EL BARQUILLERO: cultura y tradiciones

4 septiembre, 2018 at 21:19

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Se llama barquillero a una persona que vende barquillos. En particular, fueron muy populares en el siglo XIX y comienzos del XX los barquilleros que vendían su producto en la calle.

Los barquillos son unos dulces basados en una hoja delgada de pasta, hecha con harina (sin levadura), azúcar o miel, y por lo general canela. El barquillo era calentado en moldes cuya figura era convexa o en forma de barco (de donde procede su nombre) aunque en la actualidad cuenta con la forma de canuto que todos conocemos.

Historia y Origen del barquillo

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El origen de los barquillos nos lleva hasta principios del cristianismo. En esta época los barquillos eran derivados del pan divino (pan de ángel) y eran repartidos a los fieles en las iglesias. Desde entonces su composición ha ido evolucionando ligeramente. En los monasterios copiaban las recetas, las realizaban y las modificaban para ser posteriormente vendidas al público. Y entre estas recetas se encuentra la de los barquillos.

Los primeros utensilios encontrados para fabricar barquillos datan de 1440 y llevan grabados los escudos heráldicos de la casa real de Aragón. Se cree que estos instrumentos pudieron pertenecer a Juan II de Navarra y Aragón. El objetivo de esta decoración heráldica no era otro que mostrar la supremacía y poder de la corona y del rey de Aragón.

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Los barquillos han pasado a la historia como postres exquisitos que eran consumidos en la mayoría de las mesas de reyes, burgueses, y grandes señores, aunque posteriormente comenzaron a venderse por las calles. Originalmente fueron confeccionados por panaderos como dulces derivados del pan. Posteriormente la especialización de oficios dio origen a los llamados obleros o barquilleros, quienes se encargaban de hacer la pasta y dar forma a las obleas, llegando a figurar entre el personal de cocina de reyes y grandes señores. Según los escritos encontrados, los barquillos se servían acompañados de vino.

En Santillana del Mar (Cantabria) se encuentra el Museo del Barquillero, en el cual puedes conocer la historia de la tradición del barquillero y en donde toda la planta baja es una gran tienda de dulces y chucherías, todas preciosas y bien colocadas y exhalando un ólorcillo que te da ganas de comprar unos pocos kilos.

Hoy en día la figura del barquillero apenas existe, pero ha sido recuperada en algunas ciudades como Madrid. Se suelen situar en plazas y parques y son habituales en las ferias y verbenas.

Barquilleros de Madrid

En numerosas ciudades han aparecido historias y personajes ligados al barquillo. Una de las más destacadas surge en Madrid, donde es típica la figura del barquillero. Generación tras generación estos barquilleros mantienen viva la tradición y en la actualidad es posible verlos vestidos de chulapos, con la barquilla y cestas de mimbre llenas de barquillos en lugares tan señalados como la Plaza Mayor, el Retiro o la Plaza de Oriente en fechas destacadas como las fiestas de San Isídro o algunos domingos de primavera o verano.

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Una de las principales figuras del Madrid castizo era o es el barquillero que llevaba la barquillera a cuestas llena de  barquillos con una ruleta en la que los clientes podían probar suerte.

¡Barquillos de canela para el nene y la nena! ¡Barquillos de coco que valen poco! ¡Barquillos de canela y miel, que son buenos para la piel! ¡Barquillos de vainilla, que maravilla!

Los barquilleros de Madrid, ataviados con el traje tradicional de chulapo, llevan una cesta metálica con una ruleta donde, en su interior, se guardan los barquillos, y en su parte superior se puede jugar al juego de El Clavo. El Clavo consiste en tirar de la ruleta, si hay varios participantes, el que saca la cifra menor paga todos los barquillos. Si hay una sola persona, se paga una pequeña cantidad y se gana un barquillo en cada tirada, salvo que se caiga en la casilla del clavo, donde se pierde todo lo ganado. El clavo es uno de los cuatro tornillos que sujetan la ruleta. ¿Te animas a probar suerte?

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A finales del siglo XIX y principios del XX, una de las formas de acercarse los mozos a las jovencítas era ofrecerle una tirada de ruleta del barquillero por si tenía suerte y así iniciar una conversación con un barquillo.

La figura del barquillero aparece en numerosas zarzuelas, sainetes… como figura típica de Madrid pero por desgracia, es un oficio a desaparecer. La profesión de barquillero artesanal se está perdiendo y en Madrid quedan muy pocos.

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La familia Cañas es la única barquillería que queda en Madrid, un recoleto obrador en Lavapiés, donde la quinta generación de una familia castiza fabrica este crujiente y sabroso dulce.

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Ellos son los últimos barquilleros de Madrid, los únicos que se dedican a fabricar de manera artesanal y a vender esa crujiente golosina elaborada con ingredientes sencillos y naturales.

La receta original consiste en: harina, azúcar, un poco de aceite, un chorrito de agua, esencia de canela o de vainilla y coco rallado para dar consistencia. Otro dato a tener en cuenta es que el barquillo tiene que ser crujiente, no debe de quedar demasiado fino y que alcance un color de oro viejo. Tampoco se desea que tengan un sabor demasiado dulce y que, cuando se sujete en la mano, no se rompa.

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Estos artesanos barquilleros no solo se han limitado a lo tradicional porque, también han querido pasar a los anales de la gastronomía con su innovación propia bañando con chocolate algunas de las galletas y canutos.

Ya saben. Si van a Madrid y pasan por el número 25 de la calle Amparo, no se olviden de llevarse de recuerdo alguno de sus suculentos barquillos a un precio irresistible.

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LA FERIA DE SEVILLA: fiestas y tradiciones

21 junio, 2018 at 11:24

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La Feria de Abril o Feria de Sevilla es una fiesta de primavera que se celebra anualmente en la ciudad de Sevilla (Andalucía), en la que el público se reúne en un gran recinto denominado Real de la Feria, y en el que destacan los trajes de flamenca, las casetas, la manzanilla, los farolillos y los coches de caballo.

La Feria de Abril es una de las fiestas más internacionales y populares de España.

Se celebra una o dos semanas después​ de la Semana Santa y coincide con los toros en la plaza de la Maestranza. La feria comienza el sábado a las doce de la noche con la popular prueba del alumbrado, con el encendido de su portada de miles de bombillas y farolillos que la convierten  en un ascua de luz, y tras unos interminables días de contento, lujo y señorío, caballistas, amazonas, paseos de caballo y deslumbrantes carruajes, finaliza oficialmente el sábado siguiente a las doce de la noche con un espectáculo de fuegos artificiales a la orilla del Río Guadalquivir.

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La Feria es como una pequeña y engalanada ciudad. Un mundo efímero donde las casas son casetas, la iluminación se consigue con farolillos y todas las calles tienen nombres de legendarios toreros.

El suelo de las calles está recubierto de albero, tierra de color amarillento, procedente de la localidad vecina de Alcalá de Guadaira. Ésta es la arena utilizada tradicionalmente en los jardines de Sevilla y en las plazas de toros.

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La Feria se ilumina a lo largo de sus calles con millares de bombillas cubiertas de “farolillos” (especie de mamparas esféricas de papel plegado).

Tiene un gran impacto económico y social en la ciudad y está declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Origen e Historia de la Feria de Abril

La Feria, tal como la entendemos hoy, fue creada por iniciativa de dos concejales que solicitaron al Pleno la recuperación de las ferias de Sevilla, una en abril y otra en septiembre. Lo de recuperar tenía todo el sentido ya que el permiso para celebrar ambas lo otorgó Alfonso X el Sabio en 1254, seis años después de que su padre conquistara Sevilla. Los concejales fueron dos sevillanos de adopción: José María Ybarra (vasco) y Narciso Bonaplata (catalán).

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Don José María Ibarra nació en Bilbao y Don Narciso Bonaplata en Barcelona, pero ambos pasaron en Sevilla sus últimos días, y, a mediados del siglo XIX, celebraron por primera vez la famosa feria de la ciudad, que hoy acoge a miles de turistas y que sabe a jamón, a tortilla de patatas, a “pescaíto frito” y gambas y a esa Manzanilla de Jerez, a menudo mezclado con gaseosa que da lugar al afamado ‘rebujito’.

Corría el año 1846 e Ibarra y Bonaplata, durante su concejalía, decidieron organizar una feria que duraría tres días, cuyo objetivo era la exposición y compra venta de ganado. Y un año después, con el beneplácito de la Reina Isabel II, esta reunión de naturaleza mercantil tuvo lugar en el Prado de San Sebastián el 18 de abril de 1847.

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Así nació la primera Feria de los tiempos modernos con 19 casetas y con un éxito tal de público y de negocio que, ya al año siguiente, los encargados de organizar la venta de ganado se dirigían al Municipio para pedirle una mayor presencia de agentes de la autoridad porque “los sevillanos y sevillanas, con sus cantes y bailes, dificultaban la realización de los tratos”.

Lo que comenzó como un evento puramente comercial, con el paso de los años el pueblo de Sevilla ha ido haciéndolo suyo hasta llegar en el presente a considerarse como una de las más singulares expresiones de color y alegría donde el sevillano y aquellos que nos visitan disfrutan de la fiesta durante 6 días cada año.

Noche del “alumbrao”

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La Feria de Abril de Sevilla comienza la noche del “alumbrao”, momento inaugural en el que se encienden las luces del recinto ferial. Hay personas en Sevilla que viven la «noche del alumbrao» como si se tratase de la «noche de fin de año».

También esta noche se degusta el tradicional “pescaíto frito” en las casetas.

Otro de los grandes elementos distintivos de la Feria de Abril es el arco que hace de entrada al recinto, la portada, que cada año presenta un diseño diferente para conmemorar algún evento vinculado con la ciudad. El encendido de la portada supone en cierto modo un año más, un nuevo año cargado de ilusiones y emociones que se desarrollan de forma fulgurante en esa semana. Algo así como si la vida estuviera concentrada en una semana.

Las casetas de la Feria de Sevilla

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Las casetas son el lugar donde se vive la feria. Formadas por varios socios, son entendidas como un espacio familiar en el que agasajar a amigos, parientes e invitados con los productos típicos de la tierra.

En las casetas, sencilla y bellamente engalanadas, no falta el Fino de Jerez o la Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, el jamón, las gambas, el baile, las sevillanas, las palmas, la guitarra y también, por qué no, la gaita y el tamboril rociero,… y  nunca, nunca  debe faltar «ese caldo del puchero» con un chorreón de fino, capaz de hacernos sentir como nuevos…

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Este ambiente cálido y festivo se traslada también al exterior: la gente suele bailar en la calle y el carácter abierto de los sevillanos invita a unirse a la celebración a todo el que pasa.

Conviene que tenga en cuenta que la mayoría de las casetas son privadas y que se accede por invitación de algún socio o conocido. Aunque también las hay públicas y de acceso libre. En la oficina de información situada en la entrada de la feria le indicarán cuáles son.

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EL ABANICO ESPAÑOL: artesanía con historia

4 junio, 2018 at 19:38

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El abanico ha tenido muchos usos a lo largo de la historia, desde el sencillo de mitigar con su empleo los calores personales a otros ceremoniales -tanto profanos y eclesiásticos- y hasta los más prácticos de espantar insectos, proteger del sol o atizar las brasas del hogar.

Cuando hicieron su aparición los primeros abanicos plegables, éstos se introdujeron en Europa a través de España. La innovación que aportó el nuevo diseño fue rápidamente copiada y se inició su fabricación primero en España, y luego en el resto de Europa. Con todo, los maestros abaniqueros italianos y franceses superaron paulatinamente la factura española debido a la perfección con que trabajaban y a las medidas protectoras de sus respectivos gobiernos. En la actualidad, sin embargo, estos países ya hace tiempo que dejaron de fabricar abanicos, mientras que en España aún perdura la artesanía abaniquera.

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En España el abanico fue acogido rápidamente, sobre todo en Andalucía debido al clima de la zona. Era considerado raro y caro, y en principio fue usado por damas de la alta sociedad, como signo de ostensión y demostración de la categoría social, y con el paso del tiempo se popularizó y llegó a tener un lenguaje de seducción. Este lenguaje consistía en la posición con la que colocaban el abanico, o el modo en cómo se le agarraba, para así transmitir un tipo de mensaje u otro. Las más jovencitas solían recurrir a este “lenguaje” con frecuencia para comunicarse con sus pretendientes en bailes y lugares públicos sin que lo notaran sus madres u otros acompañantes celosos de su correcto comportamiento. Pintores como Goya, Velázquez, Sorolla o Zuloaga, entre otros muchos, han plasmado en sus cuadros la conexión entre una mujer y su abanico.

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Origen e historia del abanico en España

Tras la aparición del abanico plegable en España en el siglo XVI, pronto comienzan a aparecer los primeros fabricantes cuyos nombres desafortunadamente se desconocen.

En el siglo XVII, tanto en Madrid como en Sevilla, encontramos nombres de artesanos de abanicos. En Madrid figuran Juan Sánchez Cabezas, Francisco Álvarez de Borja y Jerónimo García, destacando como pintor de abanicos Juan Cano de Arévalo, a caballo entre los siglos XVII y XVIII. De Sevilla son Carlos de Arocha, José Páez y Alonso de Ochoa.

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Del uso de materiales caros y transportes transoceánicos, caso de los metales preciosos y el marfil, se fue pasando a materiales económicos como el papel y la madera primero o, posteriormente, la tela de algodón y el varillaje de plástico.

En 1693, concretamente del 8 de junio, diversos maestros de Madrid solicitan sin éxito formar un gremio.

A pesar de la existencia de maestros abaniqueros, la importación de abanicos procedentes de Italia y Francia era importante, lo que obliga a Carlos II en 1679 a limitar la entrada de abanicos procedentes de estos países.

En el siglo XVIII hay constancia de varios artífices de abanicos en Madrid, pero sobresale el francés Eugenio Prost, que llega a España bajo la protección del Conde de Floridablanca. Pero en este período, Valencia se va a consolidar como centro productor, donde existía un gremio de artesanos abaniqueros.

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Bajo el reinado de Felipe V, aumentan de nuevo las importaciones de abanicos procedentes de Francia, Italia, Holanda e Inglaterra, quizás debido a la gran demanda de este utensilio.

En 1802 existe ya en Valencia una Real Fábrica de Abanicos, destacando esta comunidad a nivel europeo en la industria abaniquera. Probablemente debido a esta coyuntura, dos franceses van a establecerse en Valencia con objeto de hacerse con el mercado español, importando piezas que después se montan en España. Se trata de Simonet, que llega a Valencia en 1825, y Fernando Coustelier. A raíz de la llegada del primero, varios industriales valencianos de abanicos (Puchol, Mateu…) tienen que acudir a Fernando VII para que prohíba la importación de abanicos franceses.

Pero el gran artífice del siglo XIX va a ser José Colomina, industrial alicantino que revolucionará la producción de abanicos.

En el siglo XX, la producción de abanicos valencianos experimenta un gran auge hasta el paréntesis de la guerra civil, iniciándose después de la contienda un proceso de recuperación con centros en Valencia, Godella y Aldaya que, en 1983, sumaban ya cuarenta fábricas.

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Hoy en día, se encuentra en Cádiz la única escuela-taller de abanicos del mundo, pero todo el material, artesanos y artistas están situados en los alrededores de Aldaya, ciudad situada al lado de Valencia. Valencia presenta actualmente una floreciente industria abaniquera que exporta a todo el mundo.

EL ABANICO EN EL FLAMENCO

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Gracias al uso del abanico Flamenco, las bailaoras logran dar gran gracia y estilo al flamenco. Es por eso que su uso es muy común entre ellas. ¿Pero por qué este elemento coló un lugar en el flamenco? La respuesta tal vez sea ese lenguaje particular que se desarrolló por su uso y que antes hemos mencionado.

Sabemos que el flamenco es música y baile que transmiten un sinfín de emociones en un lenguaje propio, el abanico flamenco es un instrumento imprescindible para comunicar toda esa energía.

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Siendo el flamenco un baile tan sensual, grácil y hermoso, es lógica la inclusión de este artilugio para fortalecer ese hechizo de encanto que causan sus movimientos. Y es que como declaro un escritor inglés llamado Joseph Addison: “Los hombres tienen las espadas, las mujeres el abanico, y el abanico es, probablemente, un arma igual de eficaz”.

El proceso de fabricación

El abanico, por simple que parezca, pasa por varias manos especializadas para completar su proceso de fabricación.

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Dependiendo del material empleado, se sigue un proceso de fabricación distinto.

Para los abanicos de madera:

  1. En primer lugar se sierran las varillas y se les da la forma y el grosor que necesitaremos para completar el “paquete” que puede ser de 12, 14, 16… hasta 32 ó incluso 40 varillas.
  2. Después de manera opcional, se calan, adornan y maquean
  3. Posteriormente se telan
  4. Ahora se pasa a la fase de pintura de fondo donde le daremos al abanico el color deseado (en el caso de las maderas más comunes), las maderas nobles se pulen para lucir la malla natural).
  5. Pasa después a las manos del artista-pintor que decora la pieza, normalmente con flores, paisajes o figuras románticas.
  6. Posteriormente se barniza o laca la madera, para proteger la pintura y darle el brillo y terminación elegida.
  7. La última mano consiste en remachar los clavillos y añadirle anilla, si se desea. Después de repasar todo el proceso, nuestro abanico está terminado y listo para ser embalado y enviado a nuestros clientes.

En el abanico de plástico, el proceso es completamente distinto:

El varillaje de plástico inyectado sale con la forma del molde correspondiente y el color deseado. Se puede grabar o no con termo impresión, posteriormente procedemos al telado del abanico, y a coser la puntilla en los casos en que la lleve. Con remachar y repasar, el proceso de fabricación está terminado.

Partes del Abanico

El abanico tal y como lo conocemos hoy, se compone de dos partes: el varillaje y el país.

El varillaje está compuesto por un número variable de varillas (siempre par), según la amplitud que se quiera dar al abanico, y por dos guardas o caberas que protegen el abanico cuando éste permanece cerrado. Los materiales más utilizados son el nácar, el marfil, el hueso, distintos tipos de maderas, incluso los materiales plásticos. La fuente que es la parte visible del varillaje situada debajo del país, al igual que las caberas, se ornamenta con calados, grabados, incrustaciones, policromías, dorados, etc. La pajilla o guía, que es la parte de la varilla más estrecha y fina (en algunos casos de un material más pobre que el resto del varillaje), permanece oculta entre los dos países cuando éste es doble, y a la vista en la trasera del abanico cuando el país es simple. El clavillo es un alambre grueso que ensarta las varillas a través de los agujeros en ellas perforados, y se remacha en ambos extremos con la roseta y algunas veces anilla, para que las varillas no puedan salirse.

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El país es un sector de forma anular o semicircular, que sirve para dar coherencia al varillaje. Puede ser de tela, papel, seda, etc., y suele estar decorado con pinturas, grabados, bordados etc.

Cabe destacar por su peculiaridad el abanico de baraja, que no tiene país y está compuesto solamente de varillas unidas en la parte superior por una estrecha cinta. Los materiales más empleados son el marfil, la madera, el hueso, el nácar, etc., a veces con calados, grabados, pinturas, incrustaciones, etc., y la cinta suele ser de algodón o de seda, en algunos casos decorada con pintura.

Museo del Palmito de Aldaya

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Situado en un bonito edificio color crema cuajado de arcos en su parte superior (la casa Llotgeta, del siglo XVI), el Museo del Palmito es el primero en toda España y el único de titularidad pública en toda Europa. Los valencianos llaman palmito al abanico.

Aldaya es la cuna del abanico, y es por ello que es el mejor lugar para albergar un museo de estas características.

El museo consta actualmente de más de 150 abanicos cedidos por los artesanos y coleccionistas, y de instrumentos donados para entender todas las fases de fabricación de un palmito, como puede ser caladoras o telas.

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EL FLAMENCO: cultura y tradiciones

11 diciembre, 2017 at 21:37

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El flamenco es uno de los elementos más característicos de la cultura española, en especial a lo largo de la región sureña de Andalucía. Es un género musical  con un gran contenido estético que le impregna de una gran personalidad diferenciadora del resto de las músicas que pueblan el mundo musical.

El flamenco es una forma de arte musical que se originó en Andalucía hacia el siglo XVIII, tal y como lo conocemos hoy en día, aunque existe mucha controversia sobre su origen. Lo que sí está aceptado por los entendidos es que, en su estado más puro, su origen se concentra en la Baja Andalucía, entre las provincias de Cádiz y Sevilla.

Los primeros artistas del siglo XVIII surgieron en Triana, que junto con Jerez y Cádiz es el enclave en el que el flamenco deja de ser una expresión folclórica para convertirse en un género artístico.

El flamenco es el resultado de la fusión de la música vocal, el arte de la danza y el acompañamiento musical, denominados respectivamente cante, baile y toque. El traje de flamenca es el elemento más característico y vistoso del flamenco.

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El flamenco se interpreta con motivo de la celebración de festividades religiosas, rituales, ceremonias sacramentales y fiestas privadas.

Es un signo de identidad de numerosos grupos y comunidades, sobre todo de la comunidad étnica gitana que ha desempeñado un papel esencial en su evolución. La transmisión del flamenco se efectúa en el seno de dinastías de artistas, familias, peñas de flamenco y agrupaciones sociales, que desempeñan un papel determinante en la preservación y difusión de este arte.

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El flamenco ha sido declarado Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

El flamenco es como Andalucía misma: una tierra que encuentra su razón de ser en la diversidad, un lugar donde conviven multitud de puntos de vista y donde todos sus habitantes son conscientes de que eso les enriquece. Larga vida, pues, al flamenco, porque no sólo representa a un pueblo: también lo diferencia de los demás.

Origen e Historia

Tal y como lo conocemos hoy en día data del siglo XVIII, y existe controversia sobre su origen, ya que aunque existen distintas opiniones y vertientes, ninguna de ellas ha podido ser comprobada de forma histórica.

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En un rápido ejercicio de imaginación podríamos trasladarnos hasta la España árabe, pues las modulaciones y melismas que definen al género flamenco pueden provenir de los cantos monocordes islámicos.

Hay también quien atribuye la creación de esta música a los gitanos, un pueblo procedente de la India -hasta hace relativamente poco se creía que eran egipcios- y desperdigado, por su condición de errante, por toda Europa. En España entraron a principios del siglo XV, buscando climas más cálidos que los que hasta entonces habían encontrado en el continente. Tampoco se pueden olvidar los diferentes legados musicales que dejaron los deudos andaluces en el Sur de España, donde habían tenido vigencia las melodías salmodiales y el sistema musical judío, los modos jónico y frigio inspirados en el canto bizantino, los antiguos sistemas musicales hindúes, los cantos musulmanes y las canciones populares mozárabes, de donde probablemente proceden las jarchas y las zambras.

Sin entrar en juicios de valor sobre qué teoría tiene más fuerza -existen otras pero con menos aceptación-, lo que sí se puede asegurar es que el flamenco nace del propio pueblo, tiene una evidente raíz folclórica, más al pasar por el tamiz de las gargantas de creadores puntuales se ha convertido en un arte indiscutible.

TÉRMINO “FLAMENCO”

Otro de los aspectos que hacen que este arte sea un verdadero misterio radica en definir cuál es la procedencia exacta del término «flamenco». Existen múltiples teorías acerca de la génesis de este vocablo, aunque quizás la más difundida es la defendida por Blas Infante en su libro «Orígenes de lo flamenco».  Según el padre de la Autonomía andaluza, la palabra «flamenco» deriva de los términos árabes «Felah-Mengus», que juntos significan «campesino errante».

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También llegó a tener muchos adeptos la curiosa teoría que afirmaba que flamenco era el nombre de un cuchillo o navaja.

Como las anteriores, tampoco sigue sin corroborarse la teoría que afirma que la palabra flamenco se debe a que la música polifónica de España en el siglo XVI se acrecentó con los Países Bajos, es decir, con la antigua Flandes. Antiguamente se creía que los gitanos eran de procedencia germana, lo que explica que se les pudiera llamar flamencos.

Finalmente, existen dos hipótesis menos comprometidas, pero bastante interesantes. Antonio Machado Álvarez (Demófilo) dice que «los gitanos llaman gachós a los andaluces y estos a los gitanos los llaman flamencos, sin que sepamos cuál sea la causa de esta denominación». Y Manuel García Matos afirma: «Flamenco procede del argot empleado a finales del siglo XVIII y principios del XIX para catalogar todo lo que significa ostentoso, pretencioso o fanfarrón o, como podríamos determinar de forma genéricamente andaluza, echao p’alante«.

Cante, baile y toque

El cante flamenco, que también así se denomina todo el género musical,  se presenta al público, en formato de dúo, es decir un cantaor o cantaora más la persona que le acompaña con la guitarra. Se cimenta sobre estructuras musicales diversas, que se denominan cantes, estilos o palos.

Se denomina «cante» a la «acción o efecto de cantar cualquier canto andaluz», definiendo «cante flamenco» como «el canto andaluz agitanado» y el “cante jondo” como «el canto más genuino andaluz, de profundo sentimiento».

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Otra variante de exposición del flamenco es en grupo (llamado Cuadro Flamenco) de músicos los cuales cantan, tocan la guitarra y/o bailan interpretando algunos de los diferentes estilos que conforman la música flamenca.

El baile flamenco es una forma de expresar los sentimientos y las pasiones humanas a través de movimientos que surgen de las danzas que contiene esta música.  Su técnica es compleja y la interpretación es diferente, según la creatividad del artista que lo ejecute, si es un hombre lo bailará con gran fuerza, recurriendo sobre todo a los pies (el zapateado); y si es una mujer lo ejecutará con movimientos más sensuales.

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El toque nace como acompañamiento instrumental del cante y del baile. El toque de la guitarra flamenca ha  sido la disciplina que más tarde llegó al género musical, pero es la que más ha evolucionado en el tiempo de existencia del flamenco. Éste se acompaña también con otros instrumentos como las castañuelas, y también con palmas y tacones.

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El flamenco también se apoya en otros instrumentos como castañuelas o palillos, las palmas, el zapateado, el golpe con los nudillos de las manos y, más recientemente, el piano, el cajón, la flauta, el violín, etc.

Los palos flamencos

Los palos del flamenco son cada uno de los estilos de cante de este arte. Existen más de cincuenta y cada estudioso los agrupa de una forma distinta, ya sea por procedencia, según su métrica, si van acompañados o no de guitarra o baile…

Para entenderlos, es importante saber que cada uno de los palos del flamenco tiene una estructura, con una parte fija y con una parte variable (porque en un tablao flamenco puede pasar de todo, y hay que dejar un espacio a la improvisación). Como todos los artistas de un cuadro flamenco conocen esta estructura, todos van “al mismo compás”.

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Los principales palos flamencos serían los siguientes:

Alegrías: Su propio nombre lo dice; este es un compás que indica fiesta y alborozo. Su compás es el mismo que el de la soleá, pero va más rápido.

Bulerías: No hay fiesta flamenca que no acabe por bulerías. Es el cante y baile más flexible de los palos del flamenco, y parece ser que proviene de los gitanos de Jerez, en Cádiz. El compás es (otra vez) el mismo que el de la soleá, ¡pero trepidante! Las bulerías transmiten barullo, alboroto… En el caso de que sean bulerías por soleá, el ritmo es más lento.

Fandangos: De origen árabe y portugués, este compás nos recuerda al fado y a la mezcla de culturas. Cada zona ha hecho suyo su propio estilo, y así hoy tenemos los fandangos de Huelva, los fandangos de Málaga (o malagueñas), las rondeñas, las jaberas, los jabegotes, los verdiales, el chacarrá, la granaína, el taranto y la taranta etc.

Seguiriyas (o seguidillas, según con quién hables): Es un cante lleno de sentimiento, triste y doloroso, el que más nos recuerda al cante hondo. Su baile suele ser muy solemne, sin ornamentos, y muy emocionante.

Sevillanas: Es posiblemente el baile flamenco más extendido; se baila en toda Andalucía y tiene la singularidad de que se danza en parejas. Las sevillanas es el baile por excelencia de la Feria de Sevilla.

Soleás o soleares: Se discute si su nombre viene de soledad, o de solear, es decir, ponerse el sol. También es un cante solemne, con sentimiento, y es uno de los pilares de los palos flamencos.

Tangos: Como las soleares, los tangos son uno de los palos del flamenco fundamentales. El baile por tangos es posiblemente el más antiguo, aunque después este palo se haya independizado a solo cante. Aquí es donde un flamenco puede demostrar toda su picardía, su gracia y su salero…

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CABALLOS DEL VINO DE CARAVACA: fiestas y tradiciones

21 septiembre, 2017 at 19:00

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Los Caballos del Vino es un festejo que tiene lugar en Caravaca de la Cruz (Murcia). La mañana del día 2 de mayo, víspera de la Fiesta de la Cruz.

La existencia de los Caballos del Vino está documentalmente probada desde hace tres siglos, confluyendo en este festejo una serie de elementos sociales, culturales, históricos, religiosos y tradicionales que superan el simple evento festivo y lo convierten en una manifestación antropológica reconocida como única en el mundo.

Cientos de miles de visitantes se reúnen en Caravaca de la Cruz para vivir en directo la mítica carrera de los Caballos del Vino en la mañana del 2 de mayo.

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Se trata de un espectáculo lleno de color y calor, en el que sólo alcanzan el éxito aquellos que completan la carrera sin soltarse del animal y realizando el menor tiempo entre las sesenta peñas caballistas participantes en el festejo.

Los Caballos del Vino van engalanados con ricas y costosas ropas bordadas a mano pacientemente con hilos de oro y plata, canutillo y pedrería, las cuales también compiten en originalidad en el Concurso de Enjaezamiento.

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La fiesta de los Caballos del Vino fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional en el año 2004. En el año 2011, fue catalogada como Bien de Interés Cultural, lo que supone el paso previo para ser declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Cada año la ciudad recibe 200.000 visitantes de todo el mundo dispuestos a vivir una fiesta única y difícil de describir.

Además de la fiesta, también puedes disfrutar de otras actividades: realizar la ruta de los caminos de la Vera Cruz, visitar los parajes naturales como el Salto del Ucero o el Rafa o conocer el Cañón de Almenades o conocer las explotaciones de arroz de la Denominación de Origen Calasparra.

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Origen e Historia

La tradición oral y la leyenda se funden y nos dicen que este acto se desarrolla desde el siglo XIII, aunque las primeras referencias documentales aparecen en el siglo XVII.

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La leyenda cuenta que Caravaca se encontraba rodeada por los árabes del Reino de Granada y dentro de las murallas de la ciudad los templarios la defendían. La falta de agua y su mala calidad causan una epidemia, teniendo que salir los templarios fuera de las murallas para encontrar algún líquido que dar a la población; encuentran vino, lo suben en sus caballos con unos pellejos, lo dan a los enfermos y estos sanan; de ahí toman el nombre de los caballos del vino.

Desde entonces han ido evolucionando hasta mostrarse en la actualidad como un triple concurso repleto de fuerza, belleza y emoción: el de caballo a pelo, el de enjaezamiento y el de carrera.

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El aspecto diferencial de los caballos del vino es su enjaezamiento, vestidos con piezas bordadas con seda, pedrería y canutillo de oro y plata, elaboradas a mediada para cada caballo.

La fiesta

La fiesta comienza el 1 de mayo con el concurso a pelo. Donde se premia la morfología del equino en su estado puro. Es cuando se muestran los caballos de las diferentes peñas que competirán al día siguiente. Este mismo día se realiza un ensayo muy parecido a la prueba del día siguiente pero sin engalanar a los caballos.

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El 2 de mayo es el día grande de la fiesta de los caballos del vino. A mediodía, en la subida al castillo, tiene lugar la legendaria carrera de los caballos del vino. Son 25 las peñas que con sus 4 caballistas competirán por ser los más rápidos en subir la cuesta junto al caballo. En los pocos segundos que dura cada carrera, los caballistas deberán subir sin soltar las asas del caballo y teniendo mucho cuidado con la gran multitud que les rodea.

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Aunque cada carrera dura muy poco, el acto en sí dura unas tres horas (hasta pasadas las 5 de la tarde) incluido el momento de la entrega de premios, que es el momento más esperado por la peña ganadora.

La participación de los más pequeños tiene lugar el 3 de mayo que constituye uno de los momentos más emotivos y simpáticos de esta singular fiesta.

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