SEMANA SANTA: fiestas y tradiciones

6 abril, 2015 at 20:24

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La Semana Santa es una de las celebraciones más profundas y arraigadas que tienen lugar en España.

La Semana Santa es la conmemoración anual cristiana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Por ello, es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas. Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección, aunque su celebración suele iniciarse en varios lugares el viernes anterior (Viernes de Dolores) y se considera parte de la misma el Domingo de Resurrección. La fecha de la celebración es variable (entre marzo y abril según el año) ya que depende del calendario lunar.

La Semana Santa es una tradición que se ha mantenido con el paso de los siglos, con más o menos presencia en ciertos lugares de España, pero que se caracteriza especialmente por los desfiles procesionales y la presencia en la calle del sentido del arte y las costumbres más arraigadas.

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Por lo general, y dependiendo del lugar, estas procesiones parten desde su iglesia matriz hasta la catedral, realizando lo que se conoce como la estación penitencial. Acompañadas de bandas de música o del recogimiento y el silencio, las imágenes representan la Pasión de Cristo y las advocaciones de la Virgen María. Las diferentes hermandades acompañan a sus imágenes titulares con sus componentes vestidos de nazarenos, con insignias, estandartes y otros elementos de cada corporación.

El origen de la Semana Santa en España hay que buscarlo en los antiguos autos sacramentales que se representan en el interior de las iglesias con motivo de estas fiestas. A finales del siglo XV, el rey Carlos II comenzó a prohibir estas representaciones teatrales, porque interferían en la celebración de los oficios religiosos. De ahí que los autos pasaran de las iglesias a la calle.

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Esto conllevó a que cada grupo teatral buscara los mejores elementos para dicha representación, creándose los diferentes pasos del misterio, o los tronos como también se les conoce en otros lugares. Estos grupos o gremios se fueron desarrollando y creciendo poco a poco, hasta dar lugar a lo que hoy en día se conoce como hermandades y/o cofradías.

En España las tradiciones de Semana Santa más arraigadas y turísticas se encuentran en Castilla y Andalucía, aunque también hay ejemplos muy interesantes en Murcia (las de Lorca y Cartagena están declaradas Fiestas de Interés Turístico Internacional) y la de Orihuela, también de interés turístico Internacional.

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Las procesiones son desfiles solemnes en los que numerosas personas acompañan a las imágenes religiosas al son de la música, el arte, el colorido y la magia que las envuelve.

Toda España conmemora la Semana Santa, una celebración que en cada zona y rincón de nuestro país tiene sus propias características. Esta festividad, además de estar enraizada en el imaginario popular desde hace siglos, también está muy vinculada con el arte. Lo demuestran, por ejemplo, las numerosas imágenes religiosas de Jesucristo y la Virgen, iconos tallados con realismo y maestría por escultores como Juan de Juni, Pedro Berruguete o Gil de Siloé. Estas obras excepcionales del arte religioso español, muchas de ellas con más de cinco siglos de antigüedad, salen a la calle para ser contempladas por miles de personas, que las admiran con devoción y respeto.

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En cada procesión de Semana Santa pueden figurar una o varias hermandades, cada una con su paso o sus pasos, que suelen ser imágenes religiosas de la Pasión de Cristo, o imágenes marianas, aunque hay excepciones como los pasos alegóricos o los de santos.

La habilidad y pericia que se esconde tras los desfiles estriba en las cofradías y hermandades religiosas, en las que recae la responsabilidad del mantenimiento de las imágenes y la coordinación de penitentes y músicos. En algunas ocasiones hay hermandades que llegan a congregar hasta dos mil miembros, que portan cirios, fanales o estandartes en función del grado de señorío que ostentan, cuyo presidente es el encargado de portar el cetro dorado.

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Los costaleros, que llevan el peso de las andas donde descansan los pasos con escenas de representaciones bíblicas, van dirigidos por el capataz, cuya misión es garantizar que el paso sea llevado en procesión con la mayor solemnidad, gracia y tradición posibles. Los costaleros hacen uso de un costal que les facilita el poder sobrellevar durante largas horas los pesados tronos, evitando así el contacto directo de la piel con la madera.

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Tras los tronos o pasos también figuran los penitentes o nazarenos con sus correspondientes insignias. Suelen llevar gorros cónicos, muy característicos de España, y que, según el lugar, se llamarán capuces, morriones, capirotes, capillos y capiruchos, por poner algunos ejemplos.

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¿Cuál es el origen de los capirotes? El clásico gorro en forma de cucurucho que cubre la cabeza de los nazarenos en la Semana Santa española tiene su origen en la época de la Inquisición española, cuando a los condenados se les colocaba en la cabeza un accesorio con una forma similar, decorado con ilustraciones del delito cometido. La idea es que gracias a su forma puntiaguda, el penitente está más cerca del cielo.

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El punto álgido de la procesión coincide con la entrada y salida de los pasos en sus respectivas iglesias. Éste es el momento cuando arte y religión parecen fundirse en una sola cosa. La talla de una imagen creada por magníficos artesanos o imagineros y las mejores andas que datan de los siglos XVI y XVII que perduran en nuestros días.

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Todo se envuelve de color y sonido gracias a la variedad de túnicas policromáticas, morriones, enseñas y estandartes. Las emociones afloran ante el lento ritmo de los tambores y la marcha de la procesión, el balanceo de los pasos y el quejido doloroso de las saetas, canciones que se entonan durante las procesiones de Semana Santa.

Incluso si no eres religioso, es difícil no emocionarse ante una atmósfera tan vital y conmovedora. Mientras para muchos supone una fiesta llena de diversión, para otros implica una semana de recogimiento y reflexión. Sin lugar a dudas, la Semana Santa es una parte integral de la cultura y una indiscutible seña de identidad de nuestro país.

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En España hay un total de 20 celebraciones de Semana Santa consideradas de Interés Turístico Internacional. De todas ellas, la Semana Santa de Valladolid fue la primera en conseguir tal distinción, y a día de hoy es la única que se encuentra en la lista de candidatas a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Sienta el silencio y la austeridad de la Semana Santa castellano leonesa, en las procesiones de León, Zamora, Salamanca y Valladolid, llenas de sobriedad y sólo rotas por el sonido de las trompetas y los tambores al paso de las figuras religiosas. En la provincia de Albacete, el momento cumbre de la Semana Santa de Hellín, es la Tamborada, cuando el sonido de hasta 20.000 tambores irrumpe en el lugar. Experimente momentos tan intensos como los de Cartagena, con miles de personas cantando al final de cada cortejo en honor a la Virgen. La Semana Santa de Lorca es particularmente original ya que los desfiles también incluyen personajes y escenas de la Biblia y de antiguas civilizaciones. Vibre con los clarines que acompañan a los pasos procesionales por las calles de Cuenca, disfrute del colorido y la alegría de las miles de hojas de palmeras que se agitan en el desfile de Elche, o participe en las multitudinarias procesiones andaluzas, muy especialmente las que se celebran en Málaga y Sevilla, ciudades que viven de forma muy especial estos días de fervor religioso.

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FERIA DE SANTO TOMÁS: fiestas y tradiciones

18 diciembre, 2014 at 10:08

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El día de Santo Tomás Apóstol (21 de diciembre), marca el inicio de la Navidad y es una de las fiestas más importantes del calendario de varias ciudades del País Vasco, como San Sebastián (Donostia), Bilbao, Mondragón o Azpeitia.

El origen de la fiesta se ubica probablemente en la celebración de un mercado popular coincidiendo con el día de pago de rentas, a pesar de su nombre religioso.

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Durante este día San Sebastián (Donostia) se transforma en un mercado rural en el que la protagonista indiscutible es la txistorra (una especie de bocadillo de chorizo). Se instalan numerosos puestos en los que se pueden adquirir gran variedad de productos alimenticios, artesanos, etc…

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Este día se transforma literalmente en un mercado al aire libre de productos rurales. Niños, padres y familias enteras se disfrazan de caseros (baserritarras) con los antiguos trajes para crear este ambiente increíble de fiesta tradicional. Podréis probar quesos, panes, embutidos tradicionales, verduras y mucho más.

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A mediados del siglo XIX la mayor parte de las fincas rústicas de Guipúzcoa eran cultivadas por arrendatarios cuya situación jurídica se transmitía de padres a hijos a través de las generaciones. Entre dueño y colono existía una relación paternalista. La renta se pagaba en fecha fija normalmente el día de San Martín- aunque acostumbraba a retrasarse hasta Santo Tomás.

El propietario que no cultivaba las tierras vivía en la ciudad. Numerosos baserritarras (caseros) se desplazaban hacia San Sebastián (Donostia) en ese día con el dinero de las rentas y un par de capones. A su vez eran obsequiados con una comida en la que tradicionalmente se incorporaba el bacalao al menú.

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Los caseros aprovechaban su venida a la capital para aprovisionarse de artículos que no existían en el modesto comercio de los pueblos vecinos y, a su vez, para vender los mejores productos del caserío. Se hizo necesaria la celebración de una feria y así surgió la de «Santo Tomás», en la Plaza de la Constitución donostiarra.

Cuando los municipios guipuzcoanos mejoraron su transporte y se construyeron pistas a todos los caseríos la Feria dejó de ser una necesidad. Pero el baserritarra (casero), que ya era en su mayoría propietario de las tierras donde se asentaba el caserío, siguió cumpliendo la vieja costumbre de acudir en Santo Tomás a San Sebastián (Donostia). Y la Feria se mantiene así.

Hoy es ya una feria del campo en la que hay tanto de exhibición, como venta y concurso de productos. Es tradicional también, la rifa de un gran cerdo vivo, que se exhibe durante todo el día en el recinto de la feria. Además de la feria del campo «santomasina», sorprende la costumbre de los bocadillos de txistorra.

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El 21 de diciembre proliferan en la Parte Vieja de San Sebastián los puestecitos callejeros en los que se venden estos bocadillos. Los innumerables bares de esa parte de la ciudad, ofrecen también al público bocadillos de txistorra que la gente devora con fruición. La Parte Vieja donostiarra huele durante todo el día a txistorra frita y talo. La costumbre al parecer, está conectada con las necesidades alimentarias de los caseros el día de feria.

Los puestos en cuestión suelen estar colocados en lugares como la Plaza Guipúzcoa, o la Plaza de la Constitución de la ciudad. Los puestos suelen estar atendidos por organizaciones, o grupos de escolares.

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La txistorra es un tipo de chorizo fresco, delgado y sin curar elaborado probablemente en su origen con los restos más feos de una matanza que, en Guipúzcoa, quizá por razones climáticas o económicas, se realiza poco antes de la llegada del invierno.

En los últimos años de la dictadura comenzó a arraigar la costumbre de comer la txistorra con «talo» en vez de con pan blanco. El talo es una especie de torta de harina de maíz y agua, sin levadura, cocida a la plancha, que se utiliza en vez del pan para acompañar la txistorra. Desde aquellos años, el talo se ha impuesto en la festividad como reivindicación de la mayor pureza de la tradición.

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LAS FALLAS: fiestas y tradiciones

14 septiembre, 2014 at 19:55

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Las Fallas (Falles en valenciano) son unas fiestas que se celebran del 15 al 19 de marzo, con una tradición arraigada en la ciudad de Valencia y diferentes poblaciones de la Comunidad Valenciana. Oficialmente empiezan el último domingo de febrero con el acto de la Crida (en valenciano; pregón, en castellano).

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El origen de la fiesta de las Fallas se remonta a la antigua tradición de los carpinteros de la ciudad, que en vísperas de la fiesta de su patrón San José, quemaban frente a sus talleres, en las calles y plazas públicas, los trastos viejos e inservibles junto con los artilugios de madera que empleaban para elevar los candiles que les iluminaban mientras trabajaban en los meses de invierno. Por ese motivo, el día de la cremà (momento en el que arden los monumentos falleros) siempre coincide con el día 19, Festividad de San José.

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En el siglo XVIII, las Fallas se reducían a piras de materiales combustibles que recibían el nombre de Fallas y quemaban al anochecer de la víspera de San José.

Estas Fallas fueron evolucionando y cargándose de sentido crítico e irónico, mostrándose sobre todo en los monumentos falleros escenas que reproducían hechos sociales censurables y crítica social siempre con sentido del humor.

Sobre 1870 se persiguió duramente los festejos populares como el Carnaval y las Fallas. Esta presión provocó que en 1885 surgiera un movimiento en defensa de las tradiciones típicas, otorgando la revista «La Traca» premios a los mejores monumentos falleros. Este hecho provocó la competición entre los vecinos y dio lugar al nacimiento de la falla artística, donde no desaparecía la crítica, pero predominaba la preocupación estética.

En 1901, el propio Ayuntamiento de Valencia, otorgó los primeros premios municipales a las mejores Fallas. Este fue el comienzo de la unión entre el pueblo y el poder político, evolucionando con pasos agigantados esta fiesta popular en número, estructura y organización.

Actualmente, esta festividad se ha convertido en un atractivo turístico muy importante, ya que están catalogadas como fiesta de Interés Turístico Internacional. Estas fiestas también son llamadas fiestas josefinas o festes de Sant Josep (en valenciano), ya que se celebran en honor a San José, patrón de los carpinteros.

Las Fallas son la fiesta más internacional de Valencia. En un concurso de arte, ingenio y buen gusto, la semana del 19 de marzo la ciudad se llena de gigantescos monumentos de cartón, los ninots.

los ninots

Aunque los actos más importantes se celebran durante la semana del 19, Valencia prepara el ambiente festivo desde el 1 de marzo con las mascletás, las exhibiciones pirotécnicas que tienen lugar todos los días a las 14.00 horas en la Plaza del Ayuntamiento. Por fin, llega la noche del 15 de marzo, cuando se produce la tradicional plantà de fallas. Se trabaja durante toda la noche para instalar más de 700 figuras en las calles y plazas de la ciudad. Algunas incluso se empiezan a montar días antes, ya que estas enormes estatuas pueden alcanzar hasta los 20 metros de altura. La mañana del 16, Valencia amanece habitada por caricaturas y representaciones satíricas que, con gran sentido del humor, critican a políticos, personajes famosos y los acontecimientos más relevantes de la actualidad.

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Se puede disfrutar de estas impresionantes escenas durante las siguientes jornadas hasta que, en la noche del 19 al 20, se realiza la cremà, el momento en que arden en medio de un fascinante espectáculo de luz, música y fuegos artificiales. Se queman todas menos un ninot que, elegido por votación popular, se salva de las llamas para formar parte de la colección del Museo Fallero.

noche de la crema

Otro de los momentos más emocionantes de las Fallas es la ofrenda floral a la Virgen, cuando las comisiones falleras desfilan los días 17 y 18 de marzo y, en honor a la patrona, forman una montaña de flores de 14 metros de altura. Verbenas, cabalgatas, corridas de toros, concursos y otros actos lúdicos completan el programa de estos festejos.

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El traje de fallera

La indumentaria de las falleras es algo que llama poderosamente la atención a los turistas por su ostentosidad y belleza. Los actuales trajes de fallera, llamados más correctamente trajes de valenciana, están basados en la forma de vestir de las mujeres de Valencia en los siglos XVIII y XIX. Ahora bien, aunque hay falleras que buscan la máxima rigurosidad histórica, otras visten con un estilo más personal que alejan sus trajes de cómo vestían las valencianas de los siglos comentados.

el traje de falleras

Empezando por los pies, la fallera se viste con zapatos forrados con tela, generalmente, la misma del traje. Las piernas las cubren con medias de seda o algodón, caladas y bordadas con motivos diversos. Encima, las enaguas, que es ropa interior que se coloca debajo de la falda; normalmente, a esta prenda se le añade un ahuecador para que la falda tenga más volumen. El tejido de la falda puede ser de seda, algodón o rayón, estampado con flores y otros motivos vegetales. Encima se coloca el delantal, que está bordado en hilo de oro o plata formando llamativos dibujos.

En cuanto a la parte superior del traje, la pieza de ropa interior es la camisa o chambra, ya que hasta principios del siglo XX no se comenzó a utilizar ropa interior como la que conocemos actualmente. Encima de ella se coloca el corpiño, que suele confeccionarse con la misma tela que la falda. Existen dos estilos diferenciados: el del siglo XVIII y el del siglo XIX.

Pasando al peinado, nos encontramos las peinetas clavadas en los moños, que son piezas de orfebrería realizadas normalmente en latón con baño de oro o plata. En el peinado también podemos ver parte del aderezo, en concreto los pinchos y las horquillas, que sujetan tanto el moño de atrás como los rodetes (pequeños moños encima de las orejas); el resto lo forman la joia (que se pone en el escote para sujetar la manteleta), el collar y los pendientes.

peinado de las falleras

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SANFERMINES; fiestas y tradiciones

6 julio, 2014 at 20:25

FIESTAS DE SAN FERMIN

Las fiestas de San Fermín o sanfermines (en euskera Sanferminak) son una fiesta en honor a San Fermín que se celebra anualmente en Pamplona, capital de la Comunidad Foral de Navarra, al norte de España.

Los festejos comienzan con el lanzamiento del chupinazo (cohete) desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona a las 12 del mediodía del 6 de julio y terminan a las 24h del 14 de julio con el «Pobre de mí», una canción de despedida.

CHUPINAZO SAN FERMINES

Los orígenes de las fiestas de San Fermín se remontan a la Edad Media y están relacionados con tres celebraciones: los actos religiosos en honor a San Fermín, intensificados a partir del siglo XII, las ferias comerciales y las corridas de toros, documentadas desde el siglo XIV.

PROCESION SANTO SAN FERMIN

Los antecedentes se remontan sin embargo al siglo XII, cuando la Pamplona medieval celebraba unas ferias comerciales al inicio del verano, en San Juan. Había además ferias de ganado y, al terminar la estación estival, el 10 de octubre, se celebraba la fiesta religiosa en honor a San Fermín, primer obispo de Pamplona, decapitado en Amiens, y que desde el siglo XIV contaba con corridas de toros.

En 1591 los pamploneses, cansados del mal tiempo, decidieron trasladar la fecha original a julio y hacerla coincidir con la feria. De este modo nacieron los Sanfermines. En su primera edición duraron dos días y contaron con pregón, músicos, torneo, teatro y corridas de toros. Posteriormente se fueron añadiendo otros actos como fuegos artificiales y danzas, y se prolongaron hasta el día 10.

Es precisamente en el siglo XIV, bajo el reinado de Carlos II, cuando llega a Pamplona la reliquia de San Fermín que se depositó en la iglesia de San Lorenzo, donde se sigue custodiando actualmente.

En el siglo XIX fue cuando los gigantes incorporan a su comparsa a kilikis, zaldicos y cabezudos, y cuando se instauró la costumbre de correr delante de los toros de lidia que los pastores conducían por las calles dando lugar así a los encierros. Pero no fue hasta que Ernest Hemingway escribió la novela «The sun also rises» («Fiesta» – 1926) cuando los Sanfermines se dieron a conocer internacionalmente y así comenzó la llegada masiva de visitantes extranjeros.

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Se trata en total de más de cuatro siglos de fiestas que se han visto interrumpidas en contadas ocasiones: en 1937 y 1938 por la guerra y en 1978 por los graves incidentes ocurridos tras la entrada de la Policía en la plaza de toros al terminar la corrida y en los que murió de un disparo el joven pamplonés Germán Rodríguez.

El encierro

ENCIERRO DE SAN FERMIN

El Encierro es el acto central de los Sanfermines y convierte a estas fiestas en un espectáculo inimaginable en cualquier otro lugar del mundo. Nació por una necesidad: trasladar a los toros desde los extramuros de la ciudad al coso taurino.

El encierro es una carrera con seis toros salvajes y seis cabestros. Se celebra a las 8 de la mañana del día 7 al 14 de julio. El día 6 no hay encierro. Participar es gratis, pero hay que cumplir ciertas normas, como no correr bebido…

Participar es gratis, pero sólo se puede acceder al recorrido por una puerta situada en la plaza consistorial, junto al Ayuntamiento. Si permaneces esperando en el recorrido sin acceder por la puerta, te desalojarán.

Hay una serie de normas que debes conocer: no se puede correr borracho y tampoco puedes hacerlo con mochilas, cámaras o elementos que pongan en riesgo a otros corredores.

875 metros separan el corral de Santo Domingo del de la plaza y a los toros les cuesta entre dos y tres minutos completarlos. No es posible realizar una carrera entera por las circunstancias de las calles y la afluencia de corredores, independientemente de la forma física. Según quienes participan, lo más recomendable es elegir un tramo, incorporarse al flujo de la carrera mientras aguardas en movimiento a que los toros te alcancen, aguantar frente a los toros sin poner en peligro a otros corredores y abandonar hacia un lado la carrera cuando la exigencia física o la seguridad lo indiquen.

La autoridad en el recorrido la ostentan, además de los toros, los pastores y sus palos.

CÁNTICOS AL SANTO

El encierro tiene un preámbulo especialmente emotivo. Se trata del momento en que los mozos, a escasos metros de los corrales donde están encerrados los toros, levantan sus periódicos enrollados y cantan frente a la imagen del Santo, colocada en una hornacina en la Cuesta de Santo Domingo.

En el más profundo de los silencios, se escucha la siguiente letra: «A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición. Entzun arren San Fermin zu zaitugu patroi zuzendu gure oinak entzierro hontan otoi».

Al terminar se corean los gritos ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín! Esta estrofa se canta en tres ocasiones consecutivas: cuando faltan cinco minutos para las 8 de la mañana, a tres minutos de esta hora y a un minuto de abrirse la puerta del corral.

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EL TRAJE DE LUCES: artesanía con historia

22 enero, 2021 at 11:31

El traje de luces es uno de los elementos más importantes dentro del mundo taurino ya que es la indumentaria que utiliza el matador de toros. Su nombre responde a los reflejos que producen las lentejuelas que lo cubren.

Está fabricado en seda y cubierto con un bordado realizado habitualmente con hilo de canutillo de oro, plata o azabache y ocasionalmente con otros materiales como cristal.​ El hilo de color oro se utiliza para los Diestros (matadores de toros) y el de plata para los subalternos (acompañantes del matador de toros).

Se trata de una vestimenta tradicional que procede del traje de los majos de finales del siglo XVIII y que acabó convirtiéndose en una ropa exclusiva para ejercer el ritual taurino. Con posterioridad le fueron añadidos diversos adornos, como la montera, los bordados y los alamares.

Vestirse de torero es un ritual para el matador, que es asistido en todo momento por su mozo de espadas, que le ayuda a vestirse con especial parsimonia y orden. El peso de un traje de luces profesional es de unos 4 o 5 Kg y tiene un precio medio razonable de 3.000 euros. Se tarda unos 40 días en su confección y no se suele utilizar más de 4 veces.

Los nombre de las combinaciones de colores del traje del matador suelen ser muy significativas en el mundo del toreo: gualda y oro, canela y azabache, azul pavo y oro, tabaco y oro, Vino de burdeos y luto, azul purísima, azul rey y plata, tabaco puro y plata, verde oliva, nazareno, canario y azabache, sangre de toro y oro, primera comunión y plata, luto y azabache, catafalco y oro…etc.

Además del traje oficial, existen otros dos estilos de trajes: los trajes para las Corridas Goyescas y los trajes para las Corridas Picassianas.

Origen e Historia del Traje de Luces

Antes del s. XVII, el toreo no era considerado como una profesión y los lidiadores vestían con su ropa habitual, la que le correspondiera según su situación social: la de caballeros o pajes. El toreo a caballo (el de a pie todavía no era relevante) era entonces considerado más un deporte que un espectáculo; donde los caballeros eran ayudados desde la arena por los pajes.

Los primeros trajes de toreros de a pie datan del siglo XVII, cuando los toreros profesionales navarros y andaluces junto con sus cuadrillas acudían a las fiestas con indumentarias específicas para la actuación, circunstancia que identificada al grupo como bandas de toreros. Por primera vez en la historia de la tauromaquia, un torero se enfrentaba a los toros con estoque y muleta, vistiendo calzón, coleto de ante negro, mangas acolchadas con terciopelo negro y cinturón bien ceñido.

El Coleto era la denominación para esa vestidura de sus inicios, que estaba hecha de piel por lo común de ante, sin mangas, abierta por delante. Por su flexibilidad y dureza, el ante era el material preferido en aquella época para confeccionar los trajes de toreros. Sus cualidades permitían la libertad de movimiento con una cierta protección frente a los posibles rasguños ocasionados por los pitones.

En Andalucía, en la Cartilla de Torear de la biblioteca de Osuna, se menciona que los toreadores utilizaban ante como material apropiado de su vestido para torear.

“ …. De ante ha de ser el vestido

Para el cuerpo resguardar,

Que no le pueda calar

Aunque él se viera oprimido.

…….”

En tal época, como ya lo hemos expuesto, el toreo a pie competía con el de a caballo, de ahí que entonces se inventara la muleta y se introdujera la suerte de matar al toro cara a cara a pie.

En 1730, la Maestranza de Sevilla se encarga de vestir a los toreadores contratados con vestidos de color grana con galón blanco; acabó siendo el uniforme oficial de la Maestranza. Este encarnado y blanco se mantuvo durante más de 60 años como uniforme oficial. Fuera de Sevilla, como en Madrid, Granada y Aranjuez, los toreros tenían cierta libertad en los colores y adornos de sus trajes, siempre que fueran sobrios.

Con el Maestro Costillares apareció la revolución del diseño en el Traje de Torero. Goya también retrató al Maestro Costillares. En todos sus cuadros, Goya dibuja al torero con un tocado en la cabeza y el pelo recogido en una redecilla negra. La coleta y la forma de recoger el pelo podía justificarse como una manera de protección en caso de golpe por caída al suelo.

Más adelante se cambió el ante por la seda; adoptándose el traje de majo, que ha llegado hasta nuestros días.

Entre 1830 y 1835, “Paquiro” se presenta sin la típica redecilla y aparece con la montera. Las primeras monteras eran de gran tamaño y más altas que las actuales; realizadas en astrakán y adornadas con borlas en los laterales.

“Paquiro” también introduce en el traje las “luces”, a través de las lentejuelas, que es una gran novedad en la época.

Las piezas de un Traje de Luces

El traje de torero se compone de variadas y numerosas piezas confeccionadas y estudiadas para cumplir tanto con la elegancia como con la “protección” del matador: montera, corbatín, chaquetilla, chaleco, faja, calzón, taleguilla, medias, camisa, zapatillas y el capote de paseo (en los picadores el sombrero se le llama castoreño).

Un torero tiene que salir a la plaza elegante y cómodo a la vez, sin que nada le sobre ni le falte, justo. Referente a los motivos de los bordados los hay de formas vegetales, geométricas, florales, de líneas, ramas, círculos y la mezcla de ambos o varios elementos.

La taleguilla, chaquetilla y chaleco suelen ser del mismo color, diversos y a gusto del torero, adornados con bordados, alamares y lentejuelas de oro en los matadores y de plata o azabache en los subalternos. Los colores más comunes suelen ser el grana, nazareno, purísima, rosa palo, blanco, tabaco. También se usan colores más claros para mimetizar con el albero o bien colores menos delicados para los peones de brega.

La Montera más que sombrero, es un tocado, un pelo artificial, una especie de peluca que se acopla a la cabeza del diestro. El uso de la montera está cargado de normas, protocolos y supersticiones.

El traje goyesco viene de los primeros tiempos del toreo moderno y los toreros visten a la manera del siglo XVII, época de Goya, el traje es parecido al de ahora pero descargado de brillos, con pocos adornos y sin lentejuelas, más holgado y en la cabeza rematando con un bicornio.

El traje picassiano se utiliza para la celebración de una corrida en Málaga, en honor a Picasso, denominada Picassiana. Los toreros se lucen con trajes inspirados en su estilo y visión del color y la forma.

Los picadores en lugar de zapatillas llevan botas, en la pierna derecha una armadura de hierro llamada mona que sube hasta la entrepierna y en la izquierda una más pequeña llamada gregoriana, su chaquetilla es también bordada en oro.

Los rejoneadores españoles utilizan traje campero, en cambio los portugueses visten a la Federica (al estilo de Federico de Prusia), lujosa indumentaria rematada con un adornado tricornio a la cabeza.