NACIMIENTO DEL RIO PITARQUE: las cascadas más espectaculares de España

19 mayo, 2015 at 19:43

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La región del Maestrazgo (Teruel) acoge uno de los espectáculos primaverales más bellos: la cascada del Pitarque, que da origen a unas aguas que riegan el pueblo de Pitarque. Junto al pueblo nace el río Pitarque.

En 2009 el área del Nacimiento del Río Pitarque se declara Monumento Natural, mediante el decreto 217/2009, de 15 de diciembre, del Gobierno de Aragón.

El tiempo se detiene en esta comarca que nace al pie de la montaña de Peñarrubia y que está rodeada del conjunto natural de los Órganos de Montoro o de las Grutas de Cristal ubicadas en el término de Molino (Teruel).

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Los Órganos de Montoro son uno de los puntos turísticos más visitados de la zona. Constituyen una impresionante formación caliza de estratos subverticales formados en la edad cretácica. Los estratos conforman un espectacular farallón que contrasta con el río Guadalope, que fluye más abajo, totalmente encajado entre los relieves caprichosos de esta amalgama rocosa caótica. El nombre le viene por su característica forma, que asemeja los tubos de un órgano musical de inmensas proporciones. Es un ejemplo único fruto de la intensa estructuración geológica del sector, deformado a base de poderosos pliegues y fallas.

El río Pitarque recorre el Sinclinal Fortanete, flanqueado por la Sierra de la Cañada al este y Sierra de la Lastra al oeste. El origen de las formaciones del valle del Pitarque se sitúa en el Cretácico Superior. La litología dominante es de calizas, margas y arcillas.

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El Monumento del Nacimiento del Río Pitarque ocupa una extensión de 114 ha alrededor del cauce del río que discurre encajado entre abruptas paredes calizas y flanqueado por una rica y variada vegetación ribereña.

Se trata de un río vivo de aguas limpias y cristalinas que mana a borbotones de la misma roca a través de dos ‘ojos’ o surgencias kársticas.

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Este hermoso rincón salvaje protege una importante población de buitre leonado y cabra montés, bosques mixtos bien conservados, además de animales tan sensibles como la nutria.

El verdadero nacimiento de este río en realidad se encuentra en el término de Fortanete, pero su pequeño caudal desaparece nada más nacer para volver a aflorar en Pitarque de forma caudalosa.

En su recorrido ha ido labrando un cañón fluvial de grandes paredes verticales que constituyen refugio para el buitre leonado, águila real, aguililla calzada, alimoche y halcón peregrino, entre otras aves. El río Pitarque conforma un ambiente fluvial en el que se alternan profundas pozas de aguas cristalinas y pequeños saltos de agua. La existencia de la trucha común le ha conferido fama como río truchero desde hace décadas.

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Se trata de uno de los enclaves más interesantes de la provincia de Teruel, por la presencia de un bosque que alberga importantes taxones de flora singular. De hecho, Pitarque es una localidad clásica de la botánica turolense visitada ya por el gran botánico aragonés, Ignacio Jordán de Asso y del Río hace más de dos siglos.

Los farallones calcáreos, la fuerza del agua y la vegetación componen un bello espectáculo lleno de fuerza y color, donde el visitante podrá disfrutar del contacto directo con la naturaleza.

Sendero al Nacimiento del río Pitarque

El mayor aliciente de la visita a Pitarque es acercarse hasta el nacimiento del río que le da nombre. El paseo es corto. Algo más de dos horas bastan para ir y volver desde el pueblo si se avanza sin prisas ni pausas.

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La belleza natural del lugar es impresionante. Tanto encanto lo ha convertido en un gran clásico del excursionismo apto para todos los públicos dentro de la comarca. La ruta esta señalizada en su totalidad. En el primer tramo coincide con las marcas de pintura roja y blanca del GR-8, pero luego se desvía y hay que seguir las indicaciones propias de esta popular ruta.

En el primer tramo caminaremos junto a huertas y campos, en su mayoría abandonados. La ermita de la Virgen de la Peña marca el ecuador del camino. A partir de este punto, la senda discurre encañonada entre los altos muros de piedra modelados por el curso del río. Aparecen chopos, sauces, avellanos y mostajos.

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Pasada la antigua central hidroeléctrica, la calle se estrecha y la vegetación se vuelve más densa. Más adelante un puente de hormigón nos permitirá cruzar a la otra orilla del río.

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