SEMANA SANTA: fiestas y tradiciones

6 abril, 2015 at 20:24

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La Semana Santa es una de las celebraciones más profundas y arraigadas que tienen lugar en España.

La Semana Santa es la conmemoración anual cristiana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Por ello, es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas. Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección, aunque su celebración suele iniciarse en varios lugares el viernes anterior (Viernes de Dolores) y se considera parte de la misma el Domingo de Resurrección. La fecha de la celebración es variable (entre marzo y abril según el año) ya que depende del calendario lunar.

La Semana Santa es una tradición que se ha mantenido con el paso de los siglos, con más o menos presencia en ciertos lugares de España, pero que se caracteriza especialmente por los desfiles procesionales y la presencia en la calle del sentido del arte y las costumbres más arraigadas.

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Por lo general, y dependiendo del lugar, estas procesiones parten desde su iglesia matriz hasta la catedral, realizando lo que se conoce como la estación penitencial. Acompañadas de bandas de música o del recogimiento y el silencio, las imágenes representan la Pasión de Cristo y las advocaciones de la Virgen María. Las diferentes hermandades acompañan a sus imágenes titulares con sus componentes vestidos de nazarenos, con insignias, estandartes y otros elementos de cada corporación.

El origen de la Semana Santa en España hay que buscarlo en los antiguos autos sacramentales que se representan en el interior de las iglesias con motivo de estas fiestas. A finales del siglo XV, el rey Carlos II comenzó a prohibir estas representaciones teatrales, porque interferían en la celebración de los oficios religiosos. De ahí que los autos pasaran de las iglesias a la calle.

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Esto conllevó a que cada grupo teatral buscara los mejores elementos para dicha representación, creándose los diferentes pasos del misterio, o los tronos como también se les conoce en otros lugares. Estos grupos o gremios se fueron desarrollando y creciendo poco a poco, hasta dar lugar a lo que hoy en día se conoce como hermandades y/o cofradías.

En España las tradiciones de Semana Santa más arraigadas y turísticas se encuentran en Castilla y Andalucía, aunque también hay ejemplos muy interesantes en Murcia (las de Lorca y Cartagena están declaradas Fiestas de Interés Turístico Internacional) y la de Orihuela, también de interés turístico Internacional.

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Las procesiones son desfiles solemnes en los que numerosas personas acompañan a las imágenes religiosas al son de la música, el arte, el colorido y la magia que las envuelve.

Toda España conmemora la Semana Santa, una celebración que en cada zona y rincón de nuestro país tiene sus propias características. Esta festividad, además de estar enraizada en el imaginario popular desde hace siglos, también está muy vinculada con el arte. Lo demuestran, por ejemplo, las numerosas imágenes religiosas de Jesucristo y la Virgen, iconos tallados con realismo y maestría por escultores como Juan de Juni, Pedro Berruguete o Gil de Siloé. Estas obras excepcionales del arte religioso español, muchas de ellas con más de cinco siglos de antigüedad, salen a la calle para ser contempladas por miles de personas, que las admiran con devoción y respeto.

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En cada procesión de Semana Santa pueden figurar una o varias hermandades, cada una con su paso o sus pasos, que suelen ser imágenes religiosas de la Pasión de Cristo, o imágenes marianas, aunque hay excepciones como los pasos alegóricos o los de santos.

La habilidad y pericia que se esconde tras los desfiles estriba en las cofradías y hermandades religiosas, en las que recae la responsabilidad del mantenimiento de las imágenes y la coordinación de penitentes y músicos. En algunas ocasiones hay hermandades que llegan a congregar hasta dos mil miembros, que portan cirios, fanales o estandartes en función del grado de señorío que ostentan, cuyo presidente es el encargado de portar el cetro dorado.

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Los costaleros, que llevan el peso de las andas donde descansan los pasos con escenas de representaciones bíblicas, van dirigidos por el capataz, cuya misión es garantizar que el paso sea llevado en procesión con la mayor solemnidad, gracia y tradición posibles. Los costaleros hacen uso de un costal que les facilita el poder sobrellevar durante largas horas los pesados tronos, evitando así el contacto directo de la piel con la madera.

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Tras los tronos o pasos también figuran los penitentes o nazarenos con sus correspondientes insignias. Suelen llevar gorros cónicos, muy característicos de España, y que, según el lugar, se llamarán capuces, morriones, capirotes, capillos y capiruchos, por poner algunos ejemplos.

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¿Cuál es el origen de los capirotes? El clásico gorro en forma de cucurucho que cubre la cabeza de los nazarenos en la Semana Santa española tiene su origen en la época de la Inquisición española, cuando a los condenados se les colocaba en la cabeza un accesorio con una forma similar, decorado con ilustraciones del delito cometido. La idea es que gracias a su forma puntiaguda, el penitente está más cerca del cielo.

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El punto álgido de la procesión coincide con la entrada y salida de los pasos en sus respectivas iglesias. Éste es el momento cuando arte y religión parecen fundirse en una sola cosa. La talla de una imagen creada por magníficos artesanos o imagineros y las mejores andas que datan de los siglos XVI y XVII que perduran en nuestros días.

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Todo se envuelve de color y sonido gracias a la variedad de túnicas policromáticas, morriones, enseñas y estandartes. Las emociones afloran ante el lento ritmo de los tambores y la marcha de la procesión, el balanceo de los pasos y el quejido doloroso de las saetas, canciones que se entonan durante las procesiones de Semana Santa.

Incluso si no eres religioso, es difícil no emocionarse ante una atmósfera tan vital y conmovedora. Mientras para muchos supone una fiesta llena de diversión, para otros implica una semana de recogimiento y reflexión. Sin lugar a dudas, la Semana Santa es una parte integral de la cultura y una indiscutible seña de identidad de nuestro país.

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En España hay un total de 20 celebraciones de Semana Santa consideradas de Interés Turístico Internacional. De todas ellas, la Semana Santa de Valladolid fue la primera en conseguir tal distinción, y a día de hoy es la única que se encuentra en la lista de candidatas a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Sienta el silencio y la austeridad de la Semana Santa castellano leonesa, en las procesiones de León, Zamora, Salamanca y Valladolid, llenas de sobriedad y sólo rotas por el sonido de las trompetas y los tambores al paso de las figuras religiosas. En la provincia de Albacete, el momento cumbre de la Semana Santa de Hellín, es la Tamborada, cuando el sonido de hasta 20.000 tambores irrumpe en el lugar. Experimente momentos tan intensos como los de Cartagena, con miles de personas cantando al final de cada cortejo en honor a la Virgen. La Semana Santa de Lorca es particularmente original ya que los desfiles también incluyen personajes y escenas de la Biblia y de antiguas civilizaciones. Vibre con los clarines que acompañan a los pasos procesionales por las calles de Cuenca, disfrute del colorido y la alegría de las miles de hojas de palmeras que se agitan en el desfile de Elche, o participe en las multitudinarias procesiones andaluzas, muy especialmente las que se celebran en Málaga y Sevilla, ciudades que viven de forma muy especial estos días de fervor religioso.

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FERIA DE SANTO TOMÁS: fiestas y tradiciones

18 diciembre, 2014 at 10:08

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El día de Santo Tomás Apóstol (21 de diciembre), marca el inicio de la Navidad y es una de las fiestas más importantes del calendario de varias ciudades del País Vasco, como San Sebastián (Donostia), Bilbao, Mondragón o Azpeitia.

El origen de la fiesta se ubica probablemente en la celebración de un mercado popular coincidiendo con el día de pago de rentas, a pesar de su nombre religioso.

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Durante este día San Sebastián (Donostia) se transforma en un mercado rural en el que la protagonista indiscutible es la txistorra (una especie de bocadillo de chorizo). Se instalan numerosos puestos en los que se pueden adquirir gran variedad de productos alimenticios, artesanos, etc…

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Este día se transforma literalmente en un mercado al aire libre de productos rurales. Niños, padres y familias enteras se disfrazan de caseros (baserritarras) con los antiguos trajes para crear este ambiente increíble de fiesta tradicional. Podréis probar quesos, panes, embutidos tradicionales, verduras y mucho más.

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A mediados del siglo XIX la mayor parte de las fincas rústicas de Guipúzcoa eran cultivadas por arrendatarios cuya situación jurídica se transmitía de padres a hijos a través de las generaciones. Entre dueño y colono existía una relación paternalista. La renta se pagaba en fecha fija normalmente el día de San Martín- aunque acostumbraba a retrasarse hasta Santo Tomás.

El propietario que no cultivaba las tierras vivía en la ciudad. Numerosos baserritarras (caseros) se desplazaban hacia San Sebastián (Donostia) en ese día con el dinero de las rentas y un par de capones. A su vez eran obsequiados con una comida en la que tradicionalmente se incorporaba el bacalao al menú.

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Los caseros aprovechaban su venida a la capital para aprovisionarse de artículos que no existían en el modesto comercio de los pueblos vecinos y, a su vez, para vender los mejores productos del caserío. Se hizo necesaria la celebración de una feria y así surgió la de «Santo Tomás», en la Plaza de la Constitución donostiarra.

Cuando los municipios guipuzcoanos mejoraron su transporte y se construyeron pistas a todos los caseríos la Feria dejó de ser una necesidad. Pero el baserritarra (casero), que ya era en su mayoría propietario de las tierras donde se asentaba el caserío, siguió cumpliendo la vieja costumbre de acudir en Santo Tomás a San Sebastián (Donostia). Y la Feria se mantiene así.

Hoy es ya una feria del campo en la que hay tanto de exhibición, como venta y concurso de productos. Es tradicional también, la rifa de un gran cerdo vivo, que se exhibe durante todo el día en el recinto de la feria. Además de la feria del campo «santomasina», sorprende la costumbre de los bocadillos de txistorra.

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El 21 de diciembre proliferan en la Parte Vieja de San Sebastián los puestecitos callejeros en los que se venden estos bocadillos. Los innumerables bares de esa parte de la ciudad, ofrecen también al público bocadillos de txistorra que la gente devora con fruición. La Parte Vieja donostiarra huele durante todo el día a txistorra frita y talo. La costumbre al parecer, está conectada con las necesidades alimentarias de los caseros el día de feria.

Los puestos en cuestión suelen estar colocados en lugares como la Plaza Guipúzcoa, o la Plaza de la Constitución de la ciudad. Los puestos suelen estar atendidos por organizaciones, o grupos de escolares.

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La txistorra es un tipo de chorizo fresco, delgado y sin curar elaborado probablemente en su origen con los restos más feos de una matanza que, en Guipúzcoa, quizá por razones climáticas o económicas, se realiza poco antes de la llegada del invierno.

En los últimos años de la dictadura comenzó a arraigar la costumbre de comer la txistorra con «talo» en vez de con pan blanco. El talo es una especie de torta de harina de maíz y agua, sin levadura, cocida a la plancha, que se utiliza en vez del pan para acompañar la txistorra. Desde aquellos años, el talo se ha impuesto en la festividad como reivindicación de la mayor pureza de la tradición.

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LAS FALLAS: fiestas y tradiciones

14 septiembre, 2014 at 19:55

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Las Fallas (Falles en valenciano) son unas fiestas que se celebran del 15 al 19 de marzo, con una tradición arraigada en la ciudad de Valencia y diferentes poblaciones de la Comunidad Valenciana. Oficialmente empiezan el último domingo de febrero con el acto de la Crida (en valenciano; pregón, en castellano).

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El origen de la fiesta de las Fallas se remonta a la antigua tradición de los carpinteros de la ciudad, que en vísperas de la fiesta de su patrón San José, quemaban frente a sus talleres, en las calles y plazas públicas, los trastos viejos e inservibles junto con los artilugios de madera que empleaban para elevar los candiles que les iluminaban mientras trabajaban en los meses de invierno. Por ese motivo, el día de la cremà (momento en el que arden los monumentos falleros) siempre coincide con el día 19, Festividad de San José.

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En el siglo XVIII, las Fallas se reducían a piras de materiales combustibles que recibían el nombre de Fallas y quemaban al anochecer de la víspera de San José.

Estas Fallas fueron evolucionando y cargándose de sentido crítico e irónico, mostrándose sobre todo en los monumentos falleros escenas que reproducían hechos sociales censurables y crítica social siempre con sentido del humor.

Sobre 1870 se persiguió duramente los festejos populares como el Carnaval y las Fallas. Esta presión provocó que en 1885 surgiera un movimiento en defensa de las tradiciones típicas, otorgando la revista «La Traca» premios a los mejores monumentos falleros. Este hecho provocó la competición entre los vecinos y dio lugar al nacimiento de la falla artística, donde no desaparecía la crítica, pero predominaba la preocupación estética.

En 1901, el propio Ayuntamiento de Valencia, otorgó los primeros premios municipales a las mejores Fallas. Este fue el comienzo de la unión entre el pueblo y el poder político, evolucionando con pasos agigantados esta fiesta popular en número, estructura y organización.

Actualmente, esta festividad se ha convertido en un atractivo turístico muy importante, ya que están catalogadas como fiesta de Interés Turístico Internacional. Estas fiestas también son llamadas fiestas josefinas o festes de Sant Josep (en valenciano), ya que se celebran en honor a San José, patrón de los carpinteros.

Las Fallas son la fiesta más internacional de Valencia. En un concurso de arte, ingenio y buen gusto, la semana del 19 de marzo la ciudad se llena de gigantescos monumentos de cartón, los ninots.

los ninots

Aunque los actos más importantes se celebran durante la semana del 19, Valencia prepara el ambiente festivo desde el 1 de marzo con las mascletás, las exhibiciones pirotécnicas que tienen lugar todos los días a las 14.00 horas en la Plaza del Ayuntamiento. Por fin, llega la noche del 15 de marzo, cuando se produce la tradicional plantà de fallas. Se trabaja durante toda la noche para instalar más de 700 figuras en las calles y plazas de la ciudad. Algunas incluso se empiezan a montar días antes, ya que estas enormes estatuas pueden alcanzar hasta los 20 metros de altura. La mañana del 16, Valencia amanece habitada por caricaturas y representaciones satíricas que, con gran sentido del humor, critican a políticos, personajes famosos y los acontecimientos más relevantes de la actualidad.

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Se puede disfrutar de estas impresionantes escenas durante las siguientes jornadas hasta que, en la noche del 19 al 20, se realiza la cremà, el momento en que arden en medio de un fascinante espectáculo de luz, música y fuegos artificiales. Se queman todas menos un ninot que, elegido por votación popular, se salva de las llamas para formar parte de la colección del Museo Fallero.

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Otro de los momentos más emocionantes de las Fallas es la ofrenda floral a la Virgen, cuando las comisiones falleras desfilan los días 17 y 18 de marzo y, en honor a la patrona, forman una montaña de flores de 14 metros de altura. Verbenas, cabalgatas, corridas de toros, concursos y otros actos lúdicos completan el programa de estos festejos.

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El traje de fallera

La indumentaria de las falleras es algo que llama poderosamente la atención a los turistas por su ostentosidad y belleza. Los actuales trajes de fallera, llamados más correctamente trajes de valenciana, están basados en la forma de vestir de las mujeres de Valencia en los siglos XVIII y XIX. Ahora bien, aunque hay falleras que buscan la máxima rigurosidad histórica, otras visten con un estilo más personal que alejan sus trajes de cómo vestían las valencianas de los siglos comentados.

el traje de falleras

Empezando por los pies, la fallera se viste con zapatos forrados con tela, generalmente, la misma del traje. Las piernas las cubren con medias de seda o algodón, caladas y bordadas con motivos diversos. Encima, las enaguas, que es ropa interior que se coloca debajo de la falda; normalmente, a esta prenda se le añade un ahuecador para que la falda tenga más volumen. El tejido de la falda puede ser de seda, algodón o rayón, estampado con flores y otros motivos vegetales. Encima se coloca el delantal, que está bordado en hilo de oro o plata formando llamativos dibujos.

En cuanto a la parte superior del traje, la pieza de ropa interior es la camisa o chambra, ya que hasta principios del siglo XX no se comenzó a utilizar ropa interior como la que conocemos actualmente. Encima de ella se coloca el corpiño, que suele confeccionarse con la misma tela que la falda. Existen dos estilos diferenciados: el del siglo XVIII y el del siglo XIX.

Pasando al peinado, nos encontramos las peinetas clavadas en los moños, que son piezas de orfebrería realizadas normalmente en latón con baño de oro o plata. En el peinado también podemos ver parte del aderezo, en concreto los pinchos y las horquillas, que sujetan tanto el moño de atrás como los rodetes (pequeños moños encima de las orejas); el resto lo forman la joia (que se pone en el escote para sujetar la manteleta), el collar y los pendientes.

peinado de las falleras

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SANFERMINES; fiestas y tradiciones

6 julio, 2014 at 20:25

FIESTAS DE SAN FERMIN

Las fiestas de San Fermín o sanfermines (en euskera Sanferminak) son una fiesta en honor a San Fermín que se celebra anualmente en Pamplona, capital de la Comunidad Foral de Navarra, al norte de España.

Los festejos comienzan con el lanzamiento del chupinazo (cohete) desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona a las 12 del mediodía del 6 de julio y terminan a las 24h del 14 de julio con el «Pobre de mí», una canción de despedida.

CHUPINAZO SAN FERMINES

Los orígenes de las fiestas de San Fermín se remontan a la Edad Media y están relacionados con tres celebraciones: los actos religiosos en honor a San Fermín, intensificados a partir del siglo XII, las ferias comerciales y las corridas de toros, documentadas desde el siglo XIV.

PROCESION SANTO SAN FERMIN

Los antecedentes se remontan sin embargo al siglo XII, cuando la Pamplona medieval celebraba unas ferias comerciales al inicio del verano, en San Juan. Había además ferias de ganado y, al terminar la estación estival, el 10 de octubre, se celebraba la fiesta religiosa en honor a San Fermín, primer obispo de Pamplona, decapitado en Amiens, y que desde el siglo XIV contaba con corridas de toros.

En 1591 los pamploneses, cansados del mal tiempo, decidieron trasladar la fecha original a julio y hacerla coincidir con la feria. De este modo nacieron los Sanfermines. En su primera edición duraron dos días y contaron con pregón, músicos, torneo, teatro y corridas de toros. Posteriormente se fueron añadiendo otros actos como fuegos artificiales y danzas, y se prolongaron hasta el día 10.

Es precisamente en el siglo XIV, bajo el reinado de Carlos II, cuando llega a Pamplona la reliquia de San Fermín que se depositó en la iglesia de San Lorenzo, donde se sigue custodiando actualmente.

En el siglo XIX fue cuando los gigantes incorporan a su comparsa a kilikis, zaldicos y cabezudos, y cuando se instauró la costumbre de correr delante de los toros de lidia que los pastores conducían por las calles dando lugar así a los encierros. Pero no fue hasta que Ernest Hemingway escribió la novela «The sun also rises» («Fiesta» – 1926) cuando los Sanfermines se dieron a conocer internacionalmente y así comenzó la llegada masiva de visitantes extranjeros.

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Se trata en total de más de cuatro siglos de fiestas que se han visto interrumpidas en contadas ocasiones: en 1937 y 1938 por la guerra y en 1978 por los graves incidentes ocurridos tras la entrada de la Policía en la plaza de toros al terminar la corrida y en los que murió de un disparo el joven pamplonés Germán Rodríguez.

El encierro

ENCIERRO DE SAN FERMIN

El Encierro es el acto central de los Sanfermines y convierte a estas fiestas en un espectáculo inimaginable en cualquier otro lugar del mundo. Nació por una necesidad: trasladar a los toros desde los extramuros de la ciudad al coso taurino.

El encierro es una carrera con seis toros salvajes y seis cabestros. Se celebra a las 8 de la mañana del día 7 al 14 de julio. El día 6 no hay encierro. Participar es gratis, pero hay que cumplir ciertas normas, como no correr bebido…

Participar es gratis, pero sólo se puede acceder al recorrido por una puerta situada en la plaza consistorial, junto al Ayuntamiento. Si permaneces esperando en el recorrido sin acceder por la puerta, te desalojarán.

Hay una serie de normas que debes conocer: no se puede correr borracho y tampoco puedes hacerlo con mochilas, cámaras o elementos que pongan en riesgo a otros corredores.

875 metros separan el corral de Santo Domingo del de la plaza y a los toros les cuesta entre dos y tres minutos completarlos. No es posible realizar una carrera entera por las circunstancias de las calles y la afluencia de corredores, independientemente de la forma física. Según quienes participan, lo más recomendable es elegir un tramo, incorporarse al flujo de la carrera mientras aguardas en movimiento a que los toros te alcancen, aguantar frente a los toros sin poner en peligro a otros corredores y abandonar hacia un lado la carrera cuando la exigencia física o la seguridad lo indiquen.

La autoridad en el recorrido la ostentan, además de los toros, los pastores y sus palos.

CÁNTICOS AL SANTO

El encierro tiene un preámbulo especialmente emotivo. Se trata del momento en que los mozos, a escasos metros de los corrales donde están encerrados los toros, levantan sus periódicos enrollados y cantan frente a la imagen del Santo, colocada en una hornacina en la Cuesta de Santo Domingo.

En el más profundo de los silencios, se escucha la siguiente letra: «A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición. Entzun arren San Fermin zu zaitugu patroi zuzendu gure oinak entzierro hontan otoi».

Al terminar se corean los gritos ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín! Esta estrofa se canta en tres ocasiones consecutivas: cuando faltan cinco minutos para las 8 de la mañana, a tres minutos de esta hora y a un minuto de abrirse la puerta del corral.

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GARRUCHA: pueblos marineros con encanto

6 mayo, 2021 at 9:22

Garrucha es un precioso pueblo pesquero de la costa de Almería, situada en el litoral del Campo de Vera, entre Mojácar y Palomares. Muy próxima al Parque Natural del Cabo de Gata, posee uno de los puertos más activos del Mediterráneo.

Garrucha es muy conocida por su famosa gamba roja, uno de los pocos y mejores sitios de todo el litoral donde se pesca este manjar tan apreciado por los sibaritas del marisco. Pero, además de este crustáceo, a la lonja pesquera de Garrucha, llega cada día una variada y excelsa selección de mariscos, pescados y moluscos, como gallopedros, pargos, caballas o rapes. Con algunos de estos pescados, se hace el guiso marinero, que se elabora con ingredientes sencillos, como vino, almendra, ajo y pan frito.

Una buena forma de ver lo que cada día entra en el puerto pesquero es acercarse, previa cita, a la lonja, donde cada tarde tiene lugar la tradicional subasta. De esta forma, el visitante podrá comprobar la calidad y la frescura de estas delicias del mar Mediterráneo.

Si visitas Garrucha en octubre, podrás disfrutar de la fiesta de la gamba Roja, que se celebra en la explanada del puerto deportivo.

El puerto pesquero, que está unido al deportivo, es sólo uno de los enclaves relacionados con la tradición pesquera en Garrucha. A él se accede a través de su célebre malecón, un paseo centenario en el que se respira el ambiente marinero de esta apacible villa del levante almeriense.

Además, Garrucha cuenta con un monumento a los pescadores y un centro de interpretación dedicado a esta actividad y al medio marino, en general. Conocido como Nautarum, está situado en el antiguo Castillo de Jesús Nazareno, en la zona conocida como Las Escobetas.

La playa de las Escobetas es la única playa que existe en Garrucha. De hecho, en Garrucha no existía apenas playa, pues la porción de arena que separaba las casas del mar era tan pequeña que solo cabían un puñado de personas. En la actualidad, cuenta con más de un kilómetro de playa artificial de arena finísima en la que poderse tirar a pierna suelta y disfrutar de un día de sol y calor.

El Castillo de Jesús de Nazareno, construido en 1769 por orden de Carlos III, es una batería semicircular de artillería que mira al mar y que tiene dos torreones circulares. Todo ello, servía para defender las costas de los ataques de la piratería hace que Garrucha forme parte de la ruta de Castillos por Tierras Andaluzas.

En el ámbito religioso, Garrucha cuenta con la Ermita del Carmen, dedicada a la Virgen del Carmen patrona de los pescadores y de la localidad la Iglesia de San Joaquín. Construida en el emplazamiento de una antigua Capilla que había en lo alto del pueblo, tiene una fachada muy peculiar, siendo muy poco habitual para este tipo de edificios, lo que la convierte en una iglesia única. Frente a ella, en la plaza, está situada la imagen de la Inmaculada mirando al mar, sobre un pilar de mármol.

Otro sitio de interés es el Ayuntamiento, construido sobre un antiguo depósito de sal. Preside una plaza de corte moderno cuyos bancos evocan pequeñas barcas pesqueras.

Tampoco te puedes perder la visita a la Torre de fundición de San Jacinto, una antigua chimenea conocida popularmente como el Calvario. Fue construida en lo más alto de Garrucha a finales del siglo XIX. Tiene forma piramidal y 72 pies de altura. A través de la misma, se evacuaban los humos de las antiguas fundiciones de mineral del municipio.  Hoy en día se ha habilitado una zona peatonal y un mirador, pues las vistas que ofrece desde lo alto del pueblo son muy singulares, de ahí que sea el punto perfecto para despedirse de la visita de este encantador pueblo.

Origen e Historia de Garrucha

La historia de este pueblo pesquero, situado a unos 90 km de la capital, empieza como casi todos, en la prehistoria, pero es a partir del siglo XVIII, con el descubrimiento y explotación de las minas, donde empieza realmente la historia de Garrucha.

Antes de eso, ya era uno de los puertos pesqueros más importantes del Mediterráneo, presentando ya una actividad frenética en la Edad Media. Ahora, cuenta con un puerto deportivo, uno comercial, donde antaño dedicado al transporte de mineral y hoy día al yeso de Sorbas. También tenemos el puerto pesquero que nos abastece, entre otras delicias, con las gambas rojas de Garrucha.

El gran auge minero y económico del pueblo en el siglo XIX, llevó a que muchas familias ricas e influyentes se construyeran grandes mansiones. Las utilizaban como viviendas de verano, llegando a ser residencia de vicecónsules de diez países y conocerse el municipio como “la pequeña San Sebastián”.

Reflejo de esta riqueza también es el paseo marítimo, conocido como el paseo del Malecón. Durante este paseo podemos ver la deslumbrante y magnífica baranda de mármol blanco de Macael y un suelo de losas rojas y blancas.

La gamba roja de Garrucha

La gamba roja que se captura en Garrucha es uno de los mariscos más exquisitos de cuantos atesora el Mar Mediterráneo. Su zona de cría y reproducción está circunscrita al Levante Almeriense, más concretamente a la franja costera que queda frente a Garrucha.

La diferencia de esta gamba tiene mucho que ver con el caladero donde se pesca. Como gran parte del levante almeriense, el litoral garruchero se caracteriza por tener fondos profundos muy cerca de la costa. A menos de un kilómetro del puerto hay unos 200 metros de profundidad, que es el límite al que llega la luz bajo el agua. A 10 kilómetros de la costa la profundidad es de 1.000 metros y al final del trayecto del cañón, de más de 50 kilómetros, la profundidad alcanza los 2.400 metros.

Como explican los pescadores de la zona, este caladero acantilado supone un hábitat perfecto para la gamba roja debido a su relieve lleno de honduras. En Garrucha puedes capturar gamba roja a tres millas de la costa, mientras que en otros lugares del Mediterráneo español tienes que navegar hasta 14 millas.

Y si el relieve submarino es determinante, también lo son los fondos fangosos que permiten que la gamba roja se críe en Garrucha de manera espectacular. La temperatura del agua en Garrucha permite encontrarlas a unos 800 metros de profundidad en los meses cálidos y a unos 500 en los más fríos.

El resultado de todo este ecosistema es una gamba roja de calibre grande y con una carne dura y llena de sabor. Sus cabezas, para quienes disfrutamos de ese travieso chupeteo, son de una exquisitez e intensidad que condensa todo el mar en unos pocos centímetros.