Popular Tags:

SANTA MARÍA DE EUNATE: ermitas que merece la pena visitar

31 octubre, 2019 at 13:34

La ermita de Santa María de Eunate, rodeada de misterio, es una ermita del siglo XII atribuida a los templarios, y que se alza solitaria en la llanura navarra, en la confluencia de los Caminos a Santiago aragonés y navarro.

El misterio no aclarado sobre su origen y su inquietante interior avivan el interés de este templo que fue hospital de peregrinos, dormitorio de difuntos, faro-guía para caminantes, lugar de culto cristiano y santuario telúrico para quienes buscan fuerzas esotéricas.

En Mururzábal (Valle de Valdizarbe), en la ruta tolosarra del Camino de Santiago, poco antes de que ésta confluya en Puente la Reina con la procedente de Orreaga/Roncesvalles, se alza solitaria pero imponente la iglesia de Santa María de Eunate, un raro, bello y sugerente ejemplo de arquitectura románica declarado monumento nacional.

Su planta octogonal sigue el modelo de la basílica del Santo Sepulcro y de la Cúpula de la Roca de Jerusalén. Esta estructura y el claustro que la circunda la hacen diferente a cualquier otro templo románico.

No dudes en consultar sus horarios y tarifas cuando vayas a realizar la visita a esta magnífica ermita medieval.

Origen e Historia de la ermita Santa María de Eunate

Construida en 1170, su origen no está claro. Algunos historiadores han barajado la posibilidad de que fuese obra de los templarios y hospital de la orden de San Juan, mientras que la tradición popular atribuye su construcción a una reina o señora, cuya sepultura yace bajo las piedras, para que fuese capilla funeraria (iglesia cementerial de peregrinos).

Más allá de aspectos de carácter legendario, la gran mayoría de especialistas coinciden hoy en día en contextualizar la construcción del templo durante la segunda mitad del siglo XII, coincidiendo pues con el fecundo reinado de Sancho el Sabio de Navarra.

Otra de las funciones que tanto a Santa María de Eunate como al Santo Sepulcro de Torres del Río se atribuyen es la de faro de orientación para al peregrino, contando ambas en lugar de torre, con una especie de linterna arquitectónica coronando el edificio dentro de la cual se mantenía un fuego que servía de punto de referencia al caminante durante la noche.

Arquitectura de la ermita Santa María de Eunate

El conjunto de planta octogonal, como el Santo Sepulcro de Jerusalén y otras dos construcciones del Camino de Santiago, está circundado por una hermosa galería porticada de 33 arcos, con capiteles decorados. La armonía de la planta octogonal queda rota por el ábside pentagonal y una torrecilla de planta cuadrada adosada en el lado de la epístola. En los muros exteriores se alternan ventanas caladas y ciegas y dos puertas de acceso, la del norte frente al Camino, muy decorada, y otra más sencilla hacia poniente.

El interior del templo es sencillo y con algunos elementos de influencia musulmana. En los muros de sillería se aprecian dos alturas y en cada ángulo se superponen dos columnas. La sobriedad del interior es sólo aparente, ya que las columnas poseen hasta 26 capiteles decorados.

La bóveda octogonal está sustentada por 8 nervios con ángulos diferentes, lo que evidencia que los ocho lados del templo son diferentes. Y en el ábside, de gran riqueza arquitectónica y con forma semicircular, se encuentran los elementos esculturales más antiguos de la iglesia.

.

PLAZA DE TOROS DE CAMPOFRÍO: las plazas de toros con más encanto

25 octubre, 2019 at 12:24

La Plaza de Toros Campofrío (Huelva) es una de las plazas de toros más antigua de las que se conservan en España.

Respecto con cuál es la plaza más antigua de España en pie y en uso hay varias dudas, pero hay un libro, editado por la Diputación de Huelva y llamado “Campofrío, la plaza de toros más antigua de España”, que recoge y explica los documentos quirográficos que demuestran que la localidad onubense de Campofrío alberga la plaza de toros más antigua de España ante otros emplazamientos tan conocidos como la de Sevilla, Zaragoza o Ronda.

Origen e Historia de la Plaza de Toros de Campofrío

La historia de la plaza de toros es la historia de la cofradía de Santiago Apóstol. Fue esta institución la que decidió abordar la construcción de un coso taurino donde practicar la lidia de toros, tan enraizada entonces en la localidad.

Casi un siglo después de la conformación de la cofradía de Santiago Apóstol, en 1716 los cofrades y los vecinos de la localidad (por aquel tiempo dependiente de Aracena) iniciaron el proceso para la construcción de un coso taurino de mampostería. Debió haber en la localidad un fuerte arraigo a los juegos con el toro, pues en 1716 se solicita permiso a la villa de Aracena para la construcción de un coso taurino circular, de mampostería y a las afueras de la aldea, en el terreno conocido como Navalmentiño.

Éste fuerte arraigo a la tauromaquia en la Cuenca Minera y la Sierra onubense queda de manifiesto con la edificación de diversas plazas de toros que se produjeron en la zona desde finales del siglo XVI, como sucedió con la Plaza de Toros de la Ermita de San Mamés en Rosal de la Frontera (1599), la primera en España, seguida de la Plaza de Toros de la Ermita de Santa Eulalia en Almonaster la Real (1608), precedentes de la de Campofrío, donde hay constancia de la celebración de corridas de toros incluso antes de la edificación de este coso.

Un coso taurino construido en el año 1716, aunque inaugurada dos años después, en 1718, por lo que en el año 2008 ha conmemorado tres siglos de historia. Y lo ha hecho, además, con su inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Monumento, al considerarse que es un “hito monumental y cultural de la tauromaquia”.

Arquitectura y Características de la Plaza de Toros de Campofrío

En cuanto a sus características urbanísticas, la plaza se configura como un hito y un elemento de la arquitectura simbólica de Campofrío, siendo muy llamativo el hecho de que se construyera a las afueras del municipio, lo que permitió un enorme desarrollo de la localidad a su alrededor, al ser un punto de referencia. Una prueba de ello es que, en la actualidad, está inserto en uno de los extremos del casco urbano. No en vano, aparece hasta en el escudo municipal, donde se incluyen dos estoques en aspa.

A nivel arquitectónico, la plaza tiene un diámetro total de 60 metros, de los que 52 corresponden al ruedo. Con un aforo de 1.500 localidades, al exterior expresa su forma redonda con el único añadido del conjunto rectangular de los toriles. Su altura es escasa y no se eleva del terreno más de 2,5 metros, salvo en esta edificación aneja y en la portada. Otra singularidad destacada, que contrasta con la sencillez del conjunto, es la distribución irregular de los burladeros y de los accesos a las gradas.

La organización del recinto es muy elemental, reducida a dos muros concéntricos que se unen en el palco de acceso y con un graderío que arranca del terreno natural. Su portada principal, que se remata de forma triangular sugiriendo un frontón, cuenta en el interior con un pequeño porche que constituye la única zona cubierta junto con los toriles. La plaza está construida con mampostería, enfoscada y encalada en todas sus caras. En rojo están pintados los burladeros de madera y las puertas de acceso. A esa calidad arquitectónica, caracterizada por la máxima sencillez y funcionalidad, se añade el valor paisajístico de su ubicación entre el caserío y la dehesa, así como el valor etnológico de haber sido durante siglos lugar de reunión, fiestas, ceremonias y eventos. Y que es este coso no sólo ha acogido corridas de toros, sino también es el escenario de todo tipo de eventos, de ahí que se considere una seña de identidad de la zona, al haber adquirido un enorme valor cultural.

Pueblo de Campofrío
.

MOROS Y CRISTIANOS: fiestas y tradiciones

18 octubre, 2019 at 12:00

Las fiestas de Moros y Cristianos poseen una gran tradición y son muy antiguas, ya que se celebran desde finales del siglo XVI.

Principalmente se celebran en el Levante español, teniendo su epicentro en la provincia de Alicante y sur de la provincia de Valencia donde están las ciudades en las que se celebran las fiestas más masivas y multitudinarias, tales como Albaida, Alcoy, Almoradí, Villajoyosa, etc.

Día de los músicos; Himno de fiestas (Alcoy)

También se celebran en la Región de Murcia, la provincia de Albacete, el este de Andalucía y algunas otras zonas limítrofes con la Comunidad Valenciana. Según cada región o localidad, existen muchas variantes de esta celebración, ya que cada una, en consonancia con su propia historia, añade elementos diferenciadores a la estructura común de las fiestas.

Según la tradición, estas fiestas conmemoran las batallas que se libraron durante la Reconquista, durante la cual los reinos hispánicos cristianos retomaron los dominios ocupados por los musulmanes. Se conmemora asimismo todo el período de rebeliones sarracenas, ataques de piratas berberiscos, y la expulsión de los moriscos, que tiene lugar en el siglo XVII.

Calles engalanadas como en la Edad Media, desfiles fastuosos, luchas incruentas y muy emocionantes… Así son las fiestas de los Moros y Cristianos: días repletos de magia, leyenda y espectáculo. La indumentaria, perfectamente ambientada, logra que se reviva con más intensidad uno de los episodios más relevantes de la historia española.

Por su espectacularidad, destacan las de la localidad de Alcoy y las de Villajoyosa, ambas declaradas de Interés Turístico Internacional.

Origen e Historia de las fiestas de Moros y Cristianos

Las fiestas de Moros y Cristianos poseen una gran tradición y son muy antiguas, ya que se celebran desde finales del siglo XVI. Conmemoran, recreando de una manera festiva, el enfrentamiento que hubo entre las tropas musulmanas y cristianas durante el siglo XIII por el dominio del territorio de España.

Se realizan en honor del santo patrón de la ciudad que, además, tiene un papel fundamental en la batalla ya que, gracias a su intervención súbita, la victoria cae a favor del bando cristiano, a pesar de la superioridad numérica de las tropas árabes.

Espectacular participación popular

El principio de las fiestas es un verdadero espectáculo al que merece la pena asistir: la entrada de los dos ejércitos en la ciudad. Desde primeras horas de la mañana, las calles, balcones y ventanas, se llenan de gente preparada para no perderse ni un solo detalle. Al son de la música y con todo boato y majestuosidad, las distintas agrupaciones que forman el bando moro y el bando cristiano irán desfilando, portando lujosos atuendos y rivalizando en suntuosidad. Suele ser uno de los actos más brillantes y multitudinarios, en algunos casos, como ocurre en Alcoy, desfilan más de 5.000 personas.

Otra parte de la celebración la constituyen las ceremonias religiosas que se realizan en honor al patrón de la ciudad. Sin embargo, en esta fiesta todavía le esperan momentos muy emocionantes, como la espectacular batalla final. Viene precedida de las llamadas “embajadas” en el castillo, en las que cada bando lee un texto intentando convencer al otro para que se rinda. El parlamento negociador no tendrá éxito y, entonces, se iniciará un combate simulado, en el que se llegarán a gastar miles de kilos de pólvora, que terminará con la victoria de los cristianos.

Con la finalización de la lucha, acabarán también los días de fiesta, llenos de alegría, color y fastuosidad.

Alcoy: la cuna de la fiesta

Los Moros y Cristianos de Alcoy (Alicante) son los más populares por su arraigo y espectacularidad, lo que los ha convertido en una fiesta de interés internacional.

Representa la batalla que tuvo lugar en 1276 entre los fieles del caudillo árabe Al Azraq, que intentaban asaltar la villa, y sus habitantes, que lucharon por defenderla. Se celebra desde el siglo XVI y rinde homenaje a su patrón San Jorge que, según cuenta la leyenda, apareció en plena batalla contribuyendo a la victoria de los cristianos.

A lo largo de varios días a principios de mayo se van sucediendo los diferentes homenajes y desfiles de ambos ejércitos. Normalmente se estima que la participación alcanza hasta 5.000 personas. En el tercer día se representa la lucha  y el asalto de las tropas musulmanas al castillo, seguido de la reconquista de la fortaleza por parte de los cristianos. El colofón final lo protagoniza San Jorge lanzando flechas desde la torre por la noche.

Villajoyosa: el desembarco de los piratas berberiscos

En esta celebración, también declarada de interés internacional, se rememora el ataque de los piratas berberiscos y la oposición de los habitantes de la villa.

Foto: Alex Domínguez

El evento más particular de esta fiesta de Moros y Cristianos es la recreación del combate naval y el consiguiente desembarco en la playa. Se trata de un magnífico espectáculo cargado de fuegos artificiales, tambores y luces, que deja a sus espectadores atónitos.

Cada año, los más curiosos tienen la oportunidad de establecer contacto directo con esta tradición durante varios días en la segunda quincena de julio. Otra localidad que ha conseguido que su fiesta de Moros y Cristianos obtenga el reconocimiento de interés internacionales Caravaca de la Cruz (Murcia), la única localidad no valenciana en conseguirlo. Este reconocimiento se debe a su celebración de Los Caballos del Vino de Caravaca.

.

MONASTERIO DE LEYRE: monasterios y conventos con encanto

11 octubre, 2019 at 12:23

Ubicado en Navarra, al pie de la sierra de la que toma el nombre el monasterio de San Salvador de Leyre, o simplemente Monasterio de Leyre (en euskera Leire), es uno de los conjuntos monásticos más importantes de España por su relevancia histórica y arquitectónica.

Entre los diferentes edificios que componen el conjunto, existen ejemplares del románico muy destacados por pertenecer a un periodo muy temprano del mismo y por su excelente estado de conservación. En 1867 el Monasterio de Leyre fue declarado Monumento Nacional.

Posiblemente la cabecera de la iglesia del monasterio de Leyre sea la primera manifestación del románico pleno en Navarra a mitad del siglo XI. Las piedras con las que está construido el monasterio provienen de canteras propias que se hallaban en plena sierra y cercanas a él.

El bello entorno natural que acompaña al monasterio de Leyre explica que a lo largo de su historia haya sido refugio de reyes y obispos, icono de Navarra y escenario de celebraciones oficiales. El Monasterio de Leyre forma parte de la Ruta de Monasterios en Navarra.

El monasterio se alza en terrenos del actual municipio de Yesa, a 52 km de la capital navarra, Pamplona, sobre el ramal del Camino de Santiago que discurre siguiendo el río Aragón, pasando por Jaca, el Camino de Santiago aragonés. El conjunto se encuentra en una balconada natural de la falda sur de la sierra de la sierra de Errando o de Leyre, entre cuyos picos destaca la cima del Arangoiti de 1.356 m de altitud (esta sierra es la primera sierra prepirenaica que se tiende sobre el Canal de Berdún). Dicha balconada se alza sobre el valle del río Aragón, embalsado en este punto en el pantano de Yesa.

Antes de ir a visitarlo te recomendamos conocer los horarios y las tarifas de visita

Cerca del monasterio te recomendamos visitar el castillo de Javier y Sangüesa y el pueblo medieval Sos del rey Católico.

Origen e Historia del Monasterio de Leyre

Sus orígenes se remontan a la baja Edad Media. Documentalmente está mencionado ya en 848 y su historia va estrechamente ligada a la del reino de Navarra.

Durante la dominación árabe, del siglo IX al X, fue refugio de los reyes y obispos de Pamplona, hasta que los musulmanes lo incendiaron en el siglo X.

Después de haber sido destruido por Almanzor, Sancho García lo hizo reconstruir en 1022. La cabecera del coro y la cripta se construyeron en estilo románico, fueron introducidas las reglas de los cluniacenses y partiendo de él se construyeron numerosas hosterías y hospicios a lo largo del camino de Santiago. Desde el siglo XI la cripta sirvió de panteón real. En ella se encuentran los sepulcros de varios reyes de Navarra.

El monasterio alcanzó su máximo esplendor en tiempos de Sancho García el Mayor, de su hijo García de Nájera y de su nieto Sancho de Peñalén. En el año 1307 el monasterio fue entregado a la orden de los cistercienses.

La Desamortización de Mendizábal, en el siglo XIX, hizo que el monasterio se cerrara con el consiguiente abandono y ruina. Pero tras ser declarado Monumento Nacional en 1867 y mediante iniciativas personales comienza a resurgir. En el año 1915 se regresan a Leyre los restos de los primeros reyes de Navarra que habían sido llevados a la parroquia de Yesa. En la actualidad, el conjunto monástico pertenece a la Comunidad Foral de Navarra, y para su cuidado y funcionamiento se le ha cedido a quienes fueron sus primeros moradores, los monjes negros, los benedictinos.

Sus sólidos muros son testigos de mil y una historias como la de dos hermanas cristianas que fueron decapitadas por no abrazar el credo musulmán, y cuyos restos se guardan en una arqueta de marfil que se exhibe en el Museo de Navarra. O la leyenda de San Virila, el abad que quedó extasiado durante 300 años al oír cantar un pajarillo cerca del monasterio, lugar del que mana la fuente de San Virila.

¿Qué ver en el Monasterio de Leyre?

El recorrido te descubrirá una sobrecogedora cripta del siglo XI, la parte más antigua de todo lo conservado. El angosto recinto, en el que se acumulan masas de piedra, con fustes de escasa altura y robustos capiteles consigue estremecer y es una clara muestra de la sobriedad propia del románico más arcaico.

Su austeridad contrasta con la decoración de las portadas de la iglesia abacial, especialmente con la de la puerta Speciosa, otro de los grandes tesoros del cenobio. Data del siglo XII y está adornada con elementos de la Ruta Jacobea. Busca el demonio atrapando una desventurada alma o al ángel que anuncia el juicio final y comprobarás que es una auténtica biblia en piedra.

Otros elementos de gran interés son la portada sur del siglo XII, la portada de la iglesia abacial (XI), el paso subterráneo de la cripta y la capilla del Santísimo (1501-1536), que contiene un retablo y esculturas de Juan de Berroeta (XVII).

En el interior de la iglesia, iniciada en estilo románico, contempla la gran nave central (XI) y alza la vista para descubrir la bóveda gótica, una de las ojivas más bellas existentes en Navarra. Tras una reja de estilo gótico tardío está el panteón de los primeros Reyes de Navarra y junto a él se venera el “Cristo de Leyre”, una enorme talla del siglo XVI.

En Leyre, la alabanza y diálogo con Dios se traducen en canto gregoriano. Aprovecha la ocasión y escucha a los monjes en el oficio de laúdes, a las 7,30 horas (domingos y festivos a las 8:00 h.), misa conventual, a las 9:00 h. (domingos y festivos a las 12:00 h.), vísperas, a las 19:00 h. y en las completas, a las 21:00 h.

Si quieres disfrutar con tranquilidad del lugar, aneja al edificio existe una hospedería de 33 habitaciones. Además, el monasterio cuenta en su interior con 10 habitaciones individuales. Este alojamiento está reservado a varones y las comidas se realizan con los monjes en el refectorio.

.

LA CAPA ESPAÑOLA: cultura y tradiciones

4 octubre, 2019 at 12:59

La capa española es una prenda de vestir típica española.​ Se trata de una prenda de abrigo tradicional larga, suelta, sin mangas y abierta por delante que se sujeta al cuello y cubre casi todo el cuerpo, ensanchándose gradualmente hacia la parte inferior que sirve para poner encima del traje o vestido.

La capa española a pesar del transcurso del tiempo, ha logrado mantener su apariencia de pleno apogeo de uso a finales del siglo XIX. Fue prenda de vestir de sacerdotes y cristianos viejos.

Utilizada hasta entrado el siglo XX, la capa española forma parte de nuestra historia y nosotros de la suya. “La capa durante siglos ha sido una indumentaria de respeto que marcó la tradición del hombre, para asistir a cualquier acto social o religioso de cierta categoría (…)”. Cuando una persona tenía que acudir a algún acontecimiento importante y no disponía de poder económico para adquirirla, la tomaba prestada.

Origen e Historia de la Capa Española

Los promotores de la capa española fueron los Duques de Béjar cuando crearon la Industria Textil Lanera hacia el siglo XIV y XV en Béjar (Salamanca). Poseían enormes rebaños de ovejas y, en época del esquileo, por los meses de abril o mayo, una vez hecha la pelada, lavaban las lanas en el río. Comprobaron que el agua del rio de Béjar, el río Cuerpo de Hombre, era excepcional para el lavado y para el tintado. El lavado era fino, sedoso y dulce en la lana y el tinte se mantenía sólido y permanente. Los Duques de Béjar dedicaron una cuidada atención a esta Industria Textil, y dado el gran consumo de capas, se dedicaron por completo a la fabricación de este artículo.

La denominación de capa española comienza a coger auge a partir del siglo XVI y es usada especialmente por el hombre. También llego a utilizarse en Francia con el conocido nombre de capa española.

En la época romántica también fue utilizada por las mujeres, llegando Luis VII a prohibir el uso de éstas a las mujeres cortesanas, para que éstas no fueran confundidas con las honradas. En los antiguos grabados y láminas se ve con que soltura y gracia solían embozarse la capa los franceses, flamencos, ingleses, italianos y portugueses, que después quedo como cosa peculiar de los españoles.

En el XIX, triunfa definitivamente la que ha venido en llamarse capa española, en sus cuatro variantes más conocidas: La Madrileña o pañosa, con esclavina, cuello bajo y embozo de terciopelo de colores, en terciopelo verde y/o rojo. La Castellana o parda, de paño pardo o marrón sin vivos y con grandes broches. La Catalana, de amplios vuelos y capilla galoneada. La Andaluza, de esclavina más corta y de menor longitud.

Dejaron de llevarse los colores vivos y solo siguieron llevándose las de paño negro, castaño, azul o verde oscuro. Se le dio más vuelo se forraron los embozos de piel, lana o terciopelo y la esclavina se hizo más corta y más airosa. Las mujeres han seguido usándola raras veces y todavía la usa alguna hacendada portuguesa.

A principios del siglo XX, las diferencias son menos acusadas, existiendo prácticamente un solo modelo de capa; la capa negra con embozos de terciopelo de vivos colores con esclavina adornada con pasamanería rematando su cuello un broche, que suele distinguir a quien lleva la capa, bien por su procedencia, condición o asociación. Este tipo de capa es la que nos ha llegado a nuestros días que paulatinamente dejo de usarse por considerarse una prenda antigua.

Imagen de archivo tomada en Cannes en 1957 del pintor malagueño Pablo Picasso. EFE/archivo/Irving Penn

A finales del siglo XX ciertos grupos de nostálgicos y admiradores de esta prenda en desuso, por distintas localidades españolas han ido creando asociaciones para hacer resurgir, realzar y dar a conocer esta prenda, la capa española, de elegancia propia, añorada por unos y dejada en el olvido por otros. Un ejemplo es la Orden de Caballeros de la Capa Española de Valencia.

La fabricación de la Capa Española

La capa española lleva un trato muy especial en la fabricación. En sus orígenes después de lavar las lanas se pasaba al tintado de las mismas. Es confeccionada en diferentes tonos: en negro y en “azul tina”. Para conseguir este color se utilizaba miel de romero y orín. El proceso del tintado se llevaba a cabo en grandes artesas de madera hechas con duelas o en tinas. Una vez tintada la lana se pasaba a su fabricación.

Primero se hilaba, en un principio a mano, después en rústicas máquinas, luego en tornos semi-mecánicos y actualmente en selfactinas ultra modernas. A continuación se tejían en los telares de braceros, en un primer momento, luego en telares de garrote, después extendiéndose a otros más modernos y automáticos hasta llegar a los actuales que son muy sofisticados.

Para finalizar la fabricación se acababan las capas en unos batanes muy característicos y por procedimientos rústicos para enfurtir estos paños a base de un gran rodaje en agua de las telas, que después se trataban con cardillos silvestres para percharlas, tal y como hoy se hace, para sacarlas el pelo, que se igualaba después con una operación que se llama “tundido”, así se logra el pelo que da ese tono único a las capas de Béjar.

El secado de las piezas se hacía, al igual que en la actualidad, al aire libre y al sol, consiguiendo así un acabado insuperable y único. Una vez realizados todos estos pasos ya podemos confeccionar la capa. Las técnicas actuales se compaginan con algunas de las antiguas y se consiguen unas prendas únicas.

Cómo llevar una capa española