DOLMEN DE JENTILARRI: cultura megalítica en España

12 noviembre, 2016 at 20:34

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La cultura megalítica, es decir, las civilizaciones cuyos restos conservados consisten en “grandes piedras” (dolmen) dispuestas de manera estudiada son una forma magnífica para poder ver cómo vivían nuestros antepasados de la Prehistoria hace más de 6.000 años.

Desde el Neolítico y hasta la Edad del Bronce, periodos de la Edad de Piedra, la cultura megalítica se desarrolló en todo el mundo, aunque el término localiza la etapa entre el Mediterráneo y la zona Atlántica de Europa.

Lo primero que suele aparecerse en la mente del viajero al ver estos enormes monumentos prehistóricos es, ¿pero cómo pudieron construirse sin los avances técnicos modernos? La cuestión en sí misma ya otorga cierto acercamiento a una cultura tan alejada de la nuestra, porque nos ofrece una nueva dimensión de los seres humanos: pensaban, planeaban, estructuraban, se comunicaban, todo ello para conseguir erigir estos monumentos.

Ahora bien, ¿por qué razón se construían, con el esfuerzo y la dedicación que debía conllevar? Tampoco está claro que fueran grupos estables en un territorio, por lo que todavía da más misterio a la cuestión.

Algunos estudiosos coinciden en la función sepulcral del monumento, una costumbre que revela la conciencia religiosa del grupo y la creencia en el más allá, además del recuerdo sentimental de la persona que los deja, no muy diferente de las formas actuales. Por otro lado, otros investigadores apuntan a una función de tipo amenazante, en la que estas construcciones pondrían de manifiesto la pertenencia del territorio a un determinado grupo, reforzando la identidad (otro factor inesperado) frente a los demás.

Sea como sea, en España han quedado muchos de estos testimonios de arquitectura prehistórica y muchos de ellos se encuentran en un estado de conservación muy buena.

El dolmen de Jentilarri, ubicado en la zona de Uidui del Parque Natural de Aralar que pertenece a Guipúzcoa, es un sepulcro de galería con túmulo de 15 m de diámetro y 1 m de altura. Presenta una cámara de 6,50 m de largo.

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Fue descubierto en 1879 y excavado en 1917, aportando abundante material entre los que destacan puntas foliáceas y 11 fragmentos de cerámica y restos humanos de al menos 27 individuos. Recientemente ha sido reconstruido por parte de algunos vecinos.

El dolmen de Jentilarri, el mejor conservado en la zona, forma parte de los dólmenes de Aralar, una importante estación megalítica situada en el Parque Natural de Aralar, en un entorno lleno de robles, hayas y grandes zonas de pastizales que comparten Guipúzcoa y Navarra.

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Fue en esta sierra donde descubrieron precisamente el primer dolmen de Guipúzcoa, en 1879, y donde se realizaron posteriormente las primeras prospecciones megalíticas. El eminente paleontólogo y etnógrafo Don Joxe Miguel Barandiaran fue el encargado de investigar los numerosos yacimientos arqueológicos de Aralar, además de numerosas leyendas y mitos que tienen su origen en esta sierra.

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Actualmente, se encuentran catalogados 80 megalitos en la estación de la sierra de Aralar. De ellos, 30 están enclavados en territorio guipuzcoano, mientras que los otros 50 conjuntos se hallan dentro de la Comunidad Foral. Dólmenes, menhires, túmulos y círculos de piedras completan la zona de Gipuzkoa declarada como Bien Cultural Calificado, con la categoría de Conjunto Monumental.

La gran mayoría de estos elementos patrimoniales se encuentran en la zona occidental de Aralar, en tierras pertenecientes a los municipios guipuzcoanos de Zaldibia, Amezketa, Abaltzisketa, Lazkao y Ataun.

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Ascendiendo desde Amezketa o desde Zaldibia hacia Auza Gaztelu, en el collado de Ausokoi, se encuentra el dolmen homónimo, y, en sus alrededores, se alza el menhir de Atauru Gañe. Desde este lugar hacia la zona de Uidui nos encontramos con una serie de dólmenes, entre los cuales, además del de Jentilarri, destacan los de Aranzadi, Arraztagaña, Argarbi, Uidui, Zearragoena y Uelogoena. Cerca de estos dólmenes se encuentra el menhir de Supitaitz, y accediendo a la zona de Alotza, se localiza el hermoso menhir de Saltarri, tumbado en el centro de sus prados. Saliendo de esta zona, se halla el menhir de Irazustako Lepoa.

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La leyenda de los Gentiles

Los Jentilak, Gentiles, Maures o Maule, son una raza de gigantes posiblemente antecesores del pueblo vasco, habitantes de las montañas que trabajaron ampliamente la piedra y construyeron gran cantidad de Dólmenes y Cromlech (tanto es así, que en muchos lugares a estas rocas funerarias les llaman Jentilarri (piedra de Gentil, en Euskera).

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Criaturas colosales de fuerza sobrehumana, también dieron origen a varias montañas jugando a tirarse peñascos entre ellos.

Entre los Gentiles más famosos encontraríamos a Tartalo el cíclope, o el temible Olentzero quién se cuenta debió ser el último de estos Gigantes en tierras vascas avisando de la llegada del cristianismo.

Hay versiones en las que tanto el Basajaun cómo el JaunGorri son también parte de estos Gentiles o Maures.

Estos seres mitológicos tienen similitudes con los Mouro de la mitología Gallega y Asturiana. En la mitología aragonesa también existen genios parecidos a los jentiles, los Omes granizos: antiguos pobladores pirenaicos, dioses y gigantes relacionados con las propias montañas.


DOLMEN “LA CHABOLA DE LA HECHICERA”: cultura megalítica en España

4 abril, 2016 at 16:40

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La cultura megalítica, es decir, las civilizaciones cuyos restos conservados consisten en “grandes piedras” (dolmen) dispuestas de manera estudiada son una forma magnífica para poder ver cómo vivían nuestros antepasados de la Prehistoria hace más de 6.000 años.

Desde el Neolítico y hasta la Edad del Bronce, periodos de la Edad de Piedra, la cultura megalítica se desarrolló en todo el mundo, aunque el término localiza la etapa entre el Mediterráneo y la zona Atlántica de Europa.

Lo primero que suele aparecerse en la mente del viajero al ver estos enormes monumentos prehistóricos es, ¿pero cómo pudieron construirse sin los avances técnicos modernos? La cuestión en sí misma ya otorga cierto acercamiento a una cultura tan alejada de la nuestra, porque nos ofrece una nueva dimensión de los seres humanos: pensaban, planeaban, estructuraban, se comunicaban, todo ello para conseguir erigir estos monumentos.

Ahora bien, ¿por qué razón se construían, con el esfuerzo y la dedicación que debía conllevar? Tampoco está claro que fueran grupos estables en un territorio, por lo que todavía da más misterio a la cuestión. Varias teorías se han propuesto para intentar responder a esta y otras preguntas de los hombres de la Prehistoria.

Algunos estudiosos coinciden en la función sepulcral del monumento, una costumbre que revela la conciencia religiosa del grupo y la creencia en el más allá, además del recuerdo sentimental de la persona que los deja, no muy diferente de las formas actuales. Por otro lado, otros investigadores apuntan a una función de tipo amenazante, en la que estas construcciones pondrían de manifiesto la pertenencia del territorio a un determinado grupo, reforzando la identidad (otro factor inesperado) frente a los demás.

Sea como sea, en España han quedado muchos de estos testimonios de arquitectura prehistórica y muchos de ellos se encuentran en un estado de conservación muy buena.

El Dolmen de la Chabola de La Hechicera (en euskera: Sorginaren Txabola) es uno de los dólmenes más importantes del País Vasco (Euskadi), probablemente sea el más grande y el que mejor conservado está de toda la zona.

Se localiza en el lugar llamado “Lanagunilla”, entre los ríos San Ginés en el Barranco de Biurco y el Quintanilla, a 620 m sobre el nivel del mar (Elvillar, provincia de Álava).

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Fue descubierto en 1935 por Álvaro de Gortázar en un estado bastante bueno de conservación. En las excavaciones se encontraron numerosos objetos, además de restos humanos: hachas, trozos de cerámica y aros. La mayor parte de estos materiales se conservan en el Bibat, Museo de Arqueología de Álava (Vitoria-Gasteiz).

Fue erigido hace unos 5.000 años por gentes neolíticas que practicaban ya la agricultura y la ganadería, y utilizado hasta hace 3.000 en una etapa correspondiente ya a la Edad del Bronce.

El dolmen La Chabola o Choza de la Hechicera es un lugar de enterramiento colectivo. Su nombre rememora una leyenda que lo relaciona con la casa de una bruja a la que en las mañanas de San Juan se oía cantar y pregonar quincalla.

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El dolmen, del tipo sepulcro de corredor, está formado por tres partes bien diferenciadas: el túmulo, la cámara y, como su nombre indica, el corredor.

La cámara está formada por 9 losas que describen una figura poligonal. La galería está compuesta por 5 losas más las de cierre. La losa de cubierta estaba partida en tres pero después de restaurarla fue colocada en la que se supone fue su posición original.

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Foto de objetivogipuzkoa.diariovasco.com

Con el paso de los siglos el monumento perdió su función funeraria y su túmulo fue desmontado, en parte, siendo utilizado como una cantera de extracción de piedra. Además, se fueron cultivando los alrededores e incluso parte del túmulo, salvo el entorno más cercano a la cámara donde las piedras molestaban al arado, por lo que también fue desarmado en una parte sustancial. Es así como llegó a formar la imagen que nos ha llegado a nuestros días.

La víspera de las fiestas, en torno a la virgen de Agosto, se celebra un akelarre en las inmediaciones del dolmen; una representación con un macho cabrío, brujas…

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DOLMEN DE DOMBATE: cultura megalítica en España

26 octubre, 2015 at 18:15
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Foto de turismo.gal

La cultura megalítica, es decir, las civilizaciones cuyos restos conservados consisten en “grandes piedras” (dolmen) dispuestas de manera estudiada son una forma magnífica para poder ver cómo vivían nuestros antepasados de la Prehistoria hace más de 6.000 años.

Desde el Neolítico y hasta la Edad del Bronce, periodos de la Edad de Piedra, la cultura megalítica se desarrolló en todo el mundo, aunque el término localiza la etapa entre el Mediterráneo y la zona Atlántica de Europa.

Lo primero que suele aparecerse en la mente del viajero al ver estos enormes monumentos prehistóricos es, ¿pero cómo pudieron construirse sin los avances técnicos modernos? La cuestión en sí misma ya otorga cierto acercamiento a una cultura tan alejada de la nuestra, porque nos ofrece una nueva dimensión de los seres humanos: pensaban, planeaban, estructuraban, se comunicaban, todo ello para conseguir erigir estos monumentos.

Ahora bien, ¿por qué razón se construían, con el esfuerzo y la dedicación que debía conllevar? Tampoco está claro que fueran grupos estables en un territorio, por lo que todavía da más misterio a la cuestión. Varias teorías se han propuesto para intentar responder a esta y otras preguntas de los hombres de la Prehistoria.

Algunos estudiosos coinciden en la función sepulcral del monumento, una costumbre que revela la conciencia religiosa del grupo y la creencia en el más allá, además del recuerdo sentimental de la persona que los deja, no muy diferente de las formas actuales. Por otro lado, otros investigadores apuntan a una función de tipo amenazante, en la que estas construcciones pondrían de manifiesto la pertenencia del territorio a un determinado grupo, reforzando la identidad (otro factor inesperado) frente a los demás.

Sea como sea, en España han quedado muchos de estos testimonios de arquitectura prehistórica y muchos de ellos se encuentran en un estado de conservación muy buena.

El municipio de Cabaña de Bergantiños en la Costa de la Muerte (La Coruña), acoge en su término municipal uno de los megalitos más importantes de Europa que corresponde al periodo del Neolítico: el Dolmen de Dombate.

El dolmen de Dombate está clasificado como túmulo, es decir, un enterramiento sobre el que se levantan piedras y tierra a modo de montículo. Los túmulos, además de ser fosas colectivas eran el lugar representativo de la comunidad que vivía en un determinado territorio, una especie de punto de referencia.

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Datado entre el 3000 y el 2500 a.c, su belleza y buen estado de conservación lo ha llevado a ser considerado la Catedral del Megalitismo Gallego, habiendo sido fuente de inspiración de grandes poetas como Eduardo Pondal. En las excavaciones realizadas por el profesor Bello en los últimos años, se ha descubierto que bajo este dolmen se encontraba otro aún más antiguo.

Cerca de ese emplazamiento, se hallan otros monumentos conocidos como arte parietal o rupestre, como por ejemplo Pedra Cuberta y Casa dos Mouros. Según el experto José María Bello Diéguez, la concentración de dólmenes de este tipo en la Costa de la Muerte pudo ser debido a que estaban relacionados con la riqueza cultural de la zona, como en la Edad Media lo estaban las catedrales.

Este túmulo se estableció en la primera mitad del IV milenio a. C., y la cámara a finales de ese mismo milenio. Fue usado en diferentes épocas, entre el 3800 a. C. y el 2700 a. C., momento en el que se lo dejó de usar.

El Dolmen de Dombate está formado por siete grandes losas verticales y una que las cubre formando una cámara poligonal de 4×2’5 metros. El corredor de 4 metros está orientado al este. Los grabados rupestres policromados que existían en la cara interior de las losas apenas son perceptibles en la actualidad, distinguiéndose varias formas geométricas con rectas paralelas y oblicuas pintadas en negro y rojo, colores obtenidos a partir de carbón vegetal y óxido de hierro respectivamente.

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La entrada se encontraba tapiada por una losa vertical. Al igual que el resto de las mámoas registradas en Galicia, se hallaba violado.

La parte exterior del túmulo se encuentra delimitado por una estructura de piedras de pequeño tamaño, encajadas entre sí, cubriendo una estructura geométrica denominada corona circular, no la normal corona ya que parece que no cubre la totalidad del túmulo.

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En cuanto a los restos encontrados han aparecidos diversos materiales como hojas de sílex, flechas y hachas pulidas, collares y elementos cerámicos que formaban el ajuar de los jefes de aquellas tribus para facilitar el viaje al más allá. La divinidad estaría representada por una serie de ídolos con forma humana dispuestos en el corredor.

El dolmen fue protegido con un atractivo edificio de madera y cristal que ayuda a una mejor visualización del monumento, así como un centro de interpretación para una mejor comprensión del megalitismo en A Costa da Morte.

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VIDEO DOLMEN DE DOMBATE


DOLMEN DE LÁCARA: cultura megalítica en España

1 julio, 2015 at 18:58

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La cultura megalítica, es decir, las civilizaciones cuyos restos conservados consisten en “grandes piedras” (dolmen) dispuestas de manera estudiada son una forma magnífica para poder ver cómo vivían nuestros antepasados de la Prehistoria hace más de 6.000 años.

Desde el Neolítico y hasta la Edad del Bronce, periodos de la Edad de Piedra, la cultura megalítica se desarrolló en todo el mundo, aunque el término localiza la etapa entre el Mediterráneo y la zona Atlántica de Europa.

Lo primero que suele aparecerse en la mente del viajero al ver estos enormes monumentos prehistóricos es, ¿pero cómo pudieron construirse sin los avances técnicos modernos? La cuestión en sí misma ya otorga cierto acercamiento a una cultura tan alejada de la nuestra, porque nos ofrece una nueva dimensión de los seres humanos: pensaban, planeaban, estructuraban, se comunicaban, todo ello para conseguir erigir estos monumentos.

Ahora bien, ¿por qué razón se construían, con el esfuerzo y la dedicación que debía conllevar? Tampoco está claro que fueran grupos estables en un territorio, por lo que todavía da más misterio a la cuestión.

Algunos estudiosos coinciden en la función sepulcral del monumento, una costumbre que revela la conciencia religiosa del grupo y la creencia en el más allá, además del recuerdo sentimental de la persona que los deja, no muy diferente de las formas actuales. Por otro lado, otros investigadores apuntan a una función de tipo amenazante, en la que estas construcciones pondrían de manifiesto la pertenencia del territorio a un determinado grupo, reforzando la identidad (otro factor inesperado) frente a los demás.

Sea como sea, en España han quedado muchos de estos testimonios de arquitectura prehistórica y muchos de ellos se encuentran en un estado de conservación muy buena. Fue declarado monumento nacional en 1931.

El Dolmen de Lácara es un monumento megalítico (un sepulcro de corredor) de dimensiones sorprendentes, una verdadera joya arquitectónica del Calcolítico en un muy buen estado de conservación.

Está situado en plena dehesa, entre encinas, a pocos kilómetros de Mérida, en la carretera que une Aljucén con La Nava de Santiago (Badajoz).

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En su categoría es el de mayor tamaño de España. El dolmen de Évora, en Portugal, es el más grande existente en la Península Ibérica. Está datado en el cuarto milenio antes de Cristo. Ha sido adquirido en 2011 por la Administración regional para su conservación.

La construcción de este tipo de monumentos  se lleva a cabo a finales del Neolítico o a lo largo del Calcolítico, es decir unos 3000-4000 años antes de Cristo.

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En el caso del Dolmen de Lácara se han encontrado puntas de flechas, puntas de lanza de cobre, cuchillos de silex y otros elementos que indican que fue utilizado  como cámara funeraria durante el Calcolítico y la Edad de Bronce.

La estructura del Dolmen de Lácara es la típica de un sepulcro de corredor (como el Dolmen de Menga): un largo corredor cubierto, que da acceso a la cámara mortuoria.

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La cámara es un verdadero prodigio. De las grandes piedras que se elevaban hacia el cielo (la cúpula estaría a unos 5 metros) sólo queda una intacta, que da idea de la grandiosidad de la construcción. Las demás aparecen partidas. Pero en la base se puede apreciar la precisión con la que fueron colocadas.

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Toda la estructura estaba cubierta con piedras y tierra, hasta formar un gran túmulo. Para reforzar y sujetar el túmulo se colocaban grandes piedras en la base, a modo de contrafuertes, a lo largo de un anillo exterior. Estas piedras son visibles en el perímetro del dolmen de Lácara.

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Durante el año 2011, ha sido restaurado, limpiado y musealizado.

Para llegar hay que recorrer unos 10 Km desde Aljucén (aproximadamente la misma distancia desde La Nava). El acceso está señalizado mediante un cartel y se puede aparcar en un terreno habilitado al efecto. El camino hacia el dolmen ha sido acondicionado y señalizado con paneles explicativos. El dolmen es ahora mucho más visible ya que se ha quitado la vegetación que lo cubría y se han realizado trabajos de consolidación del monumento.


DOLMEN DE MENGA: cultura megalítica en España

19 marzo, 2015 at 19:39

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La cultura megalítica, es decir, las civilizaciones cuyos restos conservados consisten en “grandes piedras” (dolmen) dispuestas de manera estudiada son una forma magnífica para poder ver cómo vivían nuestros antepasados de la Prehistoria hace más de 6.000 años.

Desde el Neolítico y hasta la Edad del Bronce, periodos de la Edad de Piedra, la cultura megalítica se desarrolló en todo el mundo, aunque el término localiza la etapa entre el Mediterráneo y la zona Atlántica de Europa.

Lo primero que suele aparecerse en la mente del viajero al ver estos enormes monumentos prehistóricos es, ¿pero cómo pudieron construirse sin los avances técnicos modernos? La cuestión en sí misma ya otorga cierto acercamiento a una cultura tan alejada de la nuestra, porque nos ofrece una nueva dimensión de los seres humanos: pensaban, planeaban, estructuraban, se comunicaban, todo ello para conseguir erigir estos monumentos.

Ahora bien, ¿por qué razón se construían, con el esfuerzo y la dedicación que debía conllevar? Tampoco está claro que fueran grupos estables en un territorio, por lo que todavía da más misterio a la cuestión.

Algunos estudiosos coinciden en la función sepulcral del monumento, una costumbre que revela la conciencia religiosa del grupo y la creencia en el más allá, además del recuerdo sentimental de la persona que los deja, no muy diferente de las formas actuales. Por otro lado, otros investigadores apuntan a una función de tipo amenazante, en la que estas construcciones pondrían de manifiesto la pertenencia del territorio a un determinado grupo, reforzando la identidad (otro factor inesperado) frente a los demás.

Sea como sea, en España han quedado muchos de estos testimonios de arquitectura prehistórica y muchos de ellos se encuentran en un estado de conservación muy buena.

El Dolmen de Menga, declarado Monumento Nacional en 1886, se levantó hace unos seis mil años. Es un enorme sepulcro de galería en el que ya se intuye un corredor de acceso delimitado por diez enormes losas, cinco a cada lado, aunque en origen posiblemente fueron siete por lateral, que desemboca en la cámara sepulcral propiamente dicha, formada a su vez por dos paredes de siete monolitos cada una y uno en la cabecera. Todo ello está cubierto con cinco losas sujetas por tres pilares de base cuadrada, destaca la última cobija de la cubierta que está calibrada en más de 180 toneladas.

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El Dolmen de Menga, forma parte del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera junto con los Dólmenes de Viera y El Romeral en Antequera, Málaga, y es considerado como uno de los mejores y más conocidos exponentes del megalitismo europeo.

Recientemente, mediante el Decreto 25/2009, de 27 de enero, el ámbito arqueológico de los Dólmenes de Antequera se inscribió en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Zona Arqueológica.

Los constructores de los monumentos megalíticos son las primeras comunidades agrarias de las fértiles tierras del valle del Guadalhorce; en el entorno de la necrópolis se han identificado varios asentamientos de los periodos Neolítico y de la Edad del Cobre, como la cueva del Toro o el cerro del Marimacho.

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En general, es bastante improbable que ninguna de estas comunidades (integradas por no más de unas pocas decenas de individuos), acometiera individualmente la formidable empresa de construir los enormes monumentos megalíticos. Esta tarea debió requerir una estrecha cooperación entre numerosas comunidades que compartían códigos religiosos comunes así como una noción compartida de pertenencia tribal o clánica.

Los monolitos del Dolmen de Menga que conforman las paredes se alineaban en una zanja excavada en el suelo, levantándose por medio de un sistema combinado de palancas y cuerdas. A continuación se rellenaba con tierra el interior y se creaba una rampa, por la cual se arrastraban las enormes piedras que forman la cubierta. El último paso sería la retirada de la tierra que ocupa el interior del sepulcro, una vez que ha cumplido su función constructiva.

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El Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, cuenta con un servicio de visitas guiadas que comienza en el Centro de Recepción con la proyección del audiovisual “Dolmen de Menga”.