CAMINO DE SANTIAGO: cultura y tradiciones

13 diciembre, 2019 at 11:47

Camino de Santiago es la denominación que tiene el recorrido de peregrinación cristiana que se dirige a Santiago de Compostela (Galicia) para visitar la tumba del Apóstol Santiago, en la Catedral de Santiago.

A partir del siglo IX, se forjó como una de las rutas de peregrinación más importantes de Europa, convirtiéndose en la espina dorsal de los reinos de la península Ibérica. De hecho, es denominada con el título de calle Mayor de Europa, por la cantidad de peregrinos que lo realizan.

El primero en realizar la ruta se dice que fue Alfonso II el Casto, rey de Asturias. A él le siguieron numerosos peregrinos, siendo la Edad Media su momento más álgido para fortalecer los reinos cristianos. Para ello se construyeron varios monasterios y posadas en el camino hacia Santiago de Compostela desde el norte; y se empezaron a abrir otras vías desde los países vecinos. Los peregrinos empezaban a llegar desde cualquier parte del mundo. Por tanto, el Camino de Santiago no es una única ruta ni un camino que recorriera el Apóstol Santiago sino que son un conjunto de caminos que, como venas del cuerpo, van convergiendo para dirigirse a Compostela.

Aunque en épocas posteriores empezó a perder interés, desde hace unos años el Camino de Santiago ha vuelto a recuperar su esplendor. En 1993 el Camino de Santiago fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Origen e Historia del Camino de Santiago

Santiago el Mayor fue uno de los principales apóstoles de Jesucristo y el primero de ellos en morir martirizado. La tradición cristiana indica que su cadáver fue trasladado a Hispania y depositado en una tumba situada en Gallaecia. Esta fue descubierta sobre el año 820 entre los restos de un asentamiento romano abandonado y sobre ella se construyó un templo que fue ampliado en los siglos siguientes hasta convertirse en la actual catedral.

Para entender las peregrinaciones medievales a Santiago de Compostela, debemos partir de la tradición que habla de la labor evangelizadora de Santiago en tierras de la Hispania romana. Se sabe que tras la muerte de Cristo, Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo, continúa inicialmente su labor apostólica en Jerusalén y posteriormente en Hispania.

Tras esta labor en Hispania, vuelve a Palestina y tras incumplir la prohibición de predicar el Cristianismo, fue decapitado en tiempos de Herodes Agripa. Según la tradición, su cadáver fue robado por los discípulos Atanasio y Teodoro y llevado en barco de nuevo a tierras españolas, en concreto a Iria Flavia (cerca de la actual Padrón).

Siglos después, tras la batalla de Covadonga (s. VIII), se asienta en Asturias un pequeño reino que intenta recuperar el ideal unificador de la monarquía hispano-visigoda. Uno de los principales y decisivos monarcas de este periodo inicial fue Alfonso II El Casto que reinó durante un largo periodo de tiempo (entre el año 791 y el 842). Es durante su reinado cuando se produce el milagroso descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago. Tras este descubrimiento, el monarca manda la construcción de una pequeña iglesia de estilo asturiano en aquella zona del descubrimiento (ahora Compostela).

Desde este momento, queda establecida oficialmente la tumba del apóstol en aquel mágico lugar, cercano al cabo de Finisterre, punto situado en el extremo occidental de Europa. El camino a Finisterre era indicado desde cualquier lugar de Europa por las estrellas de la «Vía Láctea». Desde antiguo se creía que allí se acababa el mundo y que el Atlántico era «la tumba del sol». Posiblemente estos hechos geográficos y astronómicos ayudaron a reforzar el magnetismo que desde entonces provocó en millones de almas la ruta jacobea.

El enorme prestigio que proporciona la presencia de las reliquias de Santiago el Mayor fue hábil y rápidamente aprovechado por los monarcas asturianos y leones para consolidar su reino en oposición a Al-Andalus y para darse a conocer al resto de la Cristiandad europea.

En el año 899 Alfonso III, El Magno, consagra una nueva catedral de mayores dimensiones y calidad artística que la levantada por Alfonso II.

La orden de Cluny pronto se hace eco del prestigio de Compostela y durante el siglo XI promueve las peregrinaciones a Santiago. A cambio, los reyes cristianos hacen generosas donaciones a sus monasterios. A lo largo del siglo XI la afluencia de peregrinos se intensifica y comienza a establecerse una ruta principal con sus respectivas estaciones (Camino Francés).

En el año 1073 se inicia la construcción del tercer templo consecutivo sobre la tumba del apóstol, bajo mandato del obispo Peláez. Será la gran catedral románica que conocemos: un magnífico templo del “románico de peregrinación”.

Las Rutas del Camino de Santiago

Actualmente existen varias rutas costeras o interiores que llegan a la catedral de Santiago, donde los peregrinos pueden sellar la última etapa de su viaje y visitar al apóstol. Las rutas más populares son el Camino Francés, el Camino del Norte y la Vía de la Plata.

  • Camino Francés: itinerario con mayor tradición histórica del Camino de Santiago. Nace en Francia, salva los Pirineos y cruza la Península Ibérica de este a oeste. Accede a Galicia por la legendaria subida a O Cebreiro.
  • Camino del Norte: el Camino de Santiago del Norte es una vía de peregrinación por la costa astur-galaica cuyo origen se remonta al siglo IX. Pisa suelo gallego en Ribadeo.
  • Camino Primitivo: el Camino de Santiago más antiguo es hoy una ruta de gran belleza y exigente trazado. El Camino Primitivo, nada masificado, sigue las huellas del primer peregrino.
  • Camino Inglés: ruta seguida por los peregrinos del norte y oeste de Europa que arribaron por barco a la costa coruñesa y continuaron por tierra hasta Santiago de Compostela.
  • Camino Portugués: el Camino Portugués es una ruta medieval del Camino de Santiago que discurre hacia el norte desde el país luso y se adentra por Galicia a orillas del río Miño. Se trata de un itinerario de largo recorrido con el que se accede a Galicia desde tierras portuguesas.
  • Vía de la Plata (por Laza): recorrido procedente de Andalucía y Extremadura, asentado sobre las antiguas vías romanas y que da comienzo originalmente desde la misma puerta de la catedral de Sevilla.
  • Camino de Santiago a Finisterre y Muxía: único trazado con origen en Santiago y meta en el cabo Finisterre, punto más occidental de Europa, o el Santuario da Virxe da Barca en la localidad de Muxía.
  • Ruta del Mar de Arousa y Río Ulla: desde O Grove o Ribeira hasta Padrón, imita el trayecto que cubrió la barca con los restos de Santiago Apóstol.
  • Vía de la Plata (por Verín): se trata del camino jacobeo con mayor recorrido en Galicia y más variedad de ramales. Por la provincia de Ourense discurren dos variantes bien definidas, una por Laza y otra por Verín. Esta ruta, de amplio valor natural y patrimonial, es aún una gran desconocida para muchos peregrinos a pesar de que su trayecto se sustenta en calzadas romanas.

Además de las rutas jacobeas reconocidas como “oficiales” y citadas anteriormente, también existen muchas otras vías de peregrinación de larga tradición que recorren toda la Península: camino Mozárabe, Aragonés, del Sur, de Levante, de Madrid y camino de Invierno.

La primera vez que se hace el Camino de Santiago es normal elegir el Camino Francés, que condensa la génesis jacobea en todos los aspectos: mito, leyenda, arte, cultura, historia y popularidad. La mejor opción es dedicar un mes a la aventura jacobea y comenzar en Saint Jean Pied de Port, para vivir la experiencia de cruzar los Pirineos el primer día y pasar la noche en Roncesvalles. Y si dispones de menos tiempo, los lugares habituales con accesos directos son Logroño (25 etapas), Burgos (20 etapas), León (13 etapas), Astorga (10 etapas) y Sarria (5 etapas), esta última cubre la distancia mínima de 100 kilómetros para obtener la Compostela.

La primavera y el otoño es la temporada ideal para recorrer el Camino de Santiago, no hay mucha afluencia y no son épocas de mucho frío, lo que hará que tu mochila sea más ligera.

La Concha del peregrino

La concha del peregrino, es sin duda el símbolo del Camino de Santiago más universal y representativo, un icono con el que sobran las palabras cuando nos referimos a las rutas jacobeas que llegan a Santiago. La concha de vieira, una familia de molusco bivalvo muy común en Galicia, parece hoy un objeto casi imprescindible para el peregrino que emprende su viaje, sin embargo, pese a su popularidad, la razón por la que los primeros caminantes la adoptaron se desconoce.

A pesar de no estar tan difuminados sus orígenes, sí conocemos el uso que obtuvo desde el comienzo de las peregrinaciones a ciudad santa: distinguir a los caminantes que habían concluido su peregrinación por el Camino de Santiago. Tradicionalmente a todos los peregrinos que habían llegado a Santiago de Compostela se les entregaba un documento acreditativo y se les concedía una concha de vieira para colocarla en el sombrero o en la capa. Portar la concha de vieira era considerado como una forma de tributo al Apóstol, como ya se indicaba en los textos del Códice Calixtino.

Con el paso de los años, la concha del peregrino ha pasado de ser un distintivo de los peregrinos para convertirse en todo un símbolo del Camino de Santiago. De hecho, la concha de vieira es uno de los símbolos usados oficialmente por Xacobeo para la señalización del Camino de Santiago que verás en cientos de mojones repartidos por todas las rutas reconocidas como oficiales, impreso en color amarillo y bajo fondo azul.


MOROS Y CRISTIANOS: fiestas y tradiciones

18 octubre, 2019 at 12:00

Las fiestas de Moros y Cristianos poseen una gran tradición y son muy antiguas, ya que se celebran desde finales del siglo XVI.

Principalmente se celebran en el Levante español, teniendo su epicentro en la provincia de Alicante y sur de la provincia de Valencia donde están las ciudades en las que se celebran las fiestas más masivas y multitudinarias, tales como Albaida, Alcoy, Almoradí, Villajoyosa, etc.

Día de los músicos; Himno de fiestas (Alcoy)

También se celebran en la Región de Murcia, la provincia de Albacete, el este de Andalucía y algunas otras zonas limítrofes con la Comunidad Valenciana. Según cada región o localidad, existen muchas variantes de esta celebración, ya que cada una, en consonancia con su propia historia, añade elementos diferenciadores a la estructura común de las fiestas.

Según la tradición, estas fiestas conmemoran las batallas que se libraron durante la Reconquista, durante la cual los reinos hispánicos cristianos retomaron los dominios ocupados por los musulmanes. Se conmemora asimismo todo el período de rebeliones sarracenas, ataques de piratas berberiscos, y la expulsión de los moriscos, que tiene lugar en el siglo XVII.

Calles engalanadas como en la Edad Media, desfiles fastuosos, luchas incruentas y muy emocionantes… Así son las fiestas de los Moros y Cristianos: días repletos de magia, leyenda y espectáculo. La indumentaria, perfectamente ambientada, logra que se reviva con más intensidad uno de los episodios más relevantes de la historia española.

Por su espectacularidad, destacan las de la localidad de Alcoy y las de Villajoyosa, ambas declaradas de Interés Turístico Internacional.

Origen e Historia de las fiestas de Moros y Cristianos

Las fiestas de Moros y Cristianos poseen una gran tradición y son muy antiguas, ya que se celebran desde finales del siglo XVI. Conmemoran, recreando de una manera festiva, el enfrentamiento que hubo entre las tropas musulmanas y cristianas durante el siglo XIII por el dominio del territorio de España.

Se realizan en honor del santo patrón de la ciudad que, además, tiene un papel fundamental en la batalla ya que, gracias a su intervención súbita, la victoria cae a favor del bando cristiano, a pesar de la superioridad numérica de las tropas árabes.

Espectacular participación popular

El principio de las fiestas es un verdadero espectáculo al que merece la pena asistir: la entrada de los dos ejércitos en la ciudad. Desde primeras horas de la mañana, las calles, balcones y ventanas, se llenan de gente preparada para no perderse ni un solo detalle. Al son de la música y con todo boato y majestuosidad, las distintas agrupaciones que forman el bando moro y el bando cristiano irán desfilando, portando lujosos atuendos y rivalizando en suntuosidad. Suele ser uno de los actos más brillantes y multitudinarios, en algunos casos, como ocurre en Alcoy, desfilan más de 5.000 personas.

Otra parte de la celebración la constituyen las ceremonias religiosas que se realizan en honor al patrón de la ciudad. Sin embargo, en esta fiesta todavía le esperan momentos muy emocionantes, como la espectacular batalla final. Viene precedida de las llamadas “embajadas” en el castillo, en las que cada bando lee un texto intentando convencer al otro para que se rinda. El parlamento negociador no tendrá éxito y, entonces, se iniciará un combate simulado, en el que se llegarán a gastar miles de kilos de pólvora, que terminará con la victoria de los cristianos.

Con la finalización de la lucha, acabarán también los días de fiesta, llenos de alegría, color y fastuosidad.

Alcoy: la cuna de la fiesta

Los Moros y Cristianos de Alcoy (Alicante) son los más populares por su arraigo y espectacularidad, lo que los ha convertido en una fiesta de interés internacional.

Representa la batalla que tuvo lugar en 1276 entre los fieles del caudillo árabe Al Azraq, que intentaban asaltar la villa, y sus habitantes, que lucharon por defenderla. Se celebra desde el siglo XVI y rinde homenaje a su patrón San Jorge que, según cuenta la leyenda, apareció en plena batalla contribuyendo a la victoria de los cristianos.

A lo largo de varios días a principios de mayo se van sucediendo los diferentes homenajes y desfiles de ambos ejércitos. Normalmente se estima que la participación alcanza hasta 5.000 personas. En el tercer día se representa la lucha  y el asalto de las tropas musulmanas al castillo, seguido de la reconquista de la fortaleza por parte de los cristianos. El colofón final lo protagoniza San Jorge lanzando flechas desde la torre por la noche.

Villajoyosa: el desembarco de los piratas berberiscos

En esta celebración, también declarada de interés internacional, se rememora el ataque de los piratas berberiscos y la oposición de los habitantes de la villa.

Foto: Alex Domínguez

El evento más particular de esta fiesta de Moros y Cristianos es la recreación del combate naval y el consiguiente desembarco en la playa. Se trata de un magnífico espectáculo cargado de fuegos artificiales, tambores y luces, que deja a sus espectadores atónitos.

Cada año, los más curiosos tienen la oportunidad de establecer contacto directo con esta tradición durante varios días en la segunda quincena de julio. Otra localidad que ha conseguido que su fiesta de Moros y Cristianos obtenga el reconocimiento de interés internacionales Caravaca de la Cruz (Murcia), la única localidad no valenciana en conseguirlo. Este reconocimiento se debe a su celebración de Los Caballos del Vino de Caravaca.

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LA CAPA ESPAÑOLA: cultura y tradiciones

4 octubre, 2019 at 12:59

La capa española es una prenda de vestir típica española.​ Se trata de una prenda de abrigo tradicional larga, suelta, sin mangas y abierta por delante que se sujeta al cuello y cubre casi todo el cuerpo, ensanchándose gradualmente hacia la parte inferior que sirve para poner encima del traje o vestido.

La capa española a pesar del transcurso del tiempo, ha logrado mantener su apariencia de pleno apogeo de uso a finales del siglo XIX. Fue prenda de vestir de sacerdotes y cristianos viejos.

Utilizada hasta entrado el siglo XX, la capa española forma parte de nuestra historia y nosotros de la suya. “La capa durante siglos ha sido una indumentaria de respeto que marcó la tradición del hombre, para asistir a cualquier acto social o religioso de cierta categoría (…)”. Cuando una persona tenía que acudir a algún acontecimiento importante y no disponía de poder económico para adquirirla, la tomaba prestada.

Origen e Historia de la Capa Española

Los promotores de la capa española fueron los Duques de Béjar cuando crearon la Industria Textil Lanera hacia el siglo XIV y XV en Béjar (Salamanca). Poseían enormes rebaños de ovejas y, en época del esquileo, por los meses de abril o mayo, una vez hecha la pelada, lavaban las lanas en el río. Comprobaron que el agua del rio de Béjar, el río Cuerpo de Hombre, era excepcional para el lavado y para el tintado. El lavado era fino, sedoso y dulce en la lana y el tinte se mantenía sólido y permanente. Los Duques de Béjar dedicaron una cuidada atención a esta Industria Textil, y dado el gran consumo de capas, se dedicaron por completo a la fabricación de este artículo.

La denominación de capa española comienza a coger auge a partir del siglo XVI y es usada especialmente por el hombre. También llego a utilizarse en Francia con el conocido nombre de capa española.

En la época romántica también fue utilizada por las mujeres, llegando Luis VII a prohibir el uso de éstas a las mujeres cortesanas, para que éstas no fueran confundidas con las honradas. En los antiguos grabados y láminas se ve con que soltura y gracia solían embozarse la capa los franceses, flamencos, ingleses, italianos y portugueses, que después quedo como cosa peculiar de los españoles.

En el XIX, triunfa definitivamente la que ha venido en llamarse capa española, en sus cuatro variantes más conocidas: La Madrileña o pañosa, con esclavina, cuello bajo y embozo de terciopelo de colores, en terciopelo verde y/o rojo. La Castellana o parda, de paño pardo o marrón sin vivos y con grandes broches. La Catalana, de amplios vuelos y capilla galoneada. La Andaluza, de esclavina más corta y de menor longitud.

Dejaron de llevarse los colores vivos y solo siguieron llevándose las de paño negro, castaño, azul o verde oscuro. Se le dio más vuelo se forraron los embozos de piel, lana o terciopelo y la esclavina se hizo más corta y más airosa. Las mujeres han seguido usándola raras veces y todavía la usa alguna hacendada portuguesa.

A principios del siglo XX, las diferencias son menos acusadas, existiendo prácticamente un solo modelo de capa; la capa negra con embozos de terciopelo de vivos colores con esclavina adornada con pasamanería rematando su cuello un broche, que suele distinguir a quien lleva la capa, bien por su procedencia, condición o asociación. Este tipo de capa es la que nos ha llegado a nuestros días que paulatinamente dejo de usarse por considerarse una prenda antigua.

Imagen de archivo tomada en Cannes en 1957 del pintor malagueño Pablo Picasso. EFE/archivo/Irving Penn

A finales del siglo XX ciertos grupos de nostálgicos y admiradores de esta prenda en desuso, por distintas localidades españolas han ido creando asociaciones para hacer resurgir, realzar y dar a conocer esta prenda, la capa española, de elegancia propia, añorada por unos y dejada en el olvido por otros. Un ejemplo es la Orden de Caballeros de la Capa Española de Valencia.

La fabricación de la Capa Española

La capa española lleva un trato muy especial en la fabricación. En sus orígenes después de lavar las lanas se pasaba al tintado de las mismas. Es confeccionada en diferentes tonos: en negro y en “azul tina”. Para conseguir este color se utilizaba miel de romero y orín. El proceso del tintado se llevaba a cabo en grandes artesas de madera hechas con duelas o en tinas. Una vez tintada la lana se pasaba a su fabricación.

Primero se hilaba, en un principio a mano, después en rústicas máquinas, luego en tornos semi-mecánicos y actualmente en selfactinas ultra modernas. A continuación se tejían en los telares de braceros, en un primer momento, luego en telares de garrote, después extendiéndose a otros más modernos y automáticos hasta llegar a los actuales que son muy sofisticados.

Para finalizar la fabricación se acababan las capas en unos batanes muy característicos y por procedimientos rústicos para enfurtir estos paños a base de un gran rodaje en agua de las telas, que después se trataban con cardillos silvestres para percharlas, tal y como hoy se hace, para sacarlas el pelo, que se igualaba después con una operación que se llama “tundido”, así se logra el pelo que da ese tono único a las capas de Béjar.

El secado de las piezas se hacía, al igual que en la actualidad, al aire libre y al sol, consiguiendo así un acabado insuperable y único. Una vez realizados todos estos pasos ya podemos confeccionar la capa. Las técnicas actuales se compaginan con algunas de las antiguas y se consiguen unas prendas únicas.

Cómo llevar una capa española


LA BARAJA ESPAÑOLA: cultura y tradiciones

17 abril, 2019 at 7:47
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Prácticamente cualquiera de nosotros hemos pasado grandes ratos jugando a las cartas, un invento que, al igual que muchos otros juegos, fue inventado en China e importado por los europeos hacia 1375.

La baraja española consiste en un mazo o conjunto de cuarenta y ocho naipes o cartas de la baraja. Antiguamente era muy frecuente la baraja de cuarenta naipes. Existen versiones más modernas de cincuenta y cinco naipes para poder jugar a otros juegos.

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El aspecto actual de la baraja española se lo debemos a un impresor burgalés de origen francés y afincado en Vitoria, Heraclio Fournier, quien en 1868 presentó una baraja litografiada, que fue premiada en la Exposición Universal de París. Sin embargo, el diseño que ha llegado hasta nuestros días es el que realizó Augusto Ríus para el propio Fournier.

La rica historia de la baraja española ha llevado a que, desde 1986, posea su propio museo , en la ciudad de Vitoria. Consta de más de tres mil juegos de naipes coleccionados por los herederos del fabricante Heraclio Fournier. En el Museo Fournier se encuentra una baraja europea, considerada como la más antigua que se conoce, datada de finales del siglo XIV.

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Origen e Historia de la Baraja Española

Se relata que los naipes empezaron a utilizarse como elemento de adivinación, para convertirse después en un mero entretenimiento popular.  Se ha mencionado a los gitanos y sus barajas adivinatorias, pero cuando las grandes migraciones gitanas llegaron a Occidente hacía tiempo ya que las cartas eran sobradamente conocidas en Europa. No obstante, podemos asegurar con toda seguridad que esta invención, al igual que los dados y el ajedrez, viene de Oriente.

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La creación de los naipes parece derivarse de la combinación de dos juegos: Ajedrez y Dados. El Ajedrez era privilegio de la inteligencia y los Dados, de la suerte. De la fusión de estos dos factores nacieron los naipes.

Si buscamos precedentes, se cree que los naipes ya existían en China allá por el año 1120, cuando empleaban el grabado sobre madera para el estampado de las cartas.

Luego llegaron a Oriente Medio durante el siglo XIII, donde se encontraron las primeras barajas de 52 naipes, coloreados a mano y divididos en 4 palos: oros, copas, espadas y palos de polo.

Tras su llegada al Viejo Continente, en plena Edad Media, cada pueblo sustituyó los palos y figuras orientales por otros más cercanos a su tradición cultural, creando símbolos como los bastones, bastos, cetros, corazones o cascabeles.

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Una de esas evoluciones de los naipes orientales tuvo como resultado la baraja española, que destaca entre todos los juegos de cartas del mundo por la riqueza de sus diseños. Ello se debe a que las figuras son de inspiración medieval y sus palos representan los distintos estamentos de la época: los comerciantes (Oros), el clero (Copas), la nobleza (espadas) y los siervos (Bastos). Pueden ser de 40, 48 o de 50 naipes dependiendo del juego.

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Las cartas de juego se extendieron hacia el norte hasta Francia y Alemania, dando origen a las barajas nacionales de ambos países. Desde Francia los naipes pasaron a Inglaterra, donde el modelo francés adoptaría la forma de la que actualmente se conoce como baraja inglesa.

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La baraja española fue adoptada en Nápoles, entonces perteneciente a la corona aragonesa. Posteriormente, su diseño evolucionó más en España que en Italia, por lo que la baraja napolitana es más parecida a la antigua baraja española.

Baraja de estilo Napolitana

En España se utilizan 3 estilos diferentes, el de Cádiz, el catalán y el castellano. Principalmente se ven los dos últimos ya que el estilo de Cádiz es más antiguo y es el que se utilizaba para las cartas destinadas a la exportación.

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Baraja de estilo de Cádiz
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Baraja de estilo Catalana
Baraja de estilo Castellana

Curiosidades de la Baraja Española

Los naipes o figuras de la baraja española poseen una serie de curiosidades que suelen pasar desapercibidas entre los jugadores. Así, aunque los reyes se suelen representar como hombres mayores y barbados, los de copas y de oros suelen parecer más jóvenes. Además, desde el siglo XVIII, los caballos de copas y oros suelen mirar hacia la izquierda, mientras que los de bastos y espadas lo hacen hacia la derecha.

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Con diseños de 40, 48, o 50 naipes, en función del juego en el que se emplee, la baraja española es la única en el mundo que no posee una figura femenina. Consta de reyes, caballeros a lomos de corceles y unos pajes ligeramente afeminados —conocidos como sotas—, pero no de reinas.

En cuanto a la curiosa Sota, pese a su apariencia afeminada, en realidad se trata de un paje de pie y simboliza al criado o mensajero. Los colores de las calzas, inicialmente todas rojas, y de los sayos, así como la posición de sus piernas y la colocación del motivo del palo, varían según los palos y la inventiva de los autores del diseño.

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Junto a ello, hacia el siglo XVI la baraja española introdujo una innovación que la hizo única. Se trata de las pequeñas discontinuidades que aparecen en los lados inferior y superior del rectángulo que enmarca los motivos de cada naipe. Según se cree, estas discontinuidades se crearon para dificultar la visión de las cartas a los mirones, objetivo que posteriormente sería perfeccionado con la utilización de los índices. Efectivamente, ambos recursos hacen que el jugador no necesite extender las cartas que tiene en la mano para saber cuáles son, ya que con sólo separarlas un poco conoce a qué palo pertenecen y qué figura o carta numeral es cada una. El palo de oros no tiene pintas; el de copas tiene una; dos, el de espadas y tres, el de bastos.

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Nuestra vida y dichos cotidianos hacen mención constantemente a todo lo relacionado a la baraja, son muy normales los dichos; Sota, Caballo, Rey. Cantar las cuarenta. Lanzar un órdago. Barajar (varias posibilidades).Tener un As en la manga. Un As del volante. Se desmoronó como un castillo de naipes.

Juegos de la Baraja Española

Se puede jugar a muchas clases de juegos con la baraja española como: la escoba, el cinquillo, el burro, la brisca, las siete y media, el tute, el chichón, el mus, el pokarin, el tute, el conquian, el guiñote, la perejila, la pocha…infinidad de ellos.

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El 70% de los trofeos que se fabrican en España son para Torneos de cartas.

El Mus, debido a sus cualidades estratégicas y por la posibilidad de relaciones interpersonales, se ha erigido como asignatura optativa en varias Universidades españolas, entre ellas está la de Barcelona.

También se suelen usar las cartas para hacer juegos y trucos de magia, desde tiempos inmemoriales. Así como también se utilizan para leer el futuro o el pasado con el Tarot, pero también con la baraja española.

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CARNAVALES DE CÁDIZ: fiestas y tradiciones

19 febrero, 2019 at 20:15
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El Carnaval de Cádiz es uno de los carnavales más famosos de España y, sin duda la fiesta más emblemática de cuantas se celebran al cabo del año en la ciudad de Cádiz (Andalucía).

La fiesta del carnaval se hace realidad en Cádiz a través de su gente, que sale a la calle a vivirlo con buen humor y a disfrutar de las agrupaciones carnavalescas que sacan sus repertorios de marcado carácter satírico y gaditano.

Declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional (conjuntamente con el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife y el Carnaval de Águilas en Murcia) el signo de identidad del carnaval gaditano radica en la ironía y la mordacidad de las chirigotas.

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En la actualidad el Carnaval de Cádiz se desarrolla “oficialmente” durante diez días, que son los comprendidos entre el jueves anterior al Miércoles de Ceniza, y el domingo de la semana siguiente, el llamado Domingo de Piñata.

Pero incluso antes de estas fechas, y aún en el mes de enero, recién acabadas las fiestas de Navidad, comienza la fiesta en la calle con los tradicionales eventos gastronómicos de la Erizada, la Ostionada y la Pestiñada, donde junto a las degustaciones de Erizos, Ostiones y Pestiños pueden oírse en primicia a distintas agrupaciones que estrenan su repertorio en puntos tan singulares de la ciudad como son el Barrio de la Viña, el del Mentidero y la plaza de San Francisco.

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Hay agrupaciones de todo tipo: coros, comparsas, chirigotas y cuartetos, principalmente. Están las “oficiales”, que actúan en el Gran Teatro Falla, donde previamente se desarrolla el Concurso de Agrupaciones de Carnaval y están las llamadas “ilegales”, ajenas al concurso del Falla, y que reúne a grupos de amigos que componen sus letrillas para divertir al personal en plazas y calles. Unas y otras son el mayor aliciente de este carnaval, lleno de grandes dosis de desenfado, ingenio y humor.

Existen también otros eventos importantes en la programación del Carnaval de Cádiz, entre los que destacan: el Pregón del Carnaval -primer viernes de carnaval-, desde la plaza de san Antonio, y siempre a cargo de algún artista o personaje importante de la ciudad o muy vinculado a ella; los Carruseles de Coros que se celebran durante los dos domingos de carnaval alrededor del Mercado de Abastos; y las dos grandes y multitudinarias Cabalgatas que se celebran también durante los dos domingos, por la tarde, siendo la infantil la del segundo domingo.

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Tras las actuaciones y los desfiles, tanto de las agrupaciones “oficiales” como de las “ilegales”, la celebración de los carnavales de Cádiz se cierra el “Domingo de la Piñata”. Ese día se procede a la quema de “La Bruja Piti” en la playa de la Caleta. No obstante, la fiesta aún se extenderá durante algunos días más. Y es que los carnavales de Cádiz son parte del legado andaluz y gran espejo en el que se han mirado otras fiestas importantes de España y del resto del mundo.

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Origen e historia del carnaval de Cádiz

Resulta complicado hablar de la cultura andaluza sin nombrar a los carnavales de Cádiz. Seis siglos de historia de una fiesta que ha evolucionado con el tiempo.

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Aunque algunos estudiosos remontan su origen en fiestas paganas de Grecia y Roma, los especialistas parecen coincidir en que este Carnaval es un hijo del cristianismo, y en concreto de la Cuaresma, pues sin su concepto e implantación en la sociedad el carnaval no existiría en la forma en que se dio desde fechas oscuras de la Edad Media.

Como tal, no existen documentos que puedan denotar el origen de los carnavales de Cádiz, aunque todo apunta a que fue durante los siglos XVI y XVII cuando la colonia italiana que se encontraba afincada en la ciudad dejó en esta tierra su influencia, dando lugar al germen de la fiesta que no conocemos hoy en día.

Los rasgos identificativos de los carnavales de Venecia y Génova comenzaron a plasmarse en la ciudad gaditana, dejando una huella que podemos ver en el uso de los antifaces, las caretas, los confetis y las serpentinas. Así mismo, personajes típicos del carnaval italiano como Arlequín, Colombina y Pierrot también quisieron recalar en Cádiz. El disfraz pasa a ser un elemento fundamental, capaz de romper con los órdenes sociales y las represiones, así como de aportar un espíritu de libertad.

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Pero, ¿solo es italiana su influencia? Los carnavales de Cádiz comenzaron a experimentar un gran giro a partir del desarrollo del comercio con las Américas (cuando el puerto de Cádiz era uno de los más importantes del Imperio español), el cual trajo consigo la llegada de nuevos estilos folclóricos (tangos y colombianas) que eran entonados por comparsas de negros que vivían en la ciudad. Durante el siglo XVI, algunos documentos prueban, que ya en esta época, las mujeres gaditanas arrancaban las flores de sus macetas y se las lanzaban unos a otros a modo de broma.

Ya en el siglo XVII, existieron intentos por acabar con esta fiesta, prohibiéndose por la Corona en 1716 los bailes de máscaras, aunque el pueblo se negaba a renunciar a su celebración. Durante dos siglos, los carnavales de Cádiz tuvieron que ir a caballo entre la libertad y la censura, aunque no sería hasta la muerte de Fernando VII cuando los gremios gaditanos comenzasen a reunirse más frecuentemente para preparar sus cantos, bailes y parodias. No podemos olvidar que Cádiz sería el último reducto que soportó las embestidas de Napoleón, el cual tampoco pudo acabar con sus carnavales.

No sería hasta 1830 cuando llegarían las primeras agrupaciones carnavalescas, como la “Cuadrilla de gallegos”, que actuaban en las casas de los adinerados de la época cambio de una limosna. El gobernador de Cádiz por aquella época, Cayetano Valdés, autorizaría la organización de seis bailes públicos de disfraces.

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A finales del siglo XIX, el alcalde de Cádiz Juan Valverde, reformaría los carnavales de Cádiz, municipalizando esta gran fiesta y estableciendo una normativa que se mantiene hasta nuestros días.

No se entendería la historia de los carnavales de Cádiz sin la incorporación de la figura de Antonio Rodríguez Martínez (“El Tío de la Tiza”) a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando sus coros como “Los Claveles” o “Los Anticuarios” marcaron un antes y un después.

Desde sus orígenes, las comparsas mantienen su estilo en cada una de sus coplas, desarrollando el clásico chascarrillo, la crítica política y la sátira social. En 1937, el por entonces Jefe del Estado, Francisco Franco, abolió la celebración de esta fiesta en gran parte de España, aunque no fue posible eliminar de las tiendas de vinos y los colmados gaditanos la esencia de los carnavales de Cádiz. Así fue como en 1948 el gobernador civil Rodríguez de Valcárcel autorizó al coro “La Piñata Gaditana” a que saliese a la calle, marcando un antes y un después en la proliferación de coros y chirigotas en una época en la que la palabra carnaval estaba mal vista por el poder.  Los carnavales de Cádiz pasaron a celebrarse en mayo y a recibir el nombre de “Fiestas típicas gaditanas”, manteniéndose la esencia del carnaval gaditano de febrero exclusivamente en la localidad de Trebujena.

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La democracia traería consigo la libertad, y por consiguiente la recuperación desde el 15 de febrero de1977 del tradicional carnaval de Cádiz. Doce años antes ya fue declarado Fiesta de Interés Turístico. A finales de los años 80, los carnavales de Cádiz lograron universalizarse más aún si cabe. En 2002, la Fundación Gaditana del Carnaval fue reemplazada por el Patronato del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (COAC). Poco a poco, el concurso ha ido ganando tanto en repercusión como en número de participantes, conllevando a que en 2008 se incluyesen nuevas fases previas.

Concurso de Agrupaciones de Carnaval

En este concurso participan las llamadas agrupaciones “oficiales”, que actúan en el Gran Teatro Falla, de las que unas llegan de la provincia de Cádiz y otras, cada vez más, de otras provincias españolas.

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Este concurso se celebra durante un mes, y tras diferentes fases clasificatorias, finaliza el viernes anterior al Miércoles de Ceniza. La Fiesta del Carnaval comienza con la final del Concurso en el Teatro Falla.

Las agrupaciones carnavalescas que participan en el Concurso Oficial comienzan a prepararse ya a partir de Septiembre, tiempo que podríamos llamar de “pre-carnaval”. Este periodo preparatorio lleva a muchas personas a tres lugares emblemáticos, como ya hemos dicho anteriormente: el Barrio de la Viña, el Barrio del Mentidero y la Plaza de San Francisco donde al mismo tiempo que se saborean erizos, ostiones y pestiños, se puede escuchar en primicia algunas agrupaciones que participarán en el Concurso.

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El alto nivel alcanzado por algunas de estas agrupaciones hace que estén activas prácticamente durante todo el año, con contratos para actuar en distintas fechas por distintas poblaciones de la provincia, e incluso por varias de las más importantes ciudades españolas como son Madrid, Barcelona o Sevilla.

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