CUEVA DE DAINA: cultura megalítica en España

16 septiembre, 2019 at 9:11

La Cueva de Daina (en catalán Cova d’en Daina) es un dolmen de granito de grandes dimensiones construido entre 2700 a. C. y 2200 a. C. Está considerado como uno de los dólmenes más conocidos e importantes de Cataluña. Se encuentra en  la comarca del Ampurdán, principal zona de Cataluña con monumentos megalíticos. Concretamente se sitúa en las afueras del núcleo urbano de Romanyá de la Selva, en el macizo de las Gavarres.

La cueva de Daina destaca también por ser uno de los monumentos funerarios más representativos de su tipología, llamado sepulcro de “galería catalana” o “corredor ancho”.

En las proximidades se puede acceder a otras dos estructuras megalíticas, no tan impresionantes, pero que, dada la cercanía, merece la pena visitar: el menhir de Mutra y la cista de la carretera.

Historia

El conjunto fue descubierto en los años 1900 por el antiguo propietario de los terrenos Pere Cama i Casa. En 1957, las excavaciones promovidas por Lluís Esteva Cruañas hallaron numerosos huesos, dientes, siete puntas de flecha de sílex, fragmentos de cuchillo, trozos de cerámica y cuentas de collar.

El conjunto fue declarado en 1931 Monumento Nacional, y tanto por su aspecto como su localización su visita familiar es interesante y además permite descubrir una reliquia milenaria al alcance de todo el mundo.

Arquitectura

Se trata de un conjunto megalítico de grandes dimensiones, siguiendo una estructura típica de cámara y galería de acceso formado por grandes bloques de granito, y también se ven los grandes bloques que formaban la cubierta.

El recinto megalítico está protegido por un crómlech en forma de anillo externo de 11 metros de diámetro formado por grandes piedras de granito. El dolmen mide 7,60 m de largo por 1,70 m de ancho y 1,50 m de alto.

La cámara funeraria, de forma rectangular, está separada de la galería por tres piezas que conforman la puerta de entrada. Este tipo de sepulcros de “galería catalana” son propios del Neolítico final y responden a una evolución de los “sepulcros de corredor”.  Están formados por una cámara geométrica donde se depositaban los restos humanos y los ajuares, y un corredor que casi tiene el mismo ancho que la cámara.

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DOLMEN DE SORGINETXE: cultura megalítica en España

25 enero, 2019 at 8:04

La cultura megalítica, es decir, las civilizaciones cuyos restos conservados consisten en “grandes piedras” (dolmen) dispuestas de manera estudiada son una forma magnífica para poder ver cómo vivían nuestros antepasados de la Prehistoria hace más de 6.000 años.

Desde el Neolítico y hasta la Edad del Bronce, periodos de la Edad de Piedra, la cultura megalítica se desarrolló en todo el mundo, aunque el término localiza la etapa entre el Mediterráneo y la zona Atlántica de Europa.

Lo primero que suele aparecerse en la mente del viajero al ver estos enormes monumentos prehistóricos es, ¿pero cómo pudieron construirse sin los avances técnicos modernos? La cuestión en sí misma ya otorga cierto acercamiento a una cultura tan alejada de la nuestra, porque nos ofrece una nueva dimensión de los seres humanos: pensaban, planeaban, estructuraban, se comunicaban, todo ello para conseguir erigir estos monumentos.

Ahora bien, ¿por qué razón se construían, con el esfuerzo y la dedicación que debía conllevar? Tampoco está claro que fueran grupos estables en un territorio, por lo que todavía da más misterio a la cuestión.

Algunos estudiosos coinciden en la función sepulcral del monumento, una costumbre que revela la conciencia religiosa del grupo y la creencia en el más allá, además del recuerdo sentimental de la persona que los deja, no muy diferente de las formas actuales. Por otro lado, otros investigadores apuntan a una función de tipo amenazante, en la que estas construcciones pondrían de manifiesto la pertenencia del territorio a un determinado grupo, reforzando la identidad (otro factor inesperado) frente a los demás.

Sea como sea, en España han quedado muchos de estos testimonios de arquitectura prehistórica y muchos de ellos se encuentran en un estado de conservación muy buena.

Hoy te invitamos a conocer el dolmen de Sorginetxe (traducido del euskera “La casa de las brujas”), en Arrizala (Álava), construido aproximadamente en el año 2500 antes de Cristo. A 5 kilómetros de Zadorra Etxea, junto a la Sierra de Entzia, el dolmen se encuentra muy bien conservado y es de fácil acceso.

Fue descubierto por los científicos en 1831 y excavado por el señor J. Apraiz en 1890, quien recogió puntas de flechas y restos óseos humanos. Todos ellos en paradero desconocido.

Nunca se ha conocido túmulo y según los estudios de J.M. Apellaniz de 1973 “La losa de la pared oeste forma ventana y tiene rastros de labrado formando un suave levantamiento o convexidad”. Y además informa que “existieron próximas al dolmen cuatro losas grandes que fueron destruidas y de las que no se conoce la relación con el dolmen”.

Se trata de uno de los monumentos megalíticos mejor conservados de Euskadi. Está formado por cinco piedras calizas verticales, y la que las cubre, alcanza en su punto más alto unos 2,3 metros.

Según JM de Barandiaran (1972) que recoge muchas leyendas relacionadas con estos monumentos megalíticos, comenta que “el dolmen de Arrizala, que fue construido con grandes piedras, aún tiesas, traídas por la Sorguin (Brujas) en las puntas de sus ruecas durante una noche…” Al menos 16 dólmenes alaveses han sido declarados por el Gobierno Vasco como Bien Cultural Calificado en la categoría de Conjunto Monumental.

Las construcciones megalíticas que han obtenido este reconocimiento son las de Sorginetxe, en Arrizala; Aizkomendi, en Eguilaz; San Sebastián I, San Sebastián II, Gurpide Sur y Gurpide Norte, en Kuartango; el Montecillo, en Villabuena de Álava; la Chabola de la Hechicera y el Encinal, en Elvillar; Layaza, San Martín, Alto de la Huesera y los Llanos, en Laguardia; el Sotillo, en Leza; y la Mina y la Lastra, en Lantarón.

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DOLMEN DE SAN MARTÍN: cultura megalítica en España

22 mayo, 2018 at 6:54

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La cultura megalítica, es decir, las civilizaciones cuyos restos conservados consisten en “grandes piedras” (dolmen) dispuestas de manera estudiada son una forma magnífica para poder ver cómo vivían nuestros antepasados de la Prehistoria hace más de 6.000 años.

Desde el Neolítico y hasta la Edad del Bronce, periodos de la Edad de Piedra, la cultura megalítica se desarrolló en todo el mundo, aunque el término localiza la etapa entre el Mediterráneo y la zona Atlántica de Europa.

Lo primero que suele aparecerse en la mente del viajero al ver estos enormes monumentos prehistóricos es, ¿pero cómo pudieron construirse sin los avances técnicos modernos? La cuestión en sí misma ya otorga cierto acercamiento a una cultura tan alejada de la nuestra, porque nos ofrece una nueva dimensión de los seres humanos: pensaban, planeaban, estructuraban, se comunicaban, todo ello para conseguir erigir estos monumentos.

Ahora bien, ¿por qué razón se construían, con el esfuerzo y la dedicación que debía conllevar? Tampoco está claro que fueran grupos estables en un territorio, por lo que todavía da más misterio a la cuestión.

Algunos estudiosos coinciden en la función sepulcral del monumento, una costumbre que revela la conciencia religiosa del grupo y la creencia en el más allá, además del recuerdo sentimental de la persona que los deja, no muy diferente de las formas actuales. Por otro lado, otros investigadores apuntan a una función de tipo amenazante, en la que estas construcciones pondrían de manifiesto la pertenencia del territorio a un determinado grupo, reforzando la identidad (otro factor inesperado) frente a los demás.

Sea como sea, en España han quedado muchos de estos testimonios de arquitectura prehistórica y muchos de ellos se encuentran en un estado de conservación muy buena.

Hoy te invitamos a conocer el dolmen de San Martín, en Laguardia (La Rioja), una de las construcciones más antiguas del mundo.  En el entorno de Laguardia pueden encontrarse numerosos dólmenes, habiendo de hecho una ruta de dólmenes.

Se reconoce fácilmente porque presenta un chozo (refugio de piedra) construido sobre su túmulo, el cual aprovecha como muro trasero las losas de la cámara dolménica. Su construcción es de la piedra extraída del propio dolmen.

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Es un dolmen de corredor, cubierto con losas planas (de las que todavía se mantiene una in situ) y túmulo más o menor circular rodeando la cámara funeraria. La capacidad de este dolmen es de 21 enterramientos.

La cámara presenta planta poligonal y está constituida por 10 losas de arenisca de extraordinarias dimensiones (5,75 m x 3,10 m y altura máxima de 1,90 m).

El corredor, se configura en base a cinco losas, presentando una anchura de 1,20 metros y una altura de 1,30 metros. Esta losa del lado W del pasillo, sobre la que descansa la de cubierta, presenta abundantes agujeros o cazoletas que parecen responder a manifestaciones de arte propias del megalitismo. En torno a este se dispone el túmulo de piedras y tierra, el cual ha sido seriamente afectado por los cultivos de viñas que han rodeado el monumento.

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Durante la excavación pudieron encontrarse los primeros enterramientos de época neolítica (3500 a. C) y posteriores (2200 a. C). También se encontraron junto a los enterrados varias herramientas como puntas de flecha de sílex de pedúnculo y aletas, hachas, cinceles de piedra, botones de hueso, cerámica de tipo campaniforme y  un puñal de cobre.

Además de este maravilloso monumento megalítico, no te puedes perder visitar el pueblo de Laguardia, sus cuevas subterráneas y el fantástico entorno que lo rodea lleno de bodegas y rutas con mucho encanto. Un plan genial para pasar un fin de semana con la familia.

RUTA DE LOS DOLMENES DE LAGUARDIA
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CRÓMLECH DE OIANLEKU: cultura megalítica en España

26 julio, 2017 at 20:29

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La cultura megalítica, es decir, las civilizaciones cuyos restos conservados consisten en “grandes piedras” (dolmen) dispuestas de manera estudiada son una forma magnífica para poder ver cómo vivían nuestros antepasados de la Prehistoria hace más de 6.000 años.

Desde el Neolítico y hasta la Edad del Bronce, periodos de la Edad de Piedra, la cultura megalítica se desarrolló en todo el mundo, aunque el término localiza la etapa entre el Mediterráneo y la zona Atlántica de Europa.

Lo primero que suele aparecerse en la mente del viajero al ver estos enormes monumentos prehistóricos es, ¿pero cómo pudieron construirse sin los avances técnicos modernos? La cuestión en sí misma ya otorga cierto acercamiento a una cultura tan alejada de la nuestra, porque nos ofrece una nueva dimensión de los seres humanos: pensaban, planeaban, estructuraban, se comunicaban, todo ello para conseguir erigir estos monumentos.

Ahora bien, ¿por qué razón se construían, con el esfuerzo y la dedicación que debía conllevar? Tampoco está claro que fueran grupos estables en un territorio, por lo que todavía da más misterio a la cuestión.

Algunos estudiosos coinciden en la función sepulcral del monumento, una costumbre que revela la conciencia religiosa del grupo y la creencia en el más allá, además del recuerdo sentimental de la persona que los deja, no muy diferente de las formas actuales. Por otro lado, otros investigadores apuntan a una función de tipo amenazante, en la que estas construcciones pondrían de manifiesto la pertenencia del territorio a un determinado grupo, reforzando la identidad (otro factor inesperado) frente a los demás.

Sea como sea, en España han quedado muchos de estos testimonios de arquitectura prehistórica y muchos de ellos se encuentran en un estado de conservación muy buena.

Hoy vamos a hablar del Crómlech de Oianleku, situado el parque natural de Peñas de Aia, en la localidad guipuzcoana de Oiartzun.

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Un crómlech o círculo megalítico es un monumento megalítico formado por piedras o dólmenes introducidos en el suelo y que adoptan una forma circular similar a un muro o elíptica, cercando un terreno. El termino crómlech deriva del Bretón “Crom” círculo y “lech” lugar.

Los crómlech eran utilizados como monumentos funerarios. En su interior se depositaban las cenizas y restos óseos de los difuntos. Debido a las condiciones del terreno se han conservado poco de estos restos. De todos los crómlech excavados solo se han hallado restos en cinco, siendo el de Oianleku uno de estos.

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Se trata de uno de los crómlech mejor conservados del País Vasco, y tiene la particularidad de estar formado por dos círculos. El primero de 9,5m de diámetro y con 29 testigos, el segundo de 6,8m de diámetro y con 18 testigos.

El monumento funerario del Crómlech de Oianleku data de la edad de hierro y fue descubierto en 1909 por P. Soraluce y excavado en 1967.

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Foto de ivillarmartinez (flickr)

La forma de llegar es fácil. Se encuentra cerca de un merendero y a pocos minutos de un aparcamiento por lo que su acceso es apto para cualquier persona. Para encontrar el aparcamiento deberemos coger la carretera que sube de Oiartzun a Artikutza, y coger un desvío a la izquierda un poco antes de llegar al alto de Bianditz.

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DOLMEN DE JENTILARRI: cultura megalítica en España

12 noviembre, 2016 at 20:34

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La cultura megalítica, es decir, las civilizaciones cuyos restos conservados consisten en “grandes piedras” (dolmen) dispuestas de manera estudiada son una forma magnífica para poder ver cómo vivían nuestros antepasados de la Prehistoria hace más de 6.000 años.

Desde el Neolítico y hasta la Edad del Bronce, periodos de la Edad de Piedra, la cultura megalítica se desarrolló en todo el mundo, aunque el término localiza la etapa entre el Mediterráneo y la zona Atlántica de Europa.

Lo primero que suele aparecerse en la mente del viajero al ver estos enormes monumentos prehistóricos es, ¿pero cómo pudieron construirse sin los avances técnicos modernos? La cuestión en sí misma ya otorga cierto acercamiento a una cultura tan alejada de la nuestra, porque nos ofrece una nueva dimensión de los seres humanos: pensaban, planeaban, estructuraban, se comunicaban, todo ello para conseguir erigir estos monumentos.

Ahora bien, ¿por qué razón se construían, con el esfuerzo y la dedicación que debía conllevar? Tampoco está claro que fueran grupos estables en un territorio, por lo que todavía da más misterio a la cuestión.

Algunos estudiosos coinciden en la función sepulcral del monumento, una costumbre que revela la conciencia religiosa del grupo y la creencia en el más allá, además del recuerdo sentimental de la persona que los deja, no muy diferente de las formas actuales. Por otro lado, otros investigadores apuntan a una función de tipo amenazante, en la que estas construcciones pondrían de manifiesto la pertenencia del territorio a un determinado grupo, reforzando la identidad (otro factor inesperado) frente a los demás.

Sea como sea, en España han quedado muchos de estos testimonios de arquitectura prehistórica y muchos de ellos se encuentran en un estado de conservación muy buena.

El dolmen de Jentilarri, ubicado en la zona de Uidui del Parque Natural de Aralar que pertenece a Guipúzcoa, es un sepulcro de galería con túmulo de 15 m de diámetro y 1 m de altura. Presenta una cámara de 6,50 m de largo.

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Fue descubierto en 1879 y excavado en 1917, aportando abundante material entre los que destacan puntas foliáceas y 11 fragmentos de cerámica y restos humanos de al menos 27 individuos. Recientemente ha sido reconstruido por parte de algunos vecinos.

El dolmen de Jentilarri, el mejor conservado en la zona, forma parte de los dólmenes de Aralar, una importante estación megalítica situada en el Parque Natural de Aralar, en un entorno lleno de robles, hayas y grandes zonas de pastizales que comparten Guipúzcoa y Navarra.

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Fue en esta sierra donde descubrieron precisamente el primer dolmen de Guipúzcoa, en 1879, y donde se realizaron posteriormente las primeras prospecciones megalíticas. El eminente paleontólogo y etnógrafo Don Joxe Miguel Barandiaran fue el encargado de investigar los numerosos yacimientos arqueológicos de Aralar, además de numerosas leyendas y mitos que tienen su origen en esta sierra.

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Actualmente, se encuentran catalogados 80 megalitos en la estación de la sierra de Aralar. De ellos, 30 están enclavados en territorio guipuzcoano, mientras que los otros 50 conjuntos se hallan dentro de la Comunidad Foral. Dólmenes, menhires, túmulos y círculos de piedras completan la zona de Gipuzkoa declarada como Bien Cultural Calificado, con la categoría de Conjunto Monumental.

La gran mayoría de estos elementos patrimoniales se encuentran en la zona occidental de Aralar, en tierras pertenecientes a los municipios guipuzcoanos de Zaldibia, Amezketa, Abaltzisketa, Lazkao y Ataun.

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Ascendiendo desde Amezketa o desde Zaldibia hacia Auza Gaztelu, en el collado de Ausokoi, se encuentra el dolmen homónimo, y, en sus alrededores, se alza el menhir de Atauru Gañe. Desde este lugar hacia la zona de Uidui nos encontramos con una serie de dólmenes, entre los cuales, además del de Jentilarri, destacan los de Aranzadi, Arraztagaña, Argarbi, Uidui, Zearragoena y Uelogoena. Cerca de estos dólmenes se encuentra el menhir de Supitaitz, y accediendo a la zona de Alotza, se localiza el hermoso menhir de Saltarri, tumbado en el centro de sus prados. Saliendo de esta zona, se halla el menhir de Irazustako Lepoa.

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La leyenda de los Gentiles

Los Jentilak, Gentiles, Maures o Maule, son una raza de gigantes posiblemente antecesores del pueblo vasco, habitantes de las montañas que trabajaron ampliamente la piedra y construyeron gran cantidad de Dólmenes y Cromlech (tanto es así, que en muchos lugares a estas rocas funerarias les llaman Jentilarri (piedra de Gentil, en Euskera).

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Criaturas colosales de fuerza sobrehumana, también dieron origen a varias montañas jugando a tirarse peñascos entre ellos.

Entre los Gentiles más famosos encontraríamos a Tartalo el cíclope, o el temible Olentzero quién se cuenta debió ser el último de estos Gigantes en tierras vascas avisando de la llegada del cristianismo.

Hay versiones en las que tanto el Basajaun cómo el JaunGorri son también parte de estos Gentiles o Maures.

Estos seres mitológicos tienen similitudes con los Mouro de la mitología Gallega y Asturiana. En la mitología aragonesa también existen genios parecidos a los jentiles, los Omes granizos: antiguos pobladores pirenaicos, dioses y gigantes relacionados con las propias montañas.

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