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Cuevas con encanto: CUEVA DEL TESORO

14 febrero, 2020 at 14:17

La Cueva del Tesoro se encuentra a unos 15 kilómetros de la ciudad de Málaga, entre La Cala del Moral y el Rincón de la Victoria, en la conocida zona de El Cantal. Y es que los “cantales” son pequeños acantilados que se formaron en época jurásica y que se asoman al mar por esta parte de la costa mediterránea.

Esta cueva marina que constituye una joya geológicamente hablando, tiene el honor de ser una de las tres únicas cavidades de origen submarino que existen en el mundo, además de la única visitable en Europa. Las otras dos están en México y Asia.

La Cueva del Tesoro debe su nombre a una leyenda que la rodea sobre la existencia de un tesoro escondido en una de sus grutas durante la época árabe, leyenda recogida en los escritos del siglo XVII de Fray Antonio Agustín de Milla y Suazo. En ella se dice que el tesoro fue escondido por el emperador de los almorávides Tasufín ibn Alí en el siglo XII. Una historia que invita a los visitantes a «jugar» e ir a la búsqueda del tesoro.

La Cueva del Tesoro está catalogada por la Junta de Andalucía como Bien de Interés Cultural (BIC) en el año 2002.

El recorrido por sus profundidades modeladas por el agua y el paso de los siglos, de unos 2,5 kilómetros de longitud, comienza con una exposición sobre este espacio geológico y continúa por sus diferentes salas, como la de Marco Sacro, la del Águila o la del Volcán, que guardan pinturas rupestres, cerámicas del Neolítico, restos fenicios y árabes…

La cueva está abierta todos los días y el precio de su entrada ronda los 5 €. Consulta los horarios antes de ir. También se pueden combinar con la visita a la Casa Fuerte de Bezmiliana.

Un escenario natural tan singular acoge diferentes actividades a lo largo del año, como el Festival Internacional de Música de la Cueva del Tesoro, además ha servido de lugar de rodaje, como el de la serie de Netflix Warrior nun.

El interior de la Cueva del Tesoro

La Cueva del Tesoro (también denominada cuevas del Cantal) es la única gruta marina visitable en Europa y una de las tres de este tipo que hay conocidas en el mundo. Aunque está formada por varias grutas a las que se llama con distintos nombres, se trata de una misma formación subterránea con grutas interconectadas entre sí y unidas con el mar por los acantilados del Cantal. La aparente separación entre ellas se debe, por un lado, a cegamientos naturales provocados por el paso del tiempo y, por otro lado, a la existencia de inaccesibles galerías que no han sido descubiertas todavía.

En este lugar y en tiempos remotos existían materiales silíceos depositados en una zona de sedimentación. A su vez, sobre éstos se fueron sedimentando nuevas capas de cúmulos calizos. Esta combinación geológica comenzó a elevarse a causa de presiones subterráneas y, fruto de las corrientes marinas y el golpear de las olas, se constituyeron diversas oquedades y galerías que emergieron en los Cantales de la zona por la presión de los extremos de la plataforma de sedimentación.

De esta forma el mar constituyó galerías típicas de cuevas submarinas, con columnas y gargantas que son la base de la Cueva del Tesoro. Más tarde, una vez emergida la zona sobre el nivel del mar, filtraciones de agua dulce fueron constituyendo formaciones de estalactitas y estalagmitas, propias de cuevas de origen terrestre y de la erosión por agua dulce. De este modo quedó conformada la actual Cueva del Tesoro, con unos 500 metros de galerías y una zona de lagos.

A la entrada de la Cueva existe una exposición y Salas de Interpretación del entorno geológico y natural del paraje, así como de los restos hallados que han podido conservarse. Y es que la Cueva conservaba en su interior grandes tesoros, unos reales ya descubiertos, y tal vez otros por descubrir. Entre los primeros, algunas pinturas rupestres, que residían en zonas no accesibles al público. También fueron encontradas cerámicas del Neolítico “de las Cuevas”, una punta de flecha del Solutrense, puntas de silex, hachuelas, buriles, lascas, cuchillos pulimentados, pulseras, punzones y arpones óseos, restos fenicios y árabes…

La leyenda del Tesoro Escondido

Durante los últimos siglos esta cueva ha centrado la atención de propios y extraños la leyenda del impresionante tesoro escondido en el siglo XII por árabes que llegaron huyendo de las revueltas de su tierra. Es aquí donde difieren las leyendas, pero sólo en la autoría: unas establecen que fueron cinco reyes moros los que arrumbaron a nuestras costas cargados de enormes riquezas, que pusieron a salvo escondiéndolas en la Cueva del Tesoro; otras versiones señalan que fue el emperador de los almorávides Tasufín Ibn Alí el poseedor del tesoro.

Este “El Dorado rinconero” incitó desde el siglo XVII el inicio conocido de partidas de descubridores, que alteraron las condiciones en las que se encontraba la Cueva. No obstante, estas alteraciones se realizaban sobre otras anteriores, que permitían alimentar aún más, si cabe, la creencia de que tales modificaciones tuvieron por objeto la ocultación del gran tesoro. Cuando en el siglo XVIII aparecieron en la Cueva una serie de granates (grupo de silicatos que han sido usados desde la edad de bronce como piedra preciosa), pocas dudas quedaron que las leyendas sobre el tesoro eran ciertas.

La primera persona que dedicó, literalmente, la vida al descubrimiento fue un suizo, Antonio de la Nari, en la primera mitad del siglo XIX. Él abrió galerías y un pozo (conocido como el “Pozo del Suizo”) mediante barrenos. Esta técnica exploratoria fue la que le costó la vida en 1847, cuando le alcanzó la que inevitablemente sería la última explosión provocada por él. El recuerdo de Antonio de la Nari perduró en el tiempo hasta el punto en que, durante décadas, a la Cueva se la conoció como la “Cueva del Suizo”.

Pero sería D. Manuel Laza Palacio quien realizaría el más profundo estudio de esta Cueva, que era de su propiedad, durante casi cuatro décadas y hasta su fallecimiento en 1988. Durante su trabajo aparecieron en las cercanías 6 monedas almorávides de oro de los tiempos de Yusuf Ibn Tasufín. Este descubrimiento no hizo sino avivar la creencia de que en algún punto, aún por descubrir, se encuentra esperando el inmenso tesoro escondido.


CABO TIÑOSO: atardeceres de ensueño

7 febrero, 2020 at 14:38

Cabo Tiñoso, situado en el espacio natural de la Sierra de la Muela (Murcia), es uno de los últimos espacios vírgenes de la costa mediterránea española. Se alza en un extremo de la región, marcando la frontera entre el turístico golfo de Mazarrón y los espacios naturales protegidos que rodean Cartagena.

Una batería costera protege el cabo, sobre el que se alza un faro. A su alrededor todo es naturaleza. Un conjunto de senderos señalizados comunican las diferentes alturas del cabo hasta las calas solitarias que quedan a sus pies. El cabo forma parte del Parque Natural de la Sierra de la Muela donde los montes alcanzan hasta los quinientos metros de altitud y los bosques de pinos tapizan con sus copas verdes los acantilados y los precipicios que cortan en seco la tierra frente al rompeolas de la mar.

Una zona acostumbrada a la fuerza del viento y expuesta al capricho del sol donde los atardeceres son simplemente espectaculares.

Aunque el relieve de Cabo Tiñoso es árido y seco (la cantidad de lluvia recogida es inferior a los 200 milímetros anuales), viven hasta 400 tipos de plantas distintos y sobrevuelan a diario decenas de rapaces como el halcón peregrino o el búho real. Cabo Tiñoso ha sido catalogado como Parque Regional, Zona Especial de Protección de Aves (ZEPA) y Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). Es más, en el año 2018, Cabo Tiñoso alcanzó el nivel de protección de Reserva Marina de interés pesquero por la más que evidente riqueza y biodiversidad de sus fondos marinos.

Sus profundidades atraen anualmente a centenares de expertos buceadores y sus paredes submarinas, hábitat de peces luna, atractivos nudibranquios y espetones, son consideradas de las mejores de la región levantina. De hecho, esta franja de costa española es una de las preferidas por los amantes del mundo subacuático para iniciarse en la actividad, de ahí que existan numerosas escuelas y centros de buceo especializados. Como curiosidad adicional, en esta zona costera, vive una de las últimas comunidades de delfín mular del Mediterráneo.

Pero si hay una particularidad inherente a Cabo Tiñoso esa es la silueta de sus inconfundibles baterías militares, construidas como parte del Plan de Defensa de 1912 y disueltas en 1993 tras un giro en el planteamiento de defensa español. Son tres: La batería de Atalayón, la batería del Jorel y la batería de Castillitos, siendo, ésta última, la que más interés despierta entre los visitantes por parecer una especie de parque temático con su fachada de estilo medieval, sus torres, sus almacenes de pólvora, sus cañones y sus fosos. Un imprescindible de la región murciana.

Además de las baterías militares, en Cabo Tiñoso existen dos importantes edificios adicionales. De un lado, su faro, levantado en una meseta a media altura con el propósito de resguardar sus ventanas de los fuertes vendavales que con frecuencia azotan el lugar. De otro, la conocida como Torre de Santa Elena, alzada en el siglo XVI como parte del sistema de protección costera.

Respecto a sus playas, salvo la playa urbana de La Azohía, las calas y playas de Cabo Tiñoso son zonas de baño aisladas a las que únicamente se puede llegar mediante senderos desprotegidos de sombra. Entre las más destacadas están Cala Salitrona, accesible por un corto sendero –GR 92– desde el área de Los Castillitos, la preciosa Pozo de la avispa, situada a pocos metros de la anterior sin dejar el sendero y Cala Cerrada, considerada, muy acertadamente, un puerto natural. Si bien estas calas son las más célebres, la red de senderos que recorre el espacio protegido sorprende al caminante con tesoros solitarios –a veces sin nombre– de arena blanca y aguas cristalinas que ofrecen unas privilegiadas vistas del cabo.

Historia de Cabo Tiñoso

Sus atractivas calas, playas naturales e imponentes zonas escarpadas tienen su origen en las rocas calizas y dolomitas datadas en el periodo Triásico. Sus paredes de roca pueden alcanzar hasta los 200 metros sobre el nivel del mar. En el caso de Cabo Tiñoso se confirma la máxima de todos los salientes que se introducen en el mar: donde hay un cabo, sus aguas guardan grandes profundidades. Y así es. En Cabo Tiñoso los buceadores encuentran espectaculares fondos y cañones marinos ideales como criadero de peces.

No en vano y desde tiempos remotos, la punta de La Azohía ha sido lugar idóneo para colocar la tradicional almadraba. Cuyo objetivo no era otro que capturar de la manera más sostenible los bonitos, melvas, lechas y atunes que por allí pasaban.

Cabo Tiñoso es un lugar estratégico utilizado desde tiempos antiguos para controlar a los «visitantes» que aparecían allende el mar. Como testigo única tenemos la torre de Santa Elena «protectora de los cristianos» en La Azohía. Decimos «única» porque es la última que queda en pie con sus peculiares características.

Esta zona, con sus grutas y cuevas, fue refugio de bandidos, piratas y contrabandistas.

Cueva de la Virgen

La Cueva de la Virgen, situada en Cala Aguilar, con una grandiosa entrada a 12 metros de profundidad y acceso fácil a una gran bóveda con comunicación con superficie y luz natural que la convierte en una maravilla digna de ser visitada.

La Cueva de la Virgen (también denominada “Cueva de Neptuno”), se llama así por encontrarse en su entrada la figura de una virgen.

Se encuentra formada por calizas tableadas azules, y está formada como consecuencia de una importante fractura y los cabalgamientos de materiales que se han producido.

La cavidad es una única sala de grandes proporciones, con una fuerte pendiente, de 33m por 30m de ancho y 10m de profundidad máxima.

Posee dos entradas de acceso, la primera en la parte superior de la sala, creada como consecuencia del hundimiento de parte del techo de la bóveda. La segunda es submarina y se encuentra a 12m de profundidad y una galería de 40m que accede al lago de la sala.

Como característica de esta cavidad diremos que el lago de la sala es de agua salobre, producido por una emisión de agua dulce, procedente de una surgencia, que se mezcla con el agua salada del lago. En épocas de calma es posible diferenciar el agua dulce de la salada, también apreciable por los cambios de temperatura que se producen en las zonas de distintas densidades de agua.

 


EL TURRÓN: productos auténticos de la tierra

31 enero, 2020 at 13:32

El turrón es un producto elaborado a base de almendras y azúcares cuyo origen se remonta a siglos y siglos atrás. Esta elaboración consiste en una masa dulce obtenida por la cocción de miel (o azúcares) a la que se incorporan almendras peladas y tostadas.

Podemos encontrarlo blando o duro. Con forma de tableta rectangular o de torta. Y es un clásico de la gastronomía navideña española, indispensable llegado el inverno. Esta tradición de dulce navideño viene ya reflejado en un libro de Francisco Martínez Montiño titulado “CONDUCHOS DE NAVIDAD”, que data de 1584. Su autor era el jefe de cocinas de Felipe II y en él se reflejaba ya la costumbre de comer turrón en las fechas navideñas ya en el siglo XVI. Probablemente, este dulce se consumía solo en Navidad debido a que su elevado precio impedía a la mayoría de familias españolas consumirlos con mayor asiduidad.

Este dulce consolidado en nuestro país desde hace siglos, verdadero patrimonio gastronómico, tiene mucha más historia de la que podemos pensar. El turrón es el dulce español más internacional que pueda existir.

A día de hoy, solo Francia, Italia, algunos países hispanos por influencia española y la propia España elaboran turrón, siendo nuestro país el líder indiscutible tanto en producción como en consumo.

Origen e Historia del Turrón

Cuentan los historiadores que en la Grecia Clásica se conocía un alimento muy nutritivo parecido al turrón, que estaba compuesto por miel, almendras, y otros frutos secos, y que se daba a los atletas helenos antes de participar en los juegos antiguos de la Olimpiada.

La mayoría de los científicos ubican el origen del turrón en la península arábiga, esta teoría se apoya en el tratado «De medicinis et cibis semplicibus» del siglo XI, escrito por un médico árabe, en el cual se habla del «turun». Los árabes trajeron este postre a las costas del Mediterráneo, en particular a España y a Italia.

La versión española del turrón nace en la provincia de Alicante alrededor del siglo XV, en época de Carlos V era un dulce famoso.

Datos históricos aseguran que el turrón ya existía en la Villa de Sexona (actual Jijona) en el siglo XVI.

Para otros historiadores, el nacimiento de este dulce navideño se produjo en el asedio a Barcelona, durante el reinado de Felipe IV (siglo XVII). Las autoridades de la capital catalana organizaron un concurso para encontrar un alimento que no se deteriorara rápidamente. El premio se lo llevó un confitero llamado Turrons, que presentó unas obleas hechas con almendras y miel.

El carismático jijonenco, Fernando Galiana, quien dedicó muchos años de su vida a los estudios del origen del turrón, establece que la palabra turrón procede de torrat, que era una mezcla de miel y frutos secos que se cocía directamente en el fuego para dar una masa consistente y fácil de manejar.

Hay otras ciudades como Toledo en las que también se tienen referencias históricas de la elaboración de turrón, a pesar de que Jijona se erige como la ciudad del turrón y documenta históricamente su origen.

A lo largo de mucho tiempo, sobre todo a finales del siglo XIX y principios del XX, otras muchas familias jijonencas se fueron a vender turrón en toda España (Madrid, Barcelona, Mahón, Málaga, Valencia, Oviedo, Bilbao, Figueres, Badalona, Tarragona…) con las dificultades que ello suponía para la época. Llegaban con los carritos cargados y trataban de vender todas sus mercancías para volver a Jijona con el sustento ganado.

Conforme el negocio iba prosperando, era bastante típico montar las tiendas de turrón en los portales de las casas céntricas de la ciudad. Hoy en día, todavía existen negocios centenarios que han mantenido la tradición de vender turrones y mazapanes en estos portalitos antiguos y casi derruidos, e incluso obtienen mayores ventas en ellos que en nuevas tiendas montadas a posteriori.

¿Cómo se fabrica el turrón artesano?

Hay que resaltar que el turrón es un producto muy natural, puesto que solamente lleva almendra tostada, miel pura de abeja, azúcar y clara de huevo. En un primer momento, el turrón se fabricaba sin azúcar, solo con miel pura de abeja, puesto que este alimento no estaba comercializado. Fue en el siglo XX cuando se introdujo en las formulaciones de manera más habitual sobre todo con el auge de esta industria en Cuba, donde muchos jijonencos montaron sus fábricas y donde este dulce típico navideño es muy popular, incluso en nuestros días durante la era Castro donde esas factorías tuvieron que cerrar.

En la elaboración del turrón también supuso un gran cambio todo lo que nos trajo la Revolución Industrial. El uso del vapor, de las calderas y de maquinaria supuso que definitivamente, durante el siglo XX este dulce típico se fabricara en grandes cantidades y llegara a todas las partes del mundo, sobre todo a Latinoamérica donde existe gran tradición por las similitudes culturales, la migración, el clima, etc. (aunque en Argentina, por ejemplo, se consume en verano, con calor, algo impensable en España).

No obstante, aunque su elaboración en gran medida ha pasado a industrias, el proceso mediante el que es producido apenas ha cambiado a lo largo del tiempo.

Tipos de Turrón

Además del más clásico turrón blando o de Jijona y turrón duro o de Alicante, en el mercado se encuentran otras variedades:

  • Turrón de Agramunt: a diferencia del duro más habitual, esta preparación incluye avellanas enteras en lugar de almendras, aunque a veces también puede añadirlas a la receta. Eso sí, solamente de la variedad marcona.
  • Turrón de yema tostada: tradicional en tierras catalanas, e inspirado por el sabor de la crema catalana, es el resultado del aprovechamiento de las yemas que quedaban para el deshecho al emplear las claras en los turrones duros.
  • Turrón de Cherta: básicamente este turrón es como el duro tradicional, solo que puede cambiar las almendras por las avellanas y siempre se presenta en formato circular, como una torta.

Y por supuesto los de sabores, que aunque generalmente no siguen recetas tradicionales y suelen ser en esencia bombones de cacao o mazapanes, son llamados también turrones. Así tenemos turrones de chocolate, turrones de coco, turrones de trufa, turrones de mazapán, turrones de fresas y nata, turrones de nata y nueces, turrones con fruta escarchada, turrones a la piedra o incluso turrones de pistacho. Por variedad no será.

Consejo Regulador de Jijona y Turrón de Alicante

El Consejo Regulador de Jijona y Turrón de Alicante es el fruto de años y años buscando la protección, defensa y reconocimiento de estos tesoros gastronómicos.

Este primer paso no sería total hasta que superados los años más duros de posguerra, en la primavera del 1950, un reglamento de este consejo regularía su actividad, alcance y actividades relacionadas con la vigilancia y protección de la marca y los sellos de garantía que comenzaron a ofrecer. El organismo pasaría por distintas etapas hasta convertirse en lo que es en la actualidad, una institución que agrupa a los productores que elaboran su turrón de acuerdo a la norma establecida y lo hacen en el término municipal de Jijona.


MOJÁCAR: los pueblos con más duende de Andalucía

24 enero, 2020 at 13:49

Mojácar es uno de los pueblos más bonitos de Andalucía. Situada sobre la cima de una montaña, al final de la sierra de Cabrera (Almería), esta localidad de pasado árabe y casas blancas típicamente andaluzas, ofrece vistas continuas al mar Mediterráneo.

Desde enero de 2013, Mojácar forma parte de la red Los pueblos más bonitos de España.

Se divide en dos zonas: Mojácar Pueblo y Mojácar Playa. La primera se corresponde con la ciudad antigua y puede presumir de tener todos los atractivos de los pueblos andaluces: casas blancas encaladas, laberintos de callejuelas estrechas y empinadas, macetas repletas de flores de colores vivos y un entorno natural que desprende olor a tomillo y romero.

Mojácar Pueblo se encuentra sobre una colina en las estribaciones de la Sierra Cabrera a unos 200 metros sobre el nivel del mar, sirviendo en los orígenes para defender a los ciudadanos contra los ataques provenientes del mar. Una vez dentro, las callejuelas son estrechas y están flanqueadas por balcones decorados con geranios de colores que contrastan con el blanco impoluto de las paredes encaladas.

Estamos quizás ante el pueblo más auténtico de la provincia de Almería y no es de extrañar que en los años sesenta un grupo de intelectuales y artistas, hechizados con la luz, la tranquilidad o la aparente detención en un remoto tiempo, hicieron de él su refugio y, en algunos casos, su última morada, ya que intelectuales como Frederick Mooney (Fritz), Win Wells, Henry Higgins, Paul Beckett. William Napier, etc., están enterrados en el cementerio de Mojácar.

Por otro lado, a siete kilómetros, Mojácar Playa es la zona costera más turística. Aquí encontrará todas las comodidades y ofertas de ocio que esté buscando como playas, chiringuitos, restaurantes y una amplia variedad de hoteles. Las playas de Mojácar son algunas de las más atractivas de Almería. De los 17 km de playas vírgenes y turísticas, a 7 km se les ha concedido la Bandera Azul, por lo que indudablemente merecen una visita, sobre todo si sabes que forman parte del magnífico Parque Natural Cabo de Gata.

Historia y Orígenes de Mojácar

Mojácar, cuyo nombre deriva de «Monxacar» que significa Monte Sagrado, posee una historia de mil años. Ha pasado por diferentes épocas y culturas, desde la Prehistoria hasta incluso el reinado árabe, y ha acogido a fenicios, celtas, griegos, y romanos.

En cuanto a la Reconquista Católica, Mojácar es protagonista de un episodio peculiar pero significativo. En 1488, cuando todas las ciudades de la región se habían rendido frente a la conquista de los Reyes Católicos, Alavez, el gobernante árabe de Mojácar, se negó a entregar la ciudad. Él decía que era tan español como los Reyes Católicos, y que nunca quiso participar en una guerra contra los cristianos. Además añadió que quería que los habitantes de Mojácar fueran tratados como hermanos y no como enemigos, permitiéndoles así cultivar las tierras y gobernar la ciudad. El rey Fernando y la reina Isabel estuvieron de acuerdo y aceptaron el compromiso de lealtad de Alavez y la ciudad siguió prosperando.

A principios del siglo XIX se descubrió que había plata en Mojácar y la ciudad vivió un período de bienestar económico que, desgraciadamente, no duró mucho tiempo. De hecho, a principios del siglo XX, las minas se cerraron y la ciudad sufrió guerras, sequías y enfermedades. Esta situación empeoró por la Guerra Civil y la posterior recesión, lo que derivó a una drástica caída de la población.

Más adelante, en los años sesenta, el alcalde de Mojácar ofreció tierras a aquellos que se comprometieran a restaurar la ciudad en ruinas. Para tener una idea de la situación del pueblo, sólo necesitas saber que, hasta entonces, Mojácar incluso carecía de agua corriente. Esta propuesta fue muy atractiva para artistas, intelectuales y periodistas de todas partes del mundo, que se habían enamorado de la ubicación de Mojácar y de su larga y rica historia.

Junto a la renovación de las casas y las calles de Mojácar Pueblo, se empezaron a construir nuevas zonas residenciales en la costa, dando lugar a la impresionante Mojácar Playa.

Hoy en día, Mojácar todavía conserva la atmósfera árabe, que se mezcla con la arquitectura moderna y contemporánea, proporcionando a la ciudad un ambiente único. Si quieres disfrutar de un salto en el tiempo y descubrir cómo vivían los habitantes de Mojácar en los primeros años del siglo XX, deberías de hacer una parada en el Museo Casa de la Canana.

El Indalo

En la Cueva de los Letreros, cerca de Vélez-Blanco, se encontró un hombre estilizado con un arco sobre su cabeza. Su nombre, Indalo, proviene de la palabra ibérica «Indal», que significa “dios protector y poderoso”.

Esta imagen se encuentra prácticamente en cualquier parte de Mojácar, pintado en las paredes o a la venta como recuerdo. Se creía que protegía a los habitantes de Mojácar de los malos espíritus (en este caso el Indalo representaría a un hombre con un arcoíris sobre su cabeza), así como un ídolo religioso (un cazador con un arco).

Cualquiera que sea la interpretación, el Indalo se ha convertido en un símbolo mundialmente conocido de Mojácar. La provincia de Almería lo ha establecido como su emblema.

¿Qué puedes ver en Mojácar?

En Mojácar hay lugares que no puedes perderte, dónde descubrirás numerosos secretos de la historia milenaria del pueblo.

  • La Fuente Mora. Esta fuente morisca fue donde el último gobernante árabe se entregó pacíficamente a los Reyes Católicos. Tómate tu tiempo para leer la placa conmemorativa situada encima de los doce chorros de agua. Junto a ella también se encuentra el moderno Centro de Arte Contemporáneo del Municipio, inaugurado en 2010.

  • Puerta de la Ciudad. La puerta original de la ciudad fue construida en el siglo XVI y está decorada con el emblema de la misma, un águila de dos cabezas.
  • El Ayuntamiento de Mojácar y la preciosa plaza colindante está llena de azulejos con el símbolo del Indalo por todas partes. En el centro, se encuentra un ficus benjamina centenario, traído por un emigrante de América.
  • La Plaza del Parterre cuenta con innumerables flores y fue utilizado como cementerio árabe.
  • Iglesia de Santa María. Situada cerca de la Plaza del Parterre, esta recuerda a una fortaleza por su estructura. En la plaza de enfrente tendrás la posibilidad de admirar la «Estatua de la Mojaquera», una escultura de mármol en honor a las mujeres de Mojácar, vestidas con las túnicas típicas, representando su papel como portadoras de agua.

  • Plaza Nueva y el Mirador. La plaza principal de Mojácar está siempre llena de turistas que toman copas en sus acogedores bares o que disfrutan de una impresionante puesta de sol desde el Mirador. Desde allí, podrás deleitarte con las vistas de las sierras de Cabrera, Bédar y Almagrera, así como de los pueblos cercanos y del río Aguas.
  • La Ermita de Nuestra Señora de los Dolores fue construida en el siglo XVI sobre una mezquita morisca. La ermita es hoy en día una propiedad privada que alberga una tienda de souvenir.
  • Barrio del Arrabal. Este fue un barrio judío del siglo XVII que se caracteriza por tener calles estrechas y colores vivos.

  • El Torrejón es un edificio renovado que acogía la casa de peaje, gracias a su proximidad a la puerta de la ciudad.

HACIENDA GUZMÁN: almazaras que merece la pena visitar

17 enero, 2020 at 13:54

La Hacienda Guzmán, cuyo primer propietario fue el hijo del mismísimo Cristóbal Colón, es un claro exponente de la hacienda barroca sevillana, dedicada al aceite de oliva. Se encuentra en La Rinconada, una población a solo 15 minutos de Sevilla.

Hacienda Guzmán proviene de una familia que ha dedicado su vida durante cuatro generaciones al aceite de oliva desde el siglo XVI.

La hacienda, con un magnífico edificio y 400 hectáreas de olivar, alberga el único museo de olivos vivos del mundo (con más de 150 variedades), una plantación 100% ecológica, un centro de investigación y una almazara. La almazara cuenta con diversos tipos de aceite que han obtenido distintos galardones internacionalmente.

Hacienda Guzmán actualmente realiza una doble labor. Por un lado, se dedica a la producción de aceite de oliva virgen extra y, por otro, lleva a cabo una importante tarea de divulgación y formación a través de la fundación Juan Ramón Guillén. Dicha entidad ha nacido para promocionar y fomentar el medio rural y defender el patrimonio de la cultura del olivar andaluz. De hecho, uno de sus objetivos es conseguir la inclusión como Patrimonio de la Humanidad UNESCO al Paisaje de la Olivar Andaluz.

No dudes en visitar su web para conocer sus tarifas y horarios de visita.

Origen e Historia de la Hacienda Guzmán

Ya en el siglo XVI, Hernando Colón (hijo del descubridor de América) producía aquí aceite que enviaba a las colonias españolas del Nuevo Mundo (a Cuba y La Española, ahora República Dominicana) con el beneplácito de Felipe II. El monarca pretendía crear cierta dependencia de la madre patria por lo que en América solo permitía el cultivo de olivos que produjesen aceitunas de mesa.

Aunque Hernando Colón fue su dueño más célebre, la familia que da nombre a la hacienda fue la que la conociera en sus años de mayor esplendor, entre los siglos XVIII y XIX, cuando llegó a ser uno de los mayores productores de aceite de oliva de todo el mundo.

A pesar de que hoy hablemos de oleoturismo, y de visitar una almazara en Sevilla como algo muy novedoso, ya el escritor romántico inglés del siglo XIX, Richard Ford, había mencionado en sus pasajes una excursión olivarera a la capital hispalense, visita de la que incluso hizo una ilustración de la hacienda, que se ha usado en algunos de sus embotellados.

En su día, la Hacienda Guzmán contaba con tres molinos de aceite, uno en cada una de sus torres. Aún se conserva desde hace 400 años uno de ellos, mantenido en perfecto estado, y que incluso se pone en funcionamiento una vez al año para garantizar su buena preservación. Destaca la viga de madera de caoba de 15 metros.

Es increíble contemplar un sistema tan rudimentario como eficaz, tan contrastado con las modernas técnicas empleadas hoy día.

Fuera de las torres observamos un patio de buganvillas en pendiente. Antaño se empleaba para amontonar la aceituna y que su propio peso comenzase la prensa. Era una primera extracción de muy mala calidad, a veces incluso podrido, que se usaba como aceite lampante (para las lámparas) para alumbrarse durante las labores en el molino.

Los aceites de la Hacienda Guzmán

La familia de aceites de Hacienda Guzmán, en solo 4 cosechas, ha logrado elevar a la categoría de lujo sus productos, los cuales reflejan las especiales condiciones del olivar, el clima y el terroir. Eso se percibe también en la producción limitada y en su cuidada presentación, envases opacos de 500 ml que permiten conservar perfectamente el aroma y el sabor.

En la actualidad producen cuatro variedades: arbequina, coupage, hojiblanca y manzanilla sevillana. Te puedes encontrar desde la suavidad y el frutado de la arbequina, los matices vegetales de tomate, hoja, hierba y alcachofa del hojiblanco, o la alta intensidad y amargor de la manzanilla, o si lo prefieres el Coupage, que combina la esencia de cada uno de nuestros productos en uno solo, obteniendo la mezcla perfecta del mejor Aceite de Oliva Virgen Extra.

El aceite más famoso de la hacienda es el de aceituna manzanilla. Su uso para elaborar aceite es algo muy original, ya que normalmente se comercializa solo como aceituna de mesa, ya que se puede extraer muy poco zumo de ellas. Sin embargo, han comprobado que, si el buen perfume viene en frasco pequeño, el AOVE no iba a ser menos, y han conseguido un aceite de manzanilla muy picante y con muchísima personalidad.

La recolección en la Hacienda Guzmán se hace “en verde”, es decir, cuando la aceituna aún no está lo suficientemente madura. Esto es así porque, a pesar de que a extracción es mucho menor, el oro líquido conseguido es de la mejor calidad.

Para conseguir un fruto superior se hace una triple selección: en parcelas, en el árbol, y en la cinta de la almazara.

En Hacienda Guzmán toda la recolección es 100% manual, durante tres meses. No se varea ni se usa ningún tipo de vibración, para maltratar la aceituna lo menos posible.

La visita a Hacienda Guzmán

La mejor forma de acercarse al mundo del aceite y conocer esta joya histórica es dejándose tentar por una Experiencia HG. El paso del tiempo ha dejado reminiscencias fáciles de adivinar al recorrer la propiedad, como sus jardines andalusíes donde una alberca recoge el agua que regará granados, naranjos y limoneros. Igual de interesante es la olivoteca, donde se encuentran  variedades de olivos de todo el mundo; la almazara, donde se puede observar el proceso de extracción de aceite, desde que se introducen las aceitunas para separarlas de las hojas y lavarlas, hasta que sale este elixir por el grifo; el Museo de Carruajes, una colección privada de coches y carruajes originales de los siglos XVII, XVIII y XIX; las caballerizas, con caballos de pura raza española; y la almazara del siglo XVIII, donde con una viga de 15 metros se recrea el proceso.

Una de las visitas más sorprendentes es su museo de los olivos, con más de 150 variedades a cada cuál más sorprendente que la anterior. Algunos, con aceitunas buenas para mesa, otras para aceite, gordales… e incluso una de color blanco. Olivos de 13 países distintos. Por haber hay un olivo nabalí, que es del mismo tipo que los que hubiese en el Monte de los Olivos. ¿Sabías que en la Biblia hay unas 400 referencias a los olivos? Pues hablan de este olivo nabalí.

Por otro lado, también tendrás oportunidad de degustar una cata de aceite entre olivos con el típico vaso azul (para no dejarte influir por el color) con tapadera de cristal de reloj, para que no se escapen los aromas.