PULPO A LA GALLEGA: platos típicos con tradición

5 abril, 2017 at 19:35

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El pulpo a feira -o pulpo a la gallega- es un plato tradicional de Galicia y básico en su gastronomía, aunque su consumo se ha generalizado por toda España.

Se trata de un plato elaborado con pulpo cocido que principalmente está presente en las ferias de Galicia, de donde procede su nombre. Es una de las elaboraciones más universales de la gastronomía gallega, pero también de la cocina española.

El plato originario y tradicional, el auténtico pulpo a feira, consta solo de pulpo cocido, sal gorda, pimentón y aceite de oliva. Luego hay otra variante más moderna, denominada más comúnmente como “pulpo a la gallega”, que introduce la patata cocida como acompañamiento.

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Origen e Historia

Los griegos consideraban el pulpo como un manjar, siendo junto a los salmones y las lampreas el plato elegido para las ocasiones especiales, como dejaron plasmado en numerosos mosaicos de la época que han llegado hasta nuestros días.

Los griegos comían el pulpo cocido acompañado de perejil y una salsa de naranja por encima. No sería hasta la época de los maragatos, cuando se crearía la receta tal y como la conocemos hoy en día.

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Los maragatos empezaron a comer el pulpo seco que los gallegos no utilizaban para la realización de sus recetas, hidratándolo con aceite de oliva y el pimentón con el que comercializaban cada día. Tras observar el éxito del nuevo plato, los gallegos lo incorporaron a su variedad gastronómica de las fiestas regionales.

La zona donde hay más pulperías y donde se dice que se prepara mejor el pulpo a feira es una aldea do Carballiño llamada Arcos. Esto se debe a la proximidad del monasterio de Oseira, cuyo dominio se extendía antiguamente hasta Marín. Dado que pescadores de esta villa pagaban los diezmos al monasterio con pulpos, los monjes, a su vez, pagaban  a los campesinos do Carballiño con este cefalópodo.

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EL SECADO

Mucho antes de que el pulpo se conservara en cámaras de frio industrial, la única y más popular forma de conservación era el secado. Así como los marineros vascos secaban el bacalao, los marineros gallegos secaban el pulpo, y era así como se conservaba y transportaba a los pueblos del interior de Galicia y del resto de la península donde era considerado un preciado manjar.

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Es precisamente en el secado del pulpo donde se encuentra la explicación al hecho de que el Pulpo a feira fuera un plato preparado tradicionalmente en ferias y romerías del interior de Galicia, y no en pueblos costeros como sería de esperar.

RECETA AUTÉNTICA DEL PULPO A FEIRA

Ingredientes del pulpo “á feira“: Pulpo, agua, aceite, pimentón dulce y sal marina gruesa.

Preparar el pulpo: Si el pulpo es fresco debe mazarse sobre una superficie dura antes de cocinarse. La tradición indica que deben ser 33 golpes. Pero si el producto es congelado ya no es necesario. El proceso de congelación ablanda el pulpo de forma natural sin que pierda ni su sabor ni sus propiedades.

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Cocer el pulpo: El pulpo se limpia quitando del interior de su cabeza las tripas, la boca con forma de pico y los ojos y frotando bien sus tentáculos. Luego se pone agua a hervir sin sal y cuando alcance la temperatura de cocción se coge el pulpo por la cabeza y se introduce y se saca de ella tres veces seguidas. En este proceso los tentáculos se rizan y encogen parcialmente. Luego lo sumergimos completamente en el agua y cuando vuelve a hervir lo dejamos hacerse durante unos 30 minutos. Su cocción dependerá del tamaño del pulpo, por lo que es recomendable pincharlo cada cierto tiempo para saber si está en su punto (si se hierve demasiado tiempo, volverá a endurecerse).

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Presentar el pulpo “á feira“: Una vez que el pulpo esté correctamente cocido, se deja reposar unos minutos antes de retirarlo del agua. Luego se cortan sus tentáculos con una tijera (es más fácil y rápido que con un cuchillo) en rodajas de menos de un centímetro de espesor y se colocan en un plato (en las ferias y restaurantes tradicionales el plato suele ser de madera). Se riega con abundante aceite de oliva virgen, se espolvorea con sal gruesa y se le añade, según el gusto de cada uno, pimentón dulce o picante. No olvides tener pan a mano porque no dudarás en mojarlo en la salsa que quede una vez te hayas terminado el pulpo.

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FUNDADOR PEDRO DOMECQ: bodegas de España que merece la pena visitar

6 febrero, 2017 at 21:34

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El complejo Fundador Pedro Domecq, situado en Jerez de la Frontera (Cádiz), es un espacio que cuenta con las bodegas más antiguas y singulares de Jerez.

Las Bodegas Pedro Domecq son las más antiguas de Jerez pues su fundación data del año 1730. Su visita te sumerge en el romanticismo del siglo XVIII a través de su marco arquitectónico, la armonía de sus edificaciones, sus jardines, plazas y patios, donde nació el primer brandy español (Fundador).

Es un conjunto monumental que conserva desde las torres de una muralla medieval hasta el claustro de un convento del siglo XIV.

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Más de 100.000 botas de roble americano reposan en las históricas bodegas jerezanas de Domecq. Sus instalaciones de elaboración y crianza ocupan 25 hectáreas.

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De la veintena de variedades de vid realmente importantes que se producen en la zona del Jerez Superior, las que en Pedro Domecq interesan son únicamente dos: la palomino, para los vinos secos, y la pedro ximénez, para los dulces. Sólo dos clases de cepas… pero con calidad y en cantidad suficientes como para crear algunos de los vinos más importantes del mundo.

Historia

La tradición familiar de las bodegas Domecq se inicia en 1730 con el precursor de la bodega, el irlandés Patrick Murphy. Pero la bodega adquiere la espectacular dimensión con la que cuenta en la actualidad a mediados del siglo XIX, con la llegada a Andalucía de Pierre Domecq, un joven y emprendedor aristócrata francés. Pierre era socio de la firma inglesa Ruskin, Telford & Ruskin y su misión era, precisamente, la de representar en España a esa prestigiosa casa londinense en el comercio de vinos. Pero las bodegas, los vinos, los caballos y los aires de Jerez hicieron su efecto y convirtieron al poco tiempo a Pierre Domecq en… Pedro Domecq.

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Así fue como Domecq estrenó su propio negocio y su bodega se convirtió, rápidamente, en proveedora de la Casa Real.

Desde el siglo XVIII, la familia Domecq ha reunido, en sus propiedades, los más cotizados viñedos de la zona del Jerez Superior. Esto permitió que la bodega fuera creciendo de forma vertiginosa y, de generación en generación, sus representantes fueron pregonando por todo el mundo el viejo lema familiar: ‘Domecq Oblige’.

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Más de 250 años de historia europea enriquecen el patrimonio cultural de Domecq. Nombres ilustres de las artes, de la política y de las ciencias figuran en los libros y documentos de su archivo familiar. Es el caso de Nelson, Napoleón, Fox, Jorge IV, Fernando VII y Fleming, entre otros.

El complejo Pedro Domecq

El conjunto de edificaciones que compone el núcleo histórico de la Bodega tiene dos accesos principales.

Uno de ellos, el situado en la parte sur, se localiza en la zona denominada Puerta de Rota, así conocida porque en ese lugar se encontraba una de las puertas de la muralla árabe que rodeaba a la ciudad durante la Edad Media y de la cual quedan aún varios tramos bien conservados.

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Esta entrada cuenta con un hermoso jardín diseñado en 1823 y que posee casi cien especies distintas de plantas y árboles tanto autóctonos como de otras procedencias (Bien de Interés Cultural por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía).

La fachada norte se encuentra en la calle San Ildefonso, en pleno corazón del Jerez medieval. Desde la puerta de entrada a la bodega pueden contemplarse algunos de los monumentos más representativos de Jerez como son la Catedral, el Convento del espíritu Santo, la Iglesia de San Mateo y la torre barroca de la Iglesia de San Miguel.

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Foto de Manolo Vega

Las bodegas están perfectamente integradas en el diseño urbanístico del Jerez del siglo XVIII, constituyéndose en uno de los mejores ejemplos de lo que localmente se conoce como “arquitectura bodeguera”, grandes edificios que manifiestan la importancia que la industria vitivinícola ha tenido siempre en la ciudad y su entorno.

De entre todos los edificios que componen la totalidad de las bodegas algunos de ellos forman el verdadero corazón del conjunto histórico: San Pedro, El Castillo, El Molino, La Tribuna y La Luz.

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Pero el más bello rincón del conjunto de edificios, desde el punto de vista arquitectónico, pertenece a los claustros. Este patio, parcialmente cubierto, fue claustro del Convento del Espíritu Santo, el más antiguo de los existentes en Jerez y que data del siglo XIV. Evitando su total deterioro, Domecq lo compró a las dominicas a finales del siglo XIX y lo fue restaurando hasta conseguir devolverle su peculiar fisonomía, logrando así salvar tres cuartas partes de su estructura primitiva.

La Bodega el Molino

La fundación de Domecq se remonta al año 1730, aprovechando un edificio que albergó un antiguo molino del siglo XVII y que hoy es la bodega más representativa y la que más fielmente reproduce la rica historia de la empresa.

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Su visita permite a los visitantes dar un salto atrás en la historia del vino y del brandy de Jerez. Son muchas las anécdotas y curiosidades que encierran estas paredes centenarias.

Aquí descansan las soleras ancestrales de Domecq, los vinos y brandies que fueron el origen de las marcas que hoy todos conocemos. Son verdaderas reliquias, joyas de la enología cuyas edades medias rondan los cien años. Vinos como Amontillado 51-1ª, Capuchino, Sibarita, Venerable… y también la primera bota de Fundador, firmada por Alfonso XIII.

También se hallan en este rincón las botas que se dedicaron a muchos de los ilustres visitantes que pasaron por la bodega, como Alexander Fleming, Manolete, Lola Flores o los reyes Fernando VII, Victoria Eugenia y Umberto I de Italia. Todos ellos tuvieron la ocasión de disfrutar de una copa de los más preciados vinos y brandies de Domecq.

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La Bodega El Molino da paso al Patio del Sagrado Corazón, espacio abierto con arcos y columnas de piedra y flanqueado por limoneros, naranjos, rosales y flores diversas que llenan de colorido y aromas las primaveras de Domecq. En uno de sus extremos, el patio da al gran jardín de Puerta de Rota y, en el otro, se encuentra el acceso al edificio de oficinas frente a cuya entrada hay una pequeña fuente que contiene en el centro un busto dedicado a Pedro Domecq Loustau.

No te olvides de consultar el horario de visitas a este maravilloso complejo monumental con las bodegas más antiguas y singulares de Jerez.


JABUGO: ruta del jamón ibérico de Jabugo

17 octubre, 2016 at 19:02

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La gastronomía de Huelva es simplemente única y el Jamón Ibérico de su Sierra, el Jamón de Jabugo, es un verdadero manjar.

La ruta del jamón ibérico de Jabugo comprende los 31 municipios integrados en la zona de elaboración y maduración de la DOP Jamón de Huelva en las comarcas de Sierra de Aracena y Picos de Aroche y de Cuencas Mineras. Gran parte del territorio es Parque Natural y Reserva Mundial de la Biosfera. En él se crían los cerdos ibéricos con los que se elaboran los reconocidos jamones de Jabugo.

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Hoy vamos a dar un paseo por Jabugo, municipio situado al norte de la provincia de Huelva que pertenece al partido judicial de Aracena. En este municipio el jamón es protagonista sólo con nombrarlo y es que desde siempre ha sido uno de sus principales productores.

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El nombre de esta localidad es conocido en todo el mundo gracias a la calidad que otorga una raza de cerdo ibérico que hace que el jamón sea más jugoso y sabroso. Por eso cuando oímos hablar del “jamón de jabugo”, aunque no siempre proceda de aquí, es seguro que tiene excelente calidad.

Los restos arqueológicos aparecidos en la villa permiten fechar el origen de su actual población en el Paleolítico, gracias a la Cueva de la Mora, lugar donde se encontraron vestigios del paso del hombre fechados en el año 5.000 a.C; los más antiguos de toda la sierra onubense.

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Tras descubrir un poco de la historia es momento de acercarnos al centro urbano de Jabugo para conocer su patrimonio cultural. Su monumento más destacado es la Iglesia parroquial de San Miguel, declarada Bien de Interés Cultural. De estilo barroco, se construye por orden del arzobispo de Sevilla en el año 1774 (s. XVIII).

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Distribuidas por sus calles veremos algunas casas que datan también del siglo XVIII así como el famoso lavadero de Los Romeros.

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Merece la pena adentrarse en su entorno natural para visitar lugares como el Tiro Pichón, unas instalaciones recreativas ubicadas sobre el valle de la rivera de la villa.

Además el visitante puede comprobar que el agua en Jabugo también tiene un papel fundamental, formando fuentes, barrancos y manantiales; una zona perfecta para la práctica de senderismo. De hecho existen varios señalizados.

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Tradicionalmente las labores características de su artesanía se basaban en la elaboración de encajes de bolillo y bordados; labores que aún permanecen.

El producto estrella de su gastronomía es, sin duda, el jamón; y todos los derivados del cerdo.

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La festividad más importante de esta localidad se celebra en julio en honor a Nuestra Señora de los Remedios.


SANT ANTONI DE PORTMANY: atardeceres de ensueño

24 julio, 2016 at 20:10

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La isla de Ibiza, que compone el archipiélago de las Pitiusas junto con Formentera, cuenta con la bella población de Sant Antoni de Portmany, también denominado San Antonio.

Situado en el oeste de la isla, corresponde al antiguo cuartón (en catalán, quartó) de Portmany, uno de los cuatro en que Jaime I dividió la isla en siglo XIII. La palabra Portmany procede del latín portus magnus, “puerto grande” que fue adoptada por los árabes como burt’uman y luego por los conquistadores de origen catalán a la actual expresión.

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San Antonio o Sant Antoni de Pormany es uno de los pueblos más grandes de la isla, después de la ciudad de Ibiza, y es bien conocido en verano por ser uno de sus centros turísticos más importantes. Es uno de los lugares de peregrinación de miles de turistas extranjeros, especialmente británicos, que cada año visitan Ibiza atraídos por los ritmos electrónicos y la fama de las playas y calas ibicencas.

Además de practicar cualquier deporte náutico, Sant Antoni brinda la oportunidad de recorrer espectaculares paisajes naturales en diferentes itinerarios, como las que se engloban dentro de las Rutas del Halcón. El mirador de Ca´n Bernadet, con magníficas vistas sobre la bahía, es una buena meta. Cerca de Cala Salada, de profundo sabor marinero, se abren los acantilados de Cap Nunó, con impresionantes cortes.

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Un día de descanso en la playa puede completarse con una animada noche en cualquiera de los muchos establecimientos de ocio. Por las calles del casco urbano, el paseo marítimo y por toda la bahía se dispersan restaurantes, terrazas, bares de copas y discotecas. Algunos de los locales de moda se enclavan a orillas del mar, como es el caso del famoso Café del Mar, el lugar más famoso de la isla para  disfrutar de uno de los más bellos atardeceres de toda la isla. Y es que el pueblo de San Antonio se muestra orgulloso de poseer una de las mejores puestas de sol del mundo.

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Historia

El origen de Sant Antoni de Portmany se remonta a tiempos prehistóricos, como demuestran los hallazgos encontrados: hachas de bronce y pinturas rupestres de temprana datación. Llamada Portus Magnus por los romanos y Portumany por los árabes, se fragua como núcleo urbano tras la reconquista del rey Jaime I.

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En el siglo XIV se levanta la iglesia de Sant Antoni y, a su alrededor, el primitivo germen de esta ciudad. La fortificación de esta iglesia, y de casi todas las ibicencas, se produce en el siglo XVI para repeler el ataque de los piratas y corsarios. La iglesia de Sant Antoni de Portmany data del siglo XIV y destaca por su torre de planta poligonal.

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Para asegurar su posición estratégica se construye un cinturón de torreones, que bordean la costa isleña, en el siglo XVII. Rodeada por impresionantes acantilados, se levanta la fortificación defensiva de las Torres d´en Lluc. Monumentos que se pueden admirar en diferentes puntos de la geografía de Sant Antoni.

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Sant Antoni de Portmany es la segunda población más habitada de Ibiza y agrupa a las parroquias de Santa Agnès de Corona, Sant Mateu d´Albarca y San Rafael de Forca. En estos lugares es donde se levantan los templos religiosos de la zona. En Santa Agnès se encuentra una capilla subterránea, muy bien conservada, dentro de una cueva. La iglesia de Sant Rafael domina unas hermosas vistas de las islas de Ibiza y Formentera, mientras que la de Sant Mateu posee un magnífico atrio con triple arcada y capillas de bellas proporciones arquitectónicas.

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Además de un amplio repertorio de cocina internacional, Sant Antoni de Portmany prepara un sabroso plato: la ensalada pagesa. Rodajas de patata cocida se mezclan con cebolla, pimientos rojos asados y berenjena. Entre los pescados es reseñable el mero al horno (enfós a n´es forn) y como postre el flaó, una tarta elaborada con queso, huevos y hierbabuena. Todo ello acompañado de los vinos de la Denominación de Origen Binissalem-Mallorca.

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LAS PATATAS BRAVAS: platos típicos con tradición

27 junio, 2016 at 19:53

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Las patatas bravas —denominadas también patatas a la brava o papas bravas— son unas patatas acompañadas de salsa picante , una salsa más conocida como salsa brava. Estas patatas pueden ir fritas, cocidas en agua, cocidas en aceite e incluso en algunos casos al horno. Suelen ir cortadas en dados, aunque hoy en día existen mil versiones.

Es un plato típico de la gastronomía española,  que suele tomarse a modo de tapas y que es perfecto para acompañar con un cerveza, un refresco o una copa de vino, los cuales harán calmar el clásico picante que acompaña a este plato. De hecho, su nombre Patatas Bravas viene del picante que predomina en él, normalmente procede de la cayena, ingrediente esencial en esta salsa.

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Las bravas es el clásico de las tapas. Una tapa sencilla y barata que parece no tener más secreto que freír patatas y echarles salsa picante.

La ONU en un recopilatorio de 200 recetas de patatas publicado en 2008 la incluyó como receta típicamente española.

Origen de las patatas bravas

Del origen de esta popular salsa se sabe poco. Es relativamente moderna, no aparece en ninguno de los recetarios tradicionales, ni en los antiguos ni en los más modernos. Empieza a verse en los bares bien entrada la posguerra (años 50 del siglo XX) y se convierte  acompañando a las patatas en una tapa muy solicitada.

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Respecto al lugar de origen, hay quien lo atribuye a «Casa Pellico» y otros dicen que se empezó a servir en «La Casona», ambos bares madrileños ya desaparecidos. Lo que sí es cierto, es que fue sobre el año 1960 y que las colas alrededor de estos dos bares sólo para probar las patatas bravas fueron míticas. Aunque Madrid parece ser el origen, debemos decir que en Barcelona también se encuentran buenas patatas, eso sí, que no te sorprenda si la salsa te sabe a ali-oli.

Aunque “cada maestrillo tiene su librillo”, hay dos versiones básicas: la que se prepara con harina y/o cebolla y pimentón picante (para muchos es la auténtica), sin salsa; y la que tiene como fondo principal un sofrito de tomate con pimentón o guindilla. Esta última ha derivado en muchos bares en una suerte de ketchup picante y pringoso que nada tiene que ver con la sutil salsa original. Dos son las claves del éxito: que la patata sea de calidad y esté bien frita; y que la salsa sea eso, una salsa: ni un aceitillo ni un engrudo.

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Encontramos variedades a lo largo de todo el país, en Madrid, cuna de esta receta, se hace con tomate y cayena; en Cataluña y la Comunidad Valenciana se hace con un majado de ajo, aceite de oliva, guindilla y pimentón; en Andalucía suelen servirse acompañadas de ali-oli, etc.

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RECETA AUTÉNTICA DE LAS PATATAS BRAVAS

Los ingredientes:

PARA LAS PATATAS: 3 patatas de freir grandes, aceite de oliva, sal.

PARA LA SALSA BRAVA:

– Aceite de oliva

– 2 cucharadas de café de pimentón dulce

– 1 cucharada de café de pimentón picante

– 1 cucharada sopera de harina

– Aproximadamente un vaso de caldo casero (elaborado con pollo, codillo (hueso) de  jamón ibérico y verduras). El caldo lo puedes comprar ya elaborado, pero no es lo mismos…

Elaboración:

SALSA BRAVA

  1. El caldo se tiene preparado muy caliente.
  2. Se echa un buen chorro de aceite (unas cuatro cucharadas soperas) en una sartén y se calienta sin que llegue a alcanzar una temperatura excesiva (que no llegue a echar humo). Se aparta del fuego y se agregan los dos tipos de pimentón moviendo bien. Se añade entonces la harina poco a poco, removiendo hasta que queda una masa uniforme.
  3. Se añade entonces el caldo mientras seguimos moviendo. No lo echaremos todo de una vez para parar cuando la salsa haya tomado la consistencia que nos guste. Se deja enfriar y se utiliza sobre las patatas o incluso verduras a la plancha, carne o donde más nos apetezca.
  4. La salsa resiste perfectamente varios días tapada en la nevera.

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LAS PATATAS

  1. Pelamos las patatas y las cortamos de forma tosca, en cubos del tamaño de un bocado e irregulares para que nos quede un plato chulo, castizo o las cortamos todas iguales para hacer un plato de diseño.
  2. Ponemos una sartén con abundante aceite, dejamos que se caliente e introducimos las patatas, bajamos el fuego al mínimo y las dejamos cocinar muy lentamente.
  3. Cuando ya estén tiernas las sacamos de la sartén, ponemos el fuego a tope, calentamos el aceite al máximo y las metemos en la sartén; nos quedarán doradas y crujientes por fuera y blandas y tiernitas por dentro. Maravillosas.

Presentación:

Colocamos las patatas sobre papel absorbente, para quitarles el exceso de aceite. Las ponemos en un plato bonito y las regamos con la salsa brava.