SIERRA NEVADA: parques y reservas naturales

23 marzo, 2015 at 21:22

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El Parque Natural de Sierra Nevada se encuentra en el macizo de Sierra Nevada, compartido entre las provincias de Granada y Almería, en el sureste de España.

El Espacio Natural Sierra Nevada, integrado por el parque nacional y natural del mismo nombre, impresiona por ser un extenso macizo montañoso con un relieve compacto y por tener la cima más alta de la Península Ibérica, el Mulhacén con 3.479 metros.

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Un privilegiado territorio donde se encuentran las mayores riquezas en biodiversidad vegetal de toda Europa, ecosistemas únicos en el mundo y paisajes glaciales. 86.000 hectáreas protegidas con la máxima figura jurídica y ambiental.

Integrado en la cordillera Penibética se extiende desde el sudeste de Granada hasta el extremo occidental de Almería. Debido a su gran variedad paisajística y a poseer unos valores naturales exclusivos ha obtenido diversas figuras de protección. Además de ser Parque Natural y Parque Nacional, está reconocido internacionalmente como Reserva de la Biosfera.

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El Espacio Natural de Sierra Nevada, con los dos parques incluidos, se extiende por 60 municipios de las provincias de Granada y Almería, entre las que concentra casi la totalidad de la Alpujarra.

El macizo de Sierra Nevada representa, para la flora y vegetación, uno de los territorios con mayor importancia en el Mediterráneo occidental por la presencia de más de 2.100 taxones catalogados que se asocian en las 154 comunidades vegetales inventariadas hasta el momento.150 de ellas están amenazadas.

La climatología y la diferencia de altitudes han posibilitado que en su interior crezca un gran número de plantas, especialmente adaptadas a las difíciles condiciones. En la alta montaña, como en el Veleta o en el Tajo de los Machos, al refugio de roquedos y entre las grietas naturales de la roca, se puede disfrutar de la identificación de especies exclusivas como la violeta de Sierra Nevada o la estrella de las nieves.

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A esta altitud también se localizan hermosos valles de origen glaciar como el de Siete Lagunas.

Sierra Nevada es la última gran muralla natural del sur de Europa. Se alza majestuosa trazando una línea agreste con mirada al mar desde 1.000 a 3.481 metros de altitud, en los que se esconden los más variados paisajes, cada uno de ellos propio del piso bioclimático en el que se encuentra.

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A media altitud dominan el paisaje los bosques de hoja caduca compuesto por robles melojos, arces, cerezos silvestres y castaños. Estos bosques cambian la fisonomía del paisaje a lo largo de las estaciones; durante el otoño comienzan a perder las hojas y son los colores ocres los que predominan; sin embargo, con la llegada de la primavera y el resurgir de los nuevos brotes, se instalan los verdes intensos. Ya en los pisos más bajos se encuentran encinares como los Montenegro y, por último, el bosque de ribera que acompaña el cauce de los ríos.

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Esta variedad vegetal y climática determina una gran riqueza fáunica. En la alta montaña se contempla el vuelo del acentor alpino, los roqueros solitarios o las chovas piquirrojas. Permaneciendo en silencio, entre las sombras del bosque de ribera, es posible que aparezcan el mirlo acuático, la oropéndola o el llamativo martín pescador. La majestuosa águila real, en cualquier momento, también puede surcar estos cielos.

Al abrigo de la masa boscosa y del espeso matorral vive una amplia comunidad de mamíferos como el jabalí, el zorro, el tejón o la jineta. De entre todos ellos, sin duda, es la cabra montés, muy extendida por estas cordilleras, la que se puede contemplar desde el Valle del río Dílar o del barranco del Poqueira ascendiendo por las laderas y en lo alto de los roquedos.

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Tartessos, fenicios, griegos, cartagineses y romanos poblaron estos entornos, pero sin duda, fueron los árabes los que dejaron un importante legado, que aún perdura en la arquitectura y los sistemas de regadío, como las acequias.

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Respecto a la arquitectura, son llamativos los pueblos de la Alpujarra, caracterizados por sus casas blancas situadas en las laderas de las montañas, ventanas de pequeño tamaño, tejados planos, esbeltas chimeneas y porches denominados tinaos que cubren de lado a lado la calzada.

Muy importante es la industria turística que se ha desarrollado en torno a esta zona. Los aficionados al esquí, el montañismo, la pesca o el senderismo encuentran aquí un adecuado lugar de ocio donde disfrutar en vacaciones. Destaca la estación de esquí y montaña de Sierra Nevada, como parte esencial de la oferta turística de Andalucía y referente internacional del turismo de nieve.

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Las Alpujarras

La Alpujarra o Alpujarras, como muchos gustan de decir, haciendo referencia a que están ubicadas en las provincias de Granada y Almería, es una de las comarcas andaluzas con mayor personalidad, la cual, en los últimos años, ha ido aumentando vertiginosamente en interés turístico.

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La Alpujarra granadina nos asoma a impresionantes paisajes, entre almendros, viñedos y bancales.

Algo que impresiona a todo viajero que llega a esta comarca es la arquitectura de sus pueblos, sobre todo la de los enclavados en el Barranco del Poqueira. Son pueblos de calles estrechas, torcidas, empinadas y adaptadas a posibles nevadas, con la característica de la privatización del espacio público.

Los terraos (tejados planos), están hechos con losas de piedra dispuestas horizontalmente sobre vigas de madera y cubiertas de launa, una arcilla abundante en la comarca que impermeabilizan el tejado. En estos terraos se pueden ver, en los meses de otoño e invierno, mazorcas de maíz y ristras de pimientos.

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También destacan los «tinaos», terrazas particulares llenas de flores que invaden el espacio público, siendo los más famosos los de Pampaneira.

Otro aspecto original de la arquitectura de estos pueblos es el de las chimeneas, las cuales son de estructura cilíndrica y tienen que funcionar gran parte del año.

El mirador el Balcón de la Alpujarra, formado por los pueblos blancos de Cañar, Soportújar y Carataunas, así como el Barranco de Poqueira, con las localidades de Pampaneira, Bubión y Capileira son visita obligada en esta comarca.

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Un elemento a destacar es la artesanía alpujarreña, que se pueda considerar clara heredera de su origen morisco. Lo más importante y que conserva mayor tradición es la confección de tejidos. En los últimos años se han instalado en la comarca numerosos talleres de artesanía que, además de los telares, han relanzado la cerámica e incluso la orfebrería. Esto ha hecho que numerosos artistas y artesanos, junto a músicos, pintores y poetas hayan escogido La Alpujarra como lugar de residencia.

La gastronomía en la Alpujarra destaca por sus carnes y embutidos, especialmente el jamón de Trévelez, municipio más alto de España, pero tambien por su repostería de tradición morisca.

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CASTILLO DE LA CALAHORRA: ruta de castillos medievales

14 mayo, 2021 at 10:03

El castillo de La Calahorra (Granada), levantado sobre la única colina que al pie de Sierra Nevada domina el extenso llano del Marquesado del Zenete, es uno de los monumentos más simbólicos del turismo andaluz.

El castillo de La Calahorra constituyó una revolución en la arquitectura española de su época, al ser la primera obra edificada en la Península Ibérica en estilo renacentista.

Su imponente presencia encima de la propia localidad de La Calahorra hace justicia con su importancia en la historia, no sólo a nivel local y regional, sino a nivel nacional, siendo testigo de alguno de los episodios históricos más relevantes y memorables desde su construcción en 1512.

El castillo fue mandado construir por don Rodrigo de Vivar y Mendoza, conde del Cid. Vivar recibió este marquesado del Zenete (como los árabes llamaban a la comarca) y sus ocho pueblos de los Reyes Católicos en agradecimiento por su ayuda en la toma de Granada en 1492. Esta fortaleza-palacio sirvió como ubicación clave para su que, aprovechando La Calahorra como localización estratégica para la conexión entre Almería y Granada, y como puerta que inicia la ascensión hacia el puerto de La Ragua que comunica con La Alpujarra.

En la actualidad el castillo de La Calahorra está en desuso, pero en buen estado de conservación.

Declarado Monumento Nacional, pertenece actualmente a la Casa del duque del Infantado y se encuentra en un incomprensible estado de abandono, pero en buen estado de conservación. Aunque es de propiedad privada, su interior se puede visitar, no sin dificultad. Para consultar sus horarios de visita se aconseja contactar directamente con el ayuntamiento de La Calahorra o con el teléfono de nuestra oficina de turismo.

Origen e historia del castillo de La Calahorra

En 1490, conceden el título de señorío de estas tierras al Cardenal Mendoza, que más tarde sería el Marquesado del Zenete. Este presente la fue otorgado como premio a los servicios que el Cardenal prestó a los Reyes Católicos.

El Cardenal Mendoza, en su búsqueda de prestigio y reconocimiento, trató de establecer una línea de sucesión entre Rodrigo Díaz de Vivar, “El Cid Campeador”, héroe de leyenda conocido por todos, y su vástago. En este intento de manipulación heráldica, el cardenal llamó a su hijo Rodrigo Díaz de Vivar, además de heredar éste el condado del Cid, situado en Jadraque, Guadalajara.

Tal era el poder del Cardenal y la gallardía demostrada por él en tiempos de guerra, que incluso la Reina Isabel, fiel creyente de la ortodoxia matrimonial cristiana, perdonó sus constantes devaneos amorosos, además de pasar por alto que tenía un hijo.

Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, primogénito del Cardenal, heredó el título del Marquesado, siendo el primer señor de estas tierras.

El Castillo-Palacio de La Calahorra es fruto del peculiar carácter del Marqués. Éste, además de tener fama de violento, era un tanto mujeriego. Al enviudar de su mujer, quedó prendado de una joven de quince años, a quién raptó y forzó para que se casase con él. Con la vehemencia habitual del Marqués, mandó construir el Castillo, como regalo a su joven esposa. Su hija fue Mencía de Mendoza, sucedió a su padre a la edad de 14 años como Marquesa del Zenete.

El Castillo fue construido entre los años 1509 y 1512 sobre las ruinas de una fortaleza árabe como prueba de la conquista del imperio Nazarí.

Desconociéndose en la actualidad la traza original del edificio, la dirección de obras se encarga en un principio al arquitecto segoviano Lorenzo Vázquez que, por desavenencias con el marqués del Zenete, se traslada al genovés Michele Carlone. Este trabajaría primero en su taller de Génova, desde donde enviaría los mármoles de Carrara ya labrados al puerto de Almería, para posteriormente ejercer la dirección en el propio castillo para inspeccionar el montaje y el trabajo con materiales locales. La Calahorra es considerada la primera obra de envergadura en la que se documenta el trabajo de artistas italianos en España, si bien el diferente origen de los autores que labran sus piezas (lombardos, genoveses y carraresis), explica las diferencias estilísticas en la decoración del inmueble, que no obstante exhibe una sorprendente unidad a diferencia del paralelo ejemplo en el castillo de Vélez-Blanco.

Características del castillo de la Calahorra

Como ya hemos dicho anteriormente, el castillo-palacio de La Calahorra constituyó una revolución en la arquitectura española de su época, al ser la primera obra edificada en la Península Ibérica en estilo renacentista.

Este estilo por entonces ya se imponía en Italia y marcó el abandono de la estética gótica imperante en casi toda Europa. Fue construido en tan solo tres años, entre 1509 y 1512.

Su exterior muestra un edificio de planta rectangular, flanqueado en cada uno de sus ángulos por cuatro torres cilíndricas rematadas por cúpulas. Torres con base circular, y no cuadradas como era típico en la edad media. Para acceder al Castillo, tan solo se puede entrar por el muro Este, por una puerta de pequeñas dimensiones, que desemboca en la Sala de Guardias.

El macizo y austero exterior contrasta, sin embargo, con su magnífico y elegante patio interior renacentista de dos pisos, don doble galería de delicados arcos, bellas balaustradas de mármol de Carrara y una escalera claustral de gran valor artístico. Las espaciosas dependencias interiores están cubiertas con diversos artesonados.


MIRADOR DE SAN NICOLÁS: miradores con las vistas más espectaculares de España

25 febrero, 2015 at 21:05

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El Mirador de San Nicolás, situado en el barrio de Albaicín (Granada), nos regala una de las vistas más espectaculares que existen en España, un lugar dónde contemplar la Alhambra de Granada en todo su esplendor.

Cuando se disfruta de las vistas desde el Mirador de San Nicolás a la imponente ciudad amurallada que se construyó estratégicamente en lo alto de la colina de la Sabika, parece que el tiempo se detiene y que trasladas varios siglos atrás. Además, en los días despejados, también se puede ver desde el mirador la belleza de las montañas de Sierra Nevada como telón de fondo, ¡qué más se puede pedir!.

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El Mirador de San Nicolás es una pequeña plaza cercana a la iglesia de San Nicolás, considerada la más antigua de la zona, un tanto alternativa donde guitarras y bailes de flamenco, algún puesto de pulserillas, y gente que se lleva sus propias cervezas, hacen de esta plaza una especie de bar improvisado.

El mirador se encuentra en lo alto de uno de los barrios más pintorescos de España, el Albaicín, un barrio patrimonio de la humanidad donde perderse es fácil con su enrevesado entramado de calles con casas de color blanco.

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La mejor manera de llegar al Mirador de San Nicolás es sin duda alguna andando, dando un bonito paseo por las calles estrechas y empinadas del Albaicín, hay una buena cuesta, así que para los más perezosos o para personas de movilidad reducida hay una línea publica de bus que te lleva hasta una calle aledaña al mirador, la línea 31 y cuesta 1€.

Al atardecer es quizás cuando adquiere más magia, cuando la puesta de sol tiñe de tonos rojizos la muralla de la Alhambra y donde confluyen turistas y viajeros a contemplar la puesta de sol. Bill Clinton dijo, en su última visita a la ciudad, que desde aquí se puede contemplar “la puesta de sol más bella del mundo”.

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Durante el día la plaza es más bohemia, pero de noche se respira un ambiente sin igual. Si tienes suerte y el cielo está despejado, se ven con muchísima nitidez las estrellas. Es todo un privilegio combinar de un sólo vistazo la Alhambra iluminada de noche con un techo estrellado.

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Tras el mirador, el viajero puede recuperar fuerzas en las terrazas de varios restaurantes, especialmente si ha subido caminando por las cuestas del Albaicín.

Barrio de Albaicín

El Albaicín o Albaycín es el antiguo barrio árabe de Granada y declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1994.

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El Albaicín constituye un mundo aparte en el conjunto granadino. Esto se debe a la fuerte influencia musulmana. Fue en este lugar donde se erigió la primera corte musulmana en el siglo XI, la zirí.

Situado a una altitud de 700 a 800 m sobre el nivel del mar, el Albaicín es un típico barrio de origen musulmán, de calles estrechas y empinadas por las que perderse y descubrir auténticas joyas como los baños árabes, el convento de Santa Isabel la Real o la impresionante fachada de la Real Chancillería.

En el Albaicín abundan los cármenes, que son casas con jardín, típicamente granadinas y los torreones mudéjares. Los miradores de San Nicolás y San Cristóbal ofrecen magníficas vistas de Granada y la Alhambra. Aún se conservan restos de mezquitas, alminares, aljibes hispano-musulmanes y sobretodo un regusto muy andalusí y un sabor a vida cotidiana, bulliciosa y alegre.

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Este es un barrio para relajarse, para recorrer todas sus callejuelas y descubrir cosas que no vienen en guía alguna.

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ALBARRACÍN: pueblos medievales de España

11 mayo, 2015 at 20:16
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Fotografía de Antonio Garcia

Albarracín está considerado el pueblo medieval más bonito de España. Puerta de entrada a la sierra de Albarracín, se encuentra en el suroeste de la provincia de Teruel (Aragón) y cuenta con poco más de 1.000 habitantes.

Es una ciudad medieval que se encuentra sobre la colina de los Montes Universales y que está rodeada, por un lado por el río Guadalaviar y, por el otro por su recinto amurallado que termina en el castillo. Una situación estratégicamente inmejorable en cuanto a defensa, lo cual impulsó su importancia en el pasado.

La localidad es Monumento Nacional desde 1961; posee la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes de 1996, y se encuentra propuesta por la Unesco para ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la belleza e importancia de su patrimonio histórico.

Historia

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En la Edad de Hierro estuvo habitada por la tribu celta de los lobetanos. Se han encontrado importantes pinturas rupestres epipaleolíticas y neolíticas de estilo levantino, esquemático y semiesquemático en el pinar del rodeno.

Durante la época romana se llamó, al parecer, Lobetum, y en tiempos de los visigodos, Santa María de Oriente.

Durante el período andalusí, el clan bereber de los Banu Razin alcanzó el poder convirtiéndose en la dinastía soberana de la taifa de Albarracín. De este linaje procede el propio nombre de la población (al-Banu Razin: (la ciudad) de los hijos de Razín). De esta magnífica etapa se conservan dos importantes testimonios: la torre del Andador -situada en lo alto del recinto exterior- y el Castillo de Albarracín, que albergó la antigua alcazaba de los Banu Razin.

El pueblo

Lo que más sorprende es su peculiar arquitectura popular, el trazado de sus calles adaptadas a la difícil topografía del terreno, con escalinatas y pasadizos, y en el conjunto de su caserío de muros irregulares, de color rojizo, con entramado de madera, los bonitos soportales, los balcones…

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Si no las paredes, los aleros de los tejados prácticamente se tocan, en esa construcción típico de los pueblos que no tienen demasiado espacio y buscan resguardarse de las inclemencias del tiempo. Porque en Albarracín hace mucho frío en invierno: estamos en una de las zonas más frías de España. Eso sí, ver el pueblo nevado o asistir a una nevada en él es una de las imágenes más bonitas que podemos guardar en la memoria. A resguardarse del frío toca…

No te puedes perder coger la senda por el paseo fluvial que recorre el meandro del río Guadalaviar, y pasar por el puente colgante, y ver a continuación una pequeña noria que subía el agua a una acequia.

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También podemos disfrutar de abundantes monumentos, como la Iglesia de Santa Maria, la Catedral, el Palacio Episcopal y algunas mansiones señoriales, entre las que destaca la de los Monterde.

Además está la popular casa de la Julianeta, que parece salida de un pincel cubista por sus líneas deformadas, la casa de la calle Azagra, la plaza de la Comunidad, la Ermita de San Juan y la pequeña y evocadora Plaza Mayor.

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Ya llegando al final del pueblo, nos topamos con la Torre blanca, una de las torres defensivas de Albarracín. En su interior alberca un centro de exposiciones, para acceder hay unas escaleras exteriores con vistas al cementerio, así que no son actas para supersticiosos y personas con vértigo.

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Por supuesto, no te puedes perder, sin duda, visitar los bares, tascas y restaurantes en los que disfrutar de la gastronomía típica de la zona: ternasco de Aragón, estofado de ciervo, caldereta de cordero, conejo escabechado, migas con uva, farinetas, gachas, gazpacho de pastor, sopas de ajo, revuelto de setas, huevos con jamón, truchas al vino… ¡Imaginaos alguno de estos manjares para calmar el frío en invierno! Y para deleitarse en verano, claro, con una buena siesta después.

Recomendamos dejar el coche en alguno de los aparcamientos en la parte inferior del pueblo, pues es tarea casi imposible circular por sus callejuelas, y sólo apta para sus habitantes que conocen bien el entramado. Todo el pueblo tiene el suelo empedrado y con muchas cuestas.

Finalizado nuestro recorrido por el pueblo de Albarracín, si nos quedamos con ganas de más, a cuatro kilómetros tenemos el parking-merendero donde parten las pistas de senderismo para ver las diferentes pinturas rupestres en el Parque Cultural de Albarracín.

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El Castillo del Andador

Albarracín cuenta con un imponente cinto de murallas que culminan en el castillo del Andador. La parte antigua, la Ciudad, con sus casas colgadas sobre la hoz del río, es la más bonita. El Arrabal, es la otra parte, situada en la vega del Guadalaviar.

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Desde lo alto del castillo tenemos un estupendo mirador sobre el pueblo. También desde abajo son perfectamente visibles las murallas del siglo XIII que recorren gran parte de la montaña adaptándose a la irregularidad del terreno y envolviendo Albarracín.

El Castillo fue lugar de aposentamientos ya prehistóricos, y restos de cerámica indican que probablemente también los visigodos hubieran podido utilizarlo como residencia después de la invasión sobre los romanos. Fue a partir del siglo XI cuando cobrara relevancia de mano de los musulmanes.

En julio y agosto hay visitas guiadas en el Castillo, que actualmente está en proceso de restauración, que nos descubrirán sus rincones e historia.

Acueducto romano de Albarracín-Cella

El acueducto romano de Albarracín-Cella, datado en el siglo I d. C., probablemente sea la mayor obra de ingeniería romana conservada en la actualidad en Aragón y una de las obras hidráulicas más importantes en la península Ibérica.

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Es una obra un tanto insólita y misteriosa por cuanto no sabemos exactamente el uso que dicho acueducto tenía, pues poseía un elevado caudal de agua: parece que en un principio no abastecía a ningún gran núcleo habitado, sólo a un ciudad romana de pequeño tamaño que debía encontrarse bajo la actual Cella, si bien no hay restos arqueológicos que evidencien otras ciudades romanas en la zona ni núcleos habitados de importancia, por lo que se ha pensado que su uso, además de urbano, fuera eminentemente industrial o agrícola, aunque tampoco sabemos para qué actividad fue utilizado; se plantea la posibilidad de que sirviera para batanes, fraguas o molinos que estarían en la zona de Cella.

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El acueducto es visitable, en la actualidad, en ocho tramos que van desde Albarracín hasta Cella, pudiéndose hacer el recorrido en una dirección u otra.

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