PUENTE ROMANO DE CÓRDOBA: restos romanos en España

14 marzo, 2016 at 19:12

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El puente romano de Córdoba está situado sobre el río Guadalquivir a su paso por Córdoba, y une el barrio del Campo de la Verdad con el Barrio de la Catedral.

También conocido como “el Puente Viejo” fue el único puente con que contó la ciudad durante 20 siglos, hasta la construcción del puente de San Rafael, a mediados del siglo XX. El 9 de enero de 2008 se inauguró la mayor y discutida remodelación que el puente Romano ha tenido en su historia.

Desde 1931, el puente, conjuntamente con la puerta del puente y la torre de la Calahorra está declarado Bien de interés cultural en la categoría de monumento. Forma parte del centro histórico de Córdoba que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994.

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Se construyó a principios del siglo I d.C. (tiempos del emperador Augusto) sustituyendo seguramente a un puente primigenio de madera. Una época de abundantes e importantes construcciones en Hispania (véanse las fundaciones de Emérita Augusta –actual Mérida– o de César Augusta –actual Zaragoza–, o la construcción de los teatros de la propia Mérida, de Itálica o de Cartagena).

Su longitud es de 331 metros y se compone de dieciséis arcos de los diecisiete originales. Fue el único punto para cruzar el río sin embarcación. Seguramente la Vía Augusta desde Roma hasta Cádiz pasaba por él.

Desde la Reconquista se encuentra la torre defensiva llamada Torre de la Calahorra y en el otro la Puerta del Puente por orden de Felipe II encomendando la construcción al arquitecto Hernán Ruiz III en 1572.

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El Puente Romano formó parte de la Nacional IV, siendo atravesado por viajeros que bajaban desde el centro de España hacia el sur, siguiendo como vía de transporte hasta el día 1 de mayo de 2004 que fue cuando se cerró el tráfico definitivamente.

La estatua del Arcángel San Rafael

En el año 1651, después de una grave epidemia de peste que había causado estragos en la población, se colocó hacia la mitad del puente, sobre uno de sus barandales de piedra, una imagen del Arcángel San Rafael, obra del escultor cordobés Bernabé Gómez del Río, para dar gracias por el fin de la epidemia.

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El Arcángel era custodio de Córdoba desde que un siglo antes, como cuenta la leyenda, otra epidemia acabó poco después de que San Rafael se apareciera al Padre Roelas y le dijera: “Yo te juro por Cristo Crucificado que soy Rafael Ángel a quien Dios tiene puesto por guarda en esta ciudad”.

Es habitual encontrar la figura del Arcángel envuelta en flores, velas y otras ofrendas realizadas por los cordobeses, una tradición, especialmente arraigada en el barrio del Campo de la Verdad –que se encuentra justo al Sur del puente, tras la Calahorra, extramuros de la ciudad–, con una larga tradición.

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La Puerta del Puente

En el lado Norte del puente, dando la bienvenida al visitante que se adentra en la ciudad, se alza la citada Puerta del Puente, una de las tres que quedan en la ciudad (otras son la de Sevilla y la de Almodóvar), realizada por Hernán Ruiz III en 1571.

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Plenamente renacentista, la puerta muestra sus estriadas columnas dóricas sobre las cuales se alza un entablamento clásico con triglifos y metopas.

En su mismo emplazamiento hubo una antigua puerta romana –estamos en la entrada principal de la ciudad– a la que los árabes llamaron Puerta de la figura.

Justo detrás se alza uno de los más importantes Triunfos de San Rafael (así se conocen las estatuas que se multiplicaron desde aquellas lejanas fechas a las que antes hacíamos referencia y que hoy se encuentran por todo el casco histórico). Alzada sobre un alto obelisco, es obra de Miguel Verdiguier, del siglo XVIII.

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Foto de Luis Rodriguez

La Torre de la Calahorra

En el lado Sur del puente se levanta la Torre de la Calahorra, antigua fortaleza musulmana destinada a proteger el acceso al puente romano, que fue ampliada profundamente en el año 1369, en el marco de la guerra civil entre Enrique II de Trastámara y su hermano Pedro I el Cruel.

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Aquí mismo, casi a los pies de la Calahorra, los ejércitos de ambos libraron una batalla que le dio al escenario el nombre de Campo de la Verdad.

La Torre tiene planta en forma de cruz y tres brazos de los cuales arrancan tres torres con almenas, unidas por cuerpos de la misma altura. En el año 2006 fue restaurado para recuperar parte de su origen islámico y le fue añadido en su interior el Museo Vivo de Al-Andalus, que presenta una panorámica cultural de Córdoba en los siglos de su apogeo (del IX al siglo XIII), y de la convivencia de las culturas musulmana, judía y cristiana.

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TEATRO DE MÉRIDA: restos romanos en España

20 noviembre, 2014 at 0:41

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El Teatro de Mérida es un teatro histórico levantado por la Antigua Roma en la colonia Augusta Emerita, actual Mérida (España). Su creación fue promovida por el cónsul Marco Vipsanio Agripa y, según fecha inscrita en el propio teatro, su inauguración se produjo hacia los años 16-15 a. C.

Una auténtica joya de la arquitectura romana. Con más de 2000 años de vida sigue cumpliendo la función para la que fue diseñado originalmente: actualmente, este teatro sirve de escenario para importantes acontecimientos culturales y en él se celebra el prestigioso Festival de Teatro Clásico de Mérida.

Aunque los romanos no eran muy aficionados al teatro, una ciudad de prestigio no podía dejar de contar con un edificio para los juegos escénicos. El de Augusta Emerita fue especialmente generoso en su cabida: unos seis mil espectadores. Éstos se distribuían de abajo a arriba según su rango social en tres sectores de gradas, caveas summa, media e ima, separados por pasillos y barreras. A todas las gradas se accedía con facilidad desde escalerillas distribuidas de manera radial por las caveas. A través de pasillos se llegaba a las puertas de acceso o vomitorios.

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La cavea ima, donde se acomodaban los caballeros de la ciudad, se modificó en época de Trajano, erigiendo en su centro un espacio sagrado rodeado de una baranda de mármol. Delante de la cavea ima vemos tres gradas más anchas y bajas, donde los magistrados y sacerdotes de la ciudad disfrutaban del espectáculo sentados en sillas móviles. Aquellos accedían a sus escaños desde las grandes puertas laterales ubicadas en ambos extremos. Sobre éstas puertas se hallaban las tribunas de los magistrados que costeaban el espectáculo.

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El espacio semicircular donde se ubicaba el coro, la orchestra, luce un suelo mármol fruto de una reforma tardía. Tras la orchestra se eleva el muro del proscenio, de exedras circulares y rectangulares. Sobre él se desplegaba la escena. Originalmente era un entarimado de madera bajo el que se distribuían todos los artilugios de la tramoya.

La escena se cierra con un muro de treinta metros de altura, el frons scaenae, estructurado en dos cuerpos de columnas entre la cuales podemos ver estatuas de emperadores divinizados y de dioses del mundo subterráneo. Todo se eleva sobre un podio decorado con ricos mármoles. En el frente escénico se encuentran tres vanos por los que accedían los actores al escenario. El central, la valva regia, remata en dintel sobre el que se asienta la estatua sedente de la diosa Ceres (o Livia, la mujer de Augusto, deificada). Desde la coronación del frente escénico pendería una marquesina de madera para mejorar la acústica del recinto, ya de por sí excelente.

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Tras el muro del frente escénico se desarrolla un amplio jardín porticado cerrado por muros con hornacinas que fueron decoradas con estatuas de miembros de la familia imperial. En el eje de este pórtico, en línea con la valva regia y el espacio sagrado de la ima cavea, se halla la aula sacra, un pequeño espacio sagrado con una mesa de altar donde se honraba a la figura del divino Augusto.

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La llegada del cristianismo supuso el fin de las representaciones teatrales y el abandono del edificio, que fue cubierto de tierra y aterrazado para permitir el cultivo.

Las excavaciones del Teatro comenzaron en 1910 y a lo largo de todo el siglo XX se ha llevado a cabo una importante labor de reconstrucción a partir de los elementos originales del edificio.

La deteriorada grada superior o summa cavea era lo único que emergía del edificio antes del inicio de su excavación. Al quedar arruinadas desde antiguo las bóvedas de los accesos, sólo quedaban en pié los siete cuerpos de sus gradas, lo que dio lugar a que los emeritenses bautizaran a esas ruinas como las Siete Sillas.

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La primera representación teatral de la época moderna tuvo lugar en 1933, con la puesta en escena de la Medea de Séneca, en versión de Miguel de Unamuno, con la actriz Margarita Xirgu como protagonista.

Este fue el comienzo del Festival de Teatro Clásico de Mérida, el más antiguo de los festivales de teatro que se celebran en España.

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Casa del Teatro

En el extremo oeste del pórtico del Teatro podemos ver esta vivienda cuyo excavador, José Ramón Mélida, creyó que las estancias dotadas de ábsides con ventanas en sus cabeceras, formaban parte de una iglesia donde se reunía una de las primeras comunidades cristianas, de ahí que la denominase “Casa-Basílica”.

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La entrada de la casa se encuentra al oeste y da a una calzada realizada con lastras de diorita, que discurre de este a oeste. Las fauces de la vivienda dan a una serie de estancias que se articulan en torno a un patio que estuvo porticado y en cuyo centro se aprecia aún los restos de un estanque. Algunas estancias conservan restos de mosaicos decorados con temas geométricos y de lazadas vegetales.

Al fondo del patio se encuentran las estancias absidadas, que invaden zonas que antes formaban parte del pórtico del Teatro. Las habitaciones debieron estar cubiertas con bóveda de cañón y, en los ábsides, rematarían en un casquete semiesférico. Las paredes, enlucidas con pinturas, en lo conservado están decoradas con imitaciones de incrustaciones de mármol en los zócalos y, en la zona del ábside, sobre pedestales, se conserva el tercio inferior de personajes, quizá unos sirvientes, vestidos con túnicas de colores y decoradas con brocados.

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Salvo el suelo de la zona del ábside, que posiblemente estuvo enlosado con mármol, el resto de la estancia estuvo decorada con un mosaico en el que destaca la presencia de una crátera inscrita en un cuadrado.

La casa, del siglo II d.C, tiene varias reformas, aunque la principal, a la que pertenecen las salas absidadas, es del siglo IV d.C.