YACIMIENTO CELTIBERO NUMANCIA: ruta parques arqueológicos de España

22 noviembre, 2019 at 14:00

Numancia es el nombre de una ciudad celtíbera desaparecida que se sitúa sobre el Cerro de la Muela, en Garray, provincia de Soria (Castilla y León). Esta localización es un punto estratégico desde el que se domina la llanura, estando delimitado por las montañas del  Sistema Ibérico y rodeada por el río Duero y el río Medancho.

Numancia no es sólo un yacimiento arqueológico, sino que es además un símbolo de resistencia y de lucha de un pueblo por su libertad. Fueron los escritores romanos quienes elevaron el comportamiento de los numantinos a gesta heroica dándole una dimensión universal.

El yacimiento de Numancia, declarado Monumento Nacional por Real Orden de 25 de agosto de 1882, es uno de los que más ha aportado al conocimiento del mundo celtibérico, debido al gran número de excavaciones realizadas, contribuyendo con una amplia cantidad de cerámica pintada.

Excavada por Schultten en 1908, los sucesivos trabajos arqueológicos han descubierto dos ciudades: una más antigua de época celtibérica y, sobre ella, otra posterior de época romana, acomodada a la estructura de la anterior. La amplia superficie excavada permite conocer su trazado con las calles en retícula irregular, sin dejar espacios libres o plazas.

Actualmente se puede contemplar el entramado de las calles, restos de algunas viviendas o la reconstrucción de sendas casas celtíbera y romana, que convierten su visita en un auténtico viaje en el tiempo.

No dudes en consultar los horarios de apertura y precio de las entradas del yacimiento antes de realizar la visita. 

Origen e historia de Numancia

El origen del enfrentamiento con Roma se debe a que, en el año  153 a.C., los numantinos dan refugio en su ciudad a un grupo de fugitivos de la ciudad de Segeda. Esto provoca un enfrentamiento con el ejercito del cónsul romano Quinto Fulvio Nobilior, en el que los numantinos consiguen derrotar al ejercito romano compuesto por unos 30.000 hombres, pero en la batalla muere su jefe Caro de Segeda.

Como consecuencia de esta batalla Roma mantiene durante veinte años continuos ataques contra la ciudad, hasta que en  el año 133 a.C. el senado manda a Publio Cornelio Escipión Emiliano El Africano Menor, la misión de destruir Numancia. Para conseguirlo cerca la ciudad duramente, construyendo a su alrededor un perímetro con torres, fosos y empalizadas, además de contar con siete campamentos romanos para aislar a la ciudad.

Después de 15 meses de asedio y penurias, durante el verano del año 133 a.C. y acabados los víveres, unos pocos numantinos se entregan al ejercito romano pero la gran mayoría sabiendo que terminarían siendo esclavos, deciden incendiar la ciudad y suicidarse.

Esta lucha ha dejado huella en la lengua española, que acoge el adjetivo “numantino” con el significado: “Que resiste con tenacidad hasta el límite, a menudo en condiciones precarias”, según la  real Academia.

En recuerdo a la ciudad hispana, se ha dado el nombre de Numancia al Club Deportivo Numancia de Soria, a varios barcos, como por ejemplo la fragata Numancia y a unidades militares. En 1936 durante la Guerra civil Española, un regimiento llamado Numancia tomó el pueblo toledano de Azaña, y le cambió el nombre por el actual de  Numancia de la Sagra.

El caballito de Soria

La primera manifestación de esta figurilla apareció en las excavaciones realizadas en la ciudad celtibérica de Numancia. Allí encontraron una fíbula, una especie de hebilla de bronce, que representaba a la deidad de Hipona, el dios celtíbero de los caballos. Además este símbolo también se encontró en numerosas vasijas y utensilios que utilizó este pueblo. El caballito de Soria, además de ser el símbolo que ha utilizado una famosa joyería soriana para una de sus colecciones es símbolo de la productora Numancia, la que se encarga de la serie “En tiempos revueltos”, emitida actualmente.


CARMONA: ruta parques arqueológicos de España

23 abril, 2021 at 9:38

El Conjunto Arqueológico de Carmona (Sevilla) está constituido por edificaciones singulares datadas en época romana, entre los siglos I y II d.C. El yacimiento fue inaugurado en 1885, y es uno de los más antiguos de la Península Ibérica. En la actualidad, recibe cada año cerca de 40.000 visitas, formando parte del itinerario turístico-cultural de la Ruta Bética Romana.

El yacimiento está protegido como Monumento Histórico-Artístico desde 1931, fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC), con la categoría de Zona Arqueológica, en 2003.

La ciudad de Carmona (Sevilla) permitió la existencia de un núcleo de población, ininterrumpido desde la Prehistoria hasta nuestros días, que conserva abundantes testimonios de su pasado. Bajo la dominación romana es cuando alcanza su mayor esplendor, siendo conquistada por Roma en el 206 a.C., en el transcurso de las guerras púnicas contra Cartago. Se convirtió en un importante municipio romano, que tuvo el privilegio de acuñar moneda propia, y causó admiración al propio Cesar por la robustez de su emplazamiento.

Aparecen vestigios por todas partes siendo la Puerta de Córdoba, la Puerta de Sevilla, el recinto funerario y el Anfiteatro las manifestaciones más singulares. En las afueras del recinto amurallado se conserva un sector considerable de la Necrópolis romana junto a otros testimonios propios de la actividad de un arrabal urbano: las canteras de extracción de sillares para la construcción, los alfares y el Anfiteatro dedicado a espectáculos públicos.

Vinculado a la Necrópolis, encontramos el Anfiteatro, excavado parcialmente en la roca del alcor y aprovechando la pendiente natural del terreno, lugar en el que se celebraban los juegos gladiatorios y otros espectáculos propios de este tipo de edificio. Parte de este era utilizado como necrópolis.

Puedes visitar el Museo y Centro de Interpretación de la Ciudad de Carmona con una selección de las mejores piezas encontradas durante las excavaciones. El museo está situado en la Casa-Palacio del Marqués de las Torres, del siglo XVI. Su espacio expositivo está compuesto de 16 salas, perteneciendo a la Carmona romana de las salas sexta a la novena.

En el Ayuntamiento de Carmona podemos vislumbrar un excelente mosaico, descubierto en el casco antiguo de la ciudad.

Hay un mirador con unas magníficas vistas de Carmona, de Sevilla y del antiguo Anfiteatro de la ciudad… ¡Y la entrada es gratuita!, no dudes en consultar los horarios y fechas de apertura.

La Necrópolis romana de Carmona

La necrópolis está considerada como uno de los conjuntos funerarios romanos de mayor extensión y mejor conservada de la península. Hay más de 400 tumbas en las que se mezclan las tradiciones cartaginesas con las romanas.

Foto de Emilio López

El uso de la Necrópolis se sitúa en torno al siglo I y II. El ritual de enterramiento más frecuente era la incineración. El mausoleo colectivo, formado por una cámara subterránea, de carácter familiar, es el tipo de enterramiento más generalizado en la Necrópolis de Carmona. La Necrópolis es uno de los yacimientos de la Península que conserva mayor número de pinturas.

Te sorprenderás con la enorme Tumba de Servilia de más de 1300 metros cuadrados y con la curiosísima Tumba del Elefante, que se ha venido interpretando en los últimos años como un santuario dedicado a Cibeles y a Atis.

Las primeras evidencias de enterramientos en la necrópolis se encuentran en una serie de monumentos funerarios tartésicos (siglo VII a.C.), realizados mediante la excavación en el terreno de una fosa central cubierta por un montículo o túmulo de tierra, recientemente significados en el paisaje del conjunto.

Los primeros enterramientos romanos, se conservan al sur del Anfiteatro y pueden ser atribuidos al siglo II a.C. Se trata de una serie de tumbas de inhumación, caracterizadas por un ritual funerario peculiar significado por la colocación del cadáver flexionado y con la cabeza orientada al este.


LOS MILLARES: ruta parques arqueológicos de España

24 julio, 2020 at 12:35

El yacimiento arqueológico de Los Millares, situado en el municipio de Santa Fe de Mondújar (Almería), es un asentamiento prehistórico de la Edad del Cobre (3200-2200 a. C), formado por el poblado y su necrópolis con una extensión de 6 y 13 hectáreas respectivamente.

Investigadores y científicos demostraron en el año 2020 que Los Millares fue la primera ciudad establecida de toda la península ibérica hace más de 5000 años. Además está considerado por ellos mismos también como uno de los más importantes asentamientos de esta cultura en Europa y en el mundo.

El poblado fue descubierto en 1891, durante la construcción de una vía férrea, y fue excavado por primera vez por el ingeniero belga Luis Siret.

El Museo de Almería cuenta con un ámbito expositivo dedicado al yacimiento de Los Millares.

La entrada es gratis y abren de Miércoles a domingo, de 10:00 a 14:00 h. También se realizan visitas concertadas (grupos) para las cuales son necesarias reservas por teléfono o email.

Historia del poblado de Los Millares

En Los Millares (2700-1800 a.C.) se desarrolla una espléndida cultura agrícola, pionera en la introducción de la metalurgia del cobre en el Mediterráneo occidental. Este emplazamiento también da nombre a la Cultura de Los Millares, que se extendió por Andalucía, llegando hasta Murcia y el sur de Portugal.

Su población se ha estimado en unas 1500 personas.

El poblado está situado estratégicamente cerca de las minas de cobre de la sierra de Gádor, en un promontorio entre el río Andarax y la rambla de Huéchar. Tiene una ciudadela interior amurallada y está rodeado por otras tres murallas, reforzadas con torres de planta semicircular y bastiones. Cuenta además con numerosas defensas exteriores en las elevaciones cercanas (se han localizado hasta 15 fortines), muchas de ellas fuertemente defendidas mediante murallas concéntricas. Se cree que se utilizaban también para el almacenamiento de cereales.

El poblado también presenta una impresionante necrópolis que ocupa unas 2 hectáreas y contiene cerca de un centenar de tumbas, algo sin parangón en la Europa de la época. En cada tumba se enterraban los miembros de un mismo clan con sus ajuares personales: armas, herramientas, adornos, cerámica simbólica e ídolos. La mayoría de las tumbas son tipo ‘tholos’ (construcción de forma circular).

El poblado contó con un extraordinario sistema defensivo, difícil de entender sin la existencia de unos pueblos megalíticos dedicados al pastoreo. Dispuso de cuatro líneas de murallas; de ellas, la más exterior y moderna mide 310 m. desde los escarpes del río Andarax a la rambla de Huéchar. Presenta torres semicirculares o bastiones a intervalos regulares y dos puertas.

Presenta un urbanismo organizado con viviendas de planta circular, algunos edificios de uso público y construcciones relacionadas con la distribución y almacenamiento de agua. La principal actividad económica era la agricultura, la ganadería y la caza, junto con otros trabajos especializados como los metalúrgicos y la producción de puntas de flecha.

Destaca la esmerada y sólida técnica constructiva de las edificaciones y tumbas, así como la calidad y simbolismo de la cultura material.

La visita a Los Millares

El enclave arqueológico de Los Millares se compone de el yacimiento arqueológico en cuestión, un centro de recepción de visitantes y una zona interpretativa cuya visita es independiente pero complementaria a la del yacimiento.

La visita comienza en el centro de recepción de visitantes donde hay abundantes datos acerca de las investigaciones llevadas a cabo en los Millares. En este espacio se ofrece información sobre los recorridos posibles, y se proyecta un audiovisual que facilita la comprensión del yacimiento.

En el yacimiento arqueológico la visita recorre en primer lugar la necrópolis por un itinerario a cuyos lados pueden verse los túmulos de las sepulturas. Una vez que se llega al poblado, se avanza por los diferentes recintos definidos por sucesivas líneas de murallas concéntricas.

Desde el centro de recepción de visitantes hacia el oeste, se llega a una zona interpretativa en la que se han recreado a escala real un tramo de muralla con torres o bastiones y varias cabañas en las que se reproducen las labores de la época.

La duración de la visita completa está entre las dos horas y media y las tres horas. Existe la posibilidad de visitar sólo la zona interpretativa y el centro de recepción, lo cual supondría una hora y media.

Se recomienda traer calzado cómodo, gorra, protección solar y agua.


PARQUE ARQUEOLÓGICO DE SEGÓBRIGA: restos romanos en España

14 agosto, 2019 at 12:47
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Segóbriga es una antigua ciudad romana cerca de Saelices, en la provincia de Cuenca. Es posiblemente uno de los sitios arqueológicos más importantes de la meseta española, y uno de los lugares más conocidos e importantes de la provincia de Cuenca.

La ciudad romana de Segóbriga nos traslada al pasado con su excelente estado de conservación. Un impresionante patrimonio: el foro, el teatro, el anfiteatro, las termas monumentales… Multitud de construcciones y monumentos emblemáticos nacidos del esplendor que tuvo esta villa entre los siglos I a.C. y III d.C.

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Actualmente, son visitables el acueducto, las necrópolis, la ciudad, el teatro, la muralla y puerta principal, el criptopórtico del foro, las termas del teatro, la basílica, el foro, el aula basilical, las termas monumentales, la acrópolis, la casa del procurador minero, el anfiteatro, el circo y la basílica visigoda.

No te puedes olvidar de pasar a ver el Museo, donde se puede observar un mapa del Imperio, así como aprender información sobre el origen de la ciudad, su herencia de Roma, su decadencia y abandono, su sociedad, el distrito minero, sus monumentos, la vida cotidiana o la religión. Muy interesante.

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Para la visita al parque no olvides consultar los horarios y tarifas.

Origen e Historia de la ciudad romana de Segóbriga

El nombre Segóbriga deriva de dos palabras: “Sego” que significa victoria y “briga” que significa fortaleza de la ciudad.

Este enclave sería Inicialmente un castro celtibérico. Tras la conquista romana, a inicios del siglo II a. C. se convirtió en un oppidum o ciudad celtibérica. Tras las Guerras de Sertorio, hacia el 70 a. C. pasó a controlar un amplio territorio como capital de toda esta parte de la Meseta, cuando Plinio la consideró “caput Celtiberiae” o inicio de la Celtiberia.

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En tiempos de Augusto, poco antes del cambio de Era, dejo de ser ciudad estipendiaría, que pagaba tributo a Roma, y se convirtió en municipium o población de ciudadanos romanos. Fue entonces cuando se produjo el gran desarrollo que tuvo Segóbriga, principalmente por su excelente comunicación y por ser centro de explotación de minas de “lapis specularis”.

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Junto a la ciudad atravesaban varias calzadas importantes como la que unía Cartago Nova con Complutum. También era importante la conexión que tenía con Toletum y Segontia.

Por otro lado, la conocida piedra de yeso cristalizada abundaba en la zona (lapis specularis), lo cual supuso una fuente importante de abastecimiento y le otorgó un gran crecimiento. Esto es debido a su uso en los edificios romanos tanto en ventanas como suelos, ya que es transparente. Segóbriga fue impulsada por el emperador Augusto.

Esta grandeza ha permitido que aún hoy queden importantes y bien conservados restos que acercan Roma a la época actual y la posibilidad de ser testigos de la potencia cultural del imperio también en la meseta. Segóbriga  llegó a albergar un teatro, anfiteatro, utilizado para las grandes fiestas, termas públicas, templos, destinados al culto imperial, mercados…hasta convertirse en punto de referencia de la Meseta como vida urbana al estilo romano.

Historia de la ciudad romana de Segóbriga

Este enclave sería Inicialmente un castro celtibérico. Tras la conquista romana, a inicios del siglo II a. C. se convirtió en un oppidum o ciudad celtibérica. Tras las Guerras de Sertorio, hacia el 70 a. C. pasó a controlar un amplio territorio como capital de toda esta parte de la Meseta, cuando Plinio la consideró “caput Celtiberiae” o inicio de la Celtiberia.

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En tiempos de Augusto, poco antes del cambio de Era, dejo de ser ciudad estipendiaría, que pagaba tributo a Roma, y se convirtió en municipium o población de ciudadanos romanos. Fue entonces cuando se produjo su auge económico como cruce de comunicaciones y centro minero de lapis specularis o yeso traslúcido utilizado para cerrar ventanas. Aprovechando este auge se inicia hacia el 80 a. C. un programa de construcciones monumentales que le confieren el aspecto como nos la encontramos en la actualidad.

En el siglo IV se abandonan sus principales monumentos convirtiéndose en un centro rural.

En época visigoda, a partir del siglo V, era todavía una ciudad importante, con obispos que acudían a los concilios de Toledo entre los años 589 y el 693 d. C. De estos años data una gran basílica y la extensa necrópolis que la circunda. La decadencia de la ciudad prosiguió en época islámica, si bien en esta época se construyó una fortificación árabe en la cumbre del cerro sobre el que se sitúa la ciudad.

Tras la Reconquista, la población se desplazó al actual pueblo de Saelices y el lugar pasó a denominarse Cabeza del Griego, quedando reducido a una pequeña población rural dependiente de la Villa de Uclés.

¿Cómo era la ciudad romana de Segóbriga?

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La población estaba rodeada de una muralla de 1300 metros de longitud, la cual constaba de tres puertas, una norte, otra este y otra oeste. Para hacer una idea de la distribución en Segóbriga, de la puerta norte salía una calle dirección norte-sur, el kardo maximus. Esta era la principal vía de la ciudad, desde la que emergían calles perpendiculares en sentido este-oeste o decumani. A ambos lados de la vía de entrada a la puerta principal de la ciudad, se construyeron dos de los edificios más representativos: el teatro y el anfiteatro.

El teatro se inauguró hacia el año 79 d.C., en tiempos de Vespasiano y Tito. Se conserva muy bien su graderío o cavea, el cual se dividía en tres zonas separadas con corredores para diferenciar las diferentes clases sociales. La zona inferior mantiene la orchestra y el tablado o proscaenium, que era la madera existente sobre los pilares de piedra. Estaba decorado con hermosas esculturas y columnas que le conferían un elegante y monumental aspecto.

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El anfiteatro se levantó en la misma época que el teatro. Fueron utilizados hasta el siglo III d.C., ya que en el IV d.C. se les confirió un uso agrario. El edificio mide 75 metros de largo, albergando capacidad para 5.500 espectadores. Su arena poseía 1100 metros cuadrados, estando separada de las gradas por un alto pódium, el cual otorgaba mayor seguridad a los asistentes. En los extremos se ubicaban las carceres, es decir, las habitaciones destinadas a las fieras que participaban en los espectáculos.

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Tras cruzar imaginariamente lo que en su día fue la puerta principal del yacimiento, nos desplazamos a la izquierda para observar el critopórtico del foro. Se trata de una estructura bajo tierra que sostenía el pórtico norte del foro. Se pueden contemplar todavía los basamentos que lo sustentaron.

Seguimos recto hasta dar a parar con las termas del teatro, construidas a finales del siglo I a.C. Se hallaba en el decumanus maximus, principal vía de recorrido este-oeste, donde se accedía al recinto a través de una escalera.

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Respecto con el foro o plaza pública de Segobriga, el centro social y político de la época, en el año 15 a.C. ya estaba realizado. El centro del espacio lo presidía un monumento del que casi no quedan restos. Importantes personalidades colocaban estatuas sobre pedestales en el pavimento y los pórticos, conservándose todavía algunas de ellas. Rodeando la plaza había pórticos laterales, sostenidos por bellas columnas. Al sur se hallaba la Curia y las tabernae. Al este se accedía a la basílica, espacio donde se realizaban las transacciones comerciales más importantes y donde se administraba justicia. Construida al mismo tiempo que el foro, se trata de uno de los edificios más grandes de la localidad, pues constaba de tres naves separadas por filas de columnas.

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Al otro lado del kardo maximus, frente al foro, nos encontramos el aula basilical. Se accedía desde esta importante vía mediante una escalinata ya desaparecida. En época de Vespasiano (69-79 d.C.) se alzó esta gran construcción dedicada a los negocios del conocido mineral lapis specularis. A espaldas del aula basilical hallamos las termas monumentales. Estos espacios públicos destinados al baño se comenzaron a usar en el último tercio del siglo I d.C. De disposición lineal, se utilizaban como lugares de ocio, encuentro y negocios.

Giramos a la derecha para llegar a la vivienda de Caio Iulio Silvano, importante personalidad de la ciudad que levantó su casa a principios del siglo III. Se conocen, a día de hoy, tres estancias del inmueble. La más conocida, sin duda, es la que alberga el mosaico geométrico. Se descubrió en una campaña de excavaciones en 1998. Está realizado con teselas negras y blancas, siendo una réplica del original, que se encuentra en el centro de interpretación. También es conocida como la Casa del Procurador Minero.

Muy cerca nos acercamos a la ermita de la Virgen de los Remedios.

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Otro punto importante de la ciudad son los restos del antiguo circo, edificio destinado a los espectáculos. Se levantó en el siglo II y era el lugar usado para realizar las carreras de carros. Para construir el circo se tuvo que desmantelar una necrópolis de incineración, de la cual se encontraron objetos como la estela funeraria de la escalva Iucunda.

Siguiendo por esta zona aterrizamos en la basílica visigoda, uno de los edificios más famosos de todo el parque arqueológico, ya que fue el primero en ser excavado. Se levantó a finales del siglo IV o principios del siglo V, sufriendo posteriormente varias modificaciones. Hablamos de un templo con tres naves divididas por diez columnas en ambos lados, con crucero central y ábside de planta de herradura.

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MEDINA AZAHARA: ruta parques arqueológicos de España

24 julio, 2018 at 20:32

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Medina Azahara, castellanización del nombre en árabe Madinat al-Zahra (“la ciudad brillante”), fue construida en las faldas de la serranía cordobesa (en el Chabdál al-Arus o “Monte de la Novia”), un lugar privilegiado en el valle del Guadalquivir a los pies de Sierra Morena.

Se trata de uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de España, que fue mandado construir por el primer Califa cordobés, Abderramán III (Abd al-Rahman III, al-Nasir).

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El yacimiento arqueológico de Medina Azahara está declarado Bien de interés cultural en la categoría de monumento y Patrimonio de la Humanidad, colocando a España en el tercer lugar entre los países con más Patrimonios de la Humanidad del mundo, sólo detrás de China e Italia.

Medina Azahara fue concebida como la nueva sede del gobierno del califato y como lugar de residencia del Califa. Pero no fue solo un palacio, sino una auténtica ciudad dotada de una compleja organización urbanística en cuyo interior se desarrollaba la administración civil y militar del nuevo estado.

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Sin embargo, para comprender la importancia de Medina Azahara hay que entender que, aunque se trata en esencia de un yacimiento arqueológico, desde un punto de vista artístico se trata de uno de los complejos monumentales más originales dentro de la arquitectura hispanomusulmana y del arte islámico en general. Esto se debe a que ni su estructura ni su ornamentación han sido alteradas con modificaciones posteriores, de modo que los restos exhumados por las excavaciones nos permiten tener una idea muy aproximada a la forma que tuvo en su época.

Origen e Historia de Medina Azahara

Su construcción, iniciada en el año 936, se debe al primer califa de Al-Andalus, Abderramán III. En el año 1010 fue saqueada e incendiada durante la guerra civil que desmembró al califato en los reinos de taifas.

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Los principales motivos de su construcción son de índole político-ideológica: la dignidad de califa exige la fundación de una nueva ciudad, símbolo de su poder, a imitación de otros califatos orientales y sobre todo, para mostrar su superioridad sobre sus grandes enemigos, los fatimíes de Ifriqiya, la zona norte del continente africano. Además de oponentes políticos, lo eran también en lo religioso, ya que los fatimíes, chiíes, eran enemigos de los omeyas, mayoritariamente de la rama islámica suní.

De esta manera, en el año 929 se autoproclamaba máximo dirigente político y religioso del Islam como sucesor del profeta Mahoma y príncipe de los creyentes y, como tal, le correspondía gobernar y habitar en una edificación monumental que correspondiera con la grandeza y simbolismo de su dignidad.

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La cultura popular también dice que fue edificada como homenaje a la mujer favorita del califa: Azahara.

La arquitectura y características del complejo

A pesar de su corta vida, Medina Azahara como metrópoli fue el máximo exponente arquitectónico y artístico de la dinastía omeya. Un particular Versalles, célebre en su época, de salones y preciosas columnas de mármoles rojos, capiteles labrados con detalle, oro y piedras preciosas. Con una extensión de 112 hectáreas, la ciudad se construyó sobre tres niveles de terrazas escalonadas aprovechando la pendiente natural de su ubicación e integrándose perfectamente en el paisaje. Había diversas zonas residenciales y oficiales, una mezquita propia y áreas de descanso y recreo.

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Medina Azahara ya poseía a mediados del siglo X una red de agua corriente que abastecía a todos sus edificios y a sus insignes habitantes, 25.000 «almas» que eran la élite de la ciudad de Córdoba, enclave que entonces contaba con más de 500.000 habitantes, mientras que París tenía 50.000 y en Londres solo vivían 12.000 personas.

Córdoba y su ciudad palacio «Medina Azahara» eran el lugar más importante del mundo en aquel momento, destino privilegiado de «peregrinación» de cerebros y hombres cultos venidos de otros países, que pasaban por Medina Azahara e incluso se instalaban allí, contratados por el califa. Científicos, músicos, astrónomos, filósofos y matemáticos cuyo trabajo fue clave para la posterior aparición del Renacimiento cinco siglos más tarde, disfrutaron de los lujos y comodidades de una ciudad palacio sin igual.

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El esplendor del reinado del califa «pelirrojo» no tuvo igual; curiosamente, Abderramán III era descendiente de los Omeya, pero con abuela paterna navarra y madre cristiana.

Las guerras intestinas de Al-Andalus redujeron a Medina Azahara a ruinas solo setenta años después de su fundación. Y la ciudad-palacio permaneció abandonada, sirviendo de cantera extraoficial para muchos de los patios y edificios cordobeses. Pese al hecho de que por el momento se ha excavado y reformado únicamente un 10 por ciento de sus vestigios, su singularidad y atractivo hacen de esta emblemática ciudad palacio un lugar con magia que, abandonado a su suerte durante siglos, vuelve ahora a protagonizar la cultura mundial.

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Cómo visitar Medina Azahara

Pese a su singularidad y belleza, el yacimiento de Medina Azahara ha permanecido desconocido para el gran público. Al menos, si comparamos sus 181.000 visitantes en el 2016 con las cifras de, por ejemplo, la Alhambra en Granada (más de dos millones, anualmente) o la propia Mezquita de Córdoba (1,8 millones de personas).

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Para llegar al yacimiento hay que desplazarse seis kilómetros desde la ciudad de Córdoba. El traslado se puede hacer con algún tour guiado o por libre. Si se opta por esta opción, mejor con vehículo propio, pues la alternativa son unos autobuses turísticos que salen del centro de martes a domingo con una frecuencia de salidas muy reducida.

Una vez llegados al recinto, el acceso a Medina Azahara es gratuito para ciudadanos europeos. Para el resto, el precio de la entrada es de 1,5 euros. La visita comienza en el museo diseñado por Nieto Sobejano y premiado con diferentes galardones en el mundo de la arquitectura.

Historia de Al-Andalus

Al-Andalus fue una civilización que irradió una personalidad propia tanto para Occidente como para Oriente. Situada en tierra de encuentros, de cruces culturales y fecundos mestizajes, al-Andalus fue olvidada, después de su esplendor, tanto por Europa como por el universo musulmán, como una bella leyenda que no hubiera pertenecido a ninguno de los dos mundos. Esta civilización tuvo ocho siglos de existencia.

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Los árabes musulmanes, alentados por la idea de la “guerra santa”, iniciaron en el siglo VII una fulgurante expansión por el Oriente Medio y el norte de África, llegando hasta las costas del océano Atlántico.

Aprovechando la crisis interna del reino visigodo, envuelto en una de sus constantes luchas internas por el poder monárquico, tropas musulmanas, compuestas por árabes y beréberes, cruzaron el estrecho de Gibraltar en el año 711 iniciando la conquista de la península ibérica.

Tras la invasión musulmana, la mayor parte de la península ibérica se convirtió en una nueva provincia del califato islámico (imperio musulmán), Al-Andalus. Al frente de este territorio se colocó a un Emir o gobernador que actuaba como delegado del Califa musulmán, por entonces perteneciente a la dinastía Omeya, con capital en ciudad de Damasco.

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Abd-al-Rahman I (756-788) fijó su capital en la ciudad de Córdoba e inició la tarea de construcción de un estado independiente en Al Andalus.

Un importante paso en el fortalecimiento de Al-Andalus se dio en el año 929, cuando el emir Abd-al-Rahman III (912-961) decidió proclamarse Califa, cargo en el que confluían el poder político y el religioso.

El Califa residía en el alcázar de Córdoba, situado junto a la gran mezquita. Unos años después de su autoproclamación, Abd-al-Rahman III ordenó construir, al oeste de la capital, la impresionante ciudad-palacio de Madinat al-Zahra, convertida en residencia califal y en el centro del poder político de Al-Andalus.

En las últimas décadas del siglo X, Almanzor se hizo con el poder efectivo en Al-Andalus; ejercía el cargo de hachib, una especie de primer ministro. Mientras tanto, el califa de la época, Hisham II (976-1009), vivía recluido en el palacio de Madinat al-Zahra sin ejercer en lo más mínimo el poder político.

Almanzor, que basó su poder en el Ejército, integrado sobre todo por soldados beréberes, organizó terroríficas campañas contra los cristianos del norte peninsular. Su muerte en año 1002 inició el proceso de descomposición política (fitna) que llevó al fin del Califato en el 1031.

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