

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Las casetas son el lugar donde se vive la feria. Formadas por varios socios, son entendidas como un espacio familiar en el que agasajar a amigos, parientes e invitados con los productos típicos de la tierra.

En las casetas, sencilla y bellamente engalanadas, no falta el Fino de Jerez o la Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, el jamón, las gambas, el baile, las sevillanas, las palmas, la guitarra y también, por qué no, la gaita y el tamboril rociero,… y  nunca, nunca  debe faltar «ese caldo del puchero» con un chorreón de fino, capaz de hacernos sentir como nuevos…

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Este ambiente cálido y festivo se traslada también al exterior: la gente suele bailar en la calle y el carácter abierto de los sevillanos invita a unirse a la celebración a todo el que pasa.

Conviene que tenga en cuenta que la mayoría de las casetas son privadas y que se accede por invitación de algún socio o conocido. Aunque también las hay públicas y de acceso libre. En la oficina de información situada en la entrada de la feria le indicarán cuáles son.

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VIRGEN DE LAS FUENTES: ermitas que merece la pena visitar

23 septiembre, 2014 at 20:07

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Una ermita es una capilla, santuario o iglesia situada en un lugar alejado de las poblaciones y dedicado al culto religioso. Suelen estar ubicadas en lugares de gran belleza paisajística.

¿Pero, sabemos en qué se diferencia de otros edificios religiosos? Las tres principales diferencias entre una ermita y una capilla, un santuario o una iglesia son: su ubicación en lugares apartados de las poblaciones, no tener culto permanente y estar cuidadas por un ermitaño.

Suelen ser edificaciones generalmente pequeñas que, en algunos casos, pueden coexistir junto a otras ermitas. A estos conjuntos de ermitas se le denomina eremitorios.

Hoy vamos a invitarte a conocer el Santuario de Nuestra Señora de las Fuentes o Ermita de la Virgen de las Fuentes, localizada en el macizo de las Fuentes de la Sierra de Ávila, a unos 650 m de la cima del Puerto de las Fuentes por su vertiente N, en el término municipal de San Juan del Olmo.

SIERRA DE AVILA

Toda la zona que colinda con el lugar que hoy ocupa la ermita, ha venido siendo un lugar Sagrado desde tiempos inmemoriales. Los orígenes son bastante confusos, podrían incluso remontarse a la época romana, en que se situaría un santuario dedicado a deidades del agua aprovechando el manantial del que nace el  Río Almar.

La ermita se encuentra junto a las fuentes donde nace el río Almar. Según la tradición cristiana, la Virgen de las Fuentes apareció en una laguna cercana, nacimiento también de otra de las fuentes del río Almar.

FUENTE DE LA ERMITA VIRGEN DE LAS FUENTES

Al cristianizarse el poblado de La Coba (donde se encuentra la Necrópolis de San Juan de la Coba), lo haría también el santuario, construyéndose una primitiva ermita. Pero todo nos hace presuponer que si los Romanos instauraron un Santuario en aquel sitio, es posible que hubiera otro anterior de origen Celta o Vetton.

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Pese a todo no olvidemos que en muchos casos (y posiblemente en este también), la sacralización de los manantiales se realizaba como parte de un proceso de apropiación simbólica o material de los lugares en los que el control del agua resultaba primordial para el mantenimiento de las estructuras sociales y económicas de un grupo humano, generalmente pequeñas aldeas o poblados asociados a estos manantiales o fuentes de agua.

Destacar también que San Juan de Olmo se llamo con anterioridad Graxos o Grajos, vocablo de origen prerromano.

El templo actual data del último tercio del siglo XVIII, con una sola nave de piedra de planta rectangular que está rematada por grandes arcos renacentistas y una bóveda de ladrillo plano. Las paredes están recubiertas por estuco barroco.

En el interior de la ermita se encuentra una imagen de la Virgen fechada en el siglo XII.

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Pero lo que destaca de todo el Conjunto son las dos Fuentes Monumentales de granito. Cada una de ellas tiene un pilón rectangular y dos caños por los que fluye el agua que los llena; el agua sobrante da origen al nacimiento del Rio Almar. Delante de las Fuentes unas losas nos permiten andar por encima del nacimiento, que pasa al lado de la Ermita, junto a la cabecera, donde se encuentra el retablo con la imagen de la Virgen. En  Primavera las Fuentes se desbordan por todo el lugar dándole un aspecto aún más espectacular.

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La Romería de la Ermita de La Virgen de Las Fuentes

El 16 de septiembre, que suele trasladarse al domingo siguiente, se celebra la «Romería Grande» en  honor a la Virgen de las Fuentes, una de las romerías más concurridas y con más devoción que figuran en el calendario romero de la provincia abulense.

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Después de la Misa, se hace una larga procesión y se bailan jotas al son de la dulzaina y el tamboril.

Según se puede leer en la obra del historiador Pedro Carpintero “Ermita de Nuestra Señora de las Fuentes”, la romería se remontaría, cuanto menos, al S XVIII. En aquella época, la iglesia prohibía trabajar so pena de multa. También se realizaban representaciones teatrales, bailes e incluso corridas de toros en la plaza cuadrangular aun hoy visible al lado de la Ermita..


LAS FALLAS: fiestas y tradiciones

14 septiembre, 2014 at 19:55

fallas de valencia

Las Fallas (Falles en valenciano) son unas fiestas que se celebran del 15 al 19 de marzo, con una tradición arraigada en la ciudad de Valencia y diferentes poblaciones de la Comunidad Valenciana. Oficialmente empiezan el último domingo de febrero con el acto de la Crida (en valenciano; pregón, en castellano).

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El origen de la fiesta de las Fallas se remonta a la antigua tradición de los carpinteros de la ciudad, que en vísperas de la fiesta de su patrón San José, quemaban frente a sus talleres, en las calles y plazas públicas, los trastos viejos e inservibles junto con los artilugios de madera que empleaban para elevar los candiles que les iluminaban mientras trabajaban en los meses de invierno. Por ese motivo, el día de la cremà (momento en el que arden los monumentos falleros) siempre coincide con el día 19, Festividad de San José.

origen de las fallas

En el siglo XVIII, las Fallas se reducían a piras de materiales combustibles que recibían el nombre de Fallas y quemaban al anochecer de la víspera de San José.

Estas Fallas fueron evolucionando y cargándose de sentido crítico e irónico, mostrándose sobre todo en los monumentos falleros escenas que reproducían hechos sociales censurables y crítica social siempre con sentido del humor.

Sobre 1870 se persiguió duramente los festejos populares como el Carnaval y las Fallas. Esta presión provocó que en 1885 surgiera un movimiento en defensa de las tradiciones típicas, otorgando la revista «La Traca» premios a los mejores monumentos falleros. Este hecho provocó la competición entre los vecinos y dio lugar al nacimiento de la falla artística, donde no desaparecía la crítica, pero predominaba la preocupación estética.

En 1901, el propio Ayuntamiento de Valencia, otorgó los primeros premios municipales a las mejores Fallas. Este fue el comienzo de la unión entre el pueblo y el poder político, evolucionando con pasos agigantados esta fiesta popular en número, estructura y organización.

Actualmente, esta festividad se ha convertido en un atractivo turístico muy importante, ya que están catalogadas como fiesta de Interés Turístico Internacional. Estas fiestas también son llamadas fiestas josefinas o festes de Sant Josep (en valenciano), ya que se celebran en honor a San José, patrón de los carpinteros.

Las Fallas son la fiesta más internacional de Valencia. En un concurso de arte, ingenio y buen gusto, la semana del 19 de marzo la ciudad se llena de gigantescos monumentos de cartón, los ninots.

los ninots

Aunque los actos más importantes se celebran durante la semana del 19, Valencia prepara el ambiente festivo desde el 1 de marzo con las mascletás, las exhibiciones pirotécnicas que tienen lugar todos los días a las 14.00 horas en la Plaza del Ayuntamiento. Por fin, llega la noche del 15 de marzo, cuando se produce la tradicional plantà de fallas. Se trabaja durante toda la noche para instalar más de 700 figuras en las calles y plazas de la ciudad. Algunas incluso se empiezan a montar días antes, ya que estas enormes estatuas pueden alcanzar hasta los 20 metros de altura. La mañana del 16, Valencia amanece habitada por caricaturas y representaciones satíricas que, con gran sentido del humor, critican a políticos, personajes famosos y los acontecimientos más relevantes de la actualidad.

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Se puede disfrutar de estas impresionantes escenas durante las siguientes jornadas hasta que, en la noche del 19 al 20, se realiza la cremà, el momento en que arden en medio de un fascinante espectáculo de luz, música y fuegos artificiales. Se queman todas menos un ninot que, elegido por votación popular, se salva de las llamas para formar parte de la colección del Museo Fallero.

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Otro de los momentos más emocionantes de las Fallas es la ofrenda floral a la Virgen, cuando las comisiones falleras desfilan los días 17 y 18 de marzo y, en honor a la patrona, forman una montaña de flores de 14 metros de altura. Verbenas, cabalgatas, corridas de toros, concursos y otros actos lúdicos completan el programa de estos festejos.

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El traje de fallera

La indumentaria de las falleras es algo que llama poderosamente la atención a los turistas por su ostentosidad y belleza. Los actuales trajes de fallera, llamados más correctamente trajes de valenciana, están basados en la forma de vestir de las mujeres de Valencia en los siglos XVIII y XIX. Ahora bien, aunque hay falleras que buscan la máxima rigurosidad histórica, otras visten con un estilo más personal que alejan sus trajes de cómo vestían las valencianas de los siglos comentados.

el traje de falleras

Empezando por los pies, la fallera se viste con zapatos forrados con tela, generalmente, la misma del traje. Las piernas las cubren con medias de seda o algodón, caladas y bordadas con motivos diversos. Encima, las enaguas, que es ropa interior que se coloca debajo de la falda; normalmente, a esta prenda se le añade un ahuecador para que la falda tenga más volumen. El tejido de la falda puede ser de seda, algodón o rayón, estampado con flores y otros motivos vegetales. Encima se coloca el delantal, que está bordado en hilo de oro o plata formando llamativos dibujos.

En cuanto a la parte superior del traje, la pieza de ropa interior es la camisa o chambra, ya que hasta principios del siglo XX no se comenzó a utilizar ropa interior como la que conocemos actualmente. Encima de ella se coloca el corpiño, que suele confeccionarse con la misma tela que la falda. Existen dos estilos diferenciados: el del siglo XVIII y el del siglo XIX.

Pasando al peinado, nos encontramos las peinetas clavadas en los moños, que son piezas de orfebrería realizadas normalmente en latón con baño de oro o plata. En el peinado también podemos ver parte del aderezo, en concreto los pinchos y las horquillas, que sujetan tanto el moño de atrás como los rodetes (pequeños moños encima de las orejas); el resto lo forman la joia (que se pone en el escote para sujetar la manteleta), el collar y los pendientes.

peinado de las falleras

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