MADERA DE OLIVO: artesanía con historia

25 mayo, 2015 at 22:08

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En la Península Ibérica, se ha fechado la existencia del olivo desde tiempos prehistóricos, ya que se han encontrado huesos de aceituna en los yacimientos neolíticos de El Garcel (Almería).

El cultivo del olivo fue introducido en España durante la dominación marítima de los Fenicios (1050 a.C), pero no se desarrolló en extensiones notorias hasta la llegada de Scipio (212 a.C) y el poder de Roma. Después de la tercera guerra púnica, el olivar ocupa una importante extensión en la Bética y se expandía hacia el centro y el litoral mediterráneo de la Península Ibérica.

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El cultivo en España se vio notoriamente incrementado, especialmente en el valle del Guadalquivir, durante los ocho siglos de civilización hispano-árabe. Los árabes introdujeron sus variedades en el sur de España e influyeron en la difusión del cultivo hasta el punto de que los vocablos castellanos de aceituna, aceite o acebuche, tienen raíz árabe; por ejemplo, la palabra española “aceite” proviene del árabe “al-zait” que significa “jugo de aceituna”.

En la actualidad, el país que más olivos posee es España (más de 300 millones de olivos), seguido a gran distancia por Grecia e Italia y un poco más atrás se encuentran situadas  Túnez , Turquía, y Siria.

Un árbol tan arraigado en nuestra cultura, tiene que verse reflejado no solo en la tradición olivarera sino en la artesanía de su madera.

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El Olivo es  un árbol que se caracteriza principalmente por su resistencia a la sequía y por su lento crecimiento, alcanzando una altura de 20 a 25 metros en edad adulta con condiciones favorables, y un diámetro de 8 a 10 metros. El tronco es torcido, de copa ancha y ramosa.

La madera de olivo es muy apreciada por su belleza y su dureza tanto para objetos decorativos, como para utensilios de cocina e incluso para muebles. En la actualidad se trata de una actividad no industrializada que se reduce a la actividad gremial de pequeños conjuntos de artesanos.

Se trata de una madera de gran dureza y densidad, que con frecuencia presenta nudos que dificultan su trabajo y caracterizan su atractiva apariencia.

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La madera de olivo tiene una absorción casi nula, haciéndola resistentes a los olores, por lo que es perfectamente válida para su uso en utensilios de cocina. De esta manera podemos encontrar cucharas, morteros, tablas, platos de madera de olivo como objetos artesanales más habituales realizados con olivo.

Son útiles muy agradecidos aunque requieren unos mínimos cuidados, esto es: no deben sumergirse en agua a menos que sea esencial, de humedecerse hay que secarlos rápidamente y además hemos de curarlos con aceite de oliva para protegerlos de la humedad y otros agentes externos.

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Los artesanos se han mantenido vinculados al ámbito rural y agrícola y han mantenido su prestigio y la calidad de sus obras, aportando la  distinción y exclusividad que difícilmente puede encontrarse en un producto elaborado de forma industrial.

La producción de piezas de madera de Olivo se ha mantenido de forma artesanal debido a las características de la materia prima y al tiempo y dedicación que requiere su trabajo.

La elaboración de una pieza artesanal de madera de olivo

La elaboración de una pieza artesanal de madera de olivo requiere una preparación antes de la labor del artesano de la madera, entre estas tareas podemos destacar:

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TALA: Se realiza al finalizar la campaña de aceituna y consiste en cortar al olivo las ramas improductivas o molestas para la recolección de la aceituna. Selección de las ramas más adecuadas, por tamaño ayudándose del hacha, tras realizar la tala.

SECADO: Enterrado y desenterrado de las ramas seleccionadas para la pieza. Esta labor puede alargarse incluso un año.

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Seca la madera, se procede a la elaboración de la pieza o el mueble. La madera de olivo no permite fabricar muebles grandes o con piezas grandes, pues el árbol no proporciona tablones, ni el pegado de las tablas por su canto es duradero. Se procede entonces a las labores de aserrado, cepillado, trazado de contorno, recorte y redondeado de los traseros, agujerado, lijado, torneado, montaje y por último, barnizado.

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MOLINO DE BENAOLIVA: almazaras que merece la pena visitar

9 octubre, 2020 at 11:26

El molino de Benaoliva, localizado Benagalbón (Málaga), es una pequeña almazara familiar que lleva tres generaciones elaborando aceite de oliva mediante el sistema tradicional de piedras y prensas.

Sus orígenes se remontan a la década de los años cuarenta, aunque la maquinaría data de principios del siglo XX y estaba ubicada en una almazara de otro municipio. Es uno de los pocos molinos que quedan funcionando en España con arranque manual, lo que lo convierte en un museo activo del aceite de oliva. En todo su proceso se concentra una gran ilusión y espíritu por mantener la tradición familiar, cuidando todos los detalles de su elaboración, que se mantienen a lo largo del tiempo desde sus inicios. De ello se encarga Nacho Pérez, la tercera generación de la familia que gestiona este molino.

El bajo nivel de producción atiende a una apuesta decidida por la calidad y no por la cantidad. Con esto se garantiza que todo el aceite producido procede de la campaña en curso. Su venta se realiza exclusivamente en el molino.

La marca que se comercializa es Benaoliva y entre variedades molturadas en el molino, figuran las propias de la zona, siendo algunas de ellas: lechín y verdial de la Axarquía. Olivos  cuidados con esmero y exentas  de tratamientos con fertilizantes, fitosanitarios u otros productos químicos. Es decir aceite totalmente ecológico.

La recolección se lleva a cabo de forma tradicional, mediante la técnica del vareo (las aceitunas proceden directamente del árbol o del vuelo). Este coupage de frutos verdiales y lechines nos aporta una base excepcional para obtener un aceite de primera calidad. Una vez en el molino, tras su limpieza y pesaje, se almacenan para su posterior molturación en un espacio de tiempo no superior a 24 horas.

Las visitas y degustaciones son gratuitas, recomendando hacerlas previo aviso en los meses de molienda, de Diciembre a Enero, donde se puede apreciar el funcionamiento íntegro del molino.

MOLINO DE BENAOLIVA: ELABORACIÓN ARTESANAL


HACIENDA GUZMÁN: almazaras que merece la pena visitar

17 enero, 2020 at 13:54

La Hacienda Guzmán, cuyo primer propietario fue el hijo del mismísimo Cristóbal Colón, es un claro exponente de la hacienda barroca sevillana, dedicada al aceite de oliva. Se encuentra en La Rinconada, una población a solo 15 minutos de Sevilla.

Hacienda Guzmán proviene de una familia que ha dedicado su vida durante cuatro generaciones al aceite de oliva desde el siglo XVI.

La hacienda, con un magnífico edificio y 400 hectáreas de olivar, alberga el único museo de olivos vivos del mundo (con más de 150 variedades), una plantación 100% ecológica, un centro de investigación y una almazara. La almazara cuenta con diversos tipos de aceite que han obtenido distintos galardones internacionalmente.

Hacienda Guzmán actualmente realiza una doble labor. Por un lado, se dedica a la producción de aceite de oliva virgen extra y, por otro, lleva a cabo una importante tarea de divulgación y formación a través de la fundación Juan Ramón Guillén. Dicha entidad ha nacido para promocionar y fomentar el medio rural y defender el patrimonio de la cultura del olivar andaluz. De hecho, uno de sus objetivos es conseguir la inclusión como Patrimonio de la Humanidad UNESCO al Paisaje de la Olivar Andaluz.

No dudes en visitar su web para conocer sus tarifas y horarios de visita.

Origen e Historia de la Hacienda Guzmán

Ya en el siglo XVI, Hernando Colón (hijo del descubridor de América) producía aquí aceite que enviaba a las colonias españolas del Nuevo Mundo (a Cuba y La Española, ahora República Dominicana) con el beneplácito de Felipe II. El monarca pretendía crear cierta dependencia de la madre patria por lo que en América solo permitía el cultivo de olivos que produjesen aceitunas de mesa.

Aunque Hernando Colón fue su dueño más célebre, la familia que da nombre a la hacienda fue la que la conociera en sus años de mayor esplendor, entre los siglos XVIII y XIX, cuando llegó a ser uno de los mayores productores de aceite de oliva de todo el mundo.

A pesar de que hoy hablemos de oleoturismo, y de visitar una almazara en Sevilla como algo muy novedoso, ya el escritor romántico inglés del siglo XIX, Richard Ford, había mencionado en sus pasajes una excursión olivarera a la capital hispalense, visita de la que incluso hizo una ilustración de la hacienda, que se ha usado en algunos de sus embotellados.

En su día, la Hacienda Guzmán contaba con tres molinos de aceite, uno en cada una de sus torres. Aún se conserva desde hace 400 años uno de ellos, mantenido en perfecto estado, y que incluso se pone en funcionamiento una vez al año para garantizar su buena preservación. Destaca la viga de madera de caoba de 15 metros.

Es increíble contemplar un sistema tan rudimentario como eficaz, tan contrastado con las modernas técnicas empleadas hoy día.

Fuera de las torres observamos un patio de buganvillas en pendiente. Antaño se empleaba para amontonar la aceituna y que su propio peso comenzase la prensa. Era una primera extracción de muy mala calidad, a veces incluso podrido, que se usaba como aceite lampante (para las lámparas) para alumbrarse durante las labores en el molino.

Los aceites de la Hacienda Guzmán

La familia de aceites de Hacienda Guzmán, en solo 4 cosechas, ha logrado elevar a la categoría de lujo sus productos, los cuales reflejan las especiales condiciones del olivar, el clima y el terroir. Eso se percibe también en la producción limitada y en su cuidada presentación, envases opacos de 500 ml que permiten conservar perfectamente el aroma y el sabor.

En la actualidad producen cuatro variedades: arbequina, coupage, hojiblanca y manzanilla sevillana. Te puedes encontrar desde la suavidad y el frutado de la arbequina, los matices vegetales de tomate, hoja, hierba y alcachofa del hojiblanco, o la alta intensidad y amargor de la manzanilla, o si lo prefieres el Coupage, que combina la esencia de cada uno de nuestros productos en uno solo, obteniendo la mezcla perfecta del mejor Aceite de Oliva Virgen Extra.

El aceite más famoso de la hacienda es el de aceituna manzanilla. Su uso para elaborar aceite es algo muy original, ya que normalmente se comercializa solo como aceituna de mesa, ya que se puede extraer muy poco zumo de ellas. Sin embargo, han comprobado que, si el buen perfume viene en frasco pequeño, el AOVE no iba a ser menos, y han conseguido un aceite de manzanilla muy picante y con muchísima personalidad.

La recolección en la Hacienda Guzmán se hace “en verde”, es decir, cuando la aceituna aún no está lo suficientemente madura. Esto es así porque, a pesar de que a extracción es mucho menor, el oro líquido conseguido es de la mejor calidad.

Para conseguir un fruto superior se hace una triple selección: en parcelas, en el árbol, y en la cinta de la almazara.

En Hacienda Guzmán toda la recolección es 100% manual, durante tres meses. No se varea ni se usa ningún tipo de vibración, para maltratar la aceituna lo menos posible.

La visita a Hacienda Guzmán

La mejor forma de acercarse al mundo del aceite y conocer esta joya histórica es dejándose tentar por una Experiencia HG. El paso del tiempo ha dejado reminiscencias fáciles de adivinar al recorrer la propiedad, como sus jardines andalusíes donde una alberca recoge el agua que regará granados, naranjos y limoneros. Igual de interesante es la olivoteca, donde se encuentran  variedades de olivos de todo el mundo; la almazara, donde se puede observar el proceso de extracción de aceite, desde que se introducen las aceitunas para separarlas de las hojas y lavarlas, hasta que sale este elixir por el grifo; el Museo de Carruajes, una colección privada de coches y carruajes originales de los siglos XVII, XVIII y XIX; las caballerizas, con caballos de pura raza española; y la almazara del siglo XVIII, donde con una viga de 15 metros se recrea el proceso.

Una de las visitas más sorprendentes es su museo de los olivos, con más de 150 variedades a cada cuál más sorprendente que la anterior. Algunos, con aceitunas buenas para mesa, otras para aceite, gordales… e incluso una de color blanco. Olivos de 13 países distintos. Por haber hay un olivo nabalí, que es del mismo tipo que los que hubiese en el Monte de los Olivos. ¿Sabías que en la Biblia hay unas 400 referencias a los olivos? Pues hablan de este olivo nabalí.

Por otro lado, también tendrás oportunidad de degustar una cata de aceite entre olivos con el típico vaso azul (para no dejarte influir por el color) con tapadera de cristal de reloj, para que no se escapen los aromas.


OLVERA: ruta de los pueblos blancos de Andalucía

5 noviembre, 2018 at 13:57

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Pensar en Andalucía es llenarse de los colores de las buganvillas y gitanillas, del blanco de sus paredes encaladas, del azul profundo de sus mares bajo el sol. Así, la conocida como Ruta de los Pueblos Blancos nos lleva a recoger un sinfín de imágenes populares salidas del corazón mismo de Andalucía.

Esta ruta es una de las más conocidas y cada año, miles de viajeros se dispersan por los caminos andaluces haciendo su recorrido. Es una red de caminos que nos llevan a unos 20 municipios de las provincias de Cádiz y Málaga. Pueblos y ciudades que comparten esas casas con fachadas de blanca cal tan características en gran parte de la comunidad andaluza.

Nuestro siguiente punto a visitar es Olvera (Cádiz), localidad que está incluida en la comarca de la Sierra de Cádiz, y dentro del partido judicial de Arcos de la Frontera. Olvera obtiene el título de ciudad en el año 1877 concedido por Alfonso XII.

Este pueblo está considerado la puerta al Parque Natural de la Sierra de Grazalema y es uno de esos pueblos imprescindibles en la ruta de los pueblos Blancos de la sierra de Cádiz.

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Foto de Francesc Morera

Olvera vive sobre todo del olivo, del cual se ha creado la denominación de origen Sierra de Cádiz. Este bonito pueblo tiene una gran peculiaridad y es que por él transcurre la Vía Verde de la Sierra, la única ruta declarada de interés turístico en Andalucía.

Declarado Conjunto Histórico-Artístico en el año 1.983, es la segunda declaración de la demarcación de los Pueblos Blancos después de Arcos de la Frontera.

El casco histórico de Olvera es un bello entramado de calles, edificios y plazas, enclavado en un risco, y con un aire medieval que recuerda su época árabe. Recomendamos el paseo por la Calle Llana en dirección a la plaza de la Iglesia.

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El Barrio de la Villa se asienta sobre lo que era el primitivo casco de la ciudad antigua. En su trazado laberíntico y jalonado de lienzos de muralla se abren paso la Iglesia Arciprestal de Nuestra Señora de la Encarnación y el castillo, fortaleza musulmana del s. XII que aún conserva muros, torreones y la Torre del Homenaje.

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Donde se eleva el castillo, el popular Paseo de Ronda y un espectacular subterráneo nos llevan a lo alto de su torre del homenaje donde las vistas son, simplemente, espectaculares. Por el pueblo hay varios miradores, como el del Sagrado Corazón de Jesús, que os dará la sensación de que tanto iglesia como castillo flotan sobre una nube blanca de preciosas casas encaladas.

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Ya en las afueras encontramos el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios y el Convento de Caños Santos.

Una visita al Museo “Olvera. La Frontera y los Castillos”, ubicado en el magnífico edificio de la Casa de la Cilla, permitirá al visitante conocer el importante papel que jugó la serranía gaditana como frontera en el reino nazarí.

Origen e historia de Olvera

Por su situación estratégica fronteriza, Olvera ha sido desde la Prehistoria lugar elegido para los asentamientos humanos. Los restos arqueológicos hallados en el casco urbano y en los alrededores (Sierra de Líjar) así lo atestiguan.

Su historia se presenta llena de incógnitas e interrogantes, siendo para algunos la Hippa o Hippo Nova que Plinio menciona en su “Historia” y para otros una mansión romana, Ilipula Minor, en el itinerario de Cádiz a Córdoba. Se carece de otras noticias de las épocas romana y visigoda y ya en las crónicas musulmanas aparece como un enlace fronterizo en la zona avanzada del poder musulmán en la serranía (Wubira o Uriwila).

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Su origen se dio en torno a la Fortaleza construida en el siglo XII, y a partir de su ubicación, y siguiendo la pendiente, fueron construyendo la villa, un entramado irregular en el que hoy día atesora desde históricos caseríos y viviendas solariegas, a rincones, callejones y castillos con encanto. Conserva aún los restos de su recinto amurallado que protegían todo este Conjunto Histórico-Artístico, desde las cuales se contemplan vistas sin igual de nuestra Comarca.

La fortaleza de Olvera será ocupada por primera vez en 1327 por las tropas del rey Alfonso XI. Ocupada la villa, los cristianos organizan su asentamiento, lo que se lleva a cabo mediante la “Carta de Población” otorgada el 1 de agosto de ese mismo año (1327).

En el año 1407 el señorío de Olvera pasará a formar parte de las posesiones de los Stúñiga (o Zúñiga). Posteriormente es vendida a los Téllez Girón que, convertidos más adelante en los Duques de Osuna, serán los señores de la villa hasta el siglo XIX.

Olvera comienza el siglo XVIII con los problemas derivados de la ocupación francesa de la Península. Será sede de un destacamento de las tropas napoleónicas, que se verá constantemente hostigado por las partidas de guerrilleros que se organizan en el pueblo y sus alrededores hasta la retirada francesa en 1812. La centuria avanza y algunos de los episodios de gran trascendencia en la historia de España, tuvieron eco en Olvera, como la revolución de septiembre de 1868, conocida como “La Gloriosa”.

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DEIÁ: pueblos marineros con encanto

1 agosto, 2018 at 7:30

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Deiá​​ es un pequeño pueblo situado en la costa oeste de Mallorca, en la comarca de la Sierra de Tramontana.

Es uno de los pueblos más bonitos de la isla y de España, y ha sido durante muchos años un imán para famosos artistas, escritores y creativos en general – siendo el más conocido el famoso escritor Robert Graves.

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El poeta yace en el cementerio de Deià, en el punto más alto del pueblo, junto a la antigua iglesia, un lugar privilegiado con excelentes vistas al valle y al Mediterráneo. Merece la pena subir por las empinadas calles de Deià para llegar a lo más alto y deleitarse con la panorámica, siempre con el respeto que merece el lugar.

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Al ser una de las zonas con mayor población de la Sierra de Tramontana, Deià tiene un paisaje que forma parte del Patrimonio de la Humanidad protegido por UNESCO, por lo que su naturaleza, cultura y tradiciones están presentes a diario.

Gran parte del atractivo de Deià tiene directa relación con su ambiente relajado y sus alrededores tranquilos, convirtiendo una estancia en el pueblo en una opción ideal para relajarse en medio de un escenario natural único. Los visitantes suelen optar por ir a comer o cenar, ver sus atardeceres y dar algún paseo o hacer una excursión e ir a la pequeña cala de Deià.

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Las excursiones más populares y recomendables para todos los públicos son las que van del pueblo de Deià hasta la Cala, la que une la Cala con Llucalcari, la que conecta Deià con Sóller, y el Camí des Racó, que empieza en Es Llavador del pueblo y sube por una antigua escalera de piedra siguiendo el curso de uno de los abundantes torrentes de la zona.

Recomendamos visitar el popular Café Sa Fonda, un sencillo bar que suele tener música en vivo improvisada. Un lugar predilecto de los lugareños y bohemios.

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En los alrededores hay otros dos pueblos singulares que tampoco debemos perdernos, Valldemossa y Sóller.

Origen, Historia y Cultura de Deiá

El valle en el que se encuentra Deià ha sido habitado desde la época prehistórica, cuando los primeros colonos vivían en cuevas, cazaban su comida y bebían agua de los arroyos. En el siglo VIII, se estableció el dominio árabe y junto con él comenzó a funcionar un sofisticado sistema de riego y desagüe, que se utiliza hasta el día de hoy, dándole al pueblo su nombre, ya que Deiá viene de ‘ad daia’ que significa aldea.

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Después de las Cruzadas, tres monasterios romanos católicos fueron construidos en los alrededores de Deià, específicamente a principios del siglo XIII: Ca l’Abat, Son Rul-lan, y Miramar. Los símbolos de estos se pueden apreciar hasta el día de hoy en el escudo de Deià y Miramar es uno de los lugares en los cuales el famoso filósofo Ramón Lull fundó un colegio de misionarios, destinado a convertir a los musulmanes del norte de África al catolicismo.

En 1867 un miembro de la nobleza austríaca, Archiduque Lluis Salvador, llegó a Mallorca con la intención de crear una enciclopedia de las Islas Baleares. Al encontrar tal tranquilidad y belleza en la zona de Deià y Valldemossa, compró varias propiedades y fincas en el área y estableció la prohibición de tala de árboles y de caza en un intento por la conservación de la tierra.

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Mientras vivía en Miramar, el Archiduque Salvador creó numerosos senderos y puntos de observación, aportando en gran medida al excursionismo y senderismo como deporte en la isla. La huella de ambos, del Archidique y de Ramón Llull se puede apreciar claramente en los restos de la capilla del filósofo en Miramar y en el palacete de Son Marroig, que fue renovado por el Archiduque.

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El poeta y novelista inglés Robert Graves llegó a Deià en los años 30, buscando un respire después de la estremecedora etapa vivida durante la Primera Guerra Mundial y luego de haber encontrado el amor de la mano de la poetisa Laura Riding. Esta pareja de formidables literatos se fueron a Inglaterra después del inicio de la Guerra Civil Española; Robert regresó después de la Segunda Guerra Mundial y mantuvo su casa familiar en Mallorca durante todos estos años, donde finalmente murió en 1985. Entre los amigos famosos que visitaron esta casa se encuentran Sir Alec Guinness, Peter Ustinov y la actriz de Hollywood Ava Gardner. La casa de Robert Graves, Can Alluny, ahora es un interesante museo.

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El cultivo del olivo fue un factor determinante para el próspero desarrollo de Deià durante los períodos de la ocupación islámica y romana, además del cultivo de cítricos, la pesca y la agricultura. Ahora, el pueblo y sus habitantes han añadido arte, artesanía y un estilo relajado de agroturismo a la economía agrícola, con gran éxito.

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